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Lo que le pasó a un historiador que no quiso contar la "verdad oficial" sobre la masacre de la Vendée
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21 de Abril de 2017 / 0 Comentarios
 
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París (Viernes, 21-04-2017, Gaudium Press) El genocidio vandeano suscita crecientemente el interés de serios historiadores. Recientemente fue publicada la obra "Vandea, 1793-1794 - ¿Crímen de guerra? ¿Crimen contra la humanidad? ¿Genocidio? Un estudio jurídico", de Jacques Villemain, que aborda las masacres de la Vendea desde una perspectiva jurídica. Pero no es siempre que se dice la verdad cuando se obtiene el reconocimiento, a veces muy por el contrario.

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Reynald Secher publicó en 1986 la obra "La Vandea -Vengada: El genocidio franco-francés. En ella demuestra, de forma fundamentada y contrariando la historiografía predominante, que durante la Revolución Francesa hubo allí un verdadero genocidio, contra un pueblo que en nombre de principios religiosos se levantó contra la Revolución. Pero esa verdad era incómoda, y por ello su carrera que se perfilaba brillante fue truncada. Reproducimos a continuación la entrevista que Secher concedió a L'Homme Nouveau sobre todos estos temas, en una traducción de Helena Faccia Serrano de la diócesis de Alcalá de Henares:

-Cuando su libro La Vendée-Vengé. Le génocide franco-français [La Vandée-Vengada. El genocidio franco-francés] fue publicado en 1986, ¿cuáles fueron las reacciones?

-Hay que distinguir tres tipos de reacción. La primera fue muy favorable, sobre todo por parte de los descendientes de los vandeanos y del gran público, lo que se tradujo en un inmenso éxito popular, sobre todo tras la emisión de Apostrophe, el 11 de julio de 1986, donde tuve que enfrentarme a cuatro oponentes, y no de los menos importantes.

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La segunda reacción fue una cierta reserva por parte de los medios de comunicación, con alguna excepción como Le Figaro Magazine, que publicó un memorable artículo del gran periodista y filósofo Jean-­François Revel, que me defendió con firmeza.

En lo que respecta a la tercera reacción, me fue abiertamente hostil en nombre del principio de que la Revolución no debía ser mancillada. Se dijo y se hizo de todo al respecto, sobre todo por parte de los docentes. Decir que las consecuencias fueron para mí muy duras es un eufemismo: tuve que renunciar a mi plaza de profesor y nunca podré optar a enseñar en la universidad. Los ataques fueron extremadamente violentos y algunos arremetieron contra mí de manera inicua, sin dudar para ello en arremeter también contra mi familia, como fue el caso de mi abuela, a la que acusaron de haber sido una colaboradora durante la Segunda Guerra Mundial, cuando todo el mundo sabe que era un miembro conocido de la Resistencia; o el de mis hijos: de hecho, tuve que sacar del colegio a uno de ellos.

A pesar del tiempo que ha pasado, la situación no se ha tranquilizado y, como historiador, sigo siendo víctima de ostracismo por parte de los medios de comunicación, como también por parte de algunas ferias, como la de Blois del pasado mes de noviembre.

-Esta obra de Jacques Villemain aporta una nueva dimensión a su trabajo de pionero.

-Tiene usted razón. Yo llevé a cabo un trabajo de historiador con mis propios métodos porque era un tema totalmente nuevo, que no había sido nunca abordado en la universidad, que partía del principio que no se podía llevar a cabo porque no existían documentos al respecto. Lo primero que hice fue verificar si esta afirmación era cierta. De hecho, la situación era más bien la contraria, lo que dio lugar a un trabajo considerable de recogida de información, de reconstitución de los datos y su posterior estudio en perspectiva.

Gracias a este riguroso -por científico- método, constaté que se llevó a cabo una masacre en masa cuyo objetivo eran los vandeanos en cuanto tales. Lógicamente, me planteé tres preguntas. ¿Quién ideó y puso en marcha esta política y en nombre de qué? ¿Qué medios se pusieron en marcha sobre el terreno? ¿Se podían establecer balances en pérdidas humanas y materiales?

Contrariamente a lo que siempre se quiso hacer creer, lo que sucedió en la Vandée no fue un patinazo debido a iniciativas locales, sino que fue el resultado de órdenes emitidas al más alto nivel del Estado. En aquella época solo pude remontarme hasta la Convención Nacional. No fue hasta 2011, con el descubrimiento de las órdenes originales, cuando pude demostrar que había sido el Comité Central de Salud Pública el que estaba detrás de todo.

El método de Jacques Villemain, al ser jurista, es de otra naturaleza, pues él razona según el derecho internacional actual. Su pregunta es simple: si los hechos se produjeran hoy en día, ¿cómo se calificarían? ¿Crimen de guerra, crimen contra la humanidad, crimen de genocidio? Concluye que estos tres crímenes confluyen en la Vendée. Siempre me gustar recordar que el crimen de genocidio es un crimen que no prescribe y que, por lo tanto, es de naturaleza retroactiva. Ha sido en nombre de esta imprescriptibilidad y de esta retroactividad que se han podido juzgar los crímenes cometidos por los nazis y clasificar el crimen cometido contra los armenios.

Por consiguiente, el trabajo de Jacques Villemain es de una gran importancia porque no sólo pone fin a un debate cuyas únicas razones de ser eran ideológicas y políticas, sino que es el trampolín que permitirá en un futuro reconsiderar un buen número de los crímenes cometidos por los revolucionarios, sobre todo durante El Terror.

-En esa época, ¿hubo conciencia de la singularidad del crimen cometido en la Vendée?

-Sin duda alguna: tanto a nivel de los verdugos como de ciertos personajes de la época. A nivel de los verdugos, son muy claros respecto a este tema: se trata de exterminar a todos los habitantes y de arrasar sus bienes. Incluso aclaran que es necesario exterminar preferentemente a las mujeres, "surcos reproductores", y a los niños, "futuros bandoleros". Las leyes y las órdenes emitidas, contrariamente a lo que sostienen algunos negacionistas, no son en absoluto ambiguas en este tema. Si bien algunos personajes de la época se sienten entusiasmados, otros: militares, periodistas, testigos oculares, etc., declaran estar escandalizados. Gracchus Babeuf [François-Noël Babeuf, 1760-1797, revolucionario francés; murió guillotinado por intentar derrocar el gobierno del Directorio con la "Conspiración de los Iguales"], horrorizado, siente la necesidad imperiosa de denunciar este crimen de estado en una obra que servirá de base para juzgar a Carrier [Jean-Baptiste Carrier, 1756-1794, conocido por su crueldad con sus enemigos, especialmente con el clero, durante el Terror]. Busca, en vano, una palabra en el vocabulario del momento para caracterizar este crimen. Al no encontrar ninguna, inventa el neologismo "populicide" (populicida).

-¿Cómo reaccionarán quienes siguen negando el genocidio de los vandeanos?

-Esta obra es, en el fondo, muy difícil de atacar porque es una demostración irrefutable del genocidio de los vandeanos y sitúa, de facto, a todos los que lo niegan o relativizan en el ámbito de los negacionistas. Hay que decir que, treinta años después, su posición es cada vez más difícil de defender. Constato, además, con la distancia, tres grandes etapas en la evolución de este pensamiento.

La primera fue el rechazo y la negación de todo mi trabajo: estos negacionistas tenían, en su opinión, los títulos, las funciones, los estatutos. Y fue gracias a esto que consiguieron expulsarme de la enseñanza, prohibiéndome participar en cualquier tipo de congreso, por lo menos en Francia.

Con el desarrollo de los medios de comunicación paralelos se me ha podido oír y ver cada vez más, sobre todo porque tuve la precaución de publicar los documentos -en particular, las leyes aprobadas, las órdenes emitidas, etc.- que estos negacionistas seguían negando, incluso a costa de decir que yo los había fabricado. Durante este segundo periodo, se refugiaron detrás de un argumento asombroso, según el cual no había ninguna relación entre las leyes, las órdenes emitidas y lo que había sucedido en el terreno.

En el tercer periodo, con la publicación de mi libro Vendée. Du génocide au mémoricide [Vendée. Del genocidio al memoricidio] y la publicación de pequeñas partes de los documentos, declararon estar escandalizados; algunos no dudaron en decir que estos documentos no existían o que yo los había fabricado. Con la publicación del libro de Villemain, su posición será indefendible.

-¿Espera usted que este libro lleve adelante la causa de los Vandeanos?

-Como pone en evidencia Jacques Villemain, este problema tiene tres dimensiones.

La primera es el reconocimiento del genocidio como tal, y sólo una ley puede permitirlo. Estoy convencido que, a largo o corto plazo, esta ley será votada en nombre de la justicia y la verdad.

Segunda, debemos retirar las leyes existentes de exterminación y devastación, que nunca han sido abrogadas y que aún forman parte de nuestro arsenal jurídico. Se ha presentado al Senado una propuesta de ley en este sentido. Espero que con la publicación de este libro se vote la ley.

A pesar del reconocimiento del genocidio y la abrogación de las leyes, queda el problema del conocimiento del crimen cometido. Creo que hay mucho trabajo por hacer, sobre todo a nivel de la enseñanza.

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Lo que le pasó a un historiador que no quiso contar la "verdad oficial" sobre la masacre de la Vendée

París (Viernes, 21-04-2017, Gaudium Press) El genocidio vandeano suscita crecientemente el interés de serios historiadores. Recientemente fue publicada la obra "Vandea, 1793-1794 - ¿Crímen de guerra? ¿Crimen contra la humanidad? ¿Genocidio? Un estudio jurídico", de Jacques Villemain, que aborda las masacres de la Vendea desde una perspectiva jurídica. Pero no es siempre que se dice la verdad cuando se obtiene el reconocimiento, a veces muy por el contrario.

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Reynald Secher publicó en 1986 la obra "La Vandea -Vengada: El genocidio franco-francés. En ella demuestra, de forma fundamentada y contrariando la historiografía predominante, que durante la Revolución Francesa hubo allí un verdadero genocidio, contra un pueblo que en nombre de principios religiosos se levantó contra la Revolución. Pero esa verdad era incómoda, y por ello su carrera que se perfilaba brillante fue truncada. Reproducimos a continuación la entrevista que Secher concedió a L'Homme Nouveau sobre todos estos temas, en una traducción de Helena Faccia Serrano de la diócesis de Alcalá de Henares:

-Cuando su libro La Vendée-Vengé. Le génocide franco-français [La Vandée-Vengada. El genocidio franco-francés] fue publicado en 1986, ¿cuáles fueron las reacciones?

-Hay que distinguir tres tipos de reacción. La primera fue muy favorable, sobre todo por parte de los descendientes de los vandeanos y del gran público, lo que se tradujo en un inmenso éxito popular, sobre todo tras la emisión de Apostrophe, el 11 de julio de 1986, donde tuve que enfrentarme a cuatro oponentes, y no de los menos importantes.

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La segunda reacción fue una cierta reserva por parte de los medios de comunicación, con alguna excepción como Le Figaro Magazine, que publicó un memorable artículo del gran periodista y filósofo Jean-­François Revel, que me defendió con firmeza.

En lo que respecta a la tercera reacción, me fue abiertamente hostil en nombre del principio de que la Revolución no debía ser mancillada. Se dijo y se hizo de todo al respecto, sobre todo por parte de los docentes. Decir que las consecuencias fueron para mí muy duras es un eufemismo: tuve que renunciar a mi plaza de profesor y nunca podré optar a enseñar en la universidad. Los ataques fueron extremadamente violentos y algunos arremetieron contra mí de manera inicua, sin dudar para ello en arremeter también contra mi familia, como fue el caso de mi abuela, a la que acusaron de haber sido una colaboradora durante la Segunda Guerra Mundial, cuando todo el mundo sabe que era un miembro conocido de la Resistencia; o el de mis hijos: de hecho, tuve que sacar del colegio a uno de ellos.

A pesar del tiempo que ha pasado, la situación no se ha tranquilizado y, como historiador, sigo siendo víctima de ostracismo por parte de los medios de comunicación, como también por parte de algunas ferias, como la de Blois del pasado mes de noviembre.

-Esta obra de Jacques Villemain aporta una nueva dimensión a su trabajo de pionero.

-Tiene usted razón. Yo llevé a cabo un trabajo de historiador con mis propios métodos porque era un tema totalmente nuevo, que no había sido nunca abordado en la universidad, que partía del principio que no se podía llevar a cabo porque no existían documentos al respecto. Lo primero que hice fue verificar si esta afirmación era cierta. De hecho, la situación era más bien la contraria, lo que dio lugar a un trabajo considerable de recogida de información, de reconstitución de los datos y su posterior estudio en perspectiva.

Gracias a este riguroso -por científico- método, constaté que se llevó a cabo una masacre en masa cuyo objetivo eran los vandeanos en cuanto tales. Lógicamente, me planteé tres preguntas. ¿Quién ideó y puso en marcha esta política y en nombre de qué? ¿Qué medios se pusieron en marcha sobre el terreno? ¿Se podían establecer balances en pérdidas humanas y materiales?

Contrariamente a lo que siempre se quiso hacer creer, lo que sucedió en la Vandée no fue un patinazo debido a iniciativas locales, sino que fue el resultado de órdenes emitidas al más alto nivel del Estado. En aquella época solo pude remontarme hasta la Convención Nacional. No fue hasta 2011, con el descubrimiento de las órdenes originales, cuando pude demostrar que había sido el Comité Central de Salud Pública el que estaba detrás de todo.

El método de Jacques Villemain, al ser jurista, es de otra naturaleza, pues él razona según el derecho internacional actual. Su pregunta es simple: si los hechos se produjeran hoy en día, ¿cómo se calificarían? ¿Crimen de guerra, crimen contra la humanidad, crimen de genocidio? Concluye que estos tres crímenes confluyen en la Vendée. Siempre me gustar recordar que el crimen de genocidio es un crimen que no prescribe y que, por lo tanto, es de naturaleza retroactiva. Ha sido en nombre de esta imprescriptibilidad y de esta retroactividad que se han podido juzgar los crímenes cometidos por los nazis y clasificar el crimen cometido contra los armenios.

Por consiguiente, el trabajo de Jacques Villemain es de una gran importancia porque no sólo pone fin a un debate cuyas únicas razones de ser eran ideológicas y políticas, sino que es el trampolín que permitirá en un futuro reconsiderar un buen número de los crímenes cometidos por los revolucionarios, sobre todo durante El Terror.

-En esa época, ¿hubo conciencia de la singularidad del crimen cometido en la Vendée?

-Sin duda alguna: tanto a nivel de los verdugos como de ciertos personajes de la época. A nivel de los verdugos, son muy claros respecto a este tema: se trata de exterminar a todos los habitantes y de arrasar sus bienes. Incluso aclaran que es necesario exterminar preferentemente a las mujeres, "surcos reproductores", y a los niños, "futuros bandoleros". Las leyes y las órdenes emitidas, contrariamente a lo que sostienen algunos negacionistas, no son en absoluto ambiguas en este tema. Si bien algunos personajes de la época se sienten entusiasmados, otros: militares, periodistas, testigos oculares, etc., declaran estar escandalizados. Gracchus Babeuf [François-Noël Babeuf, 1760-1797, revolucionario francés; murió guillotinado por intentar derrocar el gobierno del Directorio con la "Conspiración de los Iguales"], horrorizado, siente la necesidad imperiosa de denunciar este crimen de estado en una obra que servirá de base para juzgar a Carrier [Jean-Baptiste Carrier, 1756-1794, conocido por su crueldad con sus enemigos, especialmente con el clero, durante el Terror]. Busca, en vano, una palabra en el vocabulario del momento para caracterizar este crimen. Al no encontrar ninguna, inventa el neologismo "populicide" (populicida).

-¿Cómo reaccionarán quienes siguen negando el genocidio de los vandeanos?

-Esta obra es, en el fondo, muy difícil de atacar porque es una demostración irrefutable del genocidio de los vandeanos y sitúa, de facto, a todos los que lo niegan o relativizan en el ámbito de los negacionistas. Hay que decir que, treinta años después, su posición es cada vez más difícil de defender. Constato, además, con la distancia, tres grandes etapas en la evolución de este pensamiento.

La primera fue el rechazo y la negación de todo mi trabajo: estos negacionistas tenían, en su opinión, los títulos, las funciones, los estatutos. Y fue gracias a esto que consiguieron expulsarme de la enseñanza, prohibiéndome participar en cualquier tipo de congreso, por lo menos en Francia.

Con el desarrollo de los medios de comunicación paralelos se me ha podido oír y ver cada vez más, sobre todo porque tuve la precaución de publicar los documentos -en particular, las leyes aprobadas, las órdenes emitidas, etc.- que estos negacionistas seguían negando, incluso a costa de decir que yo los había fabricado. Durante este segundo periodo, se refugiaron detrás de un argumento asombroso, según el cual no había ninguna relación entre las leyes, las órdenes emitidas y lo que había sucedido en el terreno.

En el tercer periodo, con la publicación de mi libro Vendée. Du génocide au mémoricide [Vendée. Del genocidio al memoricidio] y la publicación de pequeñas partes de los documentos, declararon estar escandalizados; algunos no dudaron en decir que estos documentos no existían o que yo los había fabricado. Con la publicación del libro de Villemain, su posición será indefendible.

-¿Espera usted que este libro lleve adelante la causa de los Vandeanos?

-Como pone en evidencia Jacques Villemain, este problema tiene tres dimensiones.

La primera es el reconocimiento del genocidio como tal, y sólo una ley puede permitirlo. Estoy convencido que, a largo o corto plazo, esta ley será votada en nombre de la justicia y la verdad.

Segunda, debemos retirar las leyes existentes de exterminación y devastación, que nunca han sido abrogadas y que aún forman parte de nuestro arsenal jurídico. Se ha presentado al Senado una propuesta de ley en este sentido. Espero que con la publicación de este libro se vote la ley.

A pesar del reconocimiento del genocidio y la abrogación de las leyes, queda el problema del conocimiento del crimen cometido. Creo que hay mucho trabajo por hacer, sobre todo a nivel de la enseñanza.


 

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