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En la apertura del Congreso Teológico en la Universidad Lateranense el Cardenal Hummes habló sobre los aspectos esenciales del sacerdocio
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12 de Marzo de 2010 / 0 Comentários
 
 
 

Ciudad del Vaticano (Viernes, 12-03-2010, Gaudium Press) Al abrir los trabajos, en la mañana de ayer, del Congreso Teológico Internacional, que se está llevando a cabo en la Pontificia Universidad Lateranense, en Roma, el Cardenal brasileño Mons. Cláudio Hummes, prefecto de la Congregación para el Clero -dicasterio que está al frente de la iniciativa- hizo un discurso resaltando los elementos esenciales del sacerdocio.

El purpurado hizo su disertación luego de la introducción del Cardenal Zenon Grocholewski, Prefecto de la Congregación para la Educación Católica. Al inicio, Mons. Cláudio saludó a las centenas de sacerdotes presentes en el auditorio. "Agradezco (...) a los ilustres relatores y a cada uno de los presentes por haber respondido al llamado de la Congregación, y por la contribución que podrán traer a la propia realidad, dilatando el fruto de los trabajos de estos días". En seguida, el Cardenal habló sobre el sacerdocio común de los fieles, de quien Jesús es Pastor.

"Cristo, de hecho, quiso tornarnos participantes de Su propia realidad, haciendo que seamos miembros vivos de Su Cuerpo. De hecho, por la fe y el sacramento del Bautismo nos tornamos participantes de Su filiación divina. En él, somos realmente hijos de Dios, por participación. Es la realidad fundamental de nuestra salvación. En consecuencia, la comunidad de los creyentes, la comunidad de los discípulos, se torna el Cuerpo místico de Cristo, su Pueblo, su Iglesia. Este Pueblo es un pueblo sacerdotal porque es el Cuerpo místico de Cristo, eterno Sacerdote", señaló el Cardenal Hummes explicando lo que es el sacerdocio común de los fieles.

Después, el Prefecto de la Congregación para el Clero celebró la esencia de ser sacerdote, primordialmente, abordándola bajo la óptica de Jesucristo, que, según el Cardenal, fue pastor de sus discípulos y, después, confió a algunos la labor de seguir anunciando la buena nueva y conduciendo el rebaño de fieles en su lugar.

"Aún permaneciendo Jesucristo, muerto y resucitado, como único Pastor y Jefe, los elegidos por Él entre sus discípulos, y consagrados con la unción del Espíritu Santo en el Sacramento de la Orden, también ellos, por participación, pero, realmente, son constituidos jefes y pastores de la Iglesia y actúan "in persona Christi Capitis". ¡Es ese el sacerdocio ministerial! En relación al sacerdocio ministerial, el Concilio Vaticano II enseña que el mismo difiere esencialmente del sacerdocio común de los fieles; entretanto, se ordenan mutuamente uno al otro; pues uno y otro participan, a su modo, del único sacerdocio de Cristo (LG n.10)".
Mons. Cláudio Hummes también habló sobre la importancia de la fidelidad del sacerdote a Cristo, citando el ejemplo de San Juan María Vianney, el Santo Cura d'Ars, cuyo bicentenario motivó la convocación del Año Sacerdotal por el Papa Benedicto XVI y, consecuentemente, la realización del Congreso Teológico en el período jubilar.

"Siendo el 150º aniversario de la muerte del Santo Cura D'Ars, la oportunidad escogida por el Santo Padre para proclamar el Año Sacerdotal, la ejemplar fidelidad del Santo Cura a su ministerio pastoral, inspira también a los presbíteros a profundizar y revitalizar su propia fidelidad e ilumina este nuestro congreso para que consiga encontrar el camino justo para ofrecer sus reflexiones sobre la identidad de los presbíteros en la Iglesia de hoy".

"El celibato es un don precioso que Cristo donó a su Iglesia"

Con esto, el purpurado defendió la importancia de la fidelidad de los sacerdotes también al sacerdocio, a los valores esenciales del mismo. Y citó, nominalmente, el celibato. "El celibato sacerdotal es un don del Espíritu Santo que pide ser comprendido y vivido con plenitud de sentido y alegría, en relación total con el Señor", afirmó el Arzobispo emérito de San Pablo.

El prefecto de la Congregación para el Clero viene resaltando la importancia del celibato hace cerca de dos años, cuando algunos medios de comunicación publicaron que el purpurado había comentado la posibilidad del Vaticano ordenar hombres casados.
Ante esto, el Cardenal negó las suposiciones y reafirmó que "el celibato sacerdotal es un don precioso que Cristo donó a su Iglesia". Según Mons. Cláudio, "esta relación única y privilegiada con Dios hace del sacerdote el testimonio auténtico de una singular paternidad espiritual y lo torna verdaderamente fecundo".

"En fin, el tema del celibato sacerdotal, como llamado y don del Espíritu Santo, vivido con sentido y con júbilo en relación total con el Señor. Este se torna automáticamente fecundo en la paternidad espiritual y pastoral de los ministros y como profecía del Reino futuro y definitivo", concluyó Mons. Cláudio.

 

 


 

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