

Ciudad del Vaticano (Lunes, 15-03-2010, Gaudium Press) El Papa Benedicto XVI señaló, el pasado viernes, que el mundo de hoy necesita de sacerdotes que sean profundamente tales, pues en una época "que tiende a desvanecer todo tipo de concepción de identidad, por muchos considerada contraria a la libertad y la democracia, es preciso considerar de modo bien claro la peculiaridad teológica del Ministerio ordenado".
Este mensaje lo profirió el Santo Padre en la sala de Bendiciones del Vaticano a los 700 obispos y sacerdotes que participaban del Congreso Teológico Internacional que promovió la Congregación para el Clero. Según informó la Radio Vaticana.
El Papa Benedicto XVI, alertando a los sacerdotes, también dijo que en un contexto de difusa secularización, que progresivamente excluye a Dios de la esfera pública y, con tendencia, también de la consciencia social compartida, muchas veces "el sacerdote es visto como 'raro' para la percepción común, justamente por los aspectos fundamentales de su ministerio, como ser el hombre de lo sagrado, quitado del mundo para interceder en favor del mundo, en tal misión constituida por Dios y no por los hombres".
El Santo Padre destacó, igualmente, la relevancia del sacerdote de saber diferenciarse y no asumir la función de un agente social, bajo el riesgo de "traicionar al propio sacerdocio de Cristo". Conforme el Pontífice, es necesario, además, hacer lo contrario, "reafirmar en nuestros días el valor sagrado del celibato", que es "una auténtica profecía del Reino", dijo.
Para el Pontífice, en el tiempo en que vivimos es imprescindible que el llamado al sacerdocio "florezca dentro del carisma de la profecía". Según Benedicto XVI, actualmente, es necesaria la presencia de sacerdotes que hablen de Dios al mundo y que presenten el mundo a Dios. "Hombres no sujetos a modas culturales efímeras, sino capaces de vivir auténticamente aquella libertad que solamente la seguridad de la pertenencia a Dios es capaz de dar", aseguró.
Conforme Benedicto XVI, la profecía más necesaria es de la fidelidad; fidelidad de Cristo a la humanidad. Así, según el Papa, la Iglesia y el sacerdocio ministerial llevan a vivir el propio sacerdocio en total adhesión a Cristo y a la Iglesia. En este sentido, el sacerdote debe entregarse totalmente a Dios. "Es propiedad de Dios", afirmó. Y "debe tornarse reconocible por todos, mediante un límpido testimonio", complementó.
El Papa resaltó también que los sacerdotes deben substraerse de la mentalidad dominante, que tiende a asociar el valor del ministro no a su ser, sino a su función. Para el Pontífice, el sacerdote debe adquirir fuerza profética de su pertenencia sacramental, de su ser profundo en todo lo que conduce su vida.
Por último, el Santo Padre afirmó que el sacerdocio es "una altísima vocación que permanece un gran Misterio hasta para los que la recibieron como donación". Concluyó, exhortando a los sacerdotes a ser "profundamente sacerdotes y nada más".



