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Un robo sacrílego recordó a una comunidad en Nueva Zelanda el valor de la Eucaristía
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9 de Febrero de 2015 / 0 Comentarios
 
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Christchurch (Lunes, 09-02-2015, Gaudium Press) Un sacrilegio es siempre una grave tragedia para la Iglesia, al tratarse de un pecado cometido directamente contra lo sagrado y, en el caso de la Eucaristía, contra Dios mismo, presente sustancialmente en el sacramento. Sin embargo, para una comunidad parroquial en Nueva Zelanda esta desgracia significó la oportunidad de recordar y reanimar su devoción eucarística a través de los actos de reparación convocados a raíz del hecho.

ADORACION EUCARISTICA GAUDIUM PRESS.jpg
El sacrilegio recordó a los católicos la importancia de adorar y proteger el Santísimo Sacramento. Foto: Charles Clegg.
El sacrilegio fue cometido cuando un desconocido hurtó una píxide que contenía una Hostia Consagrada del vehículo de un ministro extraordinario de la comunión de la parroquia de San Gregorio en la ciudad de Christchurch, quien la llevaba para visitar a un enfermo en el mes de enero. La noticia motivó la reacción de la Diócesis y la visita del Obispo al templo parroquial para presidir los actos de desagravio.

Ayuno y Adoración

"El llamado del Obispo (Mons. Barry Jones) a todos a ayunar y visitar el Santísimo Sacramento y (asistir) a Misas especiales realmente ayudó a profundizar el amor, la reverencia y respeto de las personas", relató a NZ Catholic el Vicario Episcopal para la Educación de Christchurch, P. John Adams. "Esto no había sido esperado, la gente me contó sobre esto". Según el sacerdote, los católicos locales ahora están más atentos sobre la importancia de proteger la Eucaristía y se ha incrementado la devoción de los fieles hacia el Santísimo Sacramento, no sólo en la parroquia afectada, sino en las demás comunidades de la Diócesis.

El P. Adams recalcó la gran trascendencia del hecho por su gravedad y celebró la buena reacción de la comunidad frente al sacrilegio. "Como católicos, creemos que Jesús está verdaderamente presente en el Santo Sacramento en cuerpo, alma y divinidad", comentó. "Aunque (el robo) fue un incidente muy desafortunado, también ha sido una oportunidad para la enseñanza y el crecimiento del amor por nuestro Señor en el Santísimo Sacramento".

Medidas de precaución y respeto debido

La píxide, el pequeño recipiente redondo de bronce que atrajo la atención de los delincuentes, se encontraba en la guantera del vehículo en el momento del hurto, por lo cual la Diócesis insistió en la grave necesidad de conservar la reverencia debida al Sacramento y las medidas de precaución para evitar cualquier irrespeto o profanación. "Esta persona (el ministro extraordinario) se está sintiendo verdaderamente terrible. Están verdaderamente arrepentidos", manifestó el P. Adams, quien aconsejó a los ministros revisar con sus párrocos la forma como conservan la Eucaristía en sus visitas a los enfermos, preferiblemente "asegurarse de que siempre esté sobre nuestra persona".

"El sacerdote de la parroquia es la persona responsable de la supervisión de los ministros que llevan el Santísimo Sacramento a los enfermos a los hogares", recordó a raíz del sacrilegio Mons. Mahoney a NZ Catholic. "La expectativa es que sea llevado directamente de la iglesia a la persona que sea visitada. Si, a causa de las circunstancias, la persona que será visitada no puede recibirla en ese momento, se aconseja que el ministro lo consuma devotamente".

Con información de NZ Catholic.

 

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Un robo sacrílego recordó a una comunidad en Nueva Zelanda el valor de la Eucaristía

Christchurch (Lunes, 09-02-2015, Gaudium Press) Un sacrilegio es siempre una grave tragedia para la Iglesia, al tratarse de un pecado cometido directamente contra lo sagrado y, en el caso de la Eucaristía, contra Dios mismo, presente sustancialmente en el sacramento. Sin embargo, para una comunidad parroquial en Nueva Zelanda esta desgracia significó la oportunidad de recordar y reanimar su devoción eucarística a través de los actos de reparación convocados a raíz del hecho.

ADORACION EUCARISTICA GAUDIUM PRESS.jpg
El sacrilegio recordó a los católicos la importancia de adorar y proteger el Santísimo Sacramento. Foto: Charles Clegg.
El sacrilegio fue cometido cuando un desconocido hurtó una píxide que contenía una Hostia Consagrada del vehículo de un ministro extraordinario de la comunión de la parroquia de San Gregorio en la ciudad de Christchurch, quien la llevaba para visitar a un enfermo en el mes de enero. La noticia motivó la reacción de la Diócesis y la visita del Obispo al templo parroquial para presidir los actos de desagravio.

Ayuno y Adoración

"El llamado del Obispo (Mons. Barry Jones) a todos a ayunar y visitar el Santísimo Sacramento y (asistir) a Misas especiales realmente ayudó a profundizar el amor, la reverencia y respeto de las personas", relató a NZ Catholic el Vicario Episcopal para la Educación de Christchurch, P. John Adams. "Esto no había sido esperado, la gente me contó sobre esto". Según el sacerdote, los católicos locales ahora están más atentos sobre la importancia de proteger la Eucaristía y se ha incrementado la devoción de los fieles hacia el Santísimo Sacramento, no sólo en la parroquia afectada, sino en las demás comunidades de la Diócesis.

El P. Adams recalcó la gran trascendencia del hecho por su gravedad y celebró la buena reacción de la comunidad frente al sacrilegio. "Como católicos, creemos que Jesús está verdaderamente presente en el Santo Sacramento en cuerpo, alma y divinidad", comentó. "Aunque (el robo) fue un incidente muy desafortunado, también ha sido una oportunidad para la enseñanza y el crecimiento del amor por nuestro Señor en el Santísimo Sacramento".

Medidas de precaución y respeto debido

La píxide, el pequeño recipiente redondo de bronce que atrajo la atención de los delincuentes, se encontraba en la guantera del vehículo en el momento del hurto, por lo cual la Diócesis insistió en la grave necesidad de conservar la reverencia debida al Sacramento y las medidas de precaución para evitar cualquier irrespeto o profanación. "Esta persona (el ministro extraordinario) se está sintiendo verdaderamente terrible. Están verdaderamente arrepentidos", manifestó el P. Adams, quien aconsejó a los ministros revisar con sus párrocos la forma como conservan la Eucaristía en sus visitas a los enfermos, preferiblemente "asegurarse de que siempre esté sobre nuestra persona".

"El sacerdote de la parroquia es la persona responsable de la supervisión de los ministros que llevan el Santísimo Sacramento a los enfermos a los hogares", recordó a raíz del sacrilegio Mons. Mahoney a NZ Catholic. "La expectativa es que sea llevado directamente de la iglesia a la persona que sea visitada. Si, a causa de las circunstancias, la persona que será visitada no puede recibirla en ese momento, se aconseja que el ministro lo consuma devotamente".

Con información de NZ Catholic.

 


 

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