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"El cristiano es llamado a servir como el Maestro", dice el Obispo de Uruguaiana, Brasil
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26 de Febrero de 2015 / 0 Comentarios
 
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Uruguaiana (Jueves, 26-02-2015, Gaudium Press) Mons. Aloísio A. Dilli, Obispo de la Diócesis de Uruguaiana, en Río Grande del Sur, Brasil, escribió un artículo sobre la Campaña de la Fraternidad de este año. El afirma que estamos viviendo un tiempo especial del Año Litúrgico, que es la Cuaresma, y que este tiempo litúrgico, con características de penitencia y conversión de vida, fue introducido ya en el IV siglo de la era cristiana, con el objetivo de preparar bien la celebración de la Pascua.

Según el Prelado, los brasileños desde 1964 están acostumbrados a vivir en este tiempo la Campaña de la Fraternidad, que es la forma original, brasileña, de vivir el mandamiento de la caridad, del amor al prójimo, y que a partir de la centralidad del Evangelio, se quiere hacer la campaña de ser más Hermanos, o sea, una campaña de fraternidad. Él explica que la palabra "frater", proveniente del latín, significa "hermano", y es un retomar consciencia de lo que ocurrió en el Bautismo: nos tornamos hermanos y hermanas, en Jesucristo, hijos e hijas del mismo Padre.

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De acuerdo con el Obispo, en la Campaña de Fraternidad (CF) todos los años, la Iglesia del Brasil a través de la Conferencia Nacional de los Obispos nos apunta a uno de los aspectos concretos de nuestra relación fraterna. El refuerza que, en el año 2015, el tema central es Iglesia y Sociedad, con el lema bíblico: "Yo vine para servir" (cf. Mc 10, 45) y que el texto base de la CF propone el siguiente objetivo: "Profundizar, a la luz del Evangelio, el diálogo y la colaboración entre la Iglesia y la sociedad, propuestos por el Concilio Ecuménico Vaticano II, como servicio al pueblo brasileño, para la edificación del Reino de Dios" (Texto-Base, n. 13).

"El propio Hijo de Dios se encarnó en la realidad concreta de su tiempo, asumiendo y viviendo la cultura de su pueblo, participando activamente en la solución de los problemas e injusticias de aquella época, proponiendo un nuevo modo de vivir. Con sus acciones, mostró cómo debería ser la vida de los hombres y mujeres en el Reino de Dios, dando preferencia a los marginados. Inspirada en el Evangelio, la Iglesia intentó vivir la relación Iglesia-Estado a través de los tiempos prestando los más diversos servicios, con la finalidad última de edificar el Reino de Dios en este mundo", agrega.

Además Mons. Aloísio resalta que hoy vivimos tiempos de Estados laicos y, según la doctrina de la laicidad, los mismos no optan por una determinada religión. Para él, no cabe también a la Iglesia definir y determinar los destinos de una sociedad, pues su misión no es de carácter propiamente político, económico o social, pero le compete el derecho de manifestaciones e intervención, con la exposición de sus doctrinas y posicionamientos éticos.

"Inspirada en Jesucristo y su modo de servir, la participación de la Iglesia se caracteriza en pro de los valores de la vida, de la dignidad de las personas, del bien común y de la justicia social. Estos son, por tanto, los criterios a partir de los cuales la Iglesia discierne la oportunidad y el estilo de su diálogo y de su colaboración con la sociedad. Conviene además subrayar que la Iglesia respeta la laicidad, pero repudia el laicismo, que se caracteriza por el preconcepto contra todo lo que tiene que ver con religión (cf. Texto-Base, nn. 100-101 e 226)", completa el Obispo.

Por fin, el Prelado resalta que el lema "Yo vine para servir" remite al Cristo siervo, aquel que nació en una gruta, que lavó los pies de los apóstoles, que se donó en la cruz para que todos tuviesen vida... Conforme él, los discípulos no pueden ser diferentes (cf. Mc 10, 43-45), pues el cristiano es llamado a servir como el Maestro.

"Al concluir, invitamos a todos a reflexionar, en este tiempo cuaresmal y de Campaña de la Fraternidad, sobre las sabias palabras del Concilio Vaticano II: 'Las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de hoy, sobre todo de los pobres y de todos aquellos que sufren, son también las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los discípulos de Cristo' ". (FB)

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"El cristiano es llamado a servir como el Maestro", dice el Obispo de Uruguaiana, Brasil

Uruguaiana (Jueves, 26-02-2015, Gaudium Press) Mons. Aloísio A. Dilli, Obispo de la Diócesis de Uruguaiana, en Río Grande del Sur, Brasil, escribió un artículo sobre la Campaña de la Fraternidad de este año. El afirma que estamos viviendo un tiempo especial del Año Litúrgico, que es la Cuaresma, y que este tiempo litúrgico, con características de penitencia y conversión de vida, fue introducido ya en el IV siglo de la era cristiana, con el objetivo de preparar bien la celebración de la Pascua.

Según el Prelado, los brasileños desde 1964 están acostumbrados a vivir en este tiempo la Campaña de la Fraternidad, que es la forma original, brasileña, de vivir el mandamiento de la caridad, del amor al prójimo, y que a partir de la centralidad del Evangelio, se quiere hacer la campaña de ser más Hermanos, o sea, una campaña de fraternidad. Él explica que la palabra "frater", proveniente del latín, significa "hermano", y es un retomar consciencia de lo que ocurrió en el Bautismo: nos tornamos hermanos y hermanas, en Jesucristo, hijos e hijas del mismo Padre.

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De acuerdo con el Obispo, en la Campaña de Fraternidad (CF) todos los años, la Iglesia del Brasil a través de la Conferencia Nacional de los Obispos nos apunta a uno de los aspectos concretos de nuestra relación fraterna. El refuerza que, en el año 2015, el tema central es Iglesia y Sociedad, con el lema bíblico: "Yo vine para servir" (cf. Mc 10, 45) y que el texto base de la CF propone el siguiente objetivo: "Profundizar, a la luz del Evangelio, el diálogo y la colaboración entre la Iglesia y la sociedad, propuestos por el Concilio Ecuménico Vaticano II, como servicio al pueblo brasileño, para la edificación del Reino de Dios" (Texto-Base, n. 13).

"El propio Hijo de Dios se encarnó en la realidad concreta de su tiempo, asumiendo y viviendo la cultura de su pueblo, participando activamente en la solución de los problemas e injusticias de aquella época, proponiendo un nuevo modo de vivir. Con sus acciones, mostró cómo debería ser la vida de los hombres y mujeres en el Reino de Dios, dando preferencia a los marginados. Inspirada en el Evangelio, la Iglesia intentó vivir la relación Iglesia-Estado a través de los tiempos prestando los más diversos servicios, con la finalidad última de edificar el Reino de Dios en este mundo", agrega.

Además Mons. Aloísio resalta que hoy vivimos tiempos de Estados laicos y, según la doctrina de la laicidad, los mismos no optan por una determinada religión. Para él, no cabe también a la Iglesia definir y determinar los destinos de una sociedad, pues su misión no es de carácter propiamente político, económico o social, pero le compete el derecho de manifestaciones e intervención, con la exposición de sus doctrinas y posicionamientos éticos.

"Inspirada en Jesucristo y su modo de servir, la participación de la Iglesia se caracteriza en pro de los valores de la vida, de la dignidad de las personas, del bien común y de la justicia social. Estos son, por tanto, los criterios a partir de los cuales la Iglesia discierne la oportunidad y el estilo de su diálogo y de su colaboración con la sociedad. Conviene además subrayar que la Iglesia respeta la laicidad, pero repudia el laicismo, que se caracteriza por el preconcepto contra todo lo que tiene que ver con religión (cf. Texto-Base, nn. 100-101 e 226)", completa el Obispo.

Por fin, el Prelado resalta que el lema "Yo vine para servir" remite al Cristo siervo, aquel que nació en una gruta, que lavó los pies de los apóstoles, que se donó en la cruz para que todos tuviesen vida... Conforme él, los discípulos no pueden ser diferentes (cf. Mc 10, 43-45), pues el cristiano es llamado a servir como el Maestro.

"Al concluir, invitamos a todos a reflexionar, en este tiempo cuaresmal y de Campaña de la Fraternidad, sobre las sabias palabras del Concilio Vaticano II: 'Las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de hoy, sobre todo de los pobres y de todos aquellos que sufren, son también las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los discípulos de Cristo' ". (FB)


 

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