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"Jesús es fuente de salvación eterna para los que le obedecen", dice Obispo de Uruguaiana, Brasil
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20 de Marzo de 2015 / 0 Comentarios
 
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Uruguaiana (Viernes, 20-03-2015, Gaudium Press) Mons. Aloísio A. Dilli, Obispo de la Diócesis de Uruguaiana, en el estado de Río Grande del Sur, habla en su artículo que la Cuaresma continua nuestra preparación a la Pascua. En la reflexión, el aborda el tema de la alianza de Dios con su pueblo en los tercero, cuarto y quinto domingo de este tiempo cuaresmal.

El Prelado explica que, en el tercer domingo de Cuaresma, la lectura del Antiguo Testamento presenta el don de la ley (mandamientos), señal de la alianza de Dios con su pueblo, mediante Moisés, en el Sinaí. Según él, el texto hace parte de un contexto mayor que prepara, celebra y confirma la alianza, donde Dios conduce la historia de su pueblo en la fidelidad a la promesa y ellos aceptan la ley y se comprometen con la obediencia a ella.

Asimismo el Obispo destaca que en el Evangelio Jesús anuncia la sustitución de una institución fundamental de la antigua alianza: el templo. Conforme él, su uso no corresponde más con la auténtica experiencia de la alianza divina y por eso Jesús anuncia que su cuerpo (muerto y resucitado) será el templo del culto nuevo y auténtico, reconocido por la fe. "Él será el nuevo templo y la nueva ley", completa.

Ya en la segunda lectura (1 Cor 1, 22-25), San Pablo anuncia a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, que procuran milagros, y locura para los griegos, que buscan sabiduría. Mons. Aloísio afirma que, para los llamados, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios.

Con relación al cuarto domingo de la Cuaresma, el Prelado resalta la cuestión de la infidelidad del pueblo (jefes, sacerdotes, pueblo) a la alianza, que lo lleva a la desgracia, al exilio, pero Dios, en su misericordia, lo reconduce (2 Cr 36, 14-16.19-23) a la tierra prometida. Según él, el evangelio (Jn 3, 14-21) de este domingo revela a un Dios extremamente misericordioso, pues envió a su Hijo al mundo para que lo salvase, así como la serpiente de bronce en la barra salvaba a los hebreos en el desierto.

Jesus_Gaudium_Press.jpg

"Dios envió su Hijo al mundo no para condenarlo"

Busto de Cristo flagelado, Catedral de Córdoba, España

"Dios envió su Hijo al mundo no para condenarlo, sino para salvarlo. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que él se convierta, crea en él y tenga vida eterna. Esta obra de salvación no fue mérito humano, sino de la gracia, mediante la fe, como afirma la segunda lectura de este cuarto domingo de cuaresma (Ef 2, 4-10). La misericordia de Dios restablece la alianza", evalúa.

Por fin, Mons. Aloísio habla sobre el quinto domingo de la Cuaresma, en que en la primera lectura (Jer 31, 31-34) el profeta Jeremías anuncia nueva y definitiva alianza, no como las anteriores: "Pondré mi ley en sus corazones y la imprimiré en sus mentes. Entonces seré su Dios y ellos serán mi pueblo... Perdonaré su culpa y no recordaré más su pecado" (Jer 31, 33-34).

De acuerdo con el Obispo, el evangelista San Juan anuncia la pasión de Jesús con símbolos: templo destruido y reconstruido, serpiente elevada y el grano de trigo que muere y fructifica. Él refuerza que el evangelio de este quinto domingo (Jn 12, 20-33) revela que llegó la hora de Jesús ser glorificado: si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará sin fruto.

"Jesús termina diciendo que, al ser elevado, va atraer a todos a Él. Jesús hace una invitación a seguirlo en ese donar su vida. La segunda lectura del día (Hb 5, 7-9) deja claro que Jesús es el cumplimiento de la promesa de la alianza nueva y definitiva, pues su obediencia al Padre fue total. Por él el pecado es destruido y así se torna fuente de salvación eterna para todos que le obedecen. También para todos nosotros", concluyó. (FB)

 

 

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"Jesús es fuente de salvación eterna para los que le obedecen", dice Obispo de Uruguaiana, Brasil

Uruguaiana (Viernes, 20-03-2015, Gaudium Press) Mons. Aloísio A. Dilli, Obispo de la Diócesis de Uruguaiana, en el estado de Río Grande del Sur, habla en su artículo que la Cuaresma continua nuestra preparación a la Pascua. En la reflexión, el aborda el tema de la alianza de Dios con su pueblo en los tercero, cuarto y quinto domingo de este tiempo cuaresmal.

El Prelado explica que, en el tercer domingo de Cuaresma, la lectura del Antiguo Testamento presenta el don de la ley (mandamientos), señal de la alianza de Dios con su pueblo, mediante Moisés, en el Sinaí. Según él, el texto hace parte de un contexto mayor que prepara, celebra y confirma la alianza, donde Dios conduce la historia de su pueblo en la fidelidad a la promesa y ellos aceptan la ley y se comprometen con la obediencia a ella.

Asimismo el Obispo destaca que en el Evangelio Jesús anuncia la sustitución de una institución fundamental de la antigua alianza: el templo. Conforme él, su uso no corresponde más con la auténtica experiencia de la alianza divina y por eso Jesús anuncia que su cuerpo (muerto y resucitado) será el templo del culto nuevo y auténtico, reconocido por la fe. "Él será el nuevo templo y la nueva ley", completa.

Ya en la segunda lectura (1 Cor 1, 22-25), San Pablo anuncia a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, que procuran milagros, y locura para los griegos, que buscan sabiduría. Mons. Aloísio afirma que, para los llamados, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios.

Con relación al cuarto domingo de la Cuaresma, el Prelado resalta la cuestión de la infidelidad del pueblo (jefes, sacerdotes, pueblo) a la alianza, que lo lleva a la desgracia, al exilio, pero Dios, en su misericordia, lo reconduce (2 Cr 36, 14-16.19-23) a la tierra prometida. Según él, el evangelio (Jn 3, 14-21) de este domingo revela a un Dios extremamente misericordioso, pues envió a su Hijo al mundo para que lo salvase, así como la serpiente de bronce en la barra salvaba a los hebreos en el desierto.

Jesus_Gaudium_Press.jpg

"Dios envió su Hijo al mundo no para condenarlo"

Busto de Cristo flagelado, Catedral de Córdoba, España

"Dios envió su Hijo al mundo no para condenarlo, sino para salvarlo. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que él se convierta, crea en él y tenga vida eterna. Esta obra de salvación no fue mérito humano, sino de la gracia, mediante la fe, como afirma la segunda lectura de este cuarto domingo de cuaresma (Ef 2, 4-10). La misericordia de Dios restablece la alianza", evalúa.

Por fin, Mons. Aloísio habla sobre el quinto domingo de la Cuaresma, en que en la primera lectura (Jer 31, 31-34) el profeta Jeremías anuncia nueva y definitiva alianza, no como las anteriores: "Pondré mi ley en sus corazones y la imprimiré en sus mentes. Entonces seré su Dios y ellos serán mi pueblo... Perdonaré su culpa y no recordaré más su pecado" (Jer 31, 33-34).

De acuerdo con el Obispo, el evangelista San Juan anuncia la pasión de Jesús con símbolos: templo destruido y reconstruido, serpiente elevada y el grano de trigo que muere y fructifica. Él refuerza que el evangelio de este quinto domingo (Jn 12, 20-33) revela que llegó la hora de Jesús ser glorificado: si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará sin fruto.

"Jesús termina diciendo que, al ser elevado, va atraer a todos a Él. Jesús hace una invitación a seguirlo en ese donar su vida. La segunda lectura del día (Hb 5, 7-9) deja claro que Jesús es el cumplimiento de la promesa de la alianza nueva y definitiva, pues su obediencia al Padre fue total. Por él el pecado es destruido y así se torna fuente de salvación eterna para todos que le obedecen. También para todos nosotros", concluyó. (FB)

 

 


 

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