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Sueños de las mil y una noches
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13 de Mayo de 2015 / 0 Comentarios
 
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Redacción (Miércoles, 13-05-2015, Gaudium Press) ¿Quién de nosotros, al menos en los tiempos de nuestra infancia, nunca imaginó un marajá indio o una princesa persa, vestidos espléndidamente, adornados con las más finas joyas y perlas, paseando por los aires sobre un tapete volador? ¿Un tapete que obedeciese a la voz de comando de su noble dueño y que se alzase a los cielos con elegancia y ligereza? Si es cierto que los tapetes no poseen la capacidad de volar, no es menos cierto que ellos tienen un poder precioso: el de llevar la sensibilidad humana a viajar por los altos páramos del mundo de lo bello.

1.jpg

¿Cuándo comenzó la historia de la tapicería? Imposible saberlo. No hay registro en los anales de la Historia, de quien fue el hombre en cuya alma Dios encendió por primera vez el deseo de entrelazar hilos coloridos para producir algo de bello. Pero se puede decir que ese desconocido fue -para quien sabe ver las cosas- uno de los grandes bienhechores de la humanidad.

Acomodémonos confortablemente sobre un imaginario tapete volador, y retrocedamos cuarenta siglos, para intentar conocer un poco de la historia de esas maravillas creadas por el hombre para adornar pisos y paredes, alegrar los ojos y extasiar las mentes.

Caminando por los países de Oriente Medio y norte de África, encontraríamos tapetes lindos en muchos lugares. Varios indicios históricos dejan entrever en qué medida los tapetes hacían parte de la vida diaria de diversos pueblos, inclusive nómadas.

Por pinturas encontradas en tumbas egipcias, se puede constatar que, alrededor de 2.000 a.C., ya existía en el país el arte de la tapicería. También nos deparamos con referencias a ella en la "Ilíada", de Homero, y en varios autores clásicos. En la Sagrada Escritura, el arte de tejerlos es mencionado desde el Éxodo.

La pieza más antigua que se conoce, descubierta en los montes Altai, al sur de Siberia, data del año 500 a.C., y es sorprendentemente parecida con los tapetes de hoy. Es admirable el grado de perfección que la tapicería fue conquistando desde entonces, sobre todo en Persia.

2.jpgLa gran riqueza y variedad de diseños, combinada con una inmensidad de colores, forma piezas tan bellas que podríamos preguntar: "¿Pero es para pisar realmente?" De hecho, el encanto producido por los tapetes en los nobles europeos era tan grande que, no conformándose en colocarlos en el piso de sus palacios, ellos los utilizaban como mantel en las mesas de reunión.

Es interesante notar cómo los colores asumen un papel más que decorativo y que, en cada tapete, dependiendo de la combinación, toda una concepción de las bellezas creadas por Dios está expresada de forma admirable. A eso agreguemos el esmerado trabajo de tejeduría, que envuelve al mismo tiempo mucha técnica y materia-prima cuidadosamente preparada: lana, seda y algodón, además de tintas naturales que, con el pasar de los siglos, fueron mejorándose, hasta alcanzar las incontables variaciones actuales.

Nosotros, después del conturbado siglo XX, tan lleno de innovaciones tecnológicas y en el cual la máquina asumió cada vez más espacio en la vida de todos, difícilmente creeríamos que, durante el siglo XVI -considerado la época del apogeo de la tapicería en Irán- la confección de una auténtica pieza persa pudiese llevar hasta cinco años para ser concluida.

Eso porque, en las hábiles manos de los artesanos, cada nudo era dado con gran exactitud y los diseños cuidadosamente elaborados.

En cada una de las seis regiones de Asia donde la tapicería se desarrolló de forma relevante -Persia, Turquía, Cáucaso, Turquestán, India y China- los tapetes fueron adquiriendo peculiaridades propias e hicieron trasparecer, en diferentes matices, aspectos de cada lugar y, más todavía, de cada pueblo. Quizá la Providencia haya colocado en el alma de estos pueblos, capaces de tal arte, algo que, reflexionando sus perfecciones, brillará de manera especial cuando ellos se conviertan a Cristo Nuestro Señor y sus almas fueren trabajadas por la gracia del Bautismo.

Por la Hna. Carmela Werner Ferreira, EP

 

 

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Sueños de las mil y una noches

Redacción (Miércoles, 13-05-2015, Gaudium Press) ¿Quién de nosotros, al menos en los tiempos de nuestra infancia, nunca imaginó un marajá indio o una princesa persa, vestidos espléndidamente, adornados con las más finas joyas y perlas, paseando por los aires sobre un tapete volador? ¿Un tapete que obedeciese a la voz de comando de su noble dueño y que se alzase a los cielos con elegancia y ligereza? Si es cierto que los tapetes no poseen la capacidad de volar, no es menos cierto que ellos tienen un poder precioso: el de llevar la sensibilidad humana a viajar por los altos páramos del mundo de lo bello.

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¿Cuándo comenzó la historia de la tapicería? Imposible saberlo. No hay registro en los anales de la Historia, de quien fue el hombre en cuya alma Dios encendió por primera vez el deseo de entrelazar hilos coloridos para producir algo de bello. Pero se puede decir que ese desconocido fue -para quien sabe ver las cosas- uno de los grandes bienhechores de la humanidad.

Acomodémonos confortablemente sobre un imaginario tapete volador, y retrocedamos cuarenta siglos, para intentar conocer un poco de la historia de esas maravillas creadas por el hombre para adornar pisos y paredes, alegrar los ojos y extasiar las mentes.

Caminando por los países de Oriente Medio y norte de África, encontraríamos tapetes lindos en muchos lugares. Varios indicios históricos dejan entrever en qué medida los tapetes hacían parte de la vida diaria de diversos pueblos, inclusive nómadas.

Por pinturas encontradas en tumbas egipcias, se puede constatar que, alrededor de 2.000 a.C., ya existía en el país el arte de la tapicería. También nos deparamos con referencias a ella en la "Ilíada", de Homero, y en varios autores clásicos. En la Sagrada Escritura, el arte de tejerlos es mencionado desde el Éxodo.

La pieza más antigua que se conoce, descubierta en los montes Altai, al sur de Siberia, data del año 500 a.C., y es sorprendentemente parecida con los tapetes de hoy. Es admirable el grado de perfección que la tapicería fue conquistando desde entonces, sobre todo en Persia.

2.jpgLa gran riqueza y variedad de diseños, combinada con una inmensidad de colores, forma piezas tan bellas que podríamos preguntar: "¿Pero es para pisar realmente?" De hecho, el encanto producido por los tapetes en los nobles europeos era tan grande que, no conformándose en colocarlos en el piso de sus palacios, ellos los utilizaban como mantel en las mesas de reunión.

Es interesante notar cómo los colores asumen un papel más que decorativo y que, en cada tapete, dependiendo de la combinación, toda una concepción de las bellezas creadas por Dios está expresada de forma admirable. A eso agreguemos el esmerado trabajo de tejeduría, que envuelve al mismo tiempo mucha técnica y materia-prima cuidadosamente preparada: lana, seda y algodón, además de tintas naturales que, con el pasar de los siglos, fueron mejorándose, hasta alcanzar las incontables variaciones actuales.

Nosotros, después del conturbado siglo XX, tan lleno de innovaciones tecnológicas y en el cual la máquina asumió cada vez más espacio en la vida de todos, difícilmente creeríamos que, durante el siglo XVI -considerado la época del apogeo de la tapicería en Irán- la confección de una auténtica pieza persa pudiese llevar hasta cinco años para ser concluida.

Eso porque, en las hábiles manos de los artesanos, cada nudo era dado con gran exactitud y los diseños cuidadosamente elaborados.

En cada una de las seis regiones de Asia donde la tapicería se desarrolló de forma relevante -Persia, Turquía, Cáucaso, Turquestán, India y China- los tapetes fueron adquiriendo peculiaridades propias e hicieron trasparecer, en diferentes matices, aspectos de cada lugar y, más todavía, de cada pueblo. Quizá la Providencia haya colocado en el alma de estos pueblos, capaces de tal arte, algo que, reflexionando sus perfecciones, brillará de manera especial cuando ellos se conviertan a Cristo Nuestro Señor y sus almas fueren trabajadas por la gracia del Bautismo.

Por la Hna. Carmela Werner Ferreira, EP

 

 

Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/69713-Suenos-de-las-mil-y-una-noches. Se autoriza su publicación desde que cite la fuente.



 

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