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Quien es Juan el Bautista, contado por él mismo
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24 de Junio de 2015 / 0 Comentarios
 
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Redacción (Miércoles, 24-06-2015, Gaudium Press) He aquí el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle:

- ¿Quién eres tu?

Él confesó la verdad y no la negó; dijo:

- Yo no soy Cristo. - Ellos le preguntaron:

- ¿Quién eres entonces? ¿Eres tu Elías? - Él respondió:

- No soy.

- ¿Eres tu el profeta? - No. - Dijeron entonces:

- ¿Quién eres entonces? para que podamos responder a los que nos enviaron: ¿Qué decimos de tí? - Y les dijo:

- Yo soy la voz que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como lo dijo el profeta Isaías.

Ahora, los que habían sido enviados eran fariseos. Lo interrogaron diciendo:

- ¿Cómo bautizas entonces, si no eres Cristo, ni Elías, ni el profeta? - Juan respondió diciendo:

- Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está quien no conocéis. Ese es el que ha de venir después de mí, al que no soy digno de desatar la correa de las sandalias.

Estas cosas pasaron en Betania, más allá de la orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

Juan y Jesús iban a encontrarse:

Entonces Jesús de Galilea iba al Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado, pero Juan se oponía diciendo:

- Soy yo el que debo ser bautizado por ti y ¿tú vienes a mí? - Respondió Jesús:

- Deja por ahora, pues conviene que cumplamos así toda la ley.

Después que fue bautizado, Jesús salió del agua. Y se abrieron los cielos, y vio al Espíritu Santo descender como paloma y venir sobre él. Y se escuchó una voz del cielo, que decía:

- Este es mi hijo amado, en el cual puse mis complacencias.

Al día siguiente, Juan vio a Jesús que venía a estar con él, y le dijo:

Es el Cordero de Dios, el que quita los pecados del mundo. Este es aquél, de quien yo dije: - Después de mí viene un hombre que me precede, porque era antes de mí y yo no lo conocía, pero vino a bautizarse con agua, para ser reconocido en Israel.

2.jpg

Juan dio testimonio, diciendo:

Ví al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y reposó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envío a bautizar con agua, me dijo:

- Aquél sobre quien vieres descender o reposar el Espíritu, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo. Yo lo ví, y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios.

El bautismo de Nuestro Señor marcó el apogeo del ministerio de San Juan. De allí en adelante, el Precursor, poco a poco, voluntariamente, se fue apagando hasta desaparecer.

***

¿Cómo San Juan Bautista se encontró con Herodes? La historia nos dice, y también los textos evangélicos dan bien la imagen de una entrevista cara a cara, en la que el Precursor reprende al tirano:

Sin embargo, Herodes tetrarca, siendo reprendido por él a causa de Herodías, mujer de su hermano, y por causa de todos los males que había cometido, agregó a todos los otros crímenes este nuevo: mandar a Juan a una cárcel:

Dice San Marcos:

En efecto, Herodes había mandado capturar a Juan, y lo había encadenado en una cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe, su hermano, con la que se había casado ilícitamente. Porque Juan decía a Herodes:

No te es lícito tener a la mujer de tu hermano.

Herodías tenía rencor y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes, sabiendo que Juan era varón justo y santo, lo miraba con mucho respeto, lo protegía y cuando lo escuchaba, quedaba muy perplejo y lo oía con buena voluntad.

En prisión, San Juan Bautista seguramente tuvo varias entrevistas con el déspota, y, a pesar de estar capturado, se mantenía al tanto de los acontecimientos que se relacionaban con el Mesías, gracias a los discípulos que lo visitaban. Sólo así, pudo haber enviado a Jesús una comisión:

Y como Juan, estando en una cárcel, escuchó hablar de las obras de Cristo, envío dos de sus discípulos a decirle: - ¿Eres tu aquél que ha de venir, o debemos esperar a otro? Jesús respondiendo le dijo: - Id, y contad a Juan lo que escuchásteis y vísteis: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpios, los sordos escuchan, los muertos resucitan, los pobre son evangelizados; y bienaventurado aquél que no encuentre en mi motivo de escándalo.

Juan, en este momento, no dudaba que Jesús fuese el Mesías. Mandó a los discípulos con tal misión al Salvador para que ellos quedaran igualmente convencidos de la misma verdad. Y Jesús, ¿qué hizo él? Jesús les respondió indirectamente, mostrando que en Él se realizaron los caracteres del Mesías, previstos por el profeta Isaías.

Entonces se abrieron los ojos de los ciegos y se destaparon los oídos de los sordos. Entonces saltará el cojo como un venado, y se desatará la lengua de los mudos.

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El Espíritu del Señor reposa sobre mí, porque el Señor me ungió. Me envío a llevar la buena nueva a los infelices, a curar a los de duro corazón, a anunciar la redención a los cautivos y a liberar a los encarcelados; a publicar el año de la gracia del Señor y el día de la venganza de nuestro Dios, a consolar a todos los que lloran.

En San Lucas también hay pasajes en que Juan Bautista envía a Jesús dos de sus discípulos:

Los discípulos de Juan se referían a él en todas estas cosas. Y Juan llamó a dos de sus discípulos, los envío con Jesús a decirle: - ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?

En aquel mismo momento, Jesús curó muchas enfermedades, de males, de espíritus malignos, y dio la vista a muchos ciegos. Después, respondiendo les dijo:

Id a contar a Juan lo que viste y escuchaste: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpios, los sordos escuchan, los muertos resucitan, a los pobres es anunciado el Evangelio; y bienaventurado aquél que no se escandalice de mí.

Inmediatamente después de la partida de los discípulos de Juan, hizo Nuestro Señor un magnifico elogio al Precursor, diciendo a las multitudes:

¿Qué fueron ustedes a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? Pero, ¿qué has visto? Un hombre cubierto de delicadas ropas: pero los que viven con ropas preciosas y entre placeres, son los que viven en palacios de reyes. Pero, ¿qué has visto? ¿Un profeta? Sí, yo os digo, es más que un profeta. Este es aquél de quien está escrito: Es que yo envío un ángel delante de ti, el cual preparará tu camino delante de ti. Porque yo os digo: Entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan Bautista; pero el que es menor en el reino de Dios es mayor que él.

Todo el pueblo que lo escuchó, incluso los publícanos, dieron gloria a Dios, haciéndose bautizar con el bautismo de Juan. Los fariseos, sin embargo, y los doctores de la ley frustraron el designio de Dios respecto de ellos, no se hicieron bautizar por él.

Entre todos los hombres que hasta entonces habían sido investidos por Dios de una misión providencial, nadie fue llevado a una función tan eminente, tan alta como lo fue San Juan Bautista. Pero el menor en el reino de los cielos, esto es, en el Nuevo Testamento, es mayor que él. Juan Bautista como precursor del Mesías, pertenece al Antiguo Testamento, y, como discípulo de Jesús, pertenece al Nuevo. En el pasaje de arriba, es considerado solamente como precursor, y, como tal, él es inferior en dignidad al más pequeño de los discípulos de Jesús, dado que la religión cristiana excede por mucho a la religión mosaica. (Padre Matos Soares, Biblia, Comentarios)

Llega la última hora del santo Precursor.

Llegando el día indicado, Herodes, en el aniversario de su nacimiento, dio un banquete a los grandes de la corte, a los tribunos y a las personalidades de Galilea. Y habiendo entrado en la sala la hija de la misma Herodías, bailó y agradó a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo a la joven:

- Pide lo que quieras, te lo daré, incluso si es la mitad de mi reino.

Ella, salió a consultar con su madre:

- ¿Qué he de pedir? - Ella le respondió:

- La cabeza de Juan Bautista.

Y retornando junto al rey, pidió diciendo:

- Quiero que inmediatamente me des en una bandeja, la cabeza de Juan Bautista.

El rey se entristeció, pero por causa del juramento y de sus invitados, no quiso disgustarla, e inmediatamente mandó a un verdugo, con orden de traer la cabeza de Juan. Él fue y lo degolló en la cárcel, llevó la cabeza en una bandeja, la dio a la joven, y ella a su madre. Habiendo escuchado esto, los discípulos fueron y tomaron su cuerpo y los pusieron en un sepulcro.

Era la primavera del año 29, y Juan Bautista debía tener menos de treinta y un años, después de haber estado preso por ocho o nueve meses.

La devoción al Precursor se remonta al siglo IV. La más importante y antigua iglesia elevada en Occidente en honra de San Juan Bautista es la basílica de Letrán, cuya fundación es posterior a Constantino.

En Oriente, San Juan Bautista es representado con alas.

(Tomado de la Vida de Santos, Padre. Rohrbacher, Volumen XI)

 

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Quien es Juan el Bautista, contado por él mismo

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Redacción (Miércoles, 24-06-2015, Gaudium Press) He aquí el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle:

- ¿Quién eres tu?

Él confesó la verdad y no la negó; dijo:

- Yo no soy Cristo. - Ellos le preguntaron:

- ¿Quién eres entonces? ¿Eres tu Elías? - Él respondió:

- No soy.

- ¿Eres tu el profeta? - No. - Dijeron entonces:

- ¿Quién eres entonces? para que podamos responder a los que nos enviaron: ¿Qué decimos de tí? - Y les dijo:

- Yo soy la voz que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como lo dijo el profeta Isaías.

Ahora, los que habían sido enviados eran fariseos. Lo interrogaron diciendo:

- ¿Cómo bautizas entonces, si no eres Cristo, ni Elías, ni el profeta? - Juan respondió diciendo:

- Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está quien no conocéis. Ese es el que ha de venir después de mí, al que no soy digno de desatar la correa de las sandalias.

Estas cosas pasaron en Betania, más allá de la orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

Juan y Jesús iban a encontrarse:

Entonces Jesús de Galilea iba al Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado, pero Juan se oponía diciendo:

- Soy yo el que debo ser bautizado por ti y ¿tú vienes a mí? - Respondió Jesús:

- Deja por ahora, pues conviene que cumplamos así toda la ley.

Después que fue bautizado, Jesús salió del agua. Y se abrieron los cielos, y vio al Espíritu Santo descender como paloma y venir sobre él. Y se escuchó una voz del cielo, que decía:

- Este es mi hijo amado, en el cual puse mis complacencias.

Al día siguiente, Juan vio a Jesús que venía a estar con él, y le dijo:

Es el Cordero de Dios, el que quita los pecados del mundo. Este es aquél, de quien yo dije: - Después de mí viene un hombre que me precede, porque era antes de mí y yo no lo conocía, pero vino a bautizarse con agua, para ser reconocido en Israel.

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Juan dio testimonio, diciendo:

Ví al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y reposó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envío a bautizar con agua, me dijo:

- Aquél sobre quien vieres descender o reposar el Espíritu, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo. Yo lo ví, y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios.

El bautismo de Nuestro Señor marcó el apogeo del ministerio de San Juan. De allí en adelante, el Precursor, poco a poco, voluntariamente, se fue apagando hasta desaparecer.

***

¿Cómo San Juan Bautista se encontró con Herodes? La historia nos dice, y también los textos evangélicos dan bien la imagen de una entrevista cara a cara, en la que el Precursor reprende al tirano:

Sin embargo, Herodes tetrarca, siendo reprendido por él a causa de Herodías, mujer de su hermano, y por causa de todos los males que había cometido, agregó a todos los otros crímenes este nuevo: mandar a Juan a una cárcel:

Dice San Marcos:

En efecto, Herodes había mandado capturar a Juan, y lo había encadenado en una cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe, su hermano, con la que se había casado ilícitamente. Porque Juan decía a Herodes:

No te es lícito tener a la mujer de tu hermano.

Herodías tenía rencor y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes, sabiendo que Juan era varón justo y santo, lo miraba con mucho respeto, lo protegía y cuando lo escuchaba, quedaba muy perplejo y lo oía con buena voluntad.

En prisión, San Juan Bautista seguramente tuvo varias entrevistas con el déspota, y, a pesar de estar capturado, se mantenía al tanto de los acontecimientos que se relacionaban con el Mesías, gracias a los discípulos que lo visitaban. Sólo así, pudo haber enviado a Jesús una comisión:

Y como Juan, estando en una cárcel, escuchó hablar de las obras de Cristo, envío dos de sus discípulos a decirle: - ¿Eres tu aquél que ha de venir, o debemos esperar a otro? Jesús respondiendo le dijo: - Id, y contad a Juan lo que escuchásteis y vísteis: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpios, los sordos escuchan, los muertos resucitan, los pobre son evangelizados; y bienaventurado aquél que no encuentre en mi motivo de escándalo.

Juan, en este momento, no dudaba que Jesús fuese el Mesías. Mandó a los discípulos con tal misión al Salvador para que ellos quedaran igualmente convencidos de la misma verdad. Y Jesús, ¿qué hizo él? Jesús les respondió indirectamente, mostrando que en Él se realizaron los caracteres del Mesías, previstos por el profeta Isaías.

Entonces se abrieron los ojos de los ciegos y se destaparon los oídos de los sordos. Entonces saltará el cojo como un venado, y se desatará la lengua de los mudos.

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El Espíritu del Señor reposa sobre mí, porque el Señor me ungió. Me envío a llevar la buena nueva a los infelices, a curar a los de duro corazón, a anunciar la redención a los cautivos y a liberar a los encarcelados; a publicar el año de la gracia del Señor y el día de la venganza de nuestro Dios, a consolar a todos los que lloran.

En San Lucas también hay pasajes en que Juan Bautista envía a Jesús dos de sus discípulos:

Los discípulos de Juan se referían a él en todas estas cosas. Y Juan llamó a dos de sus discípulos, los envío con Jesús a decirle: - ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?

En aquel mismo momento, Jesús curó muchas enfermedades, de males, de espíritus malignos, y dio la vista a muchos ciegos. Después, respondiendo les dijo:

Id a contar a Juan lo que viste y escuchaste: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpios, los sordos escuchan, los muertos resucitan, a los pobres es anunciado el Evangelio; y bienaventurado aquél que no se escandalice de mí.

Inmediatamente después de la partida de los discípulos de Juan, hizo Nuestro Señor un magnifico elogio al Precursor, diciendo a las multitudes:

¿Qué fueron ustedes a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? Pero, ¿qué has visto? Un hombre cubierto de delicadas ropas: pero los que viven con ropas preciosas y entre placeres, son los que viven en palacios de reyes. Pero, ¿qué has visto? ¿Un profeta? Sí, yo os digo, es más que un profeta. Este es aquél de quien está escrito: Es que yo envío un ángel delante de ti, el cual preparará tu camino delante de ti. Porque yo os digo: Entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan Bautista; pero el que es menor en el reino de Dios es mayor que él.

Todo el pueblo que lo escuchó, incluso los publícanos, dieron gloria a Dios, haciéndose bautizar con el bautismo de Juan. Los fariseos, sin embargo, y los doctores de la ley frustraron el designio de Dios respecto de ellos, no se hicieron bautizar por él.

Entre todos los hombres que hasta entonces habían sido investidos por Dios de una misión providencial, nadie fue llevado a una función tan eminente, tan alta como lo fue San Juan Bautista. Pero el menor en el reino de los cielos, esto es, en el Nuevo Testamento, es mayor que él. Juan Bautista como precursor del Mesías, pertenece al Antiguo Testamento, y, como discípulo de Jesús, pertenece al Nuevo. En el pasaje de arriba, es considerado solamente como precursor, y, como tal, él es inferior en dignidad al más pequeño de los discípulos de Jesús, dado que la religión cristiana excede por mucho a la religión mosaica. (Padre Matos Soares, Biblia, Comentarios)

Llega la última hora del santo Precursor.

Llegando el día indicado, Herodes, en el aniversario de su nacimiento, dio un banquete a los grandes de la corte, a los tribunos y a las personalidades de Galilea. Y habiendo entrado en la sala la hija de la misma Herodías, bailó y agradó a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo a la joven:

- Pide lo que quieras, te lo daré, incluso si es la mitad de mi reino.

Ella, salió a consultar con su madre:

- ¿Qué he de pedir? - Ella le respondió:

- La cabeza de Juan Bautista.

Y retornando junto al rey, pidió diciendo:

- Quiero que inmediatamente me des en una bandeja, la cabeza de Juan Bautista.

El rey se entristeció, pero por causa del juramento y de sus invitados, no quiso disgustarla, e inmediatamente mandó a un verdugo, con orden de traer la cabeza de Juan. Él fue y lo degolló en la cárcel, llevó la cabeza en una bandeja, la dio a la joven, y ella a su madre. Habiendo escuchado esto, los discípulos fueron y tomaron su cuerpo y los pusieron en un sepulcro.

Era la primavera del año 29, y Juan Bautista debía tener menos de treinta y un años, después de haber estado preso por ocho o nueve meses.

La devoción al Precursor se remonta al siglo IV. La más importante y antigua iglesia elevada en Occidente en honra de San Juan Bautista es la basílica de Letrán, cuya fundación es posterior a Constantino.

En Oriente, San Juan Bautista es representado con alas.

(Tomado de la Vida de Santos, Padre. Rohrbacher, Volumen XI)

 

Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/71007-Quien-es-Juan-el-Bautista--contado-por-el-mismo. Se autoriza su publicación desde que cite la fuente.



 

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