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Caminando rumbo a la 'transesfera'
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14 de Julio de 2015 / 0 Comentarios
 
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Redacción (Martes, 14-07-2015, Gaudium Press) "Transesfera" es uno más de esos maravillosos términos acuñados por Plinio Corrêa de Oliveira para ejemplificar aquel "mundo" a medio camino entre el cielo y la tierra, hacia el cual los hombres deben tender y del cual pueden nutrirse para enfrentar las luchas de esta vida.

Él distinguía la realidad concreta, la 'esfera', de un cierto mensaje maravilloso que emana la realidad cuando ésta es bien escuchada, la transesfera. La transesfera es un cierto mundo ideal creado a partir del mundo real; los elementos del mundo real, decía Plinio Corrêa de Oliveira, pueden ser los primeros acordes de una bella sinfonía llamada transesfera.

Transesfera es esa construcción que el alma inocente hace a partir de lo real, construcción de un mundo bello o bellísimo. El niño inocente por ejemplo embellece aún más un paisaje bello, a veces un paisaje simple, de acuerdo a sus apetencias, a su 'piccola' personalidad, a su "luz primordial".

fuente2b.jpg

Por ejemplo, imaginemos buscar la transesfera en la foto del amanecer de arriba.

Claramente la graciosa fuente del primer plano hace parte de un jardín o de un parterre de una digna villa. La fuente, con su base estilo trebolado, con sus copas superpuestas en tres niveles terminados en punta tipo bellota, es ya una maravilla medio 'transesférica'. La delicadeza de los tonos algo rosa, algo amarillos del amanecer, y el resto de penumbra que aún se resiste a desaparecer, le dan al conjunto un aire de elegancia, de una finura que no llega a ser palaciega, pero que sí eleva el espíritu y al tiempo causa reposo.

Entretanto, practiquemos el ejercicio ‘transesférico', esa búsqueda de la transesfera, con el paisaje de la foto arriba.

Para nuestro gusto personal (y recordemos que la búsqueda de este mundo transesférico es algo muy de acuerdo a lo que Dios pone en el alma de cada quien) la base es un tanto más voluminosa de lo que merece fuente. Las copas podrían ser un poco, no mucho, más grandes, y el conjunto un tanto más alto. Más que el cielo de fondo, lo que nos atrae la atención es la fuente un tanto todavía en penumbra, a la cual el cielo le sirve de delicado contraste. Pero preferiríamos un fuente más iluminada, con un cielo un poco más vivo y evidentemente nutrida de agua y despidiendo agua, con chorros no muy fuertes, pero sutiles y sin embargo decididos.

Podríamos ‘arquetipizar' la base, diciendo que es de mármol. Podría serlo en realidad. Pero claramente las copas de la fuente son de simple piedra. ¿Por qué entonces no imaginarlas de una roca más noble, por ejemplo de un duro alabastro de vetas fuertes pero translúcido, o de ese magnífico ónix blanco que cuando bien pulido es una de las maravillas del Brasil? Cada uno podrá imaginarlo del material que quiera, pero siempre habrá una armonía que conservar y que algunos tipos de piedras tal vez quebrarían.

Recordamos en este momento una espectacular fuente de una sola copa, por lo menos de un metro y medio de ancho, hecha de malaquita, que es conservada -si la memoria no nos falla- en el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York. Alguien diría que de ese material, cualquier objeto de tal tamaño sería lujoso en demasía, hasta causaría hastío. No obstante, la fuente de verde malaquita es una maravilla y lo único que suscita es admiración. Entretanto, no nos imaginamos la fuente de la foto adjunta de malaquita.

Nuestra fuente imaginaria transesférica debería estar en una plaza proporcionada a ella, rodeada de construcciones verdaderamente sublimes. He ahí más elementos para ir ejercitando nuestra imaginación ‘transesferizante'.

Construida esa fuente 'transesférica' en nuestra imaginación -fuente, repetimos, a la que cada uno podrá hacer la ‘transesferizaciones' que quiera, agregarle las perfecciones que desee- deberíamos parar unos instantes para contemplarla, y percibir el murmullo dorado de su mensaje. Ciertamente esta voz suave nos hablaría de una elegancia aún mayor que la de la fuente de arriba, de una gracia inocente y tranquilizante aún mas perfecta que la que surge de la fuente real.

Y quien habla de elegancia, de gracia, de santo sosiego, de perfección, está hablando de perfecciones que en su forma absoluta habitan en Dios.

Quien habla de transesfera está hablando de Dios.

Quien construye la transesfera y habita la transesfera, puede obtener una fuerza especial proveniente de Dios. La transesfera conduce a la Fe, conduce a Dios.

Por Saúl Castiblanco

fuentea.jpg

 

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Caminando rumbo a la 'transesfera'

Redacción (Martes, 14-07-2015, Gaudium Press) "Transesfera" es uno más de esos maravillosos términos acuñados por Plinio Corrêa de Oliveira para ejemplificar aquel "mundo" a medio camino entre el cielo y la tierra, hacia el cual los hombres deben tender y del cual pueden nutrirse para enfrentar las luchas de esta vida.

Él distinguía la realidad concreta, la 'esfera', de un cierto mensaje maravilloso que emana la realidad cuando ésta es bien escuchada, la transesfera. La transesfera es un cierto mundo ideal creado a partir del mundo real; los elementos del mundo real, decía Plinio Corrêa de Oliveira, pueden ser los primeros acordes de una bella sinfonía llamada transesfera.

Transesfera es esa construcción que el alma inocente hace a partir de lo real, construcción de un mundo bello o bellísimo. El niño inocente por ejemplo embellece aún más un paisaje bello, a veces un paisaje simple, de acuerdo a sus apetencias, a su 'piccola' personalidad, a su "luz primordial".

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Por ejemplo, imaginemos buscar la transesfera en la foto del amanecer de arriba.

Claramente la graciosa fuente del primer plano hace parte de un jardín o de un parterre de una digna villa. La fuente, con su base estilo trebolado, con sus copas superpuestas en tres niveles terminados en punta tipo bellota, es ya una maravilla medio 'transesférica'. La delicadeza de los tonos algo rosa, algo amarillos del amanecer, y el resto de penumbra que aún se resiste a desaparecer, le dan al conjunto un aire de elegancia, de una finura que no llega a ser palaciega, pero que sí eleva el espíritu y al tiempo causa reposo.

Entretanto, practiquemos el ejercicio ‘transesférico', esa búsqueda de la transesfera, con el paisaje de la foto arriba.

Para nuestro gusto personal (y recordemos que la búsqueda de este mundo transesférico es algo muy de acuerdo a lo que Dios pone en el alma de cada quien) la base es un tanto más voluminosa de lo que merece fuente. Las copas podrían ser un poco, no mucho, más grandes, y el conjunto un tanto más alto. Más que el cielo de fondo, lo que nos atrae la atención es la fuente un tanto todavía en penumbra, a la cual el cielo le sirve de delicado contraste. Pero preferiríamos un fuente más iluminada, con un cielo un poco más vivo y evidentemente nutrida de agua y despidiendo agua, con chorros no muy fuertes, pero sutiles y sin embargo decididos.

Podríamos ‘arquetipizar' la base, diciendo que es de mármol. Podría serlo en realidad. Pero claramente las copas de la fuente son de simple piedra. ¿Por qué entonces no imaginarlas de una roca más noble, por ejemplo de un duro alabastro de vetas fuertes pero translúcido, o de ese magnífico ónix blanco que cuando bien pulido es una de las maravillas del Brasil? Cada uno podrá imaginarlo del material que quiera, pero siempre habrá una armonía que conservar y que algunos tipos de piedras tal vez quebrarían.

Recordamos en este momento una espectacular fuente de una sola copa, por lo menos de un metro y medio de ancho, hecha de malaquita, que es conservada -si la memoria no nos falla- en el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York. Alguien diría que de ese material, cualquier objeto de tal tamaño sería lujoso en demasía, hasta causaría hastío. No obstante, la fuente de verde malaquita es una maravilla y lo único que suscita es admiración. Entretanto, no nos imaginamos la fuente de la foto adjunta de malaquita.

Nuestra fuente imaginaria transesférica debería estar en una plaza proporcionada a ella, rodeada de construcciones verdaderamente sublimes. He ahí más elementos para ir ejercitando nuestra imaginación ‘transesferizante'.

Construida esa fuente 'transesférica' en nuestra imaginación -fuente, repetimos, a la que cada uno podrá hacer la ‘transesferizaciones' que quiera, agregarle las perfecciones que desee- deberíamos parar unos instantes para contemplarla, y percibir el murmullo dorado de su mensaje. Ciertamente esta voz suave nos hablaría de una elegancia aún mayor que la de la fuente de arriba, de una gracia inocente y tranquilizante aún mas perfecta que la que surge de la fuente real.

Y quien habla de elegancia, de gracia, de santo sosiego, de perfección, está hablando de perfecciones que en su forma absoluta habitan en Dios.

Quien habla de transesfera está hablando de Dios.

Quien construye la transesfera y habita la transesfera, puede obtener una fuerza especial proveniente de Dios. La transesfera conduce a la Fe, conduce a Dios.

Por Saúl Castiblanco

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Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/71495-Caminando-rumbo-a-la--transesfera-. Se autoriza su publicación desde que cite la fuente.



 

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