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En el Ángelus dominical, el Papa explica el paso del bautismo de mera agua al bautismo de fuego de Jesús
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12 de Enero de 2016 / 0 Comentarios
 
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Ciudad del Vaticano (Martes, 12-01-2016, Gaudium Press) Hoy, durante su reflexión del Ángelus dominical, el Papa explicó en que consistió el paso del bautismo realizado por Juan el Bautista, al Bautismo del Señor. Para ello se valió del evangelio de San Lucas, del cual leyó un trecho durante la meditación.

1.jpg"El Evangelio nos presenta a Jesús, en las aguas del río Jordán, al centro de una maravillosa revelación divina. Escribe San Lucas: 'Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección'. (Lc 3,21-22). De este modo Jesús es consagrado y manifestado por el Padre como Mesías salvador y liberador", señaló el Papa.

En el episodio anteriormente narrado, que es ratificado por los demás evangelistas, "tuvo lugar el pasaje del bautismo de Juan Bautista -basado en el símbolo del agua- al Bautismo de Jesús 'en el Espíritu Santo y en el fuego' (Lc 3,16). De hecho, el Espíritu Santo en el Bautismo cristiano es el artífice principal: es Él que quema y destruye el pecado original, restituyendo al bautizado la belleza de la gracia divina; es Él que nos libera del dominio de las tinieblas, es decir, del pecado y nos traslada al reino de la luz, es decir, del amor, de la verdad y de la paz. Esto es el reino de la luz. ¡Pensemos a qué dignidad nos eleva el Bautismo! 'Miren qué amor tan singular nos ha tenido el Padre que no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos' (1Jn 3,1), y lo somos realmente, exclama el apóstol Juan. Tal estupenda realidad de ser hijos de Dios comporta la responsabilidad de seguir a Jesús, el Siervo obediente, y reproducir en nosotros mismos sus rasgos: mansedumbre, humildad, ternura".

Es el Espíritu Santo, recibido el día de nuestro bautismo, el que "nos abre el corazón a la Verdad, a toda la Verdad. El Espíritu empuja nuestra vida hacia el camino laborioso pero alegre de la caridad y de la solidaridad hacia nuestros hermanos. El Espíritu nos dona la ternura del perdón divino y nos invade con la fuerza invencible de la misericordia del Padre. No olvidemos que el Espíritu Santo es una presencia viva y vivificante en quien lo recibe, reza con nosotros y nos llena de alegría espiritual".

En la conclusión, el Papa invitó a todos los fieles a recordar y reverenciar el día de nuestro propio bautismo.

Con información y foto de Radio Vaticano

 

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En el Ángelus dominical, el Papa explica el paso del bautismo de mera agua al bautismo de fuego de Jesús

Ciudad del Vaticano (Martes, 12-01-2016, Gaudium Press) Hoy, durante su reflexión del Ángelus dominical, el Papa explicó en que consistió el paso del bautismo realizado por Juan el Bautista, al Bautismo del Señor. Para ello se valió del evangelio de San Lucas, del cual leyó un trecho durante la meditación.

1.jpg"El Evangelio nos presenta a Jesús, en las aguas del río Jordán, al centro de una maravillosa revelación divina. Escribe San Lucas: 'Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección'. (Lc 3,21-22). De este modo Jesús es consagrado y manifestado por el Padre como Mesías salvador y liberador", señaló el Papa.

En el episodio anteriormente narrado, que es ratificado por los demás evangelistas, "tuvo lugar el pasaje del bautismo de Juan Bautista -basado en el símbolo del agua- al Bautismo de Jesús 'en el Espíritu Santo y en el fuego' (Lc 3,16). De hecho, el Espíritu Santo en el Bautismo cristiano es el artífice principal: es Él que quema y destruye el pecado original, restituyendo al bautizado la belleza de la gracia divina; es Él que nos libera del dominio de las tinieblas, es decir, del pecado y nos traslada al reino de la luz, es decir, del amor, de la verdad y de la paz. Esto es el reino de la luz. ¡Pensemos a qué dignidad nos eleva el Bautismo! 'Miren qué amor tan singular nos ha tenido el Padre que no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos' (1Jn 3,1), y lo somos realmente, exclama el apóstol Juan. Tal estupenda realidad de ser hijos de Dios comporta la responsabilidad de seguir a Jesús, el Siervo obediente, y reproducir en nosotros mismos sus rasgos: mansedumbre, humildad, ternura".

Es el Espíritu Santo, recibido el día de nuestro bautismo, el que "nos abre el corazón a la Verdad, a toda la Verdad. El Espíritu empuja nuestra vida hacia el camino laborioso pero alegre de la caridad y de la solidaridad hacia nuestros hermanos. El Espíritu nos dona la ternura del perdón divino y nos invade con la fuerza invencible de la misericordia del Padre. No olvidemos que el Espíritu Santo es una presencia viva y vivificante en quien lo recibe, reza con nosotros y nos llena de alegría espiritual".

En la conclusión, el Papa invitó a todos los fieles a recordar y reverenciar el día de nuestro propio bautismo.

Con información y foto de Radio Vaticano

 


 

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