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"Les dije que jamás abandonaría mi fe": Relato de Josephine, secuestrada por yihadistas durante un año
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17 de Marzo de 2016 / 0 Comentarios
 
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Damasco (Jueves, 17-06-2016, Gaudium Press) No son muchos los que pueden contar la historia que narró Josephine Martin Tamras, una de las centenas de personas secuestradas por el autodenominado Estado Islámico (EI) hace un año en Hassakeh, al noreste de Siria. Sobre su dura experiencia, habló Josephine con Asia News.

Josephine hace parte de los más de 230 cristianos secuestrados por el EI a lo largo del río Khabur, cerca de Tal Tamr, en la gobernación de Al-Hasakah. En ese grupo había mujeres, niños y ancianos.

"Fue un momento terrible, no sólo por la pérdida de la libertad. En cada momento corríamos riesgo, víctimas de la maldad de ellos, prisioneros preparados para ser asesinados; trataban también de imponernos sus extraños credos. Pero lo que es peor, es que estábamos obligados a vivir en un ambiente que no nos ´pertenece. La oración era la única cosa que nos daba la fuerza para seguir adelante y creer", narra Josephine.

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Foto: Infocatolica

"No usaron la violencia física contra mí -cuenta la joven- pero los sufrimientos psicológicos que nos han infligido son mucho peores. Por ejemplo, uno de los jefes vino un día y eligió a una joven asiria, que tenía menos de 16 años, como su esclava. El hombre tenía más de veinticinco años más que ella. Y todavía hoy, no sabemos qué le sucedió a esta joven. Este es uno de los ejemplos de lo que hemos presenciado" en manos de los yihadistas.

Su objetivo, continúa Josephine, "era convertirnos" y para hacerlo usaban "las armas y trataban de debilitarnos" desde el punto de vista psicofísico. "Para ellos fue un shock -agrega- cuando dije que jamás abandonaría mi fe e hice la señal de la Cruz delante de ellos, invocando el poder del Espíritu Santo para que me sostuviese y me diese la fuerza hasta el final". La reacción de la joven para los yihadistas fue "un acto de blasfemia" que "merecía la ejecución", pero Josephine no se dejó atemorizar porque "siempre sentía que Dios me estaba protegiendo".

"Era imposible saber cuándo me liberarían -prosigue la joven-; cuando hacíamos preguntas nos respondían siempre con nuevas mentiras. Incluso cuando íbamos en el autobús que nos llevaría a casa, no sabíamos nada sobre nuestro destino". Sin embargo, agrega, "esta experiencia me ha marcado mucho; me ha enseñado a tener paciencia, a tener firme la fe en el corazón, especialmente cuando se está sola. De hecho, enseguida me separaron de mis hermanos y de mi padre, porque según ellos, los varones y las mujeres deben estar separados y divididos".

El sufrimiento de toda una familia

El sufrimiento no fue solo para Josephine, sino para toda la familia. Caroline Hazkour, madre de Josephine, escapó de ser secuestrada por el EI fortuitamente. Ella se encontraba realizando trabajos en la agencia católica Caritas, de la cual es la directora de su centro en Hassakeh. Su agobiofue terrible, pues se llevaron a toda su familia, su esposo, tres hijos (entre ellos Josephine), su suegro y otros familiares.

"Esta experiencia -cuenta Caroline a AsiaNews- me hizo comprender la fuerza del Evangelio", cuando Jesús está en el mar en medio de la tempestad con sus discípulos y éstos le piden que los salve. Jesús los reprende por su poca fe. "Saqué fuerzas de estas palabras y decidí tener paciencia, continuando con amor mi trabajo, estando segura de que Dios estaba conmigo".

"Rezar y vivir el Evangelio -explica- era el único modo para superar este tormento, más allá del miedo y del dolor, siempre he advertido una paz profunda en mi corazón, sabía que no debía tener miedo, porque Jesús estaba conmigo".

Ahora, con su familia reunida, Caroline busca garantizar un futuro a los hijos asegurándoles los estudios. "He alquilado un departamento -agrega- para recibir a toda la familia, porque ahora somos evacuados en todo sentido, como mucha gente del país que perdió la casa propia". Lo que ahora cuenta es ayudar a la familia a superar el trauma vivido, en particular el marido, que "estaba entre quienes se vistieron con la divisa naranja (que el EI reserva para los condenados que esperan ser ajusticiados, ndr) y ha vivido en primera persona la ejecución de tres amigos suyos".

Con información de Asia News e Infocatolica

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"Les dije que jamás abandonaría mi fe": Relato de Josephine, secuestrada por yihadistas durante un año

Damasco (Jueves, 17-06-2016, Gaudium Press) No son muchos los que pueden contar la historia que narró Josephine Martin Tamras, una de las centenas de personas secuestradas por el autodenominado Estado Islámico (EI) hace un año en Hassakeh, al noreste de Siria. Sobre su dura experiencia, habló Josephine con Asia News.

Josephine hace parte de los más de 230 cristianos secuestrados por el EI a lo largo del río Khabur, cerca de Tal Tamr, en la gobernación de Al-Hasakah. En ese grupo había mujeres, niños y ancianos.

"Fue un momento terrible, no sólo por la pérdida de la libertad. En cada momento corríamos riesgo, víctimas de la maldad de ellos, prisioneros preparados para ser asesinados; trataban también de imponernos sus extraños credos. Pero lo que es peor, es que estábamos obligados a vivir en un ambiente que no nos ´pertenece. La oración era la única cosa que nos daba la fuerza para seguir adelante y creer", narra Josephine.

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Foto: Infocatolica

"No usaron la violencia física contra mí -cuenta la joven- pero los sufrimientos psicológicos que nos han infligido son mucho peores. Por ejemplo, uno de los jefes vino un día y eligió a una joven asiria, que tenía menos de 16 años, como su esclava. El hombre tenía más de veinticinco años más que ella. Y todavía hoy, no sabemos qué le sucedió a esta joven. Este es uno de los ejemplos de lo que hemos presenciado" en manos de los yihadistas.

Su objetivo, continúa Josephine, "era convertirnos" y para hacerlo usaban "las armas y trataban de debilitarnos" desde el punto de vista psicofísico. "Para ellos fue un shock -agrega- cuando dije que jamás abandonaría mi fe e hice la señal de la Cruz delante de ellos, invocando el poder del Espíritu Santo para que me sostuviese y me diese la fuerza hasta el final". La reacción de la joven para los yihadistas fue "un acto de blasfemia" que "merecía la ejecución", pero Josephine no se dejó atemorizar porque "siempre sentía que Dios me estaba protegiendo".

"Era imposible saber cuándo me liberarían -prosigue la joven-; cuando hacíamos preguntas nos respondían siempre con nuevas mentiras. Incluso cuando íbamos en el autobús que nos llevaría a casa, no sabíamos nada sobre nuestro destino". Sin embargo, agrega, "esta experiencia me ha marcado mucho; me ha enseñado a tener paciencia, a tener firme la fe en el corazón, especialmente cuando se está sola. De hecho, enseguida me separaron de mis hermanos y de mi padre, porque según ellos, los varones y las mujeres deben estar separados y divididos".

El sufrimiento de toda una familia

El sufrimiento no fue solo para Josephine, sino para toda la familia. Caroline Hazkour, madre de Josephine, escapó de ser secuestrada por el EI fortuitamente. Ella se encontraba realizando trabajos en la agencia católica Caritas, de la cual es la directora de su centro en Hassakeh. Su agobiofue terrible, pues se llevaron a toda su familia, su esposo, tres hijos (entre ellos Josephine), su suegro y otros familiares.

"Esta experiencia -cuenta Caroline a AsiaNews- me hizo comprender la fuerza del Evangelio", cuando Jesús está en el mar en medio de la tempestad con sus discípulos y éstos le piden que los salve. Jesús los reprende por su poca fe. "Saqué fuerzas de estas palabras y decidí tener paciencia, continuando con amor mi trabajo, estando segura de que Dios estaba conmigo".

"Rezar y vivir el Evangelio -explica- era el único modo para superar este tormento, más allá del miedo y del dolor, siempre he advertido una paz profunda en mi corazón, sabía que no debía tener miedo, porque Jesús estaba conmigo".

Ahora, con su familia reunida, Caroline busca garantizar un futuro a los hijos asegurándoles los estudios. "He alquilado un departamento -agrega- para recibir a toda la familia, porque ahora somos evacuados en todo sentido, como mucha gente del país que perdió la casa propia". Lo que ahora cuenta es ayudar a la familia a superar el trauma vivido, en particular el marido, que "estaba entre quienes se vistieron con la divisa naranja (que el EI reserva para los condenados que esperan ser ajusticiados, ndr) y ha vivido en primera persona la ejecución de tres amigos suyos".

Con información de Asia News e Infocatolica


 

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