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Arzobispo de La Plata, Argentina, habla de cómo hacer que las cárceles sean lugares de verdadera rehabilitación
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11 de Abril de 2016 / 0 Comentarios
 
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La Plata (Lunes, 11-04-2016, Gaudium Press) Imposibilitado de asistir personalmente al inicio del ciclo lectivo del Instituto de Formación del Servicio Penitenciario Bonaerense, Mons. Héctor Águer, Arzobispo de La Plata - Argentina, ha enviado un escrito en el que aborda diversos aspectos de la realidad penitenciaria.

Inicia el prelado su documento planteando la recuperación de los detenidos en términos de "conversión":

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Mons. Aguer - Foto: Infocatolica.com

"No se puede ocultar la situación penosa que se vive en las cárceles de la Provincia. Me refiero no sólo a las carencias materiales (...) sino también a las de orden cultural y espiritual, es decir, a la falta de humanidad plena, todo lo cual, si pudiera ser superado, haría de los lugares de detención además de sitios donde según justicia se asumen con la pena las consecuencias del delito, ámbitos propicios para la recuperación, la reeducación de los internos para la vida de la sociedad y la reinserción en ella. En términos cristianos eso se llama metánoia, conversión. En realidad, penitenciario viene de penitencia, que es un sinónimo, a través del latín, de metánoia. Según estas coincidencias significativas, el Servicio Penitenciario tendría que concebirse como servicio para la plena recuperación humana de los detenidos".

El amor, entendido como una búsqueda del bien del otro, debe primar en la atención penitenciaria: "¿Cómo podrá sanarse la violencia anclada en el ánimo de tantos presos si la principal respuesta fuera una violencia mayor? ¿A qué humanización podría aspirarse mediante la indiferencia o el desprecio, las ‘amistades' cómplices o el entrevero en una trama de corrupción? ¿Sería excesivo, o utópico, pretender que al Servicio Penitenciario lo inspirase el amor? No el sentimental, sino la voluntad recta de hacer el bien, con el esfuerzo de comprender y perdonar, de ponerse en el lugar del otro. El cumplimiento exacto del oficio de un agente penitenciario es también compatible con la misericordia".

Un ambiente de decadencia cultural

Existe una decadencia cultural que se constituye como causal de muchos delitos: "¿Cómo se puede evitar, por ejemplo, que tantos adolescentes y jóvenes se inicien en el delito si no se pudo sanar antes la orfandad que vivieron en sus familias destruidas, o inexistentes, que no merecen el nombre de familia porque no se fundan en el matrimonio, sino en un rejunte provisorio, aunque esté hoy legalizado? ¿Si no han visto trabajar a su padre -decentemente, claro- o no saben quién es? ¿Si la marginación los empujó temprano a ser pequeñas ‘mulas', y de paso drogones? ¿No merecen una piedad especialísima los ‘perejiles' cuando con tanta facilidad zafan los mafiosos? En mi opinión, estas causales y muchísimas más, podrían ser sopesadas espontáneamente por los agentes del Servicio Penitenciario Bonaerense al ejercer su función necesaria y nobilísima".

El prelado destacó en su comunicación la importante labor que realizan los capellanes penitenciarios, para los que sólo pide plena libertad de acción. La Iglesia atiende espiritualmente a los internos con la Palabra de Dios y los Sacramentos y propone a los que son católicos "un retorno a la inocencia bautismal". A los no católicos plantea el camino de la iniciación cristiana, y de esa manera va construyendo el Reino de Dios.

Mons. Aguer concluye su mensaje manifestado que "en el Juicio Final, Jesús se acordará especialmente para recibirlos en la vida eterna de los que lo visitaron a Él en la cárcel: estuve preso y me vinieron a ver. Ante el estupor de los así premiados, el Señor subrayará lo dicho: Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo (Mt. 25, 36.40). ¡Los presos, pequeños hermanos de Jesús! Ustedes, queridos amigos, agentes del Servicio Penitenciario Bonaerense, tendrían que pensar en esas palabras de Jesús para cumplir en plenitud con lo que reclama su oficio, pero para hacerlo realmente, humanamente, cristianamente bien".

Con información de Aica

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Arzobispo de La Plata, Argentina, habla de cómo hacer que las cárceles sean lugares de verdadera rehabilitación

La Plata (Lunes, 11-04-2016, Gaudium Press) Imposibilitado de asistir personalmente al inicio del ciclo lectivo del Instituto de Formación del Servicio Penitenciario Bonaerense, Mons. Héctor Águer, Arzobispo de La Plata - Argentina, ha enviado un escrito en el que aborda diversos aspectos de la realidad penitenciaria.

Inicia el prelado su documento planteando la recuperación de los detenidos en términos de "conversión":

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Mons. Aguer - Foto: Infocatolica.com

"No se puede ocultar la situación penosa que se vive en las cárceles de la Provincia. Me refiero no sólo a las carencias materiales (...) sino también a las de orden cultural y espiritual, es decir, a la falta de humanidad plena, todo lo cual, si pudiera ser superado, haría de los lugares de detención además de sitios donde según justicia se asumen con la pena las consecuencias del delito, ámbitos propicios para la recuperación, la reeducación de los internos para la vida de la sociedad y la reinserción en ella. En términos cristianos eso se llama metánoia, conversión. En realidad, penitenciario viene de penitencia, que es un sinónimo, a través del latín, de metánoia. Según estas coincidencias significativas, el Servicio Penitenciario tendría que concebirse como servicio para la plena recuperación humana de los detenidos".

El amor, entendido como una búsqueda del bien del otro, debe primar en la atención penitenciaria: "¿Cómo podrá sanarse la violencia anclada en el ánimo de tantos presos si la principal respuesta fuera una violencia mayor? ¿A qué humanización podría aspirarse mediante la indiferencia o el desprecio, las ‘amistades' cómplices o el entrevero en una trama de corrupción? ¿Sería excesivo, o utópico, pretender que al Servicio Penitenciario lo inspirase el amor? No el sentimental, sino la voluntad recta de hacer el bien, con el esfuerzo de comprender y perdonar, de ponerse en el lugar del otro. El cumplimiento exacto del oficio de un agente penitenciario es también compatible con la misericordia".

Un ambiente de decadencia cultural

Existe una decadencia cultural que se constituye como causal de muchos delitos: "¿Cómo se puede evitar, por ejemplo, que tantos adolescentes y jóvenes se inicien en el delito si no se pudo sanar antes la orfandad que vivieron en sus familias destruidas, o inexistentes, que no merecen el nombre de familia porque no se fundan en el matrimonio, sino en un rejunte provisorio, aunque esté hoy legalizado? ¿Si no han visto trabajar a su padre -decentemente, claro- o no saben quién es? ¿Si la marginación los empujó temprano a ser pequeñas ‘mulas', y de paso drogones? ¿No merecen una piedad especialísima los ‘perejiles' cuando con tanta facilidad zafan los mafiosos? En mi opinión, estas causales y muchísimas más, podrían ser sopesadas espontáneamente por los agentes del Servicio Penitenciario Bonaerense al ejercer su función necesaria y nobilísima".

El prelado destacó en su comunicación la importante labor que realizan los capellanes penitenciarios, para los que sólo pide plena libertad de acción. La Iglesia atiende espiritualmente a los internos con la Palabra de Dios y los Sacramentos y propone a los que son católicos "un retorno a la inocencia bautismal". A los no católicos plantea el camino de la iniciación cristiana, y de esa manera va construyendo el Reino de Dios.

Mons. Aguer concluye su mensaje manifestado que "en el Juicio Final, Jesús se acordará especialmente para recibirlos en la vida eterna de los que lo visitaron a Él en la cárcel: estuve preso y me vinieron a ver. Ante el estupor de los así premiados, el Señor subrayará lo dicho: Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo (Mt. 25, 36.40). ¡Los presos, pequeños hermanos de Jesús! Ustedes, queridos amigos, agentes del Servicio Penitenciario Bonaerense, tendrían que pensar en esas palabras de Jesús para cumplir en plenitud con lo que reclama su oficio, pero para hacerlo realmente, humanamente, cristianamente bien".

Con información de Aica


 

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