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En homilía de Pentecostés, el Papa habló de la filiación con el Padre a través del Hijo y el Espíritu Santo
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16 de Mayo de 2016 / 0 Comentarios
 
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Ciudad del Vaticano (Lunes, 16-05-2016, Gaudium Press) En la homilía de Pentecostés, en la Basílica de San Pedro, el Papa Francisco resaltó que Cristo vino a este mundo a rescatarnos de la condición de huérfanos, y dijo que la orfandad también es perceptible hoy: "La misión de Jesús, culminada con el don del Espíritu Santo, tenía esta finalidad esencial: restablecer nuestra relación con el Padre, destruida por el pecado; apartarnos de la condición de huérfanos y restituirnos a la de hijos", señaló el Pontífice.

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"También en nuestro tiempo -continuó el Pontífice- se constatan diferentes signos de nuestra condición de huérfanos: Esa soledad interior que percibimos incluso en medio de la muchedumbre, y que a veces puede llegar a ser tristeza existencial; esa supuesta independencia de Dios, que se ve acompañada por una cierta nostalgia de su cercanía; ese difuso analfabetismo espiritual por el que nos sentimos incapaces de rezar; esa dificultad para experimentar verdadera y realmente la vida eterna, como plenitud de comunión que germina aquí y que florece después de la muerte; esa dificultad para reconocer al otro como hermano, en cuanto hijo del mismo Padre; y así otros signos semejantes".

Entretanto, la condición de hijos "es nuestra vocación originaria", que había sido destruída, necesitándose "el sacrificio del Hijo Unigénito para que fuese restablecido. Del inmenso don de amor, como la muerte de Jesús en la cruz, ha brotado para toda la humanidad la efusión del Espíritu Santo, como una inmensa cascada de gracia. Quien se sumerge con fe en este misterio de regeneración renace a la plenitud de la vida filial".

El Papa resaltó que la presencia de la Virgen en el cenáculo, es también signo del celo de Dios con sus hijos, a quienes nunca abandona: "«No los dejaré huérfanos». Hoy, fiesta de Pentecostés, estas palabras de Jesús nos hacen pensar también en la presencia maternal de María en el cenáculo. La Madre de Jesús está en medio de la comunidad de los discípulos, reunida en oración: es memoria viva del Hijo e invocación viva del Espíritu Santo. Es la Madre de la Iglesia. A su intercesión confiamos de manera particular a todos los cristianos, a las familias y las comunidades, que en este momento tienen más necesidad de la fuerza del Espíritu Paráclito, Defensor y Consolador, Espíritu de verdad, de libertad y de paz".

El Papa concluyó su homilía señalando también que es el Espíritu Santo quien establece la verdadera fraternidad entre todos los hombres.

Con información de Radio Vaticano

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En homilía de Pentecostés, el Papa habló de la filiación con el Padre a través del Hijo y el Espíritu Santo

Ciudad del Vaticano (Lunes, 16-05-2016, Gaudium Press) En la homilía de Pentecostés, en la Basílica de San Pedro, el Papa Francisco resaltó que Cristo vino a este mundo a rescatarnos de la condición de huérfanos, y dijo que la orfandad también es perceptible hoy: "La misión de Jesús, culminada con el don del Espíritu Santo, tenía esta finalidad esencial: restablecer nuestra relación con el Padre, destruida por el pecado; apartarnos de la condición de huérfanos y restituirnos a la de hijos", señaló el Pontífice.

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"También en nuestro tiempo -continuó el Pontífice- se constatan diferentes signos de nuestra condición de huérfanos: Esa soledad interior que percibimos incluso en medio de la muchedumbre, y que a veces puede llegar a ser tristeza existencial; esa supuesta independencia de Dios, que se ve acompañada por una cierta nostalgia de su cercanía; ese difuso analfabetismo espiritual por el que nos sentimos incapaces de rezar; esa dificultad para experimentar verdadera y realmente la vida eterna, como plenitud de comunión que germina aquí y que florece después de la muerte; esa dificultad para reconocer al otro como hermano, en cuanto hijo del mismo Padre; y así otros signos semejantes".

Entretanto, la condición de hijos "es nuestra vocación originaria", que había sido destruída, necesitándose "el sacrificio del Hijo Unigénito para que fuese restablecido. Del inmenso don de amor, como la muerte de Jesús en la cruz, ha brotado para toda la humanidad la efusión del Espíritu Santo, como una inmensa cascada de gracia. Quien se sumerge con fe en este misterio de regeneración renace a la plenitud de la vida filial".

El Papa resaltó que la presencia de la Virgen en el cenáculo, es también signo del celo de Dios con sus hijos, a quienes nunca abandona: "«No los dejaré huérfanos». Hoy, fiesta de Pentecostés, estas palabras de Jesús nos hacen pensar también en la presencia maternal de María en el cenáculo. La Madre de Jesús está en medio de la comunidad de los discípulos, reunida en oración: es memoria viva del Hijo e invocación viva del Espíritu Santo. Es la Madre de la Iglesia. A su intercesión confiamos de manera particular a todos los cristianos, a las familias y las comunidades, que en este momento tienen más necesidad de la fuerza del Espíritu Paráclito, Defensor y Consolador, Espíritu de verdad, de libertad y de paz".

El Papa concluyó su homilía señalando también que es el Espíritu Santo quien establece la verdadera fraternidad entre todos los hombres.

Con información de Radio Vaticano


 

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