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Iglesia en Brasil celebra la memoria de la "María Goretti brasileña"
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16 de Junio de 2016 / 0 Comentarios
 
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Imaruí - Santa Catarina (Jueves, 16-06-2016, Gaudium Press) Los fieles brasileños, más precisamente aquellos del sur del país, tuvieron motivos para celebrar este día 15 de junio. La memoria de Albertina Berkenbrock, conocida por muchos como "María Goretti brasileña", es recordada hasta hoy por sus actos heroicos en defensa de la Fe y la propia vida.

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La especial devoción a Nuestra Señora

La joven niña, habitante del sur de Brasil, y que fue martirizada por defender su virginidad, nació el 11 de abril de 1919, en la ciudad interiorana de Imaruí, en el estado brasileño de Santa Catarina.

Albertina era hija de humildes agricultores, que desde joven la ayudaron ofreciéndole una formación católica. Cuando pequeña, aprendió oraciones y así, pasaba los días rezando manteniendo su alegría y temor a Dios.

En seguida, comenzó a participar de la vida religiosa de una comunidad local. Uno de sus grandes deseos en la época era el de recibir la Primera Comunión. Y cuando este día llegó, lo clasificó como uno de los más bellos de su vida.

La pequeña religiosa poseía hábitos diferentes de los demás niños. Envés de jugar de la misma forma como los demás hacían, prefería pasar los días confesándose y participando de la Eucaristía. Allí se sentía más a gusto.

El episodio trágico

Con el pasar del tiempo, Albertina creó una devoción especial a Nuestra Señora, rezando intensamente el rosario. De la misma forma, cultivó la devoción al patrono de su comunidad, San Luis Gonzaga. Este hecho fue visto como una "coincidencia providencial", una vez que él es considerado un modelo de una juventud llevada con pureza espiritual y corporal.

Entretanto, el 15 de junio de 1931, Albertina, a los 12 años, ofreció su gran testimonio escogiendo preservar su pureza espiritual y corporal.

En aquel día, su padre le había pedido buscar un animal que estaba perdido. Y en medio del camino, Albertina se deparó con su malhechor, Maneco Palhoça, como era conocido por todos en la región.

Entonces, la joven preguntó a él si por acaso sabía el paradero del animal que buscaba. Luego, el hombre indicó a la niña un camino falso. La pobre niña creyó y siguió las instrucciones de aquel señor. Sin embargo, cuando llegó al lugar, vio que aquello no pasaba de una trampa. En esta hora, Maneco reapareció y usando la fuerza bruta, intentó estuprarla.

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Fue un verdadero sofoco para Albertina, pero ella no permitió ser usada con tamaña violencia. Prefirió resistir bravamente y no ceder en aquello que tenía mayor valor, que era su virginidad. Y más que eso, su compromiso con Dios.

Después de innúmeras embestidas, ella fue derrumbada al piso. Intentando cubrirse lo máximo que pudo con su vestido, impedía que Maneco la abusase. Al percibir que su esfuerzo era inútil y tomado por la ira, resolvió apuñalarla con un cortaplumas en su cuello, degollando a Albertina y quitando la vida de una joven niña que tenía un camino religioso a seguir.

El crimen cometido y la acusación injusta

Desesperado después de cometer el crimen, Maneco escondió el cortaplumas y de prisa, fue a avisar a los familiares de Albertina, diciendo que ella había sido asesinada. Aunque cercado por muchas sospechas, alegaba que otro individuo la habría matado de aquella forma.

En medio a las investigaciones, un hombre llamado Juan Cándido llegó a ser preso, siendo acusado de forma injusta. En aquel momento, Maneco estaba libre de sospechas, pero no del peso de su propia consciencia.

En el velorio de Albertina, los moradores de Imaruí prestaron no solamente solidaridad a la familia de la pequeña religiosa como también algunos homenajes. Ese día Maneco apareció, y mirando constantemente el cajón en el cual se encontraba el cuerpo de la joven, se mostraba impaciente. El asesino no paraba de ir y venir en la sala del velorio.

La sangre en la herida de Albertina

En un instante, cuando parecía que nada más sucedería, hubo una escena curiosa: al aproximarse al cajón, la herida en el cuello de Albertina comenzó a sangrar nuevamente. El hecho, asistido por el público presente en el velorio, repercutió por toda la ciudad, llegando al entonces prefecto. Este mandó que soltasen a Juan Cándido y, con él, tomó un crucifijo en la capilla.

Los dos siguieron hasta el velorio y la cruz fue colocada sobre el pecho de la niña. Juan, profundamente triste con la muerte de Albertina, se colocó de rodillas y, con las manos en el crucifijo, juró ser inocente de la acusación. En aquel momento, la herida paró de sangrar. Nuevamente, todos en la región catarinense quedaron espantados con esta demostración de Fe más.

Mientras tanto, Maneco Palhoça huyó. Pero durante su fuga, fue preso y no tuvo otra escapatoria a no ser confesar su crimen brutal, aclarando que Albertina no cedió a su intención de mantener relaciones sexuales por el hecho de no querer entrar en pecado.

La beatificación de la "María Goretti Brasileña"

En fin, con la resolución de esta historia, una nueva comenzaba a surgir, pero esta vez con un final feliz.

Con los habitantes siendo testigos de los hechos milagrosos de Dios en Albertina, la fama de martirio de la niña no demoró mucho en comenzar a circular por todo el municipio. Las personas que eran más próximas de ella y que sabían de su educación basada en los valores cristianos, así como su amor a la familia y al prójimo, tuvieron la certeza de que su buen comportamiento, piedad y caridad eran resultantes de una Fe inamovible.

Siendo reconocida hace años como la "María Goretti Brasileña" - en referencia a la joven italiana de 11 años que hubiera muerto por el mismo motivo, 29 años antes -, Albertina Berkenbrock fue proclamada Bienaventurada el 20 de octubre de 2007, por el entonces Papa Benedicto XVI.

En el site dedicado a la beata, se afirma que a partir de este momento, "su cuerpo está manchado de sangre (...) Su pureza y virginidad, entretanto, están intactas". (LMI)

 

 

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Iglesia en Brasil celebra la memoria de la "María Goretti brasileña"

Imaruí - Santa Catarina (Jueves, 16-06-2016, Gaudium Press) Los fieles brasileños, más precisamente aquellos del sur del país, tuvieron motivos para celebrar este día 15 de junio. La memoria de Albertina Berkenbrock, conocida por muchos como "María Goretti brasileña", es recordada hasta hoy por sus actos heroicos en defensa de la Fe y la propia vida.

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La especial devoción a Nuestra Señora

La joven niña, habitante del sur de Brasil, y que fue martirizada por defender su virginidad, nació el 11 de abril de 1919, en la ciudad interiorana de Imaruí, en el estado brasileño de Santa Catarina.

Albertina era hija de humildes agricultores, que desde joven la ayudaron ofreciéndole una formación católica. Cuando pequeña, aprendió oraciones y así, pasaba los días rezando manteniendo su alegría y temor a Dios.

En seguida, comenzó a participar de la vida religiosa de una comunidad local. Uno de sus grandes deseos en la época era el de recibir la Primera Comunión. Y cuando este día llegó, lo clasificó como uno de los más bellos de su vida.

La pequeña religiosa poseía hábitos diferentes de los demás niños. Envés de jugar de la misma forma como los demás hacían, prefería pasar los días confesándose y participando de la Eucaristía. Allí se sentía más a gusto.

El episodio trágico

Con el pasar del tiempo, Albertina creó una devoción especial a Nuestra Señora, rezando intensamente el rosario. De la misma forma, cultivó la devoción al patrono de su comunidad, San Luis Gonzaga. Este hecho fue visto como una "coincidencia providencial", una vez que él es considerado un modelo de una juventud llevada con pureza espiritual y corporal.

Entretanto, el 15 de junio de 1931, Albertina, a los 12 años, ofreció su gran testimonio escogiendo preservar su pureza espiritual y corporal.

En aquel día, su padre le había pedido buscar un animal que estaba perdido. Y en medio del camino, Albertina se deparó con su malhechor, Maneco Palhoça, como era conocido por todos en la región.

Entonces, la joven preguntó a él si por acaso sabía el paradero del animal que buscaba. Luego, el hombre indicó a la niña un camino falso. La pobre niña creyó y siguió las instrucciones de aquel señor. Sin embargo, cuando llegó al lugar, vio que aquello no pasaba de una trampa. En esta hora, Maneco reapareció y usando la fuerza bruta, intentó estuprarla.

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Fue un verdadero sofoco para Albertina, pero ella no permitió ser usada con tamaña violencia. Prefirió resistir bravamente y no ceder en aquello que tenía mayor valor, que era su virginidad. Y más que eso, su compromiso con Dios.

Después de innúmeras embestidas, ella fue derrumbada al piso. Intentando cubrirse lo máximo que pudo con su vestido, impedía que Maneco la abusase. Al percibir que su esfuerzo era inútil y tomado por la ira, resolvió apuñalarla con un cortaplumas en su cuello, degollando a Albertina y quitando la vida de una joven niña que tenía un camino religioso a seguir.

El crimen cometido y la acusación injusta

Desesperado después de cometer el crimen, Maneco escondió el cortaplumas y de prisa, fue a avisar a los familiares de Albertina, diciendo que ella había sido asesinada. Aunque cercado por muchas sospechas, alegaba que otro individuo la habría matado de aquella forma.

En medio a las investigaciones, un hombre llamado Juan Cándido llegó a ser preso, siendo acusado de forma injusta. En aquel momento, Maneco estaba libre de sospechas, pero no del peso de su propia consciencia.

En el velorio de Albertina, los moradores de Imaruí prestaron no solamente solidaridad a la familia de la pequeña religiosa como también algunos homenajes. Ese día Maneco apareció, y mirando constantemente el cajón en el cual se encontraba el cuerpo de la joven, se mostraba impaciente. El asesino no paraba de ir y venir en la sala del velorio.

La sangre en la herida de Albertina

En un instante, cuando parecía que nada más sucedería, hubo una escena curiosa: al aproximarse al cajón, la herida en el cuello de Albertina comenzó a sangrar nuevamente. El hecho, asistido por el público presente en el velorio, repercutió por toda la ciudad, llegando al entonces prefecto. Este mandó que soltasen a Juan Cándido y, con él, tomó un crucifijo en la capilla.

Los dos siguieron hasta el velorio y la cruz fue colocada sobre el pecho de la niña. Juan, profundamente triste con la muerte de Albertina, se colocó de rodillas y, con las manos en el crucifijo, juró ser inocente de la acusación. En aquel momento, la herida paró de sangrar. Nuevamente, todos en la región catarinense quedaron espantados con esta demostración de Fe más.

Mientras tanto, Maneco Palhoça huyó. Pero durante su fuga, fue preso y no tuvo otra escapatoria a no ser confesar su crimen brutal, aclarando que Albertina no cedió a su intención de mantener relaciones sexuales por el hecho de no querer entrar en pecado.

La beatificación de la "María Goretti Brasileña"

En fin, con la resolución de esta historia, una nueva comenzaba a surgir, pero esta vez con un final feliz.

Con los habitantes siendo testigos de los hechos milagrosos de Dios en Albertina, la fama de martirio de la niña no demoró mucho en comenzar a circular por todo el municipio. Las personas que eran más próximas de ella y que sabían de su educación basada en los valores cristianos, así como su amor a la familia y al prójimo, tuvieron la certeza de que su buen comportamiento, piedad y caridad eran resultantes de una Fe inamovible.

Siendo reconocida hace años como la "María Goretti Brasileña" - en referencia a la joven italiana de 11 años que hubiera muerto por el mismo motivo, 29 años antes -, Albertina Berkenbrock fue proclamada Bienaventurada el 20 de octubre de 2007, por el entonces Papa Benedicto XVI.

En el site dedicado a la beata, se afirma que a partir de este momento, "su cuerpo está manchado de sangre (...) Su pureza y virginidad, entretanto, están intactas". (LMI)

 

 

Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/79880-Iglesia-en-Brasil-celebra-la-memoria-de-la--Maria-Goretti-brasilena-. Se autoriza su publicación desde que cite la fuente.



 

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