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Ahuyentando murciélagos…
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26 de Agosto de 2016 / 0 Comentarios
 
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Redacción (Viernes, 26-08-2016, Gaudium Press) Imaginaba un día Plinio Corrêa de Oliveira a un pobre hombre introducido en un cuarto oscuro donde habitasen no pocos murciélagos. La imagen fácilmente puede producir escalofrío en quien la considera.

Los murciélagos revolotean, y podrían en cualquier momento agredir al pobre hombre. ¿Cómo defenderse? En medio de la oscuridad no es fácil, ellos tienen el control de la situación. Pero si fuere posible abrir una ventana, y dejar que por ella entrase un límpido y fuerte rayo de luz, esos no simpáticos mamíferos-aves huirían despavoridos, buscando un más propicio para ellos 'reino de oscuridad'.

Rayo_Gaudium_Press.jpg
Es un rayo de luz que entra, y disipa la oscuridad

El Dr. Plinio empleaba esa metáfora para ilustrar cómo el entusiasmo por un estado de vida elevado, santo, de luz, o por un reflejo de Dios, puede ser mucho más eficaz en luchar contra los defectos que un combate directo a ellos.

El hombre, cuando tocado por una gracia de Dios, percibe la luz y la belleza de la santidad, puede dejarse embarcar en un camino que lo lleve a la alta virtud moral, como que arrastrado alegre y suavemente por las ondas de la gracia. Es solo no poner obstáculo a la acción del Espíritu Santo.

Por ejemplo, la historia de la Magdalena. Mujer pecadora, posesa, se deja tomar de un arrobo místico en el que el Espíritu Santo le muestra sensiblemente la grandeza del Creador hecho hombre: ella se deja llevar por esa gracia, en ella se restaura la inocencia, se entrega al servicio del Mesías, y es de las valientes que acompaña al Señor en el Calvario, dándosele como premio el ser la primera en contemplar a Jesús Resucitado, según las Escrituras.

A veces, el entusiasmo por el Dios-Hombre es favorecido por Dios desde la más tierna infancia, iluminando desde ahí una vida toda de luz, como fue el caso del Dr. Plinio:

SagradoCorazon_Gaudium_Press.jpg

"Me acuerdo de mí mismo analizando [a los tres años] por primera vez la imagen del Sagrado Corazón de Jesús del oratorio de mi mamá, tomando una cierta distancia y diciendo: ‘Al final, ¿cómo es Él? (...) Y maravillado, hallando que aquella imagen atendía las aspiraciones de mi sentido del ser y correspondía a todo cuanto yo reputaba ser bueno y recto, y aún más: ponía horizontes y aspectos nuevos, ¡con una elevación extraordinaria! No sólo en lo que decía al respecto a la cosa en sí, sino tratándome a mí paradigmáticamente como yo quería ser tratado. Es decir, el mirar que aquella imagen posaba en mí era el mirar por excelencia, del cual yo gustaría que todas las miradas participasen. ¡Y Aquel era, con toda realidad, mi Dios, Jesucristo, Hijo de María, que nació en Belén! (...) Eso era una primera mirada analítica y una primera afinidad, llegando a las últimas cuerdas del alma. (...) Por tanto, a medida que iba creciendo en el conocimiento de Él, se abrían en mí zonas del alma que habrían llevado mucho más tiempo para abrirse o no se habrían abierto nunca. Pero el fondo de mi alma pedía e imploraba que fuesen abiertas, ¡y en el contacto con él encontraban su desabrochar completo!" 1

El Dr. Plinio sería fiel durante toda su vida a ese "flash" primero de la persona de Nuestro Señor Jesucristo, ocurrido con ocasión de la contemplación de una piadosa imagen, pero también en la contemplación de todos los reflejos de Jesús en la creación. Un atardecer es reflejo de Dios, un rostro inocente es reflejo de Dios, y son ellas todas ocasiones para dejar que entre la luz en nuestras almas, expulsando los murciélagos del pecado.

P.S.: Y para ahuyentar a los "murciélagos" espirituales, esos que están en las regiones del aire según declara la Escritura, acudir a todos los recursos que ofrece la Iglesia católica.

Por Carlos Castro

____


1 Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP. O Dom de Sabedoria na Mente, Vida e Obra de Plinio Corrêa de Oliveira. Vol I - Inocência, o Início da Sabedoria. Libreria Editrice Vaticana - Instituto Lumen Sapientiae. São Paulo. 2016. p. 186.

 

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Ahuyentando murciélagos…

Redacción (Viernes, 26-08-2016, Gaudium Press) Imaginaba un día Plinio Corrêa de Oliveira a un pobre hombre introducido en un cuarto oscuro donde habitasen no pocos murciélagos. La imagen fácilmente puede producir escalofrío en quien la considera.

Los murciélagos revolotean, y podrían en cualquier momento agredir al pobre hombre. ¿Cómo defenderse? En medio de la oscuridad no es fácil, ellos tienen el control de la situación. Pero si fuere posible abrir una ventana, y dejar que por ella entrase un límpido y fuerte rayo de luz, esos no simpáticos mamíferos-aves huirían despavoridos, buscando un más propicio para ellos 'reino de oscuridad'.

Rayo_Gaudium_Press.jpg
Es un rayo de luz que entra, y disipa la oscuridad

El Dr. Plinio empleaba esa metáfora para ilustrar cómo el entusiasmo por un estado de vida elevado, santo, de luz, o por un reflejo de Dios, puede ser mucho más eficaz en luchar contra los defectos que un combate directo a ellos.

El hombre, cuando tocado por una gracia de Dios, percibe la luz y la belleza de la santidad, puede dejarse embarcar en un camino que lo lleve a la alta virtud moral, como que arrastrado alegre y suavemente por las ondas de la gracia. Es solo no poner obstáculo a la acción del Espíritu Santo.

Por ejemplo, la historia de la Magdalena. Mujer pecadora, posesa, se deja tomar de un arrobo místico en el que el Espíritu Santo le muestra sensiblemente la grandeza del Creador hecho hombre: ella se deja llevar por esa gracia, en ella se restaura la inocencia, se entrega al servicio del Mesías, y es de las valientes que acompaña al Señor en el Calvario, dándosele como premio el ser la primera en contemplar a Jesús Resucitado, según las Escrituras.

A veces, el entusiasmo por el Dios-Hombre es favorecido por Dios desde la más tierna infancia, iluminando desde ahí una vida toda de luz, como fue el caso del Dr. Plinio:

SagradoCorazon_Gaudium_Press.jpg

"Me acuerdo de mí mismo analizando [a los tres años] por primera vez la imagen del Sagrado Corazón de Jesús del oratorio de mi mamá, tomando una cierta distancia y diciendo: ‘Al final, ¿cómo es Él? (...) Y maravillado, hallando que aquella imagen atendía las aspiraciones de mi sentido del ser y correspondía a todo cuanto yo reputaba ser bueno y recto, y aún más: ponía horizontes y aspectos nuevos, ¡con una elevación extraordinaria! No sólo en lo que decía al respecto a la cosa en sí, sino tratándome a mí paradigmáticamente como yo quería ser tratado. Es decir, el mirar que aquella imagen posaba en mí era el mirar por excelencia, del cual yo gustaría que todas las miradas participasen. ¡Y Aquel era, con toda realidad, mi Dios, Jesucristo, Hijo de María, que nació en Belén! (...) Eso era una primera mirada analítica y una primera afinidad, llegando a las últimas cuerdas del alma. (...) Por tanto, a medida que iba creciendo en el conocimiento de Él, se abrían en mí zonas del alma que habrían llevado mucho más tiempo para abrirse o no se habrían abierto nunca. Pero el fondo de mi alma pedía e imploraba que fuesen abiertas, ¡y en el contacto con él encontraban su desabrochar completo!" 1

El Dr. Plinio sería fiel durante toda su vida a ese "flash" primero de la persona de Nuestro Señor Jesucristo, ocurrido con ocasión de la contemplación de una piadosa imagen, pero también en la contemplación de todos los reflejos de Jesús en la creación. Un atardecer es reflejo de Dios, un rostro inocente es reflejo de Dios, y son ellas todas ocasiones para dejar que entre la luz en nuestras almas, expulsando los murciélagos del pecado.

P.S.: Y para ahuyentar a los "murciélagos" espirituales, esos que están en las regiones del aire según declara la Escritura, acudir a todos los recursos que ofrece la Iglesia católica.

Por Carlos Castro

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1 Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP. O Dom de Sabedoria na Mente, Vida e Obra de Plinio Corrêa de Oliveira. Vol I - Inocência, o Início da Sabedoria. Libreria Editrice Vaticana - Instituto Lumen Sapientiae. São Paulo. 2016. p. 186.

 

Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/81609-Ahuyentando-murcielagos-hellip-. Se autoriza su publicación desde que cite la fuente.



 

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