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Le gustaba leer sobre negocios y su aspiración era dedicarse a eso. Hoy se prepara para ser sacerdote
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1 de Marzo de 2017 / 0 Comentarios
 
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Ciudad de México (Miércoles, 01-03-2017, Gaudium Press) Su nombre es Patricio; actualmente es seminarista de la Arquidiócesis de México y se encuentra en su tercer año de Filosofía con miras a muy pronto convertirse en presbítero. Pero su vida no siempre estuvo en los caminos de Dios, y antes de decidirse por seguirlo de una manera más radical, experimentó varios infortunios en su vida.

"Mi historia vocacional inicia cuando comencé a trabajar a los 16 años en una pequeña empresa de venta de carnes. Me gustaba leer sobre negocios y mi aspiración en la vida era dedicarme a ello. No tuve mucho tiempo -gracias a Dios- para desviarme del camino del bien, pero el tiempo que lo hice fue suficiente para conocer la gravedad del mal y sus consecuencias", cuenta Patricio, quien narró su historia para el Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México (SIAME).

Comenta que desde chico, junto con su mejor amigo, entró en un ambiente que destruía, que rechazaba a Dios. "Me metí en muchos problemas, no sólo académicamente hablando, y comencé a experimentar el pecado de la gula, la lujuria y la avaricia. Estos pecados me fueron cegando y metiendo en un mundo donde lo único que obtenía era un enorme vacío".

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Su nombre es Patricio; actualmente es seminarista de la Arquidiócesis de México y se encuentra en su tercer año de Filosofía con miras a muy pronto convertirse en presbítero. Pero su vida no siempre estuvo en los caminos de Dios / Foto: SIAME.

Tal fue su distanciamiento de Dios, que incluso comenzó a dar un mal testimonio en su propia casa. "Mi hermana pequeña también vio con buenos ojos ese estilo de vida, por lo que mis acciones comenzaron a afectar también a las personas que amaba (...) Mi hermana y yo empezamos a llevar mal la casa, y la familia entró entonces en grandes problemas", comenta.

Paradójicamente, como en ocasiones son los caminos de Dios, fue en este ambiente de pecado donde Patricio comenzó a escuchar el llamado de Dios: "No veíamos solución a la situación que enfrentábamos; además, vivíamos en constante estado de pecado, y fue, increíblemente a través de esas dificultades, mediante las cuales Dios comenzó a ser cada vez más insistente en el llamado a seguirlo en la vida de gracia y sacerdotal".

Acudió a los sacerdotes, quienes poco a poco le ayudaron a dar una respuesta a Dios: "La idea del sacerdocio no era parte de mi ideal en la vida, pero fue gracias a la ayuda de sacerdotes quienes, a través de la confesión, me fueron mostrando que el amor de Dios es infinito, y que no sólo estaba dispuesto a perdonarnos y ayudarnos a cambiar, sino que quería darnos una vida nueva".

Aunque su vida ya daba mejores pasos y había cambiado para bien, Patricio aún nos sabía qué decirle a Dios. Cuando se hallaba algo desesperado por hallar una respuesta, le pide a Él una señal clara, contundente, o de lo contrario abandonaría su idea de seguirlo, retomando su proyecto de vida en la universidad.

Y ésta no tardó en llegar. Ese mismo día, al confesarse con el Padre Juan Antonio Vertiz, sacerdote diocesano, Patricio queda sin palabras. El padre, tras darle la absolución y sin conocer su inquietud por hacerse presbítero, le pregunta: "¿Alguna vez has pensado en ser sacerdote?". Algo que de inmediato interpreta como la señal que tanto le había pedido a Dios.

"Inmediatamente le contesté que sí, pero que no encontraba dónde podía atender dicha inquietud. A partir de ese momento Dios me dio una certeza clara para seguir un determinado camino, y a pesar de las dificultades que siguieron, que fueron muchas, Él se encargó de que nada interrumpiera lo que tenía planeado para mí", cuenta el seminarista.

El resto de la historia ya se conoce...

"Estoy comenzando el último semestre de Filosofía, y ruego a Dios y a la Virgen que me sigan llenando de su amor para que pueda responder al llamado, inmerecido, que por su infinita misericordia Él me ha hecho", escribe Patricio.

Con información de SIAME.

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Le gustaba leer sobre negocios y su aspiración era dedicarse a eso. Hoy se prepara para ser sacerdote

Ciudad de México (Miércoles, 01-03-2017, Gaudium Press) Su nombre es Patricio; actualmente es seminarista de la Arquidiócesis de México y se encuentra en su tercer año de Filosofía con miras a muy pronto convertirse en presbítero. Pero su vida no siempre estuvo en los caminos de Dios, y antes de decidirse por seguirlo de una manera más radical, experimentó varios infortunios en su vida.

"Mi historia vocacional inicia cuando comencé a trabajar a los 16 años en una pequeña empresa de venta de carnes. Me gustaba leer sobre negocios y mi aspiración en la vida era dedicarme a ello. No tuve mucho tiempo -gracias a Dios- para desviarme del camino del bien, pero el tiempo que lo hice fue suficiente para conocer la gravedad del mal y sus consecuencias", cuenta Patricio, quien narró su historia para el Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México (SIAME).

Comenta que desde chico, junto con su mejor amigo, entró en un ambiente que destruía, que rechazaba a Dios. "Me metí en muchos problemas, no sólo académicamente hablando, y comencé a experimentar el pecado de la gula, la lujuria y la avaricia. Estos pecados me fueron cegando y metiendo en un mundo donde lo único que obtenía era un enorme vacío".

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Su nombre es Patricio; actualmente es seminarista de la Arquidiócesis de México y se encuentra en su tercer año de Filosofía con miras a muy pronto convertirse en presbítero. Pero su vida no siempre estuvo en los caminos de Dios / Foto: SIAME.

Tal fue su distanciamiento de Dios, que incluso comenzó a dar un mal testimonio en su propia casa. "Mi hermana pequeña también vio con buenos ojos ese estilo de vida, por lo que mis acciones comenzaron a afectar también a las personas que amaba (...) Mi hermana y yo empezamos a llevar mal la casa, y la familia entró entonces en grandes problemas", comenta.

Paradójicamente, como en ocasiones son los caminos de Dios, fue en este ambiente de pecado donde Patricio comenzó a escuchar el llamado de Dios: "No veíamos solución a la situación que enfrentábamos; además, vivíamos en constante estado de pecado, y fue, increíblemente a través de esas dificultades, mediante las cuales Dios comenzó a ser cada vez más insistente en el llamado a seguirlo en la vida de gracia y sacerdotal".

Acudió a los sacerdotes, quienes poco a poco le ayudaron a dar una respuesta a Dios: "La idea del sacerdocio no era parte de mi ideal en la vida, pero fue gracias a la ayuda de sacerdotes quienes, a través de la confesión, me fueron mostrando que el amor de Dios es infinito, y que no sólo estaba dispuesto a perdonarnos y ayudarnos a cambiar, sino que quería darnos una vida nueva".

Aunque su vida ya daba mejores pasos y había cambiado para bien, Patricio aún nos sabía qué decirle a Dios. Cuando se hallaba algo desesperado por hallar una respuesta, le pide a Él una señal clara, contundente, o de lo contrario abandonaría su idea de seguirlo, retomando su proyecto de vida en la universidad.

Y ésta no tardó en llegar. Ese mismo día, al confesarse con el Padre Juan Antonio Vertiz, sacerdote diocesano, Patricio queda sin palabras. El padre, tras darle la absolución y sin conocer su inquietud por hacerse presbítero, le pregunta: "¿Alguna vez has pensado en ser sacerdote?". Algo que de inmediato interpreta como la señal que tanto le había pedido a Dios.

"Inmediatamente le contesté que sí, pero que no encontraba dónde podía atender dicha inquietud. A partir de ese momento Dios me dio una certeza clara para seguir un determinado camino, y a pesar de las dificultades que siguieron, que fueron muchas, Él se encargó de que nada interrumpiera lo que tenía planeado para mí", cuenta el seminarista.

El resto de la historia ya se conoce...

"Estoy comenzando el último semestre de Filosofía, y ruego a Dios y a la Virgen que me sigan llenando de su amor para que pueda responder al llamado, inmerecido, que por su infinita misericordia Él me ha hecho", escribe Patricio.

Con información de SIAME.


 

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