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Abrir los ojos delante de la angustia de los otros: recomendación hecha en el Retiro del Papa
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9 de Marzo de 2017 / 0 Comentarios
 
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Ariccia - Italia (Jueves, 09-03-2017, Gaudium Press) El Franciscano Fray Giúlio Michellini, escogido predicador de los Ejercicios Espirituales del Papa y de la Curia Romana en esta Cuaresma, continuó con sus lecciones en la Casa del Divino Maestro, en Ariccia, en las proximidades de Roma.

1.jpg

En la tarde del martes él presentó a los retirantes su cuarta meditación teniendo como tema: "La oración en el Getsemaní y la prisión de Jesús (Mt 26, 36-46)".

Su reflexión se inició con una comparación entre la oración de Jesús en el Huerto de los Olivos y aquella del Monte Tabor, en Galilea.

Impresionan las semejanzas de situación, dijo Fray Michellini. En las dos ocasiones Nuestro Señor se encuentra en estado de probación:

En el primer caso, Pedro y los otros no comprendieron el sentido del anuncio de Jesús que dijera que debería morir en Jerusalén; en el segundo caso, porque Jesús acababa de anunciar que alguien habría de entregarlo, subrayó Fray Giúlio.

En los dos episodios Jesús llama a sí los discípulos, Pedro, Santiago y Juan, y estos no entienden plenamente lo que está sucediendo con Él.

Un elemento separa las dos escenas: en el Tabor óyese la voz del Padre que consuela al hijo; en el Getsemaní, no se oye ninguna voz, observó el Franciscano. Allí, envés, es Jesús que se dirige al Padre, acogiendo que sea hecha su voluntad.
Esa voluntad originaria, destaca el Fray, no quiere la muerte del Hijo, sino la salvación.

Dice fray Michellini, citando a Romano Guardini:

"Jesús vino para redimir a su pueblo y, con él, el mundo. Eso debería cumplirse mediante la dedicación de la fe y del amor; pero tal dedicación vaciló. Entretanto, permaneció el mandato del Padre, pero este cambió de forma. Cuando se concretó por consecuencia del rechazo, el destino amargo de la muerte se tornó la nueva forma de la redención - aquella que para nosotros es la redención en sentido puro y simple".

Más adelante, llegando al final de sus consideraciones, el predicador hizo las habituales preguntas para las reflexiones de los oyentes:

-¿Cómo nos colocamos delante de la angustia de nuestro prójimo? ¿Mantenemos los ojos abiertos, rezamos, o nos adormecemos como los tres discípulos?

-¿La voluntad de Dios es comprendida por nosotros como una "extravagancia", algo que "se debe hacer" porque "Alguien decidió", o veo en ella la Santa voluntad de bien para todos? (JSG)

 

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Abrir los ojos delante de la angustia de los otros: recomendación hecha en el Retiro del Papa

Ariccia - Italia (Jueves, 09-03-2017, Gaudium Press) El Franciscano Fray Giúlio Michellini, escogido predicador de los Ejercicios Espirituales del Papa y de la Curia Romana en esta Cuaresma, continuó con sus lecciones en la Casa del Divino Maestro, en Ariccia, en las proximidades de Roma.

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En la tarde del martes él presentó a los retirantes su cuarta meditación teniendo como tema: "La oración en el Getsemaní y la prisión de Jesús (Mt 26, 36-46)".

Su reflexión se inició con una comparación entre la oración de Jesús en el Huerto de los Olivos y aquella del Monte Tabor, en Galilea.

Impresionan las semejanzas de situación, dijo Fray Michellini. En las dos ocasiones Nuestro Señor se encuentra en estado de probación:

En el primer caso, Pedro y los otros no comprendieron el sentido del anuncio de Jesús que dijera que debería morir en Jerusalén; en el segundo caso, porque Jesús acababa de anunciar que alguien habría de entregarlo, subrayó Fray Giúlio.

En los dos episodios Jesús llama a sí los discípulos, Pedro, Santiago y Juan, y estos no entienden plenamente lo que está sucediendo con Él.

Un elemento separa las dos escenas: en el Tabor óyese la voz del Padre que consuela al hijo; en el Getsemaní, no se oye ninguna voz, observó el Franciscano. Allí, envés, es Jesús que se dirige al Padre, acogiendo que sea hecha su voluntad.
Esa voluntad originaria, destaca el Fray, no quiere la muerte del Hijo, sino la salvación.

Dice fray Michellini, citando a Romano Guardini:

"Jesús vino para redimir a su pueblo y, con él, el mundo. Eso debería cumplirse mediante la dedicación de la fe y del amor; pero tal dedicación vaciló. Entretanto, permaneció el mandato del Padre, pero este cambió de forma. Cuando se concretó por consecuencia del rechazo, el destino amargo de la muerte se tornó la nueva forma de la redención - aquella que para nosotros es la redención en sentido puro y simple".

Más adelante, llegando al final de sus consideraciones, el predicador hizo las habituales preguntas para las reflexiones de los oyentes:

-¿Cómo nos colocamos delante de la angustia de nuestro prójimo? ¿Mantenemos los ojos abiertos, rezamos, o nos adormecemos como los tres discípulos?

-¿La voluntad de Dios es comprendida por nosotros como una "extravagancia", algo que "se debe hacer" porque "Alguien decidió", o veo en ella la Santa voluntad de bien para todos? (JSG)

 


 

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