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Cardenal Sarah advierte que no predicar la castidad a homosexuales significa humillarlos
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22 de Junio de 2017 / 0 Comentarios
 
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Ciudad del Vaticano (Jueves, 22-06-2017, Gaudium Press) El Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, escribió el prólogo del libro "Por qué no me llamo gay: Cómo reclamé mi identidad sexual y encontré paz", del autor Daniel Mattson, colaborador del ministerio católico Courage para creyentes con atracción hacia personas del mismo sexo. El purpurado recordó el llamado universal a la santidad, el cual debe ser predicado a todas las personas, y afirmó el deber de la Iglesia de exponer la verdad y las exigencias del Evangelio también a las personas que sienten este tipo de atracción.

CARD ROBERT SARAH GAUDIUM PRESS.jpg
Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino. Foto: Fr. Lawrence Lew, O.P.
El Cardenal recordó su asistencia a un encuentro sobre pastoral en el cual varios creyentes compartieron sus testimonios de conversión. "Llegué a conocer conocer cómo estas pobres almas sufrieron, algunas veces por circunstancias fuera de su control, y otras veces por sus propias decisiones", recordó el Prefecto. "Sentí la soledad, el dolor y la infelicidad que soportaron como resultado de perseguir una vida contraria a su verdadera identidad como hijos de Dios". El purpurado destacó que, si bien cargan su cruz, estas personas encontraron la paz y la alegría al retornar a Dios.

"La sensibilidad y el respeto al que nos llama justamente el Catecismo no nos da permiso de privar a los hombres y mujeres que experimentan atracción al mismo sexo de la plenitud del Evangelio", indicó el Card. Sarah. "Omitir las 'frases duras' de Cristo y su Iglesia no es caridad. De hecho es una falta de servicio al Señor y a quienes fueron creados en su imagen y semejanza y redimidos por su Preciosa Sangre". El Prefecto indicó que no se puede pretender ser más misericordioso que Cristo, quien afirmó a la mujer pecadora "dos mensajes igualmente importantes: 'Yo tampoco te condeno; vete y no peques más'".

El Cardenal recordó que la virtud de la castidad es "para todos los discípulos" sin distinción. Por este motivo es un error no invitar a las personas con atracción al mismo sexo a su práctica de acuerdo a la doctrina de la Iglesia. "Ellos 'están llamados a la castidad' y nosotros los humillamos si pensamos que no pueden adquirir esta virtud", expresó el purpurado. Estas personas son capaces y deben buscar la perfección cristiana, siguiendo la vocación de todo bautizado.

"La Iglesia enfrenta muchos desafíos y amenazas hoy. Por esta razón, la unidad por la cual nuestro Señor oró tan urgentemente es imperativa, especialmente en el clero", exhortó el Card. Sarah. "Jesús oró para que sus sacerdotes fueran santificados 'en la verdad' (Jn. 17, 17). Nosotros sólo podemos ser Santos y guiar a otros a la santidad, en cuanto nos permitamos ser 'consagrados en la verdad'". El Cardenal concluyó recordando que sólo la plenitud del Evangelio llena el corazón humano y sólo los Mandamientos pueden marcar el camino de la amistad con Cristo y los hermanos.

Con información de Ignatius Press.

 

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Cardenal Sarah advierte que no predicar la castidad a homosexuales significa humillarlos

Ciudad del Vaticano (Jueves, 22-06-2017, Gaudium Press) El Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, escribió el prólogo del libro "Por qué no me llamo gay: Cómo reclamé mi identidad sexual y encontré paz", del autor Daniel Mattson, colaborador del ministerio católico Courage para creyentes con atracción hacia personas del mismo sexo. El purpurado recordó el llamado universal a la santidad, el cual debe ser predicado a todas las personas, y afirmó el deber de la Iglesia de exponer la verdad y las exigencias del Evangelio también a las personas que sienten este tipo de atracción.

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Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino. Foto: Fr. Lawrence Lew, O.P.
El Cardenal recordó su asistencia a un encuentro sobre pastoral en el cual varios creyentes compartieron sus testimonios de conversión. "Llegué a conocer conocer cómo estas pobres almas sufrieron, algunas veces por circunstancias fuera de su control, y otras veces por sus propias decisiones", recordó el Prefecto. "Sentí la soledad, el dolor y la infelicidad que soportaron como resultado de perseguir una vida contraria a su verdadera identidad como hijos de Dios". El purpurado destacó que, si bien cargan su cruz, estas personas encontraron la paz y la alegría al retornar a Dios.

"La sensibilidad y el respeto al que nos llama justamente el Catecismo no nos da permiso de privar a los hombres y mujeres que experimentan atracción al mismo sexo de la plenitud del Evangelio", indicó el Card. Sarah. "Omitir las 'frases duras' de Cristo y su Iglesia no es caridad. De hecho es una falta de servicio al Señor y a quienes fueron creados en su imagen y semejanza y redimidos por su Preciosa Sangre". El Prefecto indicó que no se puede pretender ser más misericordioso que Cristo, quien afirmó a la mujer pecadora "dos mensajes igualmente importantes: 'Yo tampoco te condeno; vete y no peques más'".

El Cardenal recordó que la virtud de la castidad es "para todos los discípulos" sin distinción. Por este motivo es un error no invitar a las personas con atracción al mismo sexo a su práctica de acuerdo a la doctrina de la Iglesia. "Ellos 'están llamados a la castidad' y nosotros los humillamos si pensamos que no pueden adquirir esta virtud", expresó el purpurado. Estas personas son capaces y deben buscar la perfección cristiana, siguiendo la vocación de todo bautizado.

"La Iglesia enfrenta muchos desafíos y amenazas hoy. Por esta razón, la unidad por la cual nuestro Señor oró tan urgentemente es imperativa, especialmente en el clero", exhortó el Card. Sarah. "Jesús oró para que sus sacerdotes fueran santificados 'en la verdad' (Jn. 17, 17). Nosotros sólo podemos ser Santos y guiar a otros a la santidad, en cuanto nos permitamos ser 'consagrados en la verdad'". El Cardenal concluyó recordando que sólo la plenitud del Evangelio llena el corazón humano y sólo los Mandamientos pueden marcar el camino de la amistad con Cristo y los hermanos.

Con información de Ignatius Press.

 


 

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