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El abandono del desvalido
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23 de Agosto de 2017 / 0 Comentarios
 
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Redacción (Miércoles, 23-08-2017, Gaudium Press) Detectar un niño con síndrome de Down en el vientre de su madre y matarlo, es una nueva ley en Islandia (1). Que el Estado o alguna institución privada asuman los costos y responsabilidad amorosa de educarlo y entrenarlo para algún oficio por elemental que sea, probablemente no fue ni considerado cuando se propuso la aprobación de esa ley. Además implicaría una práctica paciente de caridad no solamente de la madre y la familia sino de toda la sociedad en general. Esto es lo que quiso Nuestro Señor Jesucristo cuando nos enseñó amarnos unos a otros como Él nos ha amado.

No tener compasión por un niño en ese estado, ni que en la sociedad haya almas dispuestas a tenderle la mano y velar por él sin importar costos ni beneficios, sacrificios y renuncias al bienestar personal, es un retroceso asombroso del amor fraterno, de la solidaridad y la ayuda humanitaria. De hecho es más fácil y simple matarlo. No querer hacerse cargo del desvalido nos asemeja más a las manadas de los animales.

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No cuidar al desvalido nos asemeja a los animales

Santa Isabel de Hungría da limosnas, lienzo de Jean Faur Courrège

En estos tiempos de opulencia y gran desarrollo científico, de facilidades y supuesto alto entrenamiento educativo profesional, no se consiguió que la academia creara programas especializados para formar ética y científicamente profesionales para ayudar a sobrellevar cristianamente el sufrimiento. Ni siquiera las universidades que se dicen católicas tienen un programa o una carrera para capacitar hombres y mujeres en esa actividad así fuese simplemente por un elemental sentimiento filantrópico o por generarse ingresos honradamente. Estamos ante la cruda y triste realidad de una sociedad que renunció consciente y voluntariamente a la práctica de la caridad.

¿A quién reclamarle esta horrorosa situación en que cayó la humanidad? Por supuesto que no al Estado laico y liberal que en nombre de la igualdad, la libertad y la fraternidad decapitó nobles, confiscó propiedades, exclaustró órdenes religiosas y persiguió las vocaciones religiosas femeninas y masculinas dedicadas a los desvalidos y hoy día las asfixia con impuestos. Era de esperarse que no se preocupara cristianamente de los desfavorecidos pues la caridad no tiene espacio entre quienes hacen favores solamente tras réditos políticos, ideológicos e incluso económicos. Así que es pérdida de tiempo pretender pedirle peras al olmo. Es de lógica elemental deducir que no iba a ser el liberalismo utilitarista la ideología caritativa que velara por los niños con retardos mentales o deformaciones físicas.

¿Entonces quién debe responder por esas leyes cada día más crueles? Negarle a un niño el derecho a vivir por más monstruoso que nazca, es negarle el derecho a ser feliz eternamente. Dios lo creo solamente para eso, para ser feliz en la eternidad junto a Él en el lugar más maravilloso de toda la creación. Convertido en cuerpo glorioso tras la resurrección vivirá sin dolores, ni miedo, sin discriminaciones ni desprecios. Estará contento consigo mismo y todo mundo lo aceptará con cariño y ternura. Será plenamente feliz y ya nadie le negará esa felicidad ete-rna cada instante en aumento y sin fin. Reconstruido como re-construidos serán todos los cuerpos, aun los que ya estaban convertidos en puro polvo o quizá con sus restos desparecidos completamente de la tierra, esos niños serán felices con su ser recompuesto en el amor eterno. Habrán completado su ciclo vital de acuerdo con la voluntad divina sin que nadie se lo haya interrumpido criminalmente, y sobre todo Dios será glorificado por quienes prefirieron sobrellevar al desvalido haciéndole más soportable la vida terrena y prepararlo para el Cielo. Al fin y al cabo el paso por esta vida es una "mala noche en una incómoda posada" decía la gran Santa Teresa de Jesús, y la felicidad que nos espera es inimaginable.

Por Antonio Borda

(1). Denver, Ago. 16, 2017 / 3:11PM (EWTN Noticias)

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El abandono del desvalido

Redacción (Miércoles, 23-08-2017, Gaudium Press) Detectar un niño con síndrome de Down en el vientre de su madre y matarlo, es una nueva ley en Islandia (1). Que el Estado o alguna institución privada asuman los costos y responsabilidad amorosa de educarlo y entrenarlo para algún oficio por elemental que sea, probablemente no fue ni considerado cuando se propuso la aprobación de esa ley. Además implicaría una práctica paciente de caridad no solamente de la madre y la familia sino de toda la sociedad en general. Esto es lo que quiso Nuestro Señor Jesucristo cuando nos enseñó amarnos unos a otros como Él nos ha amado.

No tener compasión por un niño en ese estado, ni que en la sociedad haya almas dispuestas a tenderle la mano y velar por él sin importar costos ni beneficios, sacrificios y renuncias al bienestar personal, es un retroceso asombroso del amor fraterno, de la solidaridad y la ayuda humanitaria. De hecho es más fácil y simple matarlo. No querer hacerse cargo del desvalido nos asemeja más a las manadas de los animales.

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No cuidar al desvalido nos asemeja a los animales

Santa Isabel de Hungría da limosnas, lienzo de Jean Faur Courrège

En estos tiempos de opulencia y gran desarrollo científico, de facilidades y supuesto alto entrenamiento educativo profesional, no se consiguió que la academia creara programas especializados para formar ética y científicamente profesionales para ayudar a sobrellevar cristianamente el sufrimiento. Ni siquiera las universidades que se dicen católicas tienen un programa o una carrera para capacitar hombres y mujeres en esa actividad así fuese simplemente por un elemental sentimiento filantrópico o por generarse ingresos honradamente. Estamos ante la cruda y triste realidad de una sociedad que renunció consciente y voluntariamente a la práctica de la caridad.

¿A quién reclamarle esta horrorosa situación en que cayó la humanidad? Por supuesto que no al Estado laico y liberal que en nombre de la igualdad, la libertad y la fraternidad decapitó nobles, confiscó propiedades, exclaustró órdenes religiosas y persiguió las vocaciones religiosas femeninas y masculinas dedicadas a los desvalidos y hoy día las asfixia con impuestos. Era de esperarse que no se preocupara cristianamente de los desfavorecidos pues la caridad no tiene espacio entre quienes hacen favores solamente tras réditos políticos, ideológicos e incluso económicos. Así que es pérdida de tiempo pretender pedirle peras al olmo. Es de lógica elemental deducir que no iba a ser el liberalismo utilitarista la ideología caritativa que velara por los niños con retardos mentales o deformaciones físicas.

¿Entonces quién debe responder por esas leyes cada día más crueles? Negarle a un niño el derecho a vivir por más monstruoso que nazca, es negarle el derecho a ser feliz eternamente. Dios lo creo solamente para eso, para ser feliz en la eternidad junto a Él en el lugar más maravilloso de toda la creación. Convertido en cuerpo glorioso tras la resurrección vivirá sin dolores, ni miedo, sin discriminaciones ni desprecios. Estará contento consigo mismo y todo mundo lo aceptará con cariño y ternura. Será plenamente feliz y ya nadie le negará esa felicidad ete-rna cada instante en aumento y sin fin. Reconstruido como re-construidos serán todos los cuerpos, aun los que ya estaban convertidos en puro polvo o quizá con sus restos desparecidos completamente de la tierra, esos niños serán felices con su ser recompuesto en el amor eterno. Habrán completado su ciclo vital de acuerdo con la voluntad divina sin que nadie se lo haya interrumpido criminalmente, y sobre todo Dios será glorificado por quienes prefirieron sobrellevar al desvalido haciéndole más soportable la vida terrena y prepararlo para el Cielo. Al fin y al cabo el paso por esta vida es una "mala noche en una incómoda posada" decía la gran Santa Teresa de Jesús, y la felicidad que nos espera es inimaginable.

Por Antonio Borda

(1). Denver, Ago. 16, 2017 / 3:11PM (EWTN Noticias)

Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/89432-El-abandono-del-desvalido. Se autoriza su publicación desde que cite la fuente.



 

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