Gaudium Press Español https://es.gaudiumpress.org | Agencia de Noticias Católicas - Un instrumento de la nueva evangelización Mon, 17 Aug 2026 15:45:24 +0000 es hourly 1 En el antiguo rancho de Epstein ya no ‘asustan’: nuevos dueños católicos lo exorcizaron https://es.gaudiumpress.org/content/en-el-antiguo-rancho-de-epstein-ya-no-asustan-nuevos-duenos-catolicos-lo-exorcizaron/ https://es.gaudiumpress.org/content/en-el-antiguo-rancho-de-epstein-ya-no-asustan-nuevos-duenos-catolicos-lo-exorcizaron/#respond Mon, 17 Aug 2026 15:45:24 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=209824 “Para nosotros esto es real: los demonios, el diablo”, explicó Devin Huffines, integrante de la familia católica y texana que adquirió la propiedad. Redacción (17/08/2026 10:34, Gaudium Press) Hay lugares que parecen guardar el eco de lo que ocurrió entre sus muros, algo a la manera de una herencia maldita. El rancho Zorro, en las... Ver artículo

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“Para nosotros esto es real: los demonios, el diablo”, explicó Devin Huffines, integrante de la familia católica y texana que adquirió la propiedad.

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Redacción (17/08/2026 10:34, Gaudium Press) Hay lugares que parecen guardar el eco de lo que ocurrió entre sus muros, algo a la manera de una herencia maldita. El rancho Zorro, en las tierras altas de Nuevo México, a media hora de Santa Fe, en EE.UU., es uno de ellos.

Durante más de dos décadas perteneció a Jeffrey Epstein, el infame financiero convertido en sinónimo de abuso y red de tráfico sexual que aún hoy sigue causando conmoción en Estados Unidos y allende las fronteras. Varias mujeres han denunciado haber sido víctimas de abusos en esa misma propiedad. Epstein murió en prisión en 2019, pero el rancho —7.622 acres de silencio y sospecha— quedó como una oscura cicatriz en el paisaje, un lugar que muchos preferían no nombrar.

Nadie hubiera apostado a que ese terreno terminaría convertido en un espacio de oración.
Una familia dividida

En el años 2023, la finca cambió de manos. La compró, a través de una sociedad, la familia Huffines, texana y católica, encabezada por Don Huffines, empresario inmobiliario y figura política de Texas. Pero la decisión no fue una decisión unánime ni sencilla. Devin Huffines, uno de los cinco hijos de Don, reconoció después que buena parte de la familia se resistió a la adquisición desde el primer momento.

Particularmente su madre y sus hermanas se opusieron con firmeza: la sola idea de vincular su apellido a un lugar tan marcado por el mal les resultaba insoportable. Pero Devin y su padre vieron algo distinto donde otros solo veían escándalo: la posibilidad de arrancarle a ese terreno su siniestra historia y escribirle, con notas católicas, una nueva. Sus razones terminaron prevaleciendo, además, por saber que parte del dinero de la compra se destinaría a las víctimas de Epstein. Así, lo que empezó como un rechazo instintivo se transformó en lo que Devin llamó una oportunidad irrepetible.

Tres días de exorcismo

Antes de abrir una sola cabaña o sembrar un solo huerto, la familia quiso hacer algo que, para ellos, era ineludible: purificar la tierra. Hicieron venir desde Ohio a un sacerdote exorcista. El ritual no fue cosa de una tarde: le tomó tres jornadas completas recorrer cada rincón de la propiedad, bendiciendo y exorcizando lo que hiciera falta.

“Para nosotros esto es real: los demonios, el diablo”, explicó Devin Huffines, describiendo la fe con la que su familia afrontó ese momento. No se trataba de un gesto simbólico ni de una puesta en escena: para los Huffines, católicos practicantes, el mal dejado por años de abuso necesitaba una respuesta espiritual, no solo una reforma arquitectónica.

Con todo, la familia fue clara en algo: la tierra misma no es culpable. “El terreno no es malo, no comete crímenes, no peca”, insistió Devin, recordando que el pecado pertenece a las personas, no a los lugares. Esa distinción teológica —tan antigua como la doctrina católica sobre el mal moral— fue, en cierto modo, la brújula de todo el proyecto.

De la oscuridad a la luz

El primer gesto simbólico llegó con el cambio de nombre. El rancho Zorro pasó a llamarse rancho San Rafael, en honor al arcángel conocido como “medicina de Dios”. Pocos nombres podían resultar más elocuentes para una propiedad que buscaba sanar.

Mientras tanto, las autoridades de Nuevo México reabrían una investigación sobre las presuntas actividades delictivas ocurridas allí en tiempos de Epstein. Con el consentimiento de los propios Huffines, decenas de investigadores —Devin habló de unos sesenta— llegaron a peinar el terreno con radares de penetración, drones térmicos y perros adiestrados para detectar cadáveres. Fue, según su relato, un momento en el que no pudo evitar preguntarse qué había ocurrido realmente entre esas paredes antes de que su familia llegara.

Pero la respuesta de los nuevos dueños no fue el silencio ni el abandono, sino la construcción. El proyecto contempla un centro de retiros cristiano, con cabañas destinadas a la oración y al ayuno, además de actividades propias de la vida rural: pesca, caza, un campo de tiro y cabalgatas. En la entrada, que antes custodiaba la privacidad de un depredador, se levantará pronto un cartel con un mensaje que resume la nueva vocación del lugar: “Todos los que vienen en el nombre del Señor son bienvenidos”.

La historia del rancho San Rafael no borra el sufrimiento que allí se vivió, ni pretende hacerlo. Pero sí ofrece una lección que la tradición católica ha sostenido siempre: ningún lugar está condenado para siempre por el mal cometido en él. Lo que fue escenario de abuso hoy se prepara para ser lugar de oración; lo que llevaba el nombre de un depredador ahora invoca al ángel que “sana”.

Con información de Infocatólica.

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Mons. Mutsaerts: Parroquia con párroco santo tiene más futuro que diócesis con 20 grupos de sinodalidad https://es.gaudiumpress.org/content/mobns-mutsaerts-parroquia-con-parroco-santo-tiene-mas-futuro-que-diocesis-con-20-grupos-de-sinodalidad/ https://es.gaudiumpress.org/content/mobns-mutsaerts-parroquia-con-parroco-santo-tiene-mas-futuro-que-diocesis-con-20-grupos-de-sinodalidad/#respond Mon, 17 Aug 2026 15:18:20 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=209810 El obispo neerlandés Rob Mutsaerts pregunta al Papa qué frutos ha dado el proceso sinodal y advierte de que la Iglesia posee un tesoro que el mundo necesita, pero «se ha quedado en Emaús» discutiendo sobre sí misma. «El obispo debe escuchar. El sacerdote debe escuchar. Pero, ¿a quién debe escuchar la Iglesia ante todo?»... Ver artículo

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El obispo neerlandés Rob Mutsaerts pregunta al Papa qué frutos ha dado el proceso sinodal y advierte de que la Iglesia posee un tesoro que el mundo necesita, pero «se ha quedado en Emaús» discutiendo sobre sí misma. «El obispo debe escuchar. El sacerdote debe escuchar. Pero, ¿a quién debe escuchar la Iglesia ante todo?»

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Mons. Mutsaerts – Foto: Diócesis de Den Bosch

Redacción (17/08/2026 10:09, Gaudium Press) El Obispo auxiliar de ‘s-Hertogenbosch, Rob Mutsaerts, ha publicado una extensa carta abierta dirigida al Papa León XIV en la que cuestiona los frutos del proceso sinodal y pide al Pontífice que devuelva a la Iglesia la prioridad de la evangelización y la proclamación clara del Evangelio. La carta, publicada el 13 de agosto en el sitio web del prelado neerlandés, constituye una de las críticas episcopales más articuladas al modelo sinodal impulsado desde Roma en los últimos años.

Mutsaerts sitúa su intervención bajo un principio que considera irrenunciable: salus animarum suprema lex, la salvación de las almas como ley suprema. «Mi pregunta es sencilla y grave: ¿está ayudando el proceso sinodal a acercar realmente las almas a Cristo y a la salvación eterna?», escribe el obispo, que subraya que no actúa por falta de respeto al ministerio petrino, sino «por amor a ese mismo ministerio».

Las preguntas incómodas

El núcleo de la carta es una batería de preguntas que el obispo plantea sin ambages: ¿se ha fortalecido la fe? ¿Se ha proclamado a Cristo con mayor claridad? ¿Se ha profundizado la identidad católica? ¿Han aumentado las conversiones, la asistencia a misa, las vocaciones sacerdotales? ¿Ha crecido la reverencia eucarística? ¿Se ha clarificado la enseñanza moral de la Iglesia?

«Cuando se plantean estas preguntas, resulta imposible considerar el Sínodo como un éxito», concluye Mutsaerts, que advierte además de que el proyecto sinodal no ha concluido realmente: la fase de implementación se prolonga mediante encuentros diocesanos, nacionales y continentales hasta una asamblea eclesial prevista en Roma en octubre de 2028. «Lo que comenzó como un Sínodo de 2021-2024 amenaza con convertirse en una forma permanente de gobierno».

Un proceso que se convierte en fin

El obispo neerlandés señala lo que considera una anomalía de origen: que el Sínodo sobre la Sinodalidad convierte el proceso en su propio objeto. «Se podría comparar con una reunión que se reúne interminablemente para discutir cómo hay que reunirse en adelante», escribe.

Mutsaerts reconoce que la Iglesia ha celebrado concilios y sínodos desde la antigüedad, pero distingue entre el sínodo clásico como medio para abordar un problema concreto y la sinodalidad como paradigma eclesial permanente. «En el discurso sinodal actual, la sinodalidad amenaza con convertirse en un fin en sí misma. Y ahí comienza, desde una perspectiva católica tradicional, el problema».

La Iglesia no nace del diálogo

La carta profundiza en una cuestión eclesiológica de fondo: la Iglesia no comienza con el diálogo humano, sino con Cristo. «Cristo no fundó un grupo de discusión. Llamó apóstoles. Les dio autoridad. Los envió a proclamar, bautizar y enseñar», recuerda Mutsaerts, que se apoya en san Pablo para subrayar que la fe se recibe, se transmite y se custodia, no se produce por consenso.

«Si mañana el 90 por ciento de los católicos dejara de creer en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, Cristo no estaría por ello menos realmente presente. Si el 80 por ciento rechazara una determinada enseñanza moral, esa enseñanza no se volvería automáticamente falsa», argumenta. «La verdad no se produce por consenso. Ese es el primer gran campo de tensión en torno al proyecto sinodal».

«Escuchar»: ¿a quién y en qué orden?

El obispo aborda uno de los conceptos clave del proceso sinodal, el de la escucha, y advierte del riesgo de invertir las prioridades. «El obispo debe escuchar. El sacerdote debe escuchar. Pero, ¿a quién debe escuchar la Iglesia ante todo?», plantea. La respuesta, sostiene, es «a Cristo, a la Escritura, a la Tradición apostólica, a los santos, al testimonio de veinte siglos de cristianismo, al Magisterio. Y, naturalmente, también a los fieles».

En ciertos textos sinodales, sin embargo, la secuencia se invierte: «Se parte de las experiencias, deseos, frustraciones y expectativas del hombre contemporáneo y luego se pregunta cómo debe reaccionar la Iglesia». Mons. Mutsaerts identifica aquí un peligro: «¿Qué sucede cuando los deseos del hombre moderno chocan con el Evangelio? Entonces no es el Evangelio el que debe cambiar; es el hombre. Eso se llama, en el cristianismo, conversión. Y precisamente esa palabra suena llamativamente poco en muchas discusiones eclesiales modernas».

El elefante en la sala sinodal

La carta señala una discrepancia entre los temas que dominan el debate sinodal y la crisis real de la Iglesia en Occidente. Las iglesias se vacían, las parroquias se fusionan, los monasterios desaparecen, las órdenes religiosas envejecen, el conocimiento de la fe disminuye, la vida sacramental se debilita. Ante ese panorama, sostiene Mons. Mutsaerts, cabría esperar que la gran operación eclesial mundial se concentrase en una pregunta: ¿cómo ganar de nuevo al mundo para Cristo?

En cambio, buena parte de la atención se dirige a «estructuras, participación, procesos de toma de decisiones, responsabilidad de las mujeres, inclusividad, relaciones de autoridad y el funcionamiento de los órganos eclesiásticos». El obispo no niega que sean temas legítimos, pero recurre a una imagen elocuente: «Una casa en llamas tiene otras prioridades que los asuntos domésticos».

Mons. Mutsaerts describe además lo que denomina una «ley de Parkinson eclesiástica»: «Cuanta menos evangelización, más comisiones sobre evangelización. Cuantas menos vocaciones, más documentos sobre vocaciones. Cuanta menos gente va a la iglesia, más largas se hacen las reuniones sobre el ser eclesial».

Expectativas que no se pueden satisfacer

Otro aspecto que el obispo considera problemático es que el proceso sinodal haya alentado expectativas sobre temas en los que la Iglesia posee una enseñanza definida: el diaconado femenino, el sacerdocio, la moral sexual, las relaciones homosexuales, la descentralización del gobierno eclesial. «Cuando estos temas se discuten durante años, surge naturalmente la impresión de que finalmente podrán ser cambiados. De lo contrario, no se hablaría interminablemente de ellos», razona.

El resultado, advierte, es una «paradoja pastoral»: se pide a las personas que expresen sus expectativas y luego resulta que algunas son imposibles de cumplir sin poner en peligro la continuidad de la doctrina. «Eso no es ganancia pastoral. Es una receta para la frustración».

La alternativa olvidada: la santidad

Frente al modelo sinodal, Mutsaerts propone recuperar lo que considera el motor histórico de toda auténtica reforma católica: la santidad. «Las grandes reformas católicas casi nunca comenzaron con estructuras. Comenzaron con santos», escribe, y enumera a san Benito, san Francisco, santo Domingo, santa Catalina de Siena, san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Ávila, san Juan Bosco, santa Teresa de Lisieux, san Maximiliano Kolbe y san Juan Pablo II.

«Una parroquia con un párroco santo tiene más futuro que una diócesis con veinte grupos de trabajo sobre sinodalidad», afirma el obispo, que propone una inversión de prioridades: «No menos escucha, sino más santidad. No menos participación, sino más conversión. No menos diálogo, sino más proclamación».

De Emaús a Jerusalén

La carta concluye con una relectura del relato de los discípulos de Emaús como modelo de auténtica sinodalidad católica. Cristo camina con los discípulos, escucha, les deja hablar. «Hasta aquí, cualquier manual sinodal podría asentir con entusiasmo», observa Mutsaerts. «Pero entonces ocurre lo decisivo: Cristo no confirma su interpretación. La corrige. Les abre las Escrituras. Les enseña cómo deben entender los acontecimientos. Y finalmente le reconocen al partir el pan».

Los discípulos, subraya el obispo, no se quedan evaluando su experiencia: «Se levantan, vuelven a Jerusalén, van a proclamar». En cambio, sostiene, «el proceso sinodal se ha quedado en Emaús y la pregunta es si saldrá de allí».

La carta se cierra con una petición directa al Papa: «Denos claridad. Cuando el mundo habla con incertidumbre, que Pedro hable con claridad. Cuando la Iglesia se cansa de las discusiones internas, señálenos de nuevo a Cristo». Y recuerda las palabras del propio Pedro: «Señor, ¿a quién iríamos? Tus palabras son palabras de vida eterna».

Mons. Mutsaerts se suma así a otros prelados que han expresado públicamente sus críticas al proceso sinodal.

Con información de Infocatólica.

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La sombra de Trump sobre el viaje de León XIV a América Latina https://es.gaudiumpress.org/content/la-sombra-de-trump-sobre-el-viaje-de-leon-xiv-a-america-latina/ https://es.gaudiumpress.org/content/la-sombra-de-trump-sobre-el-viaje-de-leon-xiv-a-america-latina/#respond Mon, 17 Aug 2026 15:05:50 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=209803 León XIV no viajará como líder de la oposición a Trump, sino como pastor de la Iglesia universal. Redacción (17/08/2026 10:02, Gaudium Press) En su artículo «La figura de Trump probablemente se cernirá sobre el viaje del Papa a Latinoamérica», publicado en el sitio web Crux, el periodista Charles Collins parte de una observación razonable:... Ver artículo

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León XIV no viajará como líder de la oposición a Trump, sino como pastor de la Iglesia universal.

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Foto: Vatican Media

Redacción (17/08/2026 10:02, Gaudium Press) En su artículo «La figura de Trump probablemente se cernirá sobre el viaje del Papa a Latinoamérica», publicado en el sitio web Crux, el periodista Charles Collins parte de una observación razonable: el viaje de León XIV a Latinoamérica difícilmente se informará únicamente desde una perspectiva religiosa. El Papa visitará Uruguay, Argentina y Perú pocos días después de las elecciones legislativas estadounidenses, en un continente marcado por cambios políticos y gobiernos que mantienen relaciones muy diferentes con Donald Trump.

Sin embargo, la tesis del artículo se centra menos en el viaje en sí que en la forma en que se presentará al público. Según Collins, Trump podría ocupar el centro de la narrativa incluso sin estar presente. Cualquier declaración de León XIV sobre inmigración, paz, corrupción o el estado de derecho corre el riesgo de ser interpretada inmediatamente como una respuesta al presidente estadounidense.

En esto, Collins tiene razón. Trump posee una habilidad inusual para transformar los acontecimientos ajenos en capítulos de su propia historia. Además, dado que León XIV fue el primer Papa nacido en Estados Unidos, será inevitable que parte de la prensa compare sus enseñanzas con las políticas de la Casa Blanca.

Sin embargo, el propio Pontífice ya ha ofrecido una clave más adecuada para comprender su identidad. León XIV declaró que se considera Papa de todos los que «tienen la suerte de ser americanos». Por lo tanto, su decisión de visitar Latinoamérica antes que Estados Unidos no debe interpretarse como una afrenta a Trump. Puede explicarse por razones pastorales mucho más evidentes.

Perú ocupa un lugar central en la vida del Papa, donde trabajó como misionero y fue obispo de Chiclayo. Argentina es la patria de Francisco, quien no regresó al país durante su pontificado. Uruguay, a su vez, representa un encuentro con una sociedad fuertemente secularizada. Este viaje contiene suficiente material católico como para no tener que etiquetar cada discurso papal con un sesgo electoral.

El problema del artículo de Collins radica en que corre el riesgo de reproducir el fenómeno que pretende denunciar. Al afirmar que la figura de Trump ensombrecerá el viaje del Papa, el periodista termina situando al presidente estadounidense en el centro de un evento cuyo protagonista debería ser el sucesor de Pedro y cuyo propósito será esencialmente apostólico.

El texto examina extensamente la alineación de Javier Milei y Keiko Fujimori con Trump, el giro a la derecha de varios gobiernos latinoamericanos y el fortalecimiento de la influencia estadounidense en la región. Sin embargo, dedica poca atención a los desafíos específicamente religiosos del continente: la secularización, la relativa disminución de la presencia católica, el crecimiento de las comunidades evangélicas, la crisis vocacional, la pobreza, la migración, la evangelización de los pueblos indígenas y la polarización existente dentro de la propia Iglesia.

Collins comprende perfectamente el mecanismo por el cual cada gesto papal puede transformarse en un nuevo episodio de la disputa política estadounidense, pero dice poco sobre lo que la presencia del Papa podría representar para los católicos latinoamericanos.

También sería un error presentar a León XIV como una especie de «anti-Trump» vestido de blanco. Cuando el Papa habla de la dignidad de los migrantes, de la paz o de los límites morales del poder, no necesariamente está formulando una plataforma partidista; está aplicando principios permanentes de la moral cristiana.

Ninguna corriente política, sea de derecha o de izquierda, tiene el monopolio de la doctrina católica. Un Papa puede condenar el trato inhumano a los inmigrantes y reconocer el derecho de los Estados a gestionar sus fronteras. Puede defender la paz sin negar la legítima defensa. Puede denunciar la pobreza sin adherirse al socialismo y defender la vida y la familia sin transformar la Iglesia en una rama religiosa de algún partido conservador.

La verdadera cuestión, por lo tanto, no es si León XIV apoyará o se opondrá a Trump, Milei o Fujimori. La verdadera pregunta católica es cómo proclamará a Cristo, confirmará a los fieles en la fe y responderá a los serios desafíos espirituales que enfrenta Latinoamérica.

Collins lanza una advertencia pertinente: el viaje podría verse influenciado por la polarización estadounidense. Trump podría dominar la cobertura mediática, especialmente si decide comentar al respecto en las redes sociales. Sin embargo, no debería influir en la comprensión católica del evento.

León XIV no viajará como líder de la oposición a Trump, sino como pastor de la Iglesia universal. Corresponderá a la prensa católica recordar esta diferencia y resistir la tentación de convertir cada homilía en un mensaje cifrado para la Casa Blanca. Al fin y al cabo, no todo en el mundo gira en torno a Donald Trump (y sería bueno avisarle).

Por Rafael Ribeiro

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Santa Beatriz de Silva, fundadora, una reina celosa casi la asesina https://es.gaudiumpress.org/content/santa-beatriz-de-silva-fundadora-una-reina-celosa-casi-la-asesina-2/ https://es.gaudiumpress.org/content/santa-beatriz-de-silva-fundadora-una-reina-celosa-casi-la-asesina-2/#respond Mon, 17 Aug 2026 14:17:00 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=209795 La historia de Beatriz de Silva y Menezes es más que una santa aventura. Al final fue Isabel la Católica, hija de su casi asesina, instrumento para su fundación. Redacción (17/08/2026, Gaudium Press) Beatriz de Silva, la santa de hoy, es hija de nobles. Sus padres eran Don Rui Gomes da Silva, bravo caballero portugués... Ver artículo

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La historia de Beatriz de Silva y Menezes es más que una santa aventura. Al final fue Isabel la Católica, hija de su casi asesina, instrumento para su fundación.

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Redacción (17/08/2026, Gaudium Press) Beatriz de Silva, la santa de hoy, es hija de nobles. Sus padres eran Don Rui Gomes da Silva, bravo caballero portugués que participó en la toma de Ceuta y de Doña Isabel de Menezes, hija del Conde de Villa Real ilustre descendiente del primer monarca portugués Don Alfonso Henriques. Nació ahí, en ese hogar, en 1426 Beatriz da Silva e Menezes, octava hija del noble matrimonio. Doña Isabel educó muy en la fe católica a sus numerosa prole.

Beatriz era una niña inclinada a la virtud.

Hasta la edad de sus 23 años vivió calmadamente en el seno de su familia, pero fue en 1447 cuando su vida sufrió un gran cambio. La Princesa Doña Isabel –su prima hermana de 19 años de edad, iba a contraer matrimonio con Don Juan II de Castilla y la escogía para que fuera una de sus damas de honor en la Corte española. Ella puso esta perspectiva en manos de la Virgen.

Virtud intacta en medio de las tentaciones de la Corte – La Reina le tiene celos

En la Corte encontró un ambiente muy diverso del que había sido educada. El fausto y el lujo del S. XV estaba en su apogeo. No faltaban las envidias, las comparaciones, las competencias, las intrigas, la ambición y la hipocresía. En ese ambiente mundano destacaba la belleza, dignidad, gentileza y trato de Beatriz. Con su grandeza de alma se mantenía notoriamente muy por encima de todas las frivolidades mundanas, cualidad que al mismo tiempo la hacía ser muy condescendiente y bondadosa con todos, excepto, claro está, con aquellos o aquellas que ella notaba la podían desviar de su recto camino.

Sus virtudes comenzaron a suscitar los celos de la propia reina Isabel. Malvados rumores comenzaron a salpicar dudas sobre la virtud de Beatriz, esto porque el rey Don Juan II, hombre de carácter tímido e inseguro, algunas veces buscaba aliento para gobernar su reino, en las elevadas conversaciones que mantenía con ella. Surgieron entonces en la mente de la reina ideas fantasiosas acerca de la fidelidad conyugal del rey su esposo.

Poseída de un odio que se fue haciendo cada vez más profundo, la reina comenzó a maltratar y a humillar a Beatriz. Un día los celos se transforman en odio, y llegan al auge.

Una noche, cansada de su situación e implorando a la Virgen fuerzas, escucha golpes en la puerta. Era la Reina.

¡Sígueme! Le ordenó con voz firme la soberana. La joven dama dejando pronto sus aposentos, siguió a la reina que a pasos rápidos comenzó a dirigirse a la parte inferior del castillo.

¡Ja! Me has engañado hasta ahora. Pretendes conquistar al rey y librarte de mí para subir al trono de Castilla. ¡No lo conseguirás! Entra ahí (un cofre) o yo misma te arrojaré allá adentro. Mirándola firmemente, Beatriz le respondió:

Señora, queréis matarme pero sabéis que soy inocente de las culpas que me imputáis. Dios, justo juez, sea testigo de este vuestro acto. Que Él os perdone esta locura, prima mía dándoos la gracia del arrepentimiento para purificar vuestra alma. Doña Isabel la empujó con violencia dentro del cofre y cerró la tapa con una gran llave. Esperaba que la falta de oxígeno asfixiase a la que torpemente creía su “rival”.

Previendo que pronto moriría de asfixia, Beatriz rezó a la Virgen Inmaculada y entonces se le apareció Nuestra Señora vestida de blanco, con un manto azul y llevando al Niño Jesús en los brazos.

Hija mía, no morirás. Te conservaré la vida para la realización de lo que tanto has deseado. Fundarás una gran orden religiosa con el título de la Inmaculada Concepción. Tus hijas vestirán un hábito como estos vestidos que llevo y se dedicarán a servir a Dios en unión conmigo, le dijo Nuestra Señora.

Tres días pasó Beatriz en el cofre, llena de consolación y alegría sin sentir pasar el tiempo.

Su tío, Don Juan de Menezes, que también residía en la Corte, notando la ausencia de su sobrina, fue a pedirle noticias a Doña Isabel. Entonces la reina lo condujo hasta el lugar del cofre creyendo encontrar ahí un cadáver. Pero, ¡cuál no fue su sorpresa! Al abrir el cofre, salió Beatriz bella y reluciente como un diamante.

Se encuentra con San Francisco y San Antonio de Padua

Beatriz perdonó a su prima que se había arrepentido, pero resolvió alejarse de las intrigas de la Corte y buscar refugio en el monasterio de Santo Domingo el Real situado en Toledo. En aquellos tiempos era común que los conventos alojaran personas de alta categoría que, sin obligación de someterse al reglamento, llevaran sin embargo vida monacal. Y era ese el estilo de vida que Beatriz anhelaba. No le serviría más a una reina de la tierra, sino a la Reina de los Cielos.

Santa BEatriz de SilvaLa arrepentida reina Isabel, para reparar todo lo que había hecho, le preparó lo necesario para hacer aquel largo, arriesgado y penoso viaje. En el camino se encontró con dos frailes franciscanos que le hablaron proféticamente sobre el futuro de la fundación. Ella los convidó a cenar en la próxima posada donde se detendrían, pero a los ojos de todos, los dos frailes desaparecieron. Comprendió entonces Beatriz que se trataba nada menos que de San Francisco de Asís y San Antonio de Padua que se le aparecieron para fortalecerla y animarla a seguir en su emprendimiento.

Después de trasponer los umbrales de la clausura del monasterio, la noble dama cubrió para siempre su bello rostro con un velo blanco que usaría hasta el fin de su vida para ocultar su hermosura a los ojos del mundo y ofrecérsela solamente a Dios. Nunca más aquella bella fisonomía – que conservaría su lozanía frescura hasta la muerte, volvería a ser vista por las criaturas.

Beatriz vivía en el monasterio con un simple sayal, como una más, pero siempre con una virtud que la hacía destacar; y pasan y pasan los años.

La hija de su casi asesina, es la puerta para la fundación de la obra

En 1484 – Beatriz ya de 58 años de edad –, una importante visita llega al monasterio: era la reina Isabel la Católica, hija de la Isabel que había querido quitarle la vida.

Monasterio Toledo

Monasterio de Concepcionistas en Toledo

La reina de España, venía a pedir oraciones a las monjas, dada la difícil situación política en que se encontraba el reino. Habiendo tenido oportunidad de conversar con la reina, esta, al final de la conversación, muy interesada en lo que le contara Beatriz, le ofreció un palacio de su propiedad junto a la iglesia de la Santa Fe en el propio Toledo para que iniciara allí su tan anhelada obra. Beatriz vio en esa oferta la mano de la Divina Providencia y aceptó: ¡Había llegado el momento de la fundación!

La noticia de la fundación del nuevo monasterio corrió rápidamente por todas partes. Bien pronto se presentaron varias candidatas, la gran mayoría provenientes de familias de la nobleza que quería vincularse a esa nueva orden religiosa femenina perteneciente a las Concepcionistas Franciscanas, pues se había decidido que sería una rama de la Orden de los Frailes Menores o Franciscanos. A todas las candidatas Beatriz las instruiría sobre la austeridad de la vida monacal, la clausura rigurosa, el silencio y el espíritu de mortificación.

Doce de esas jóvenes perseveraron en sus piadosos deseos, incluida Filipa da Silva, sobrina de Santa Beatriz quien se empeñó totalmente en la formación de sus hijas espirituales, tomando como modelo y maestra a su Santa Madre la Virgen logrando que todas se moldearan por ese gran espíritu. Tenían como punto de honor, honrar la Inmaculada Concepción.

La constitución de la nueva comunidad no estuvo exenta de tropiezos, pero al final Dios venció.

En el mes de agosto de 1490, cuando todas las religiosas hacían el retiro para la solemne profesión de los votos religiosos y la recepción oficial del tan deseado bello hábito, la propia Santísima Virgen se le apareció a santa Beatriz y le dijo:

Hijita, no es mi voluntad ni la de mi Hijo que goces aquí en la tierra lo que tanto has deseado. De hoy en diez días estarás conmigo ya en el Paraíso.

Para suministrarle el Sacramento de la extrema unción de los enfermos, se tuvo que proceder al descubrirle el rostro, lo cual dejó a todos asombrados por su extrema belleza y una pequeña estrella que refulgía sobre su frente iluminándole la sonrisa. La estrella permaneció hasta que santa Beatriz exhaló su último suspiro el día 16 de agosto de 1491.

(Tomado de Revista Heraldos del Evangelio, Dic/2008)

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Ángelus papal: De la mujer cananea aprendemos humildad y determinación https://es.gaudiumpress.org/content/angelus-papal-de-la-mujer-cananea-aprendemos-humildad-y-determinacion/ https://es.gaudiumpress.org/content/angelus-papal-de-la-mujer-cananea-aprendemos-humildad-y-determinacion/#respond Sun, 16 Aug 2026 20:15:54 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=209788 En el Ángelus de este domingo 16 de agosto, celebrado en la Piazza della Libertà, en Castel Gandolfo, el Papa León XIV reflexionó sobre el Evangelio del día (Mt 15,21-28), que presenta a la mujer cananea como modelo de fe y confianza. Redacción (16/08/2026 15:12, Gaudium Press) Tras recordar la Solemnidad de la Asunción de... Ver artículo

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En el Ángelus de este domingo 16 de agosto, celebrado en la Piazza della Libertà, en Castel Gandolfo, el Papa León XIV reflexionó sobre el Evangelio del día (Mt 15,21-28), que presenta a la mujer cananea como modelo de fe y confianza.

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Foto: Vatican Media

Redacción (16/08/2026 15:12, Gaudium Press) Tras recordar la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, celebrada ayer en Italia, el Santo Padre subrayó que la comunión de María con su Hijo no se interrumpió ni siquiera con la muerte. Esta plenitud, recalcó, está reservada para quienes siguen a Jesús: «su resurrección no es un acontecimiento del pasado, sino una nueva vida que nos envuelve».

Esta realidad se manifiesta en la figura de la mujer cananea, figura central en el evangelio de hoy. A pesar de no pertenecer al pueblo de Israel y vivir en tierra extranjera, busca persistentemente hablar con Jesús, siguiéndolo como una discípula que ya tiene una conexión con Él. «Probablemente nunca se habían conocido, pero la fe ya había surgido misteriosamente en ella. No desea nada para sí misma, sino paz para su hija atormentada, y confía en Jesús, en quien reconoce al Mesías, descendiente de David», afirmó el Papa.

El relato evangélico no oculta los obstáculos que enfrenta esta mujer. Los discípulos la ven como una persona problemática, y el mismo Jesús parece resistirse a sus peticiones. El Maestro se había retirado a esa región, posiblemente buscando un lugar apartado para orar y formar a sus discípulos. Sin embargo, sucede algo inesperado. Reflexionando sobre esto, León XIV nos invita a comprender la actitud de Jesús, «quien cumple su misión dejándose conmover por lo que ve y oye». Al final, declara: «Mujer, ¡grande es tu fe! Que se haga contigo como deseas» (Mt 15,28).

A partir de este episodio, el Papa enfatizó una actitud fundamental para la Iglesia de hoy: dejarse sorprender por la obra de Dios. «Incluso hoy la Iglesia puede dejarse sorprender por la obra de Dios y comunicar la paz de Cristo más allá de los límites ya establecidos. Su misión está anticipada por la gracia divina, que actúa en el secreto de la conciencia, de modo que, en cada encuentro, incluso en aquellos que perturban nuestros planes, es necesario prestar atención, abrir los ojos y el corazón a lo que Dios quiere decirnos».

De la mujer cananea, subrayó además el Pontífice, aprendemos humildad y determinación. Su fe revela la universalidad de la salvación: «La mesa de Dios está preparada para todos, y a nadie se le reservan solo migajas, porque cada uno, junto al Padre, tiene su lugar». A la luz de esta fe, afirmó el Pontífice, «las desigualdades, las discriminaciones y las barreras que pisotean la dignidad de tantos hijos e hijas de Dios se vuelven insoportables».

En un mundo marcado por tensiones y divisiones, León XIV recordó la vocación de la Iglesia: ser presencia de paz. «Somos la Iglesia de Jesucristo en un mundo atormentado, un mundo que busca la paz».

Invocando la intercesión de la Virgen María, citó su encíclica Magnifica Humanitas: «De sus labios brota el himno más poderoso e innovador jamás cantado, el Magnificat […]: es el canto de quien ya ve la realidad con los ojos de Dios y, por lo tanto, no pierde la esperanza y actúa con caridad».

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“No esperaron a ser adultos para tomarse en serio la santidad”: 10 santos que murieron jóvenes https://es.gaudiumpress.org/content/no-esperaron-a-ser-adultos-para-tomarse-en-serio-la-santidad-10-santos-que-murieron-jovenes/ https://es.gaudiumpress.org/content/no-esperaron-a-ser-adultos-para-tomarse-en-serio-la-santidad-10-santos-que-murieron-jovenes/#respond Sun, 16 Aug 2026 15:38:04 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=209778 Murieron siendo niños o jóvenes, pero sus vidas dejaron un testimonio de fe que la Iglesia sigue proponiendo a las nuevas generaciones. Redacción (16/08/2026 09:13, Gaudium Press) La santidad no tiene una edad determinada. La historia de la Iglesia muestra que muchos santos comenzaron a vivir su fe cuando todavía eran niños o apenas estaban... Ver artículo

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Murieron siendo niños o jóvenes, pero sus vidas dejaron un testimonio de fe que la Iglesia sigue proponiendo a las nuevas generaciones.

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Redacción (16/08/2026 09:13, Gaudium Press) La santidad no tiene una edad determinada. La historia de la Iglesia muestra que muchos santos comenzaron a vivir su fe cuando todavía eran niños o apenas estaban entrando en la juventud. Algunos murieron antes de terminar sus estudios, otros no llegaron a formar una familia y varios apenas comenzaban a descubrir lo que querían hacer con sus vidas.

Sin embargo, sus historias demuestran que una vida no se mide únicamente por los años que dura, sino también por el amor con el que se vive. Con motivo del Día Internacional de la Juventud, recordamos a diez santos que murieron muy jóvenes, pero que dejaron un legado de fe, entrega, caridad y amor a Dios.

  1. Santa Jacinta Marto: una niña con amor por Dios

Santa Jacinta Marto nació en 1910 y murió en 1920, con apenas 9 años. Fue una de los tres pastorcitos de Fátima que afirmaron haber presenciado las apariciones de la Virgen María en 1917, junto con su hermano Francisco y su prima Lucía dos Santos. Cuando comenzaron las apariciones, Jacinta tenía apenas siete años. A pesar de su corta edad, recibió con una profundidad extraordinaria el llamado a la oración, la conversión y la penitencia.

Su espiritualidad estuvo  marcada por la preocupación por los pecadores y por el deseo de ofrecer sacrificios por quienes estaban alejados de Dios. La enfermedad llegó a su vida siendo todavía una niña y, debido a su delicado estado de salud, tuvo que ser trasladada a Lisboa. Murió el 20 de febrero de 1920, lejos de su familia y con apenas nueve años.

En 2017, el Papa Francisco canonizó a Jacinta y Francisco Marto, convirtiéndolos en los santos no mártires más jóvenes canonizados por la Iglesia en tiempos modernos.

  1. San Francisco Marto: “consolar a Nuestro Señor”

Francisco Marto nació el 11 de junio de 1908, cerca de Fátima, Portugal. Era un niño tranquilo, humilde y amante de la música que, después de las apariciones de 1917, desarrolló una profunda vida de oración. Su gran deseo era consolar a Nuestro Señor. Por eso, buscaba momentos de silencio y oración y pasaba largos períodos ante el Santísimo Sacramento. En 1918 enfermó gravemente durante la epidemia de gripe española. A pesar del sufrimiento, mantuvo una actitud de fe y continuó ofreciendo su enfermedad a Dios.

Recibió la Primera Comunión por última vez el 2 de abril de 1919 y murió apenas dos días después, el 4 de abril, con solo 10 años. Su vida recuerda que incluso un niño puede desarrollar una relación profunda con Dios y convertir la oración en el centro de su existencia.

  1. Santa María Goretti: perdonar incluso en medio del sufrimiento

María Goretti nació en 1890 y murió en 1902, cuando tenía apenas 11 años. Desde muy pequeña conoció las dificultades de la vida. Después de la muerte de su padre, comenzó a asumir responsabilidades en su hogar mientras su madre trabajaba. Su vida estuvo llena de oración y por un gran deseo de recibir la Eucaristía.

En julio de 1902, Alessandro Serenelli intentó agredirla sexualmente. María se resistió y sufrió heridas que terminarían provocándole la muerte. Antes de morir, expresó su perdón hacia su agresor y manifestó su deseo de que él también pudiera llegar al Paraíso.

Años después, Serenelli experimentó una conversión y, tras salir de prisión, buscó a la madre de María para pedirle perdón. Pío XII canonizó a María Goretti en 1940. Su historia ha quedado como uno de los testimonios más conocidos de perdón dentro de la tradición católica.

  1. Santo Domingo Savio: la santidad también puede vivirse con alegría

Santo Domingo Savio murió en 1857, a los 14 años, y es uno de los santos no mártires más jóvenes de la Iglesia.Fue alumno de San Juan Bosco, quien descubrió en él una especial madurez espiritual. Domingo buscaba vivir la santidad en las cosas cotidianas, en el estudio, la amistad, la convivencia con sus compañeros y la alegría.

También tenía una especial preocupación por quienes estaban enfermos o eran marginados. Para Domingo, ser santo no significaba alejarse de la vida cotidiana, sino vivirla con amor y responsabilidad.

Murió antes de cumplir los 15 años. Según recordó el Papa Francisco, sus últimas palabras fueron: “¡Qué maravilla estoy viendo!”. Su vida sigue siendo especialmente significativa para niños y adolescentes que buscan descubrir que la fe también puede vivirse con alegría.

  1. San José Sánchez del Río: “¡Viva Cristo Rey!”

José Sánchez del Río nació en Sahuayo, Michoacán, y fue martirizado en 1928, cuando tenía apenas 14 años, durante la Guerra Cristera en México. Desde muy joven sintió el deseo de defender su fe. Por su corta edad no se le permitió combatir, por lo que se incorporó a las fuerzas cristeras como portaestandarte y asistente.

Durante una batalla, entregó su caballo al general del contingente para evitar que fuera capturado. José terminó detenido y fue encarcelado en el baptisterio de una iglesia de su pueblo, que había sido convertida en prisión.

Las autoridades intentaron convencerlo de renunciar a su fe ofreciéndole riquezas y amenazándolo de muerte. Él se negó. Fue sometido a graves torturas y finalmente asesinado.

José Sánchez del Río fue beatificado por Benedicto XVI en 2005 y canonizado por el Papa Francisco en 2016. Su historia quedó especialmente vinculada a su firme confesión de fe: “¡Viva Cristo Rey!”.

  1. San Carlo Acutis: un adolescente que hizo de la Eucaristía el centro de su vida

Carlo Acutis nació en 1991 y murió en 2006, a los 15 años. A primera vista, su vida podría parecer la de cualquier adolescente, disfrutaba de los videojuegos, el fútbol, la música, los animales y pasar tiempo con sus amigos.

Pero Carlo tenía una vida espiritual muy marcada. Participaba frecuentemente en la Santa Misa, rezaba el rosario y tenía una especial devoción por la Eucaristía. Además, utilizó sus conocimientos de informática para elaborar una exposición digital sobre milagros eucarísticos, convencido de que las nuevas tecnologías podían servir también para anunciar la fe.

En octubre de 2006 fue diagnosticado con una leucemia muy agresiva. Ante la enfermedad, ofreció sus sufrimientos por el Papa y por la Iglesia. Murió el 12 de octubre de 2006.

Fue beatificado en Asís en 2020 y canonizado el 7 de septiembre de 2025 por el Papa León XIV, junto con Pier Giorgio Frassati. Su vida dejó un mensaje especialmente cercano a los jóvenes, la santidad no exige dejar de ser uno mismo, sino poner los propios talentos al servicio de Dios y de los demás.

  1. San Estanislao de Kostka: seguir la vocación a pesar de las dificultades

San Estanislao de Kostka nació en Polonia en 1550 y murió en Roma en 1568, con apenas 18 años. Procedía de una familia noble y tenía por delante un futuro,  por el prestigio y las responsabilidades propias de su posición social.

Sin embargo, sintió la llamada a entrar en la Compañía de Jesús. Su familia se opuso a su decisión, pero Estanislao no abandonó su vocación. Decidido a seguir el camino que había elegido, huyó de su hogar y emprendió un largo viaje hasta Roma, donde finalmente pudo ingresar al noviciado jesuita. Vivió allí solamente unos meses antes de morir a causa de una enfermedad.

Fue canonizado en 1726 y es considerado patrono de la juventud y de los novicios. Su historia muestra que incluso en la juventud pueden existir decisiones capaces de marcar toda una vida.

  1. San Luis Gonzaga: renunció a una vida de privilegios para servir a los enfermos

San Luis Gonzaga nació en 1568 en una familia noble italiana. Tenía ante sí una vida de riqueza, prestigio y privilegios, pero decidió renunciar a sus títulos y a su herencia para ingresar en la Compañía de Jesús. En Roma dedicó buena parte de su vida a la oración y al servicio de los demás.

Durante una epidemia, comenzó a atender personalmente a los enfermos. En ese servicio contrajo la enfermedad que terminaría provocándole la muerte. Murió en 1591, a los 23 años. La Iglesia lo canonizó en 1726 y posteriormente lo proclamó patrono de la juventud católica. Su vida es un ejemplo de cómo los talentos, las oportunidades y los privilegios pueden ponerse al servicio de quienes más lo necesitan.

  1. Santa Teresita de Lisieux: una vida corta con una profunda espiritualidad

Santa Teresa del Niño Jesús, conocida como Santa Teresita de Lisieux, murió el 30 de septiembre de 1897, a los 24 años, a causa de la tuberculosis. Nació el 2 de enero de 1873 y entró al convento de Lisieux cuando tenía apenas 15 años. Aunque su vida transcurrió en buena parte dentro del monasterio y fue relativamente corta, desarrolló una espiritualidad que tendría una enorme influencia en la Iglesia.

Teresita enseñó el camino de la sencillez, basado en realizar las pequeñas cosas de cada día con amor y confianza en Dios. Fue canonizada en 1925 y, en 1997, el Papa San Juan Pablo II la proclamó doctora de la Iglesia.

  1. San Pier Giorgio Frassati: fe, amistad y servicio a los pobres

Pier Giorgio Frassati nació en Turín, Italia, en 1901. Era un joven apasionado por la montaña, la amistad, el deporte y la vida social, pero también profundamente comprometido con su fe. Participaba activamente en organizaciones católicas y dedicaba buena parte de su tiempo a ayudar a personas pobres y necesitadas.

En junio de 1925 contrajo poliomielitis, probablemente mientras ayudaba a una familia necesitada. Su salud se deterioró rápidamente y murió el 4 de julio de ese mismo año, cuando tenía 24 años. Su funeral sorprendió a su familia por la enorme cantidad de personas que acudieron. Entre ellas había numerosos pobres a quienes Pier Giorgio había ayudado de manera silenciosa.

San Juan Pablo II lo beatificó en 1990 y el Papa León XIV lo canonizó el 7 de septiembre de 2025. Pier Giorgio dejó un testimonio muy cercano a los jóvenes porque mostró que la fe podía convivir con la amistad, el deporte, la alegría y el compromiso con quienes sufrían.

Jacinta, Francisco, María Goretti, Domingo Savio, José Sánchez del Río, Carlo Acutis, Estanislao de Kostka, Luis Gonzaga, Teresita de Lisieux y Pier Giorgio Frassati tuvieron personalidades, historias y espiritualidades muy diferentes.

Algunos fueron niños, otros adolescentes y otros jóvenes adultos. Algunos murieron como consecuencia de una enfermedad, otros entregaron su vida por su fe y otros dedicaron sus últimos años al servicio de los demás. Pero todos tienen algo en común, no esperaron a ser adultos para tomarse en serio la santidad.

Sus vidas recuerdan que la juventud no es simplemente una etapa de preparación para el futuro. También puede ser un momento para amar, servir, perdonar, rezar y entregar la vida a Dios. Porque, para ellos, la santidad no podía esperar.

Con información de ChurchPop

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Hablamos con gente a miles de kilómetros de distancia, a veces al otro lado del mundo, pero no conocemos el nombre de nuestro vecino.

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Redacción (16/08/2026 08:11, Gaudium Press) Lo sabemos todo y, al mismo tiempo, no sabemos nada. Fotografiamos todo con nuestras cámaras digitales, pero no vemos la realidad que nos rodea. Tenemos acceso instantáneo a los temas más variados, debatimos sobre el mundo entero, pero no nos formamos una opinión genuina sobre casi nada. Visitamos todos los países a través de las pantallas de nuestros móviles y, sin embargo, ni siquiera conocemos nuestra propia calle; no sabemos quién vive en nuestro edificio, no conocemos el rostro de la persona que se cruza en nuestro camino cada día.

Hablamos a diario con gente a miles de kilómetros de distancia, a veces al otro lado del mundo. Consideramos estas presencias virtuales como nuestros grandes amigos: seres que nunca hemos visto, cuya calidez o la fuerza de un abrazo real jamás hemos sentido. Y, sin embargo, compartimos el ascensor con el vecino de arriba, de abajo o de al lado. No sabemos nada de ellos y ni siquiera los miramos.

Los mayores aún se atreven a saludar; los jóvenes ni siquiera responden. Entran en los ascensores absortos en sus pantallas, ignorando quién está presente. Ya no podemos estar juntos. Somos, paradójicamente, los seres más solitarios de la historia de la humanidad. Logramos conectar con millones de desconocidos en línea, pero no conseguimos conectar con la madre que prepara la cena, con el padre que nos provee, con los hermanos y familiares que viven bajo el mismo techo.

Comunicación vacía

Hoy en día, todo se reduce a una comunicación superficial: ese intercambio mecánico de palabras en el que dos personas repiten expresiones vacías, sin el menor interés real el uno por el otro. Es el clásico: «Hola, ¿cómo estás?», «Estoy bien, ¿y tú? ¿Todo bien?», «Todo bien, estoy bien», como en una vieja canción.

Llegamos al trabajo o a un evento social y automáticamente preguntamos «¿Cómo estás?». La otra persona responde con otro «¡Estoy bien!», siguiendo el protocolo. Ni quien pregunta está bien, ni quien responde, y a ninguno le importa lo más mínimo la respuesta. Es la máscara social que reemplaza el encuentro de almas.

La gente anhela ser escuchada, pero no está dispuesta a escuchar y, mucho menos, a asumir la responsabilidad de cultivar una amistad verdadera. Y así, seguimos adelante con nuestras vidas sin tiempo para detenernos y prestar la atención necesaria.

La acera limpia del Sr. Sebastián

En contraste con esta frialdad, recuerdo a un señor de unos 65 años que vivía en una calle cerca de la casa donde viví durante muchos años. Su casa tenía una cerca baja y él siempre estaba allí, apoyado o sentado en el porche, mañana y tarde. Se llamaba Sebastián.

Cualquiera que pasara por allí oiría su amable saludo. Se podía apreciar el esmero con el que limpiaba el porche, el patio y la acera, que barría religiosamente cada mañana; probablemente la más limpia de la calle. El Sr. Sebastián era un hombre extremadamente limpio, vestido con sencillez, pero siempre bien arreglado.

Un día, adoptó una perra negra que apareció en la calle y le puso el nombre —poco original, pero lleno de cariño— de Niña Negra. A partir de entonces, Niña Negra se convirtió en el tema de sus largas conversaciones con los vecinos. Decía que le gustaba el pollo hervido con arroz, que toleraba la comida para perros y que disfrutaba del pan, aunque un vecino había comentado que el pan es malo para los perros y que intentaría darle hígado, considerado muy nutritivo.

Hasta que un día, con la puerta abierta, Niña Negra se escapó y desapareció. Fue una profunda tristeza. El vecindario se movilizó hasta que una joven publicó una foto del animal en internet. La dueña legítima apareció, demostró que la perrita era suya y reveló que llevaba más de un año perdida. Niña Negra había encontrado refugio en casa de Sebastián, pero un día regresó a su verdadero hogar.

Su tutor le permitió visitarla, pero el dolor de ver a la perrita con otro nombre y sin poder regresar a casa era tan abrumador que Sebastián prefirió no volver a verla jamás. Con el tiempo, las conversaciones cesaron y la interacción se redujo al escueto «¿Todo bien? ¿Todo bien?».

La caída en las sombras

Pasó el tiempo. Años después, conocí a un hombre en el mercado que me preguntó si vivía en cierta calle y si conocía a su hermano, Sebastián. Le respondí que sí, aunque ya no vivía allí. Tristemente, reveló: «Es lamentable. Se metió en líos, acoge a personas sin hogar, se dedica a negocios turbios e incluso bebe licor barato».

Me asombró. ¿Acaso ese hombre, tan pulcro, reservado y digno, había caído tan bajo? Poco después, pasé por su casa y presencié el triste desenlace: el señor Sebastián estaba rebuscando entre una montaña de basura amontonada en la acera por sus vecinos.

Al verme, se levantó avergonzado. Me acerqué, le toqué el hombro y lo conduje a la acera limpia. Estaba irreconocible: su ropa estaba sucia, apestaba a hedor, su rostro estaba manchado de hollín y sus uñas negras.

Intentó justificarse diciendo que había tirado algo por error y que estaba rebuscando en la basura antes de que llegara el camión, pero era el triste retrato de alguien que buscaba sustento para su adicción u objetos para vender en chatarrerías clandestinas entre los escombros.

Miré el porche: el polvo acumulado, las hojas secas, las plumas de pájaro. Era otro hombre, y otra casa. ¿Cómo llega un ser humano a este punto? La respuesta es simple y devastadora: la soledad.

Nadie invitó jamás a Sebastián a tomar un café, nadie llamó jamás a su puerta para una visita sincera. Solo quedaban saludos vacíos, la añoranza de Niña Negra y el dolor de su alma. Le faltaba afecto, le faltaba comunidad, le faltaba Dios.

El Rosario en la Noche Oscura

Saqué de mi bolsillo una pequeña caja con un rosario que había recibido en un retiro y se la puse en sus manos callosas. Le pregunté si creía en Dios. Respondió que sí. Le dije que confiara, que rezara y que le pidiera a Dios que le devolviera su dignidad. Con lágrimas en los ojos, pronunció una frase que resuena como un epitafio para el alma humana: «Sí, joven, nadie sabe lo que pasa en el corazón de un hombre».

Le toqué el hombro y me marché, pensando en cuántos «Sebastián» hay dispersos por ahí, languideciendo en silencio en casas y apartamentos, rodeados de pantallas, pero abandonados a su suerte. La soledad es un monstruo que consume vidas. Nunca hemos interactuado tanto con el mundo exterior, y nunca hemos estado tan trágicamente solos. ¡Pobres hombres! ¿Adónde nos llevará esto?

Por Alfonso Pessoa

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San Esteban rey de Hungría, organiza la nación, apuntala la fe de su pueblo https://es.gaudiumpress.org/content/san-esteban-rey-de-hungria-organiza-la-nacion-apuntala-la-fe-de-su-pueblo/ https://es.gaudiumpress.org/content/san-esteban-rey-de-hungria-organiza-la-nacion-apuntala-la-fe-de-su-pueblo/#respond Sun, 16 Aug 2026 12:33:18 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=209764 Este Rey Santo nació del final del siglo X, hijo del príncipe Geza y de la reina Sarolta. Recibió el nombre Vajk pero, al ser bautizado, pasó a llamarse Esteban, después que la familia real húngara abrazó el cristianismo. Redacción (16/08/2026, Gaudium Press) Hoy la Iglesia conmemora a San Esteban, Rey de Hungría. Este Rey... Ver artículo

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Este Rey Santo nació del final del siglo X, hijo del príncipe Geza y de la reina Sarolta. Recibió el nombre Vajk pero, al ser bautizado, pasó a llamarse Esteban, después que la familia real húngara abrazó el cristianismo.

StefanIHongarije

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Redacción (16/08/2026, Gaudium Press) Hoy la Iglesia conmemora a San Esteban, Rey de Hungría.

Este Rey Santo nació del final del siglo X, hijo del príncipe Geza y de la reina Sarolta. Recibió el nombre Vajk pero, al ser bautizado, pasó a llamarse Esteban, después que la familia real húngara abrazara el cristianismo.

Juventud
En su juventud, el futuro Rey de Hungría aprendió latín con San Adalberto y de él recibió la educación cristiana.

Se casó con la Beata Gisela da Baviera, hermana del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, San Enrique II.

Cuando su padre murió, lo sucedió en el trono y se tornó rey.

El reinado de un santo

Esteban fue coronado por San Anastasio, discípulo de San Adalberto, que fue enviado por el Papa Silvestre II para esta misión. A partir de ahí, occidente reconoció su reino.

Esteban organizó la vida política y religiosa de la nación, construyó iglesias y monasterios.

Entre sus colaboradores próximos estaban los monjes benedictinos, orden de la cual procedieron los primeros obispos del nuevo reino como San Anastasio, San Beszteréd, San Gerardo Sagredo, el Beato Sebastián de Esztergom, entre otros.

El pueblo estaba acostumbrado a adorar varios dioses, pero eso no lo desanimó en su trabajo de evangelización y fue obteniendo conversiones con la dedicación a su pueblo y el ejemplo de su vida.

San Esteban y su hijo, San Américo, defendieron su pueblo del ataque de las tropas de Conrado II, que intentaba someter el reino.

Un año más tarde, su hijo murió.

Con la ayuda de Dios, el Rey Esteban I consiguió muchas conversiones.

Falleció el 15 de agosto de 1038 y fue sepultado en la Basílica Székesfehérvár, que él mismo había mandado construir y que fue una de las mayores basílicas de Europa.

San Esteban I de Hungría fue canonizado por el Papa San Gregorio VII en 1083 y su fiesta es celebrada el día 16 de agosto.

Transcribimos abajo los consejos dados por él a su hijo San Américo a fin de que pudiese gobernar con sabiduría, imponerse con dulzura y ser ejemplo de varón católico para, así, gobernar con santidad.

Cinco consejos de un rey santo

1- Conservar la fe

«En primer lugar, te pido, aconsejo y te recomiendo, amadísimo hijo, si deseas honrar la corona real, que conserve la fe católica y apostólica con tal diligencia de manera que esta sirva de ejemplo a todos los súbditos que Dios te dio, y que todos los hombres eclesiásticos puedan con razón llamarte hombre de auténtica vida cristiana, sin la cual con certeza no merecerías ser llamado de cristiano o de hijo de la Iglesia».

2- El don de la vigilancia y protección

«En el palacio real, después de la fe, ocupa el segundo lugar la Iglesia, fundada primero por Cristo, nuestra cabeza, trasplantada luego y firmemente edificada por sus miembros, los apóstoles y los santos padres de la Iglesia, y difundida por el mundo todo. Y, aunque sucesivamente engendre nuevos hijos, en ciertos lugares ya es considerada como antigua».

«En nuestro reino, amadísimo hijo, debe considerarse todavía joven y reciente, y, por eso, necesita una especial vigilancia y protección; que este don, que la divina clemencia nos concedió sin merecerlo, no sea destruido o aniquilado por tu descuido, pereza o por tu negligencia».

3 – El mismo trato a todos

«Mi hijo amadísimo, ternura de mi corazón, esperanza de una descendencia futura, te ruego e imploro que siempre y en cualquier ocasión, basado en tus buenos sentimientos, sé benigno no solo con los hombres de linaje o con los jefes, los ricos y los del país, sino también con los extranjeros y con todos los que te busquen. Porque el fruto de esta benignidad será el motivo de mayor felicidad para ti».

4 – Compasivo y misericordioso

«Sé compasivo con todos aquellos que sufren injustamente, recordando siempre en el fondo del corazón aquella enseñanza del Señor: misericordia quiero, no sacrificios. Sé paciente con todos, con los capitalistas y con los que no lo son».

5 – Fuerte y honesto

«Sé, finalmente, fuerte; que no os ensoberbezca la prosperidad ni te desanime la adversidad. Sé también humilde, para que Dios os elogie, ahora y en el futuro. Sé moderado, y no te excedas en el castigo o la condenación. Sé manso, sin ir contra la justicia. Sé honesto, de manera que nunca seas para nadie, voluntariamente, motivo de vergüenza. Debes ser púdico, evitando la pestilencia de la obscenidad como un aguijón de muerte».

«Todas estas cosas que te indiqué brevemente son las cuales componen la corona real; sin ellas nadie es capaz de reinar en este mundo ni de llegar al reino eterno». (JSG)

(De la redacción de Gaudium Press, con informaciones de ACI Digital)

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Papa en solemnidad de la Asunción: buscar la belleza de lo cotidiano, junto a la que está en los cielos https://es.gaudiumpress.org/content/papa-en-solemnidad-de-la-asuncion-buscar-la-belleza-de-lo-cotidiano-junto-a-la-que-esta-en-los-cielos/ https://es.gaudiumpress.org/content/papa-en-solemnidad-de-la-asuncion-buscar-la-belleza-de-lo-cotidiano-junto-a-la-que-esta-en-los-cielos/#respond Sat, 15 Aug 2026 14:41:28 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=209756 León XIV celebró la Asunción en Castel Gandolfo y propuso a María como modelo de una belleza que no caduca: la que brota del amor, transfigura el alma y anticipa la gloria del Cielo. Redacción (15/08/2026 09:35, Gaudium Press) Por segundo año consecutivo, el Papa León XIV celebrado este sábado la Santa Misa de la... Ver artículo

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León XIV celebró la Asunción en Castel Gandolfo y propuso a María como modelo de una belleza que no caduca: la que brota del amor, transfigura el alma y anticipa la gloria del Cielo.

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Foto: Vatican Media

Redacción (15/08/2026 09:35, Gaudium Press) Por segundo año consecutivo, el Papa León XIV celebrado este sábado la Santa Misa de la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María en la parroquia pontificia de San Tomás de Villanueva, en Castel Gandolfo, a las diez de la mañana. En su homilía, el Romano Pontífice propuso a María glorificada en cuerpo y alma como modelo de una belleza que no depende de la apariencia física, sino del amor que transfigura el alma y anticipa la gloria del Cielo.

El dogma como punto de partida

León XIV ancló su homilía en la definición proclamada por Pío XII en 1950: «María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria Celeste» (Munificentissimus Deus, 1 de noviembre de 1950). En ese misterio, señaló el Papa, se cumple la plenitud de la gracia concedida a María desde su Concepción Inmaculada.

Para ilustrar el misterio, evocó las representaciones artísticas de la Asunción, inspiradas en el pasaje del Apocalipsis: «Una Mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies» (Ap 12,1), imagen que, en sus palabras, expresa que «en el corazón de María se encuentran el cielo y la tierra, el tiempo y la eternidad».

Una belleza que contraría los cánones del mundo

El Papa planteó entonces un contraste entre esa imagen y la experiencia ordinaria del paso del tiempo en el cuerpo humano: con la edad, el cuerpo «no se hace más ágil, sino más pesado», y el cabello «no toma color ni brillo, sino que se vuelve gris y luego blanco». La pregunta que formuló a los fieles fue directa: ¿qué tenemos en común con la joven de los retablos?

La respuesta la situó en la unión de dos signos del misterio: el cuerpo incorrupto de la Madre de Dios y su corazón inmaculado. «Es la pureza del alma, en efecto, que en María, como en nosotros, por gracia de Dios ilumina y transfigura a toda la persona, llevándola a la gloria del Cielo», afirmó el Pontífice.

De ese principio extrajo una consecuencia directa sobre la cultura dominante: la glorificación de María «nos invita a revisar muchos de los cánones estéticos, predominantemente de tipo hedonista y consumista, que el mundo nos impone, y que corren el riesgo de aprisionarnos en condicionamientos pesados». León XIV ilustró la distinción con dos retratos contrapuestos tomados de la experiencia común: personas «con el rostro marcado por los años y los sufrimientos, pero capaces de irradiar serenidad, benevolencia y paz», frente a otras, «quizás exteriormente atractivas, pero duras y frías en su interior».

El amor, ornamento verdadero

El Romano Pontífice proclamó que «el amor es el ornamento más hermoso del hombre: el amor que transfigura, transforma, ennoblece y lleva a lo alto; que nos hace ligeros, libres, cercanos a Dios, incluso a través de los altibajos de la vida».

Para ahondar en el misterio, el Papa citó a San Pablo VI, quien enseñó que para comprender la Asunción hay que «convertir en superlativos y absolutos los términos que usamos en el lenguaje terrenal, para imaginarnos, a pequeña escala, lo eterno» (Homilía, 15 de agosto de 1969). Añadió también una cita del Papa Francisco tomada de la exhortación apostólica Evangelii gaudium: «María es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura» (n. 286).

El núcleo del misterio, explicó León XIV, es el «encuentro de extremos» que María testimonia en el Magníficat (cf. Lc 1,46-55): Dios que en ella se hace hombre, el Eterno que en el tiempo se manifiesta para abrir el camino de la eternidad, mostrando en su condición de «humilde sierva» la «pequeña dimensión» en que también nosotros podemos encontrar al Señor.

La sublimidad del misterio en lo cotidiano

En la parte conclusiva, León XIV invitó a no buscar lejos la sublimidad del misterio celebrado. La belleza divina puede encontrarse, dijo, «en los ojos de un padre y una madre que vuelven a casa después de una jornada de trabajo, cansados pero felices de estar con sus hijos», en los abuelos que «se reactivan con energías inesperadas al cuidar a los nietos» y en los jóvenes que se esfuerzan por «crecer limpios y honestos, listos también para ir contra la corriente respecto a lo que todos hacen».

El Papa presentó a María como «imagen y principio de la Iglesia, signo de esperanza cierta y de consuelo», recogiendo las palabras de la Constitución dogmática Lumen gentium del Concilio Vaticano II (n. 68), y cerró con una exhortación de San Agustín: «Resucitó Cristo, y ya no morirá. Cambia de parecer, sigue a tu luz; levántate con la que resucitó» (Comentarios a los salmos 126, 7).

«Sigamos la luz del Resucitado, cambiando de rumbo si es necesario», fue su invitación final a los fieles, «mirando a María, que Dios coronó de gloria en alma y cuerpo, y que nos ha dado como Madre, guía, compañera de viaje y protectora en el camino del Cielo».

Con información de Infocatólica.

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¿Sabía Ud. que Nuestra Señora después del transcurso de esta vida terrena subió a los cielos en cuerpo y alma?

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Redacción (15/08/2026, Gaudium Press) ¿Sabía Ud. que Nuestra Señora después del transcurso de esta vida terrenal subió a los Cielos en cuerpo y alma?

El Dogma de fe

Después de una vida marcada por la Cruz de su Hijo Divino, llegó la hora de la alegría y el triunfo. Por singular privilegio, la Santa Madre de Dios subía a los Cielos en cuerpo y alma. Con la constitución apostólica Munificentissimus Deus, el Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950 definió este dogma de fe.

¿Nuestra Señora murió o no?

El Papa Pío XII en la fórmula dogmática del documento no define si Nuestra Señora murió o no, o sea, si fue elevada al Cielo después de haber resucitado, o si fue trasladada en cuerpo y alma al Cielo sin pasar por el trance de la muerte.

Las Sagradas Escrituras nos afirman que en términos generales todos los hombres mueren. Sin embargo, no nos afirman que todos los hombres murieron. Por el contrario, exceptúan algunos, como San Elías, que fue arrebatado en un carro de fuego, San Enoc, que fue llevado por el Espíritu de Dios antes de que llegase la muerte, o aún San Juan Evangelista, como creen muchos santos Doctores, que es probable que no murió, según la palabra de Dios (Jn 21,22).

Preguntamos ahora: ¿no se puede considerar lo mismo sobre Nuestra Señora? De una manera u otra, lo que la tradición cristiana y los Padres de la Iglesia garantizan es que el sagrado cuerpo de la Santísima Madre no sufrió la corrupción del sepulcro. El Tabernáculo bendito del Verbo Divino no fue reducido a polvo. La Iglesia aún no se ha pronunciado infaliblemente sobre este punto, y así, nosotros también prescindiremos de tratarlo aquí. Trataremos de hacerle comprender lo que llevó al Espíritu Santo a exclamar: ¿Quién es ésta que sube del desierto y apoyada en su amado? (Cant 8,5)?

¡La muerte de Nuestra Señora fue un sueño de amor puro por su Hijo!

Para resolver la cuestión, los santos Padres utilizan un hermoso término sobre la muerte de la Virgen Madre. Hablan de la “dormición” de Nuestra Señora. Su muerte fue semejante al declinar de una hermosa tarde, como un dulce y apacible sueño que no era tanto el fin de una vida, pero la aurora de una existencia superior. Para designarla, la Iglesia usa este término encantador: sueño o dormición de la Virgen. Si ella murió, el amor de su Hijo la resucitó y la elevó a los Cielos; si simplemente fue un sueño de amor, entonces el amor de Jesús la elevó a los Cielos de igual forma. Este es el motivo de nuestra fiesta, de nuestra gran alegría, en la que participan todos los santos y ángeles de la Iglesia militante y triunfante.

La Virgen María, ejemplo de amor divino, murió de amor por su Hijo, porque el último efecto del amor afectivo es la muerte de aquellos que se aman. Fue en esta plenitud de gracia que Nuestra Señora subió a los Cielos.

Contemplemos entonces qué tipo de sueño de amor fue ese o qué causa de muerte fue esa.

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El Santo Simeón ya había profetizado esta muerte, cuando estuvo con Jesús Niño en los brazos: una espada traspasará tu alma (Lc 2,35). No dijo: una espada traspasará tu cuerpo, sino tu alma. Jesús había dicho: Yo no he venido a traer la paz, pero la espada (Mt 10,34), es decir: He venido a traer el fuego (Lc 12,49), he venido a traer el amor! ¡Esta es la Espada del amor que manejan las almas de fuego, o entonces, la espada de fuego que manejan las almas de amor! Y por eso, sobre la Asunción aún canta el Espíritu Santo: ¿Quién es ésta que se levanta como la aurora, bella como la luna, brillante como el sol, terrible como un ejército en orden de batalla (Cant. 6,9)? ¿Cómo podemos entender esta palabra? Sube como la aurora porque de ella nace un nuevo reino, el Reino de María. Es hermosa como la luna, porque tiene la belleza de la simplicidad y la humildad. Es brillante como el sol, porque fue revestida (Ap. 12,1) con la luz de la sabiduría divina, y es terrible como un ejército en orden de batalla, porque tiene un conjunto de hijos e hijas devotos y bien ordenados. Ordenados, porque están unidos y unidos porque tienen los mismos santos ideales, guardan la ley de Dios, luchan contra el pecado y buscan en todo la mayor gloria de Nuestro Señor y de su Madre Santísima.

Pero ¿qué fuego de amor, qué espada de amor fue ésta que traspasó el alma de la Santísima Madre y la elevó a los Cielos? Pensemos en la fuerza que el divino amor ejercía en su corazón virginal y el vehemente deseo de estar con su Hijo. Su tesoro (Mt 6,21), es decir, su Hijo estaba en el Cielo, hueso de sus huesos, carne de su carne (Gén. 2,23), y al Cielo volaba aquella Santísima Águila (Mt 14, 28). Donde esté el cuerpo, allí se reunirán las águilas. Su corazón, su alma, su vida, toda Ella estaba en el Cielo. ¿Por qué había de quedarse en la tierra? Esta dulce Madre amaba a Jesús más que nadie y su corazón maternal fue atravesado por la espada de dolor de su Pasión. Las Sagradas Escrituras y todos los santos Doctores nos dicen que Ella murió entre llamas de caridad y en holocausto perfecto por todos los pecados de la tierra. Por eso es Corredentora de la humanidad.

Llena de gracias y de méritos, es elevada a lo más alto de los Cielos

Después de la entrada triunfante de Jesucristo en el Cielo la entrada de su Madre fue la más esplendida y magnifica de todas. La Reina de Sabá había ido a ver al Rey Salomón, admirar su sabiduría, el orden admirable de su corte (1 Reyes 10,10) y le ofreció una enorme cantidad de oro, perfumes, piedras preciosas … riquezas que nunca se habían visto en Jerusalén. Oh, así también la Santísima Virgen, cuando subió a la cohorte celestial de su Hijo, el Nuevo Salomón, llevó el oro de su amor, los perfumes de su devoción, las piedras preciosas de su paciencia y resignación. ¿Qué alma subió a tan alta perfección? ¿Qué alma ha sido tan rica en dones, virtudes y privilegios? En la Jerusalén celestial nunca se había visto nada igual.

La revelación de José de Egipto, figura profética de María, nos ayuda a entender cómo subió a lo más alto del paraíso. El rey de Egipto honró tanto a José, que cuando su padre llegó para verlo le dijo: tu padre y tus hermanos vinieron a verte. El país de Egipto está a tu disposición. Haz que tu padre y tus hermanos ocupen el mejor lugar (Gn 47,5-6). Jesús dió a su Madre el lugar según su amor, la exaltó sobre todos los santos, Querubines y Serafines.

Nuestra Señora Asunta en nuestras almas, apoyada en los corazones de sus hijos muy amados

Pedimos hoy que la Santa Iglesia sea exaltada en la tierra como la familia de José, y a ella sea dado ocupar el mejor terreno (Gn 47,5-6) del mundo, porque nos vino a ver hoy con la mirada de la gracia y ternura de su Madre asunta. Que la Iglesia ocupe el mejor terreno del mundo, es decir, nuestros corazones. Y suba inebriada de delicias apoyada (Cant 8,5) en sus amados y fieles hijos.

Terminamos con San Luis G. de Monfort: “…entonces, cosas maravillosas han de ocurrir en este mundo, donde el Espíritu Santo, encontrando a su querida Esposa, como que reproducida en las almas, a ellas descenderá abundantemente y llenándolas de sus dones, particularmente del don de la Sabiduría, para hacer maravillas de la gracia. Mi querido hermano, ¿cuándo llegará ese feliz tiempo, ese siglo de María, en que innumerables almas escogidas, perdiéndose en el abismo de su interior, se convertirán en copias vivas de María, para amar y glorificar a Jesucristo? Este tiempo sólo llegará cuando se conozca y practique la devoción que enseño” (Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen p.217)

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