Gaudium Press Español https://es.gaudiumpress.org | Agencia de Noticias Católicas - Un instrumento de la nueva evangelización Thu, 17 Sep 2026 23:21:48 +0000 es hourly 1 De querer quitarse la vida a romper cadenas: «La vida que tienes no te pertenece» https://es.gaudiumpress.org/content/de-querer-quitarse-la-vida-a-romper-cadenas-la-vida-que-tienes-no-te-pertenece/ https://es.gaudiumpress.org/content/de-querer-quitarse-la-vida-a-romper-cadenas-la-vida-que-tienes-no-te-pertenece/#respond Thu, 17 Sep 2026 23:21:48 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=211675 Grégoire Ahongbonon pasó de una crisis personal a dedicar su vida a liberar y acompañar a miles de enfermos mentales abandonados y encadenados en África. Redacción (17/09/2026 17:47, Gaudium Press) Hubo un momento en que Grégoire Ahongbonon pensó que su vida había llegado al final. Encerrado en una habitación, con agua y pastillas preparadas para... Ver artículo

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Grégoire Ahongbonon pasó de una crisis personal a dedicar su vida a liberar y acompañar a miles de enfermos mentales abandonados y encadenados en África.

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Foto: aurorahumanitarian.org

Redacción (17/09/2026 17:47, Gaudium Press) Hubo un momento en que Grégoire Ahongbonon pensó que su vida había llegado al final. Encerrado en una habitación, con agua y pastillas preparadas para suicidarse, estaba a punto de tomar una decisión irreversible. Entonces ocurrió algo que cambió para siempre el rumbo de su existencia. “Me encerré en la habitación con agua y pastillas para acabar con todo, pero cuando estaba a punto de tomármelas sentí como una corriente que atravesaba mi brazo y se me cayó todo al suelo”, recuerda. Después, asegura haber escuchado una voz, “La vida que tienes no te pertenece, no tienes derecho a quitarte la vida”.

Aquel momento fue el comienzo de una historia de fe, servicio y liberación que terminaría alcanzando a decenas de miles de personas.

Grégoire nació en una familia campesina de Benín y trabajaba en Costa de Marfil como reparador de neumáticos. No tenía grandes estudios ni pertenecía a una élite social. Sin embargo, después de aquella experiencia decidió entregarse a Dios. “Y me entregué a Dios. Salía de la ciudad y pasaba el día leyendo la Biblia y rezando. Y decidí volver a la Iglesia”.

Un misionero francés lo escuchó y lo acompañó. Más tarde, en 1982, Grégoire viajó a Tierra Santa. Durante una homilía comprendió que cada cristiano debía aportar su propia piedra a la construcción de la Iglesia. Regresó decidido a descubrir cuál sería la suya. La respuesta aparecería unos años después, entre personas que la sociedad había dejado prácticamente fuera de la vista.

“Yo buscaba a Cristo y lo vi en el enfermo que sufre”

En numerosos lugares de África, las personas con enfermedades mentales han sufrido durante décadas el abandono, el rechazo y la superstición. Algunas familias, convencidas de que sus parientes están poseídos por demonios o afectados por brujerías, llegan a encerrarlos y encadenarlos. Pero esas personas padecen enfermedades que también existen en otros lugares del mundo, epilepsia, esquizofrenia, trastorno bipolar o depresión.

Grégoire comenzó a acercarse precisamente a quienes todos evitaban. En 1990, después de asistir a Misa y recibir la Eucaristía, se encontró con un enfermo mental desnudo que buscaba comida entre la basura. Ya lo había visto antes, pero aquella vez su mirada había cambiado. “Era algo normal, algo que había visto muchas veces antes, pero ahora mi mirada era distinta: yo buscaba a Cristo y lo vi en el enfermo que sufre”.

Entonces escuchó en su interior una pregunta que transformaría su manera de entender a aquellos hombres y mujeres, “Si Cristo se muestra en ellos, ¿por qué les tienes miedo?”. Grégoire comprendió que no podía limitarse a contemplar aquella realidad. Había que acercarse, escuchar, alimentar, limpiar, cuidar y devolver dignidad. “Vi que querían ser amados”. Con su esposa compró un refrigerador para mantener fresca el agua y la comida. Después comenzó a recorrer las calles para alimentar a los enfermos que vivían abandonados.

De la oración a las cadenas rotas

La historia de Grégoire no comenzó como un gran proyecto internacional. Empezó con un pequeño grupo de oración llamado Emmanuel, formado por diez personas. En un barrio de Bouaké, ciudad de mayoría musulmana, unos vecinos les pidieron que rezaran por una joven que había regresado del hospital en un estado muy grave. El grupo se reunió junto a su cama y oró por ella. Al día siguiente, la madre llegó a casa de Grégoire llorando de alegría, la joven había despertado, había pedido comida y se encontraba mucho mejor.

Pero aquella experiencia llevó a Grégoire a comprender que rezar también significaba hacerse cargo de las necesidades concretas de quienes sufrían. Comenzaron entonces a visitar hospitales, donde encontraron enfermos solos, sucios, pobres y abandonados. Los acompañaban, limpiaban, escuchaban y buscaban dinero para comprar medicamentos.

Inspirados por san Camilo de Lelis, fundador de los camilos, adoptaron el nombre de Asociación San Camilo de Lelis. Una frase del santo se convirtió en una guía para su misión “Los enfermos son la pupila y el corazón de Dios, respetadlos”.

“Es una vergüenza que… siga habiendo miles de personas con enfermedades mentales tratables, encerradas con cadenas”

En 1993, el Ministro de Sanidad de Costa de Marfil conoció el trabajo que realizaban y les entregó un terreno junto a un hospital para construir el primer centro destinado a estos enfermos. A partir de entonces, la iniciativa comenzó a multiplicarse. Las imágenes de Grégoire entrando en lugares oscuros para quitar las cadenas de personas atadas a árboles o abandonadas en condiciones inhumanas se convirtieron en el símbolo de una misión que busca devolverles algo tan básico como la libertad y la dignidad.

Su trabajo parte también de una convicción concreta: muchas enfermedades mentales pueden ser tratadas y sus síntomas controlados mediante medicamentos. “Cuando les damos los 7 psicofármacos clásicos y genéricos, de bajo precio, los que Europa ya no usa, controlan sus síntomas, mejoran y hacen vida perfectamente normal”, explica.

Por eso, Grégoire combate una de las grandes barreras que encuentra en su camino, la creencia de que la enfermedad mental es necesariamente consecuencia de demonios, maldiciones o brujería. En Benín, un país de unos 11 millones de habitantes, solo existe un hospital psiquiátrico; en Costa de Marfil, con unos 24 millones de habitantes, existen apenas dos. Frente a esta realidad, los centros San Camilo fueron creciendo con el apoyo de diócesis, parroquias, congregaciones, misioneros y voluntarios. Actualmente, la asociación cuenta con 26 centros en Benín, 30 en Costa de Marfil, 4 en Togo y 1 en Burkina Faso. Por estos centros han pasado más de 70.000 pacientes.

Los que fueron ayudados ahora ayudan a otros

Una de las características más sorprendentes de la obra de Grégoire es que quienes han sufrido una enfermedad mental no son considerados únicamente como receptores de ayuda. Cuando su enfermedad está controlada, algunos se convierten en enfermeros, asistentes o acompañantes de otros pacientes. Otros participan en la construcción de los centros o colaboran en distintas tareas. Así, quienes un día fueron considerados incapaces de aportar algo a la sociedad comienzan a convertirse en protagonistas de la recuperación de otros.

Grégoire resume este método con la palabra confianza. “Son personas que se aman, que trabajan gustosamente en los centros, que ayudan a los enfermeros y algunos de ellos han llegado a dirigir los centros”. Y añade “Esto significa que hay que tener confianza en ellos y no dejar nunca de confiarles responsabilidades: este es el secreto”.

La obra ha llegado incluso a crear la Fraternidad Oasis de Amor, formada por consagrados que, en su mayoría, fueron antiguos enfermos. Personas que atravesaron momentos muy difíciles de sus vidas y que, una vez controlados sus síntomas, decidieron ponerse al servicio de otros. Es una cadena muy diferente de aquellas que Grégoire encontró en los árboles y en las habitaciones oscuras: una cadena de personas que reciben ayuda y después se convierten en capaces de ayudar a otros.

Cada año, la asociación distribuye medicamentos de bajo coste por un valor aproximado de 600.000 euros. Los centros también reciben alimentos y ayuda de parroquias cercanas. Grégoire no considera que una dimensión deba sustituir a la otra. Su historia comenzó cuando sintió que Dios le pedía no quitarse la vida. Después descubrió que su propia vida podía convertirse en un instrumento para devolver la vida y la esperanza a otros. Ahora, mientras recorre pueblos y ciudades de África, continúa enfrentándose a una realidad que considera inaceptable, “Es una vergüenza que en nuestra época moderna siga habiendo miles de personas con enfermedades mentales tratables, encerradas con cadenas”.

Un nuevo desafío

La misión de Grégoire afronta ahora un nuevo reto, ayudas a las personas atrapadas en las adicciones a las drogas. La asociación busca construir en Dassa, Benín, un centro especializado que permita acompañar a los drogodependientes en las distintas etapas de recuperación y transformación de su estilo de vida. El terreno ha sido cedido por la diócesis y se encuentra cerca del santuario mariano de Santa María d’Arigbo. Desde España, la ONG Cesal acompaña este proyecto y busca apoyo para hacerlo realidad.

La historia de Grégoire Ahongbonon ha quedado recogida en el libro-reportaje del periodista Rodolfo Casadei, Grégoire, cuando la fe rompe las cadenas, publicado en español por Ediciones Encuentro. Su vida parece resumirse en un movimiento que comenzó en una habitación cerrada y terminó abriendo puertas para miles de personas, de querer poner fin a su propia existencia a descubrir que la vida recibida podía entregarse al servicio de quienes nadie quería mirar.

Con información de Religión en Libertad.

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La muerte de su madre en Navidad marcó su infancia y, años después, una grave enfermedad la dejó postrada. Frente al Santísimo Sacramento, tuvo experiencia que ella describe como una sanación física y espiritual.

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Foto: National Catholic Register

Redacción ( 17/09/2026 16:51 , Gaudium Press ) La vida de la Hermana Briege McKenna desde muy joven estuvo llena de dolor, pero también de una experiencia de fe que, según su propio testimonio, le permitió descubrir a Jesús no como una idea lejana, sino como una Persona viva y cercana.

Creció en Irlanda del Norte, en una familia de cinco hijos. Tenía apenas doce años cuando su madre murió repentinamente el día de Navidad. Aquella noche, mientras lloraba su pérdida, experimentó lo que describió como una voz interior que le dio una certeza que conservaría durante toda su vida. «Mi madre murió repentinamente el día de Navidad, cuando yo tenía doce años. Esa noche, mientras lloraba su muerte, escuché una voz interior que me dijo: ‘No te preocupes, yo cuidaré de ti’. Desde ese momento supe que sería religiosa».

Tres años después, a los quince, ingresó al convento. Sin embargo, su camino religioso pronto quedó interrumpido por una grave enfermedad. Dos años después de entrar en la vida religiosa, la artritis reumatoide severamente deterioró sus articulaciones hasta dejarla prácticamente postrada. Sus superiores decidieron enviarla a Estados Unidos, con la esperanza de que el clima cálido pudiera favorecer su recuperación. Llegó a Tampa, Florida, pero el cambio de país y el calor no produjo el resultado esperado. «Esos dos años de enfermedad fueron muy difíciles. Me enviaron a Tampa, Florida, porque pensaban que el clima me ayudaría. No funcionó; empeoró», recordó en una entrevista con el Padre Mark Mary para EWTN.

La joven religiosa tenía apenas 24 años y llevaba dos años con pesados ​​yesos en las piernas. Su cuerpo estaba debilitado por el dolor, pero, según su testimonio, precisamente allí comenzaría una de las experiencias más decisivas de su vida.

“Jesús, por favor, revélate a mí”

Durante un retiro dirigido por el Padre Ed O’Connor, de la Congregación de la Santa Cruz, Briege escuchó una predicación sobre el Espíritu Santo que la llevó a vivir un momento de intensa oración. De rodillas frente al altar, hizo una petición personal. No pedí explicaciones sobre su enfermedad ni una respuesta intelectual acerca de la fe. Le pidió a Jesús que se hiciera presente. “Jesús, por favor, revélate a mí”.

Según relató posteriormente, en ese momento sintió una mano real y amorosa sobre su cabeza. Después, un calor recorrió sus extremidades y el dolor que durante años había limitado sus movimientos desapareció. “Inmediatamente, el dolor desapareció”.

Pero para ella, lo más importante no fue la recuperación física. «Pero, más importante aún, me enamoré de Jesús como persona. Mi sanación no fue solo física, sino también espiritual. Me di cuenta por primera vez de que Él era real, estaba vivo y era profundamente cercano».

A partir de entonces, la Eucaristía ocuparía un lugar central en su vida. La experiencia que había comenzado con una petición desesperada terminaría convirtiéndose en una misión.

Después de recuperar su salud, Briege se encontró nuevamente en oración ante el Santísimo Sacramento. Era un período particularmente convulso para la Iglesia ya que muchos sacerdotes abandonaban el ministerio y aumentaban las críticas y cuestionamientos públicos hacia la institución eclesial.

La joven religiosa también se sintió afectada por aquel ambiente. Frente al Sagrario, expresó entonces una pregunta que llevaba en el corazón: “¿Qué está mal con el sacerdocio?”.

Según su testimonio, en aquel momento recibió interiormente una respuesta que cambió su manera de comprender el ministerio sacerdotal. “¿Qué quieres decir con ‘qué está mal con mi sacerdocio’? ¿Acaso alguna vez te he dado un don que no sea perfecto? ¿Qué has hecho tú por quienes llevan este don?”.

Briege relató que, mientras permanecía ante el Santísimo, tuvo una experiencia mística en la que contemplaba la ordenación sacerdotal desde una perspectiva celestial. La escena que describió le permitió distinguir entre el don del sacerdocio y la fragilidad humana de quienes lo reciben. “Comprendí que el sacerdocio en sí mismo es perfecto porque es el propio sacerdocio de Cristo”. Y añadió, «El problema nunca es el sacerdocio, sino el recipiente que lo contiene. Los sacerdotes son humanos, frágiles y llenos de defectos, pero contienen el vino de la gracia divina».

Para Briege, aquella experiencia también supuso una llamada personal. Si los sacerdotes eran hombres frágiles encargados de custodiar un don recibido de Cristo, ella entendió que su respuesta no debía ser únicamente la crítica, sino también la oración y el acompañamiento.

Una misión para los sacerdotes.

Según su relato, durante aquella experiencia recibió una misión, “El Señor me dijo que mi misión era animar, desafiar y reafirmar a estos recipientes: sus sacerdotes”. Desde entonces, su apostolado quedó vinculado a la Eucaristía y al sacerdocio. Durante décadas recorrió distintos países predicando retiros y hablando tanto a sacerdotes como a laicos sobre la necesidad de recuperar una relación personal con Cristo. Para ella, la oración no podía reducirse a repetir palabras. Tenía que convertirse en un encuentro. “No puedes tener fe sin oración, y la oración solo crece a partir de una relación”.

Por eso insistía en que quienes acudían a una capilla no debían comportarse como si estuvieran frente a un lugar vacío. «Dejen de hablarle al vacío. Hay una persona viva en ese Sagrario que los escucha, los ama y los espera».

Con información de ChurchPop

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Fundación en España evitó el aborto de más de 50.000 bebés el año pasado https://es.gaudiumpress.org/content/fundacion-en-espana-evito-el-aborto-de-mas-de-50-000-bebes-el-ano-pasado/ https://es.gaudiumpress.org/content/fundacion-en-espana-evito-el-aborto-de-mas-de-50-000-bebes-el-ano-pasado/#respond Thu, 17 Sep 2026 17:02:47 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=211653 La labor de REDMADRE se lleva a cabo con el fin de ofrecer un mejor acompañamiento a la mujer embarazada y de seguir construyendo una sociedad que proteja y valore la maternidad. Redacción (17/09/2026 11:58, Gaudium Press) En 2025, la Fundación REDMADRE cumplió 18 años acompañando a mujeres embarazadas en situación de vulnerabilidad a causa... Ver artículo

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La labor de REDMADRE se lleva a cabo con el fin de ofrecer un mejor acompañamiento a la mujer embarazada y de seguir construyendo una sociedad que proteja y valore la maternidad.

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Redacción (17/09/2026 11:58, Gaudium Press) En 2025, la Fundación REDMADRE cumplió 18 años acompañando a mujeres embarazadas en situación de vulnerabilidad a causa de su embarazo, defendiendo el valor de la maternidad y construyendo una red de apoyo que cuenta actualmente con 37 Asociaciones REDMADRE y más de 50 sedes en España.

La Fundación logró que más de 50.000 madres en riesgo de aborto aceptaran la ayuda que les ofrecieron para apostar por la vida de sus bebés, según se refleja en su memoria de actividades correspondiente al año 2025.

Estas madres representan el 85,4% de las más de 60.000 mujeres embarazadas a las que atendió la fundación a lo largo del pasado año. Siete de cada diez de estas mujeres estaban desempleadas y casi el 80% son extranjeras, en una tendencia al alza en los últimos años.

En cuanto a las edades, el grupo mayoritario se sitúa entre 30 y 39 años (47%), seguido de las jóvenes de 18 a 29 años (44,22%). De ellas, 6 de cada 10 contaban con apoyo familiar o de su pareja.

En el último año, Red Madre gestionó peticiones de ayuda recibidas a través de más de 6.500 llamadas telefónicas, más de 2.000 correos electrónicos y cerca de 7.000 mensajes de WhatsApp.

Para desempeñar esta labor cuentan con 1.093 voluntarios en toda España organizados en diferentes equipos: alianzas para contactar a grandes donantes; empleabilidad para dar opciones laborales a las mujeres embarazadas; colegios para campañas de formación y recogidas de enseres; proyectos para elaborar los documentos que se presentan a instituciones públicas y privadas para la obtención de fondos; y el conocido como Sede, dedicado a labores administrativas y la organización de eventos y campañas.

Amaya Azcona, directora general de Red Madre, señaló en un comunicado que la evolución de la fundación a lo largo de 18 años, en los que han acompañado a 502.889 madres, “muestra que los apoyos públicos a la mujer embarazada, y en especial a la que se encuentra en situación de vulnerabilidad, son insuficientes”.

Por tal motivo, reiteró la petición a las administraciones públicas para que “hagan un análisis profundo de la maternidad y generen medidas de apoyo realistas, concretas y eficaces”.

No es solo aborto: maltrato psicológico y físico

Algunas de las mujeres atendidas por Red Madre, 437, además estar en riesgo de aborto, expresaron sufrir maltrato psicológico (63%) y físico (20,82%); el 16,02% fueron derivadas a recursos especializados.

Entre las principales necesidades de todas las mujeres que solicitaron acompañamiento se encuentran la orientación e información sobre el aborto, el acompañamiento emocional, el acompañamiento en el trauma post aborto y el apoyo en la búsqueda de empleo. Más de la mitad necesitó pañales y algo menos de un tercio, productos de alimentación.

La labor de REDMADRE se lleva a cabo con el fin de ofrecer un mejor acompañamiento a la mujer embarazada y de seguir construyendo una sociedad que proteja y valore la maternidad.

Con información de Aciprensa.

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San Roberto Belarmino, el genio jesuita vestido de púrpura que no quiso vestir de blanco https://es.gaudiumpress.org/content/san-roberto-belarmino-el-genio-jesuita-vestido-de-purpura-que-no-quiso-vestir-de-blanco/ https://es.gaudiumpress.org/content/san-roberto-belarmino-el-genio-jesuita-vestido-de-purpura-que-no-quiso-vestir-de-blanco/#respond Thu, 17 Sep 2026 15:45:11 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=211646 La familia de Roberto quería hacer de él un político, pero Dios lo tenía para mucho más. Redacción (17/09/2025, Gaudium Press) La familia de Roberto quería hacer de él un político, pero Dios lo tenía para mucho más, y lo convirtió en un santo doctor, cardenal, polemista, humilde, grande, escritor… un coloso. De uno de... Ver artículo

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La familia de Roberto quería hacer de él un político, pero Dios lo tenía para mucho más.

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Redacción (17/09/2025, Gaudium Press) La familia de Roberto quería hacer de él un político, pero Dios lo tenía para mucho más, y lo convirtió en un santo doctor, cardenal, polemista, humilde, grande, escritor… un coloso.

De uno de sus libros, tal vez el más famoso, llamado Controversias, decía Teodoro de Beza, quien sucedió al protestante Calvino: “He aquí el libro que nos perdió”. Ante confesión de parte, relevo de pruebas… Hasta sus contendientes reconocían su grandeza. ¿Cómo surgió este gran hombre?

Nació en Montepulciano, Toscana, el 4 de octubre de 1542. Su padre era noble, aunque un tanto venido a menos; había ocupado por varios años el cargo de regente de la ciudad. Es decir, su familia era principal. Y su madre, hermana de un Papa, Marcelo II.

Su interés por el estudio lo manifestó desde chico, y también su inclinación a la piedad; le gustaba ir a la iglesia y visitar el Santísimo.

Entra a los jesuitas

A los 14 años entró al colegio jesuita. Pero el chico brillaba con luz propia, en las conversaciones, en las discusiones, y el mundo le empieza a insinuar la posibilidad de una carrera brillante: además era el sobrino del Papa. Como mínimo terminaría en la Corte Pontificia.

Pero Roberto medía el peligro que una carrera mundana traía, peligro para la virtud, y por ello escogió como su comunidad a los jesuitas, que tenían por norma huir a las dignidades.

Entra al Colegio Romano, en la propia sede del papado, y comienza a estudiar filosofía en ese centro de la Compañía, el principal. Brilló en los estudios y a los 21 años ya enseñaba Humanidades en el Colegio de Florencia.

San Francisco de Borja, superior, también consideró las cualidades de Roberto, y dispuso su traslado a la Universidad de Lovaina, donde se preparaba la defensa de la fe contra los ataques protestantes. Debería estar allí dos años, que terminaron siendo siete.

Fue en Gante, el 25 de marzo de 1570, cuando recibió el presbiterado.

Profundiza en el hebreo, en los Padres, los Doctores, la doctrina de los Papas

Las polémicas con los protestantes llevaron al P. Roberto a aprender hebreo, con el fin de tener una mayor base para la interpretación de las escrituras. Su inteligencia era tal, que pronto compuso para uso personal una gramática de esa lengua.

Estudió también los Padres de la Iglesia, los Doctores, la doctrina de los Papas, se sumergió en el tesoro de la doctrina de la Iglesia. Construyó con la gracia de Dios en su mente un verdadero ejército apologético y de afirmación de la fe. El aprecio con el que se lo consideraba, fue en aumento y su presencia era solicitada en los más variados sitios, en los más brillantes ateneos.

Regreso a Roma

Un día tuvo que regresar a Roma. Por orden de Gregorio XIII se había creado en el Colegio Romano una cátedra que tenía el mismo nombre del que sería su gran libro, Controversias, con un sentido de defensa de la doctrina católica. Durante 12 años San Roberto enseñó ahí, y sus enseñanzas fueron compiladas en el libro homónimo, que era la ‘Summa’ de San Roberto. El método de exposición allí era tomista, inocente y serio.

En 1952 fue hecho rector del Colegio Romano.

Entre otros encargos pastorales, fue teólogo del Papa Clemente VIII, consultor del Santo Oficio, teólogo de la Penitenciaría Apostólica; trabajó en la comisión que prepararía la edición clementina de la Vulgata.

Caminaba irremediablemente hacia el cardenalato, aunque como ocurre con los santos, él no lo quería. Fue directamente obligado por el Papa a aceptar esa dignidad. Luego el Papa lo hizo Arzobispo de Capua.

Allí, reformó el clero, renovó la liturgia, predicaba como siempre había gustado y querido, para beneficio de sus oyentes.

Recorrió toda su diócesis, consolando, animando, impartiendo sacramentos, llevando el buen aroma de Cristo.

Como buen hijo de San Ignacio, y siguiendo una de las normas que habían guiado su vida, incentivó al máximo en su diócesis la formación, el catecismo. Pero sus múltiples labores no le restaban tiempo de la oración, la meditación. ¿Cómo encontraba el santo espacio para tantas cosas? Dios se lo multiplicaba.

Se le quiso hacer Papa

Muere Clemente VIII y San Roberto va al cónclave donde es elegido León XI, quien fallece un mes después. Participa pues en su segundo cónclave, donde llegó a tener un buen número de votos. Pero reveló después que hizo en esos momentos un explícito pedido a Dios: ¡Del Papado, libradme Señor! Se consideraba poco apto para el mismo. A veces desearíamos que los santos fuesen menos humildes…

El nuevo Papa, Pablo V, lo quiso junto a sí, y lo hizo regresar de Capua. Su opinión en delicados asuntos ejercía una decisiva influencia casi siempre.

Cuando siente aproximarse la muerte, pide dispensa de sus muchas obligaciones y se retira al noviciado de San Andrés, en el Quirinal, para poder bien “esperar al Señor”.

Muere el 17 de septiembre de 1621. La gente se volcó a su lecho de muerte y luego a su tumba.

(Con información de “Un jesuita vestido de púrpura”, de la Hna. Clara Isabel Morazzani Arráiz, EP.)

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¿Cómo alcanzar la castidad? https://es.gaudiumpress.org/content/como-alcanzar-la-castidad/ https://es.gaudiumpress.org/content/como-alcanzar-la-castidad/#respond Thu, 17 Sep 2026 15:32:53 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=211639 El secreto de la castidad no nace de los propios esfuerzos; es un don divino que se alcanza por la intercesión de la purísima Virgen María. Redacción (17/09/2026 10:28, Gaudium Press) A menudo sucede que, así como se pueden reunir piedra, madera y todos los materiales necesarios para edificar una casa sin llegar a construirla... Ver artículo

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El secreto de la castidad no nace de los propios esfuerzos; es un don divino que se alcanza por la intercesión de la purísima Virgen María.

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Redacción (17/09/2026 10:28, Gaudium Press) A menudo sucede que, así como se pueden reunir piedra, madera y todos los materiales necesarios para edificar una casa sin llegar a construirla realmente, también puede ocurrir que, aun empleando todos los remedios, no alcancemos la castidad deseada.

Son muchos los que, aun deseándola ardientemente y realizando grandes esfuerzos para alcanzarla, se ven miserablemente caídos o duramente atormentados en su carne, y dicen con mucha tristeza: «hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada» (Lc 5,5). Y les parece que se cumple en ellos lo que dijo el Sabio: «Cuanto más la buscaba, más lejos estaba de mí» (Ecl 7,23-24).

Esto, muchas veces, proviene de una secreta confianza que esas personas soberbias tenían en sí mismas, pensando que la castidad era un fruto que nacía únicamente de sus esfuerzos, y no un don concedido por la mano de Dios. […]

Gran sabiduría es reconocer el don de la castidad; y no está lejos de alcanzarla quien realmente siente que ella no depende de los esfuerzos del hombre, sino de la gracia de Dios.

Y no debemos recurrir solamente a Dios, sino también a sus santos, representados por los montes en la oración de David (Sal 120,1). Y, principalmente, más que a nadie, debemos invocar a la purísima Virgen María, importunándola con devociones y oraciones, para que Ella nos obtenga esa gracia.

Ella escucha y acoge de muy buena voluntad nuestros clamores, valorando enormemente aquello que le pedimos. He visto a personas aquejadas por la debilidad de la carne verse especialmente beneficiadas por Ella al pedir su intercesión en nombre de la pureza de su concepción sin pecado y de la pureza virginal con la que concibió al Hijo de Dios.

Tomad, por tanto, a Nuestra Señora como vuestra abogada particular, para que, con su intercesión, os alcance y conserve esa pureza.

(SAN JUAN DE ÁVILA. Audi, filia: Avisos para os que desejam servir a Deus. São Paulo: Cultor de Livros, 2020, p. 79-81.)

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Lamentos de un seminarista peruano ante la crisis en la Iglesia, por la avenida Tacna https://es.gaudiumpress.org/content/lamentos-de-un-seminarista-peruano-ante-la-crisis-en-la-iglesia-por-la-avenida-tacna/ https://es.gaudiumpress.org/content/lamentos-de-un-seminarista-peruano-ante-la-crisis-en-la-iglesia-por-la-avenida-tacna/#respond Thu, 17 Sep 2026 15:21:51 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=211632 El medio La Abeja recoge un escrito de un seminarista paseando por la Avenida Tacna y haciendo sesudas meditaciones. Redacción (17/09/2026 10:06, Gaudium Press) El medio La Abeja publica una comunicación que enviada por un seminarista, sobre perplejidades ante cosas que ocurren en la Iglesia. El redactor del medio, que mantuvo una conversación con el... Ver artículo

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El medio La Abeja recoge un escrito de un seminarista paseando por la Avenida Tacna y haciendo sesudas meditaciones.

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Foto: M G / Unplash

Redacción (17/09/2026 10:06, Gaudium Press) El medio La Abeja publica una comunicación que enviada por un seminarista, sobre perplejidades ante cosas que ocurren en la Iglesia. El redactor del medio, que mantuvo una conversación con el seminarista por chat, expresa que lo animó a mantener la fe, el amor por la Iglesia y a confiar en el triunfo del Inmaculado Corazón de María.

A continuación, algunos trechos de lo expresado por el seminarista, quien pidió se le guardase el anonimato:

Zavalita, al salir de las instalaciones del diario La Crónica, observa meditabundo la avenida Tacna bajo el cielo gris de Lima y se pregunta: ¿en qué momento se jodió el Perú? Muchas décadas después, salgo de la librería de las Nazarenas, en esta misma calle capitalina y, con aires taciturnos, también me interrogo: ¿En qué momento se jodió la Iglesia?

Seminarios y conventos dramáticamente vacíos, liturgias supuestamente creativas pero desacralizadas, homilias superficiales y tibias, en definitiva, la identidad cristiana diluida en un océano de relativismo. El Perú jodido, la Iglesia jodida, yo también jodido. ¡Qué jodida que es la vida en el siglo XXI, caray!

Continúo transitando por esta avenida repleta de tiendas de imágenes religiosas, algunas fieles al cristianismo, otras sincretistas y esotéricas. Percibo un olor indefinido, algo así como una mezcla entre agua florida y ruda, las vendedoras me ofrecen apremiantemente sus turrones tradicionales Doña Pepa. Es cierto, estamos cerca al mes morado. [ndr. En referencia al mes en que se conmemora al Señor de los Milagros, octubre]

Jornadas nacionales juveniles con música profana, misas para niños con títeres y muñecos en el templo, el sacerdote reducido al simple papel de animador comunitario, ecología integral, sinodalidad —¡Cojudeces!— pienso.

La misa ya no es el centro y culmen de la vida de la Iglesia, tal como reza la Sacrosanctum Concilium, sino que ahora es solo un medio, un instrumento para celebrar a la comunidad y cultura propias. En el mejor de los casos se le reconoce su finalidad eucarística, es decir como acción de gracias, pero se ha guardado en el baúl de los recuerdos sus otros tres fines: adoración, propiciación y reparación. (…)

Pura locura humana. Prosigo mi caminata reflexiva por esta calle inundada con el olor del palo santo. Que deliciosos y dulces se ven esos picarones. Llego al hermoso convento de Santa Rosa de Lima. ¿Fue una mujer revolucionaria, desencantada con el sistema colonial de la Lima de antaño? Bueno al menos así lo asegura un alto jerarca de la iglesia peruana, o en realidad ¿se destacó por sus virtudes, contemplativas, místicas y caritativas? ¡Sabe Dios, alma mía!

Hoy en día no se tiene ninguna certeza, todo evoluciona, todo se reinterpreta, nada es seguro. Los dogmas son para gente anticuada y fanática, dicen los progres.

Sigo en mi paseo por la avenida Tacna, observo atentamente los hábitos del Señor de los Milagros exhibidos en profusión; de hecho, estamos a puertas de octubre. Una súbita una inspiración ilumina mi apesadumbrado corazón, después de todo la esperanza es lo último que se pierde, total en octubre siempre ocurre milagros, siempre. Solo un milagro nos sacara de esta situación.

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León reconstruye puentes con episcopado americano; tensión con Casa Blanca mantiene su fuego https://es.gaudiumpress.org/content/leon-reconstruye-puentes-con-episcopado-americano-tension-con-casa-blanca-mantiene-su-fuego/ https://es.gaudiumpress.org/content/leon-reconstruye-puentes-con-episcopado-americano-tension-con-casa-blanca-mantiene-su-fuego/#respond Thu, 17 Sep 2026 15:00:59 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=211624 Massimo Faggioli, teólogo de Villanova University, analiza en una conferencia en Roma el cambio de tono entre el Vaticano y la Iglesia estadounidense bajo el nuevo pontificado. Redacción (17/09/2026 09:43, Gaudium Press) Con la elección de León XIV, la relación entre el Vaticano y la Iglesia católica de Estados Unidos ha entrado en una fase... Ver artículo

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Massimo Faggioli, teólogo de Villanova University, analiza en una conferencia en Roma el cambio de tono entre el Vaticano y la Iglesia estadounidense bajo el nuevo pontificado.

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Foto: Wikipedia

Redacción (17/09/2026 09:43, Gaudium Press) Con la elección de León XIV, la relación entre el Vaticano y la Iglesia católica de Estados Unidos ha entrado en una fase distinta a la vivida bajo el pontificado de Francisco, según el análisis del teólogo Massimo Faggioli, profesor del Departamento de Teología y Ciencias Religiosas de la Universidad de Villanova (Filadelfia) y autor de los libros Leone XIV e la Chiesa globale y Da Dio a Trump.

Faggioli intervino este 16 de septiembre en la conferencia “La política exterior del Papa León XIV”, organizada por la Embajada de Italia ante la Santa Sede, según informó la agencia ANSA.

Un “triángulo” que se endereza

El teólogo describió el vínculo entre el Papa, el episcopado estadounidense y el poder político de Washington como una figura triangular. Bajo Francisco, explicó, ese triángulo era “agudo”: existía una distancia muy marcada tanto hacia la Iglesia americana como hacia el poder político de Estados Unidos.
Ahora, con León XIV, el triángulo se ha vuelto “un poco menos vertical”: la tensión con la Casa Blanca se mantiene, pero ha surgido una relación que calificó como “más colaborativa y estratégica con la Iglesia americana”, en la que —subrayó— la voz que hoy se distingue con más fuerza en el país es la propia Conferencia Episcopal, particularmente en temas como la inmigración.

La política exterior estadounidense, foco de la tensión que persiste

Según Faggioli, el punto de fricción que se ha agravado no es ya con el episcopado, sino con la política exterior de Estados Unidos, cada vez más permeada, a su juicio, por categorías apocalípticas y de “fin del mundo”. El teólogo situó ese lenguaje en la órbita de figuras como Elon Musk o Peter Thiel, sin que ambos hayan participado en el encuentro, y advirtió que, en ese universo cultural, hablar de Apocalipsis o de colonizar Marte no es un pensamiento meramente descriptivo, sino “desiderante” —es decir, que expresa una voluntad activa de rehacer o recrear el mundo, algo que puede notarse en el estilo Trump.

Faggioli añadió una clave de lectura cultural para intentar entender esa distancia: mientras en Europa se tiende a leer la Biblia a la luz de la historia, en Estados Unidos ocurre lo inverso —se lee la historia actual a la luz de la Biblia—, una inversión que, en su opinión, complica cualquier intento de tender puentes.

En todo caso, aún no hay foto del Papa con Trump, como a cierta altura la hubo con Francisco, aunque muchos hablaran de un rictus del Pontífice en esa ocasión. Pero a cierta altura se deberá dar, más con un Papa nacido en Chicago.

Con información de ANSA

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“A un sacerdote que no reza no le salva ningún curso de gestión”: Mons. Mutsaerts https://es.gaudiumpress.org/content/a-un-sacerdote-que-no-reza-no-le-salva-ningun-curso-de-gestion-mons-mutsaerts/ https://es.gaudiumpress.org/content/a-un-sacerdote-que-no-reza-no-le-salva-ningun-curso-de-gestion-mons-mutsaerts/#respond Thu, 17 Sep 2026 14:20:49 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=211617 El obispo holandés ha publicado artículo en su blog sobre “Doce cuestiones, verdades incómodas y un camino católico hacia el futuro”. Redacción (17/09/2026 09:12, Gaudium Press) A continuación, artículo del Obispo Robert Mutsaerts, publicado en su blog, en traducción de Infocatólica: La Iglesia en crisis, y cómo no debemos salvarla Doce cuestiones, verdades incómodas y... Ver artículo

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El obispo holandés ha publicado artículo en su blog sobre “Doce cuestiones, verdades incómodas y un camino católico hacia el futuro”.

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Redacción (17/09/2026 09:12, Gaudium Press) A continuación, artículo del Obispo Robert Mutsaerts, publicado en su blog, en traducción de Infocatólica:

La Iglesia en crisis, y cómo no debemos salvarla

Doce cuestiones, verdades incómodas y un camino católico hacia el futuro

Tengo una buena noticia y una mala. La mala es que la Iglesia católica se encuentra en crisis. La buena es que ya ha pasado por esto otras veces. Es más: quien conozca un poco la historia de la Iglesia tiene a veces la impresión de que la crisis es una de las pocas tradiciones católicas verdaderamente duraderas. Hemos tenido papas corruptos, obispos mundanos, herejías, cismas, revoluciones, persecuciones y comisiones litúrgicas. Y, sin embargo, seguimos existiendo.

Esto último me parece, sobre todo, una prueba del origen divino de la Iglesia. Una organización puramente humana que hubiera sido gobernada como lo ha sido la Iglesia en ocasiones probablemente habría quebrado hacia el siglo IV. Pero, aun así, la situación es grave. No porque la Iglesia sea poco popular. No porque su cuota de mercado esté disminuyendo. No porque no se adapte lo suficiente al consumidor moderno.

La crisis es grave porque dentro de la Iglesia hay incertidumbre precisamente sobre aquellas cuestiones sobre las que debería ofrecer certeza: ¿Qué es verdad? ¿Qué es el pecado? ¿Qué es el matrimonio? ¿Qué es el sacerdocio? ¿Qué es la liturgia? ¿Qué es la obediencia? ¿Qué significa la misericordia? ¿Qué ha confiado realmente Cristo a su Iglesia? Y, quizá más fundamental aún: ¿Seguimos creyendo de verdad que la Iglesia ha recibido de Cristo algo que ella misma no tiene potestad para cambiar? Ahí está el quid de la cuestión.

1.- La primera reforma necesaria: dejar de actuar como si todo tuviera que reformarse

Vivimos en una cultura en la que el cambio se considera casi automáticamente una mejora. Un teléfono de 2019 está anticuado. Un ordenador de 2012 es una antigualla. Y por eso a veces pensamos inconscientemente que una doctrina del año 325 necesita con urgencia una actualización de software. Pero la revelación no es un iPhone. El cristianismo no es un producto del que deba salir un nuevo modelo cada año. La tarea de la Iglesia no es fabricar constantemente una nueva religión. Su tarea es recibir, conservar, profundizar y proclamar lo que ha recibido de Cristo.

Eso no significa que nada pueda cambiar. Los métodos pastorales pueden cambiar. Las disciplinas canónicas pueden cambiar. Las formas de gobierno pueden cambiar. Las disciplinas litúrgicas pueden cambiar. Pero la verdad no puede ser verdadera hoy y falsa mañana.

Un obispo debería plantearse una sencilla pregunta ante cada renovación eclesiástica: ¿Ayuda esto a mi pueblo a ser más santo? No: «¿Es esto innovador?». No: «¿Está formulado de manera inclusiva?». No: «¿Podemos crear un grupo de trabajo para ello?». Sino: ¿Acerca esto a las personas a Cristo, a los sacramentos y a la vida eterna? Eso podría acortar muchas reuniones. Y quizá eso ya sea en sí mismo una pequeña reforma eclesiástica.

2.- Sinodalidad: instrumento útil, mala dirección

No hay nada anticatólico en los sínodos. La Iglesia los ha conocido durante siglos. El riesgo aparece cuando la sinodalidad deja de ser un método y se convierte en un ideal teológico casi autónomo. Porque el cristianismo no comenzó con: «Donde dos o tres están reunidos en corro de diálogo, allí brota por sí sola la verdad». A los Apóstoles se les confió una fe. Después se les permitió reunirse para deliberar sobre ella. Ese orden es importante.

Escuchar es excelente, pero los católicos deben atreverse a veces a plantear la pregunta descortés: ¿Escuchar a quién? ¿A la cultura? ¿A las encuestas de opinión? ¿A los grupos de interés? ¿A nosotros mismos? ¿O a Cristo? Porque cuando el resultado de un proceso eclesial de escucha coincide, de forma previsible, con los deseos de la cultura secular moderna, cabe al menos preguntarse si hemos escuchado realmente al Espíritu Santo o si, tal vez, hemos escuchado sobre todo al espíritu de la época.

Y es que el Espíritu Santo tiene una característica curiosa: con sorprendente frecuencia habla en continuidad con lo que ha dicho durante los últimos veinte siglos. Un consejo, sin más, para mis hermanos obispos: utilizad la sinodalidad, pero sed obispos. Un obispo no ha sido elegido para ser facilitador permanente de dinámicas de grupo. Es sucesor de los apóstoles. Eso significa enseñar, santificar, gobernar y, a veces, también decir: «No. Esto no podemos cambiarlo». Esa palabra, «no», tiene hoy mala reputación. Pero los padres lo saben: quien nunca dice «no» no por eso quiere más a sus hijos.

3.- Recuperar la distinción entre misericordia y aprobación

Nadie necesita una Iglesia insensible. Pero tampoco nadie necesita una Iglesia que ya solo se atreva a nombrar el pecado en documentos históricos. Cristo fue infinitamente misericordioso. Pero su misericordia nunca consistió en fingir que la conversión fuera innecesaria. Al pecador, Cristo le dice: «Ven». Pero también: «Sígueme». Y seguirle significa necesariamente que no nos quedamos exactamente donde estábamos.

Parece sencillo. Pero hoy resulta revolucionario. La tentación pastoral es a veces esta: no queremos herir a nadie, así que preferimos no hablar ya del pecado. El problema es que entonces también el perdón pierde su sentido. Quien nunca está enfermo no necesita médico. Quien nunca peca no necesita Redentor. Y de repente descubrimos por qué, en un sistema teológico así, a Cristo le queda cada vez menos que hacer.

Un consejo, sin más, para mis hermanos sacerdotes. Predicad de nuevo sobre el pecado, la gracia, el cielo, el infierno, la confesión, la virtud, la castidad, la oración, el sacrificio y la conversión. No todo a la vez cada domingo. Los fieles también tienen que llegar a tiempo a comer. Pero haced saber a la gente que el cristianismo trata realmente de algo.

4.- Salvad la liturgia tanto del experimentalismo como de la ideología

La liturgia es uno de los temas más delicados dentro de la Iglesia. Es comprensible. Lex orandi, lex credendi. Tal como rezamos, así aprendemos a creer. Por eso la lucha por la liturgia nunca es solo una cuestión estética. En última instancia, se trata de Dios.

Una misa católica no es, ante todo, una reunión en la que la comunidad celebra su unión. Es el sacrificio de Cristo hecho presente sacramentalmente. No es un banquete en forma de sacrificio, sino un sacrificio en forma de banquete. Eso lo cambia todo. Cuando se cree realmente en ello, surgen por sí solos el respeto, el arrodillarse, el silencio, la belleza, el esmero, la música sacra y un sacerdote que no piensa que la liturgia mejora cuando cuenta espontáneamente una anécdota graciosa. El Espíritu Santo tiene muchos talentos. Que yo sepa, el teatro de improvisación en el altar no figura entre los siete dones.

Un consejo, sin más, para mis hermanos obispos. No consideréis automáticamente el apego a la liturgia tradicional como un problema psiquiátrico. No todo joven católico al que le gusta el latín es un agente secreto de 1957. Cuando a los jóvenes les atraen el canto gregoriano, el silencio, el incienso, arrodillarse, la celebración ad orientem o la espiritualidad clásica, no preguntéis inmediatamente: «¿Qué ha salido mal aquí?». Preguntad quizá: «¿Qué buscan aquí que echan de menos en otros lugares?».

Para los católicos tradicionales. Pero también ellos tienen que dejarse decir algo. La liturgia tradicional puede santificar a alguien. Pero un rito antiguo no hace santo a nadie automáticamente. Uno puede asistir a la misa más reverente y, a continuación, maldecir en el aparcamiento a los tres obispos [sic] y al Vaticano entero. Eso será quizá litúrgicamente tradicional, pero espiritualmente es menos recomendable. La tradición sin amor se convierte en arqueología con mal genio.

5.- Dejad de tratar a los jóvenes creyentes como si fueran porcelana religiosa

Según algunos modelos pastorales, los jóvenes necesitarían ante todo pocas barreras de entrada, pocas exigencias, celebraciones breves, textos comprensibles, mucha voz y voto y, sobre todo, nada que suene a obligación. Solo que hay un problema. Ese modelo no parece funcionar demasiado bien. Muchos jóvenes que descubren la fe buscan precisamente otra cosa: verdad, orden, ascesis, identidad, confesión, adoración, sacramentos, profundidad intelectual y una comunidad que les exija algo.

Hemos subestimado a los jóvenes. Les ofrecimos gaseosa cuando buscaban vino. Les dimos eslóganes cuando querían leer a Tomás de Aquino. Pensamos que el canto gregoriano los ahuyentaría. Algunos de ellos, entretanto, lo descargan voluntariamente en Spotify.

Un consejo para mis hermanos sacerdotes: atreveos a tratar a los jóvenes como adultos. Enseñadles el Catecismo. Enseñadles a rezar. Enseñadles a ayunar. Enseñadles por qué la Iglesia enseña lo que enseña. No ofrezcáis un cristianismo diluido. Nadie ha muerto mártir por un vago sentimiento de pertenencia.

6.- Vocaciones: ¿quién pide todavía un sacrificio?

Se habla mucho de la escasez de sacerdotes. Es comprensible. Pero el debate pasa después, con sorprendente rapidez, a cuestiones como las fusiones, los modelos de gestión, los laicos que presiden celebraciones, la reestructuración y, por supuesto, el celibato. Todo ello puede discutirse. Pero quizá deberíamos plantearnos antes algo más sencillo: ¿Por qué querría un joven hacerse sacerdote?

Cuando oye que va a ser gestor de ocho parroquias, que su agenda estará llena de reuniones, que ante todo no debe ofender a nadie y que, al cabo de veinte años, quizá le toque un plan estratégico sobre patrimonio inmobiliario sostenible, resulta asombroso que aún se presente alguien. Pero dile: «Entrega tu vida a Cristo. Celebra cada día el sacrificio de la Misa. Perdona los pecados. Bautiza a los niños. Acompaña a los moribundos. Anuncia el Evangelio. Hazte padre espiritual. Guía las almas hacia la eternidad». De repente, eso suena distinto.

Un consejo, sin más, para mis hermanos obispos. No busquéis candidatos que destaquen principalmente en la gestión. Buscad hombres que recen. A un administrador mediocre le puede ayudar un buen economista. A un sacerdote que no reza no le salva ningún curso de gestión.

7.- El obispo debe volver a ser padre

Un obispo moderno puede convertirse fácilmente en una especie de director general de servicios religiosos. Tiene reuniones, abogados, asesores de comunicación, problemas inmobiliarios, preguntas de la prensa, asuntos de personal, protocolos y comisiones. Todo ello es necesario. Pero cuando sus sacerdotes apenas lo conocen y sus fieles solo lo ven en la felicitación de Navidad, algo va mal.

Un obispo es, ante todo, padre y pastor. Por lo tanto, debe conocer a sus sacerdotes. Conocer a los seminaristas. Visitar las parroquias. Velar por la enseñanza de la religión. Proteger la liturgia. Combatir los abusos. Proclamar la doctrina de la fe. Y, de vez en cuando, decir en público algo que todo el mundo comprenda de inmediato: «Ah, sí. Este hombre cree de verdad que la fe católica es verdadera». Sería refrescante.

Me permito hacer una sugerencia concreta. Cada obispo podría reservar cada año un número considerable de días en los que no asistiera a reuniones, sino que visitara el seminario, hablara individualmente con los sacerdotes, se reuniera con los catecúmenos, visitara colegios, oyera confesiones, se encontrara con los jóvenes y visitara las parroquias. Eso le permitiría ver lo que su diócesis necesita realmente.

8.- Sacerdotes: sed sacerdotes, no presentadores

Un sacerdote no tiene por qué ser el hombre más popular de la parroquia. Menos mal. De lo contrario, la Iglesia católica tendría graves problemas de personal. Tampoco tiene que ser «relevante» constantemente. Su relevancia no procede de su personalidad. Procede de Cristo. Cuando un sacerdote unge a los enfermos, es relevante. Cuando absuelve, es relevante. Cuando celebra la Eucaristía, es relevante. Cuando asiste a un moribundo, es más relevante que todas las tertulias televisivas que se emiten esa noche.

Las prioridades concretas para los sacerdotes son fáciles de establecer. Rezad fielmente el breviario cada día. Reservad cada día un tiempo de oración en silencio. Celebrad la Misa con dignidad. Ofreced generosamente oportunidades para confesarse. Estad disponibles para los enfermos. Impartid una catequesis auténtica. Predicad con contenido. Evitad la creatividad litúrgica. Leed teología con regularidad. Vivid con sencillez. Y sed paternales. Esto último es importante. El sacerdote no es un mero funcionario de sacramentos. Es padre espiritual.

9.- Laicos: dejad de esperar a que Roma lo resuelva todo

Los católicos tenemos a veces una costumbre curiosa. Nos quejamos de que la jerarquía tiene demasiado poder. Y luego esperamos que la jerarquía lo resuelva todo. Las dos cosas no casan. Si hay que evangelizar de nuevo la cultura, eso lo harán en gran parte los laicos. En las familias, los colegios, las universidades, las empresas, los medios de comunicación, las artes, la política, la ciencia y las comunidades de vecinos. Al menos, ese sería el panorama ideal. Los primeros cristianos no tenían una conferencia episcopal con una agencia de comunicación profesional. Y, sin embargo, evangelizaron el Imperio romano. Lo cual relativiza bastante nuestras excusas.

El programa de catequesis más importante sigue siendo la familia. De ahí algunos consejos para los padres. Rezad con vuestros hijos. Id con ellos a misa. Confesaos vosotros mismos. Hablad de la fe en casa. Haced que conozcan a los santos. Enseñadles que el domingo es de verdad domingo. Y no os sorprendáis si un hijo no se hace católico después de haber visto durante dieciocho años que ser católico apenas suponía ninguna diferencia para sus padres.

A los intelectuales católicos me gustaría decirles lo siguiente: escribid, enseñad, debatid, fundad, organizad. Estad presentes en la cultura. La ortodoxia católica no debe convertirse en un pasatiempo de intelectuales que solo hablan entre sí. Tomás de Aquino no escribía para un grupo cerrado de WhatsApp.

10.- Dad la batalla cultural sin convertiros vosotros mismos en guerreros culturales

Existen conflictos reales entre la moral católica y la cultura moderna. No debemos negarlo. Pero los católicos tradicionales corren a veces un peligro propio: que la lucha contra el error llegue a ser, poco a poco, más importante que el amor a la verdad. Esa diferencia es sutil, pero crucial. Uno puede acabar dedicando tanto tiempo a combatir el modernismo que Cristo se vuelve casi algo accesorio. Uno puede leer a diario todo lo que va mal en Roma y apenas abrir el Evangelio. Uno puede enterarse en diez minutos por Facebook de la última catástrofe en un dicasterio y no saber qué santo se celebra hoy en el calendario.

Eso no es una victoria de la tradición. Es distracción espiritual. Una regla práctica: leed más a Agustín que el Twitter eclesiástico. Leed más a Benedicto XVI que blogs airados. Rezad por vuestro obispo más tiempo del que dedicáis a quejaros de él. Esto último es especialmente difícil. Por eso, probablemente, es bueno para el alma.

11.- Abusos: cero romanticismo sobre la reputación eclesiástica

Aquí cabe poco humor. Los abusos y la cultura del encubrimiento que los rodea han causado un daño enorme. El católico tradicional nunca debe pensar que defender a la Iglesia significa anteponer la reputación institucional a la verdad y la justicia. Precisamente la ortodoxia católica exige justicia, amor a la verdad, protección de los vulnerables y responsabilidad de quienes ostentan la autoridad. Un obispo que protege a un abusador para «evitar el escándalo» provoca precisamente escándalo. La Iglesia no se defiende ocultando el pecado. La Iglesia se defiende combatiendo el pecado.

En otras palabras: proteged primero a las víctimas. Investigad a fondo. Colaborad conforme a derecho con las autoridades civiles. Sed transparentes en la medida en que sea prudente. Y tened presente que, en última instancia, la reputación de la Iglesia pertenece a Cristo. Él soporta mejor la verdad que la mentira.

12.- Acabemos con el eterno complejo de inferioridad frente al mundo moderno

Desde hace algunas décadas, una parte del estamento eclesiástico parece a veces tener pánico a que el mundo moderno nos considere anticuados. Pero podemos estar tranquilos al respecto. El mundo moderno, efectivamente, nos considera anticuados. Al fin y al cabo, el cristianismo enseña que la castidad es una virtud, que el matrimonio tiene un significado objetivo, que los hijos son un don, que la verdad existe, que el sufrimiento puede cobrar sentido, que la propiedad genera obligaciones, que el perdón es más importante que la venganza, que la humildad es buena, que el hombre no es su propio creador y que, en última instancia, Dios es más importante que la autonomía. Y sí, también más importante que la economía.

Eso nunca estará del todo de moda. Y tampoco hace falta. El cristianismo no ha sobrevivido dos mil años porque reescribiera su mensaje cada veinte años. Ha sobrevivido porque el mensaje resultó ser más grande que cualquier moda.

¿Qué hay que hacer concretamente? Permitidme concluir con un programa sencillo. No con otra comisión más, sino para nosotros mismos.

A los obispos

1.Proclamad con claridad la doctrina de la fe. No solo cuando no haya controversia. Precisamente cuando sea impopular. 2. Formad buenos sacerdotes. Intelectualmente ortodoxos. Espiritualmente profundos. Humanamente maduros. Formados en la liturgia. 3. Dad prioridad a los seminarios ortodoxos. Una diócesis sin vocaciones no debe limitarse a preguntarse por qué no acuden los jóvenes. También debe preguntarse qué encuentran los jóvenes cuando sí acuden. 4. Restableced la paz litúrgica. No tratéis como casos problemáticos a los fieles leales que anhelan la liturgia tradicional. 5. Fomentad la confesión y la adoración. La renovación de la Iglesia no empieza por la gestión. 6. Proteged la educación católica. Una escuela que se dice católica pero ya no se atreve a enseñar la visión católica del hombre tiene, sobre todo, un logotipo histórico. 7. Sed visibles como pastores. Acercaos a vuestra gente.

A los sacerdotes

1. Rezad. Suena casi ofensivamente sencillo. Pero muchas crisis empiezan precisamente ahí. 2. Celebrad la Eucaristía a diario. Celebradla con reverencia. El fiel no acude a misa para encontrarse con la personalidad del sacerdote. Acude a encontrarse con Cristo. 3. Predicad la verdad entera. Con amor. Con inteligencia. Con humor cuando sea oportuno, pero sin vergüenza. 4. Oíd confesiones. Ofreced amplios horarios de confesión. No, llamar al timbre de la casa parroquial no cuenta. 5. Id al encuentro de los jóvenes. No para ir de modernos con ellos: es causa perdida. Un sacerdote de sesenta años que intenta hablar como uno de dieciséis es uno de los argumentos más sólidos a favor de un voto monástico de silencio. Sed padres. Con eso basta. 6. Cuidad la fraternidad sacerdotal. Un sacerdote aislado se vuelve vulnerable. 7. Amad a vuestra gente. También cuando es difícil. Sobre todo entonces.

A los laicos

1. Sed santos vosotros mismos. Es más difícil que enfadarse con Roma, pero, al final, mucho más eficaz. 2. Formad familias católicas. 3. Dad a vuestros hijos una catequesis auténtica. 4. Apoyad a los buenos sacerdotes. No poniéndolos en un pedestal, sino ayudándoles a seguir siendo sacerdotes. 5. Fundad iniciativas católicas: colegios, editoriales, grupos de estudiantes, grupos de oración, instituciones culturales y medios de comunicación de calidad. 6. Conoced vuestra fe. Un católico que no conoce el Catecismo pero discute a diario sobre política eclesiástica se parece un poco a un analista de fútbol que no sabe si el balón está lleno de aire o de arena. 7. Sed alegres. Quizá esto sea más importante de lo que pensamos. La amargura no convierte a nadie.

Permitidme decir también algo que quizá resulte menos agradable para un público tradicional. La tradición puede convertirse ella misma en una ideología. Uno puede llegar a estar tan convencido de que defiende la verdad que olvida que la verdad es una Persona. Podemos tener razón y carecer de amor, ser ortodoxos y altivos, litúrgicamente correctos y espiritualmente fríos, teológicamente agudos y humanamente insoportables. Sería una victoria bastante curiosa.

El movimiento tradicional será verdaderamente fecundo cuando se le reconozca por la santidad, las familias numerosas, las vocaciones, la vida intelectual, la belleza, la caridad, la alegría y la fuerza misionera. No solo por la crítica. Al fin y al cabo, el árbol se conoce por sus frutos. No por lo afilado de sus tuits.

¿Dónde comienza la verdadera reforma?

Quizá no en Roma. Quizá no en un sínodo. Quizá no en una conferencia episcopal. Quizá comience mañana por la mañana. Cuando un sacerdote rece media hora más antes del desayuno. Cuando un padre rece el rosario con sus hijos. Cuando un joven vuelva a confesarse después de diez años. Cuando un obispo decida explicar con serenidad una verdad impopular. Cuando un seminarista elija la santidad por encima de la carrera. Cuando una parroquia retome la adoración eucarística. Cuando un profesor católico se niegue a reducir su fe a un vago humanismo. Cuando un matrimonio viva de verdad su unión como una vocación. Así es como la Iglesia se ha renovado siempre. No, en primer lugar, mediante programas, sino mediante santos.

Y, por tanto: que no cunda el pánico. Podemos tomarnos la crisis en serio. No tenemos por qué dramatizarla más de lo que es. Porque el futuro de la Iglesia no depende, al fin y al cabo, de la competencia de su burocracia. Gracias a Dios. Quizá sea esta la doctrina más consoladora de esta guindilla [ndt: referencia al nombre del blog del obispo, guindilla].

Cristo no dijo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi plan estratégico plurianual». Dijo: «Edificaré mi Iglesia». Eso no nos exime de nuestra responsabilidad. La pone en su sitio. No tenemos que reinventar la Iglesia. Tampoco tenemos que salvarla como si Cristo, tras su Ascensión, hubiera olvidado cómo funciona su propia Iglesia. Debemos hacer algo más sencillo: conservar la fe. Decir la verdad. Recibir los sacramentos. Educar a nuestros hijos. Servir a los pobres. Formar sacerdotes. Fomentar las vocaciones. Celebrar la liturgia con dignidad. Amar a nuestros enemigos. Y amar a Cristo más que a nuestro propio bando eclesial. Esto último puede ser lo más difícil. Porque, al fin y al cabo, no hay santos tradicionales y santos progresistas. Solo hay santos.

Y quizá sea esa precisamente la reforma que la Iglesia necesita ahora. No otro programa católico más. Sino, de nuevo, católicos que se tomen el Evangelio tan en serio que otras personas empiecen a preguntarse: «¿Qué han encontrado ellos que a nosotros nos falta?». Cuando vuelva a plantearse esa pregunta, comenzará realmente la nueva evangelización. Y quizá entonces la Iglesia descubra algo que, en sus mejores momentos, siempre ha sabido: que el mundo no se convierte porque nos parezcamos cada vez más a él, sino porque ve en nosotros algo de Cristo.

+Rob Mutsaerts

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Santa Hildegarda, desde niña tenía visiones, por ella Dios hablaba a emperadores https://es.gaudiumpress.org/content/santa-hildegarda-desde-nina-tenia-visiones-por-ella-dios-hablaba-a-emperadores/ https://es.gaudiumpress.org/content/santa-hildegarda-desde-nina-tenia-visiones-por-ella-dios-hablaba-a-emperadores/#respond Thu, 17 Sep 2026 13:40:27 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=211609 En el siglo XII hubo una abadesa que, además de advertir a papas, emperadores y demás nobles, vislumbró el inicio y desarrollo de la Revolución gnóstica e igualitaria que hoy campea sobre la Tierra entera: Santa Hildegarda. Redacción (17/09/2026, Gaudium Press) Décima hija de una pareja de nobles y ricos terratenientes, Hildegarda nació en 1098,... Ver artículo

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En el siglo XII hubo una abadesa que, además de advertir a papas, emperadores y demás nobles, vislumbró el inicio y desarrollo de la Revolución gnóstica e igualitaria que hoy campea sobre la Tierra entera: Santa Hildegarda.

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Redacción (17/09/2026, Gaudium Press) Décima hija de una pareja de nobles y ricos terratenientes, Hildegarda nació en 1098, en un castillo perteneciente a sus padres cerca de Maguncia, suroeste de Alemania.

Admisión de niños a las órdenes religiosas

A la edad de ocho años, ingresó en un monasterio benedictino dirigido por una condesa cuyo marido gobernaba la región. Allí estudió, aprendió a tocar el arpa y tuvo muchas visiones sobrenaturales: pensaba ella, en su inocencia, que esto pasaba con todos los niños.

Hoy, muchos se oponen a la existencia de seminarios para menores y también al hecho de admitir niños, incluso sin votos, en las órdenes religiosas. Santa Hildegarda, sin embargo, floreció maravillosamente con los benedictinos, institución a la que se unió a una edad tan temprana.” [1]

Durante tres décadas, sufrió varias enfermedades, pero continuó recibiendo visiones. A la edad de 38 años, fue elegida abadesa del monasterio y el prior ordenó que las escribiera. Tan pronto como comenzó este trabajo, dictando o escribiendo en pergamino con una pluma de ganso, se curó de sus dolencias. Tal era la sublimidad de los pensamientos contenidos en los textos que, en poco tiempo, se difundieron ampliamente.

Respondiendo a una carta que le envió San Bernardo, lo llama padre, se declara su esclava y escribe: En una visión mística, “Te vi como un hombre que mira al sol sin miedo, pero con gran audacia. […] Eres el águila que mira al sol. Sé fuerte en las luchas de Dios. Amén.” [2]

Cartas al Papa Beato Eugenio III…

Habiendo sido convocado por el Beato Eugenio III para guiar un sínodo en Tréveris —Alemania Occidental— en 1147, San Bernardo la visitó y llevó a la asamblea textos escritos por ella. El Papa quedó asombrado e hizo leer un resumen de ellos a los participantes.

Luego escribió una carta a la Santa aprobando sus visiones y le pidió que le comunicara las revelaciones que había recibido sobre la situación de la Iglesia y la Cristiandad.

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Transcribimos algunos comentarios realizados por el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira sobre la respuesta de Santa Hildegarda:

La santa relató al Papa Eugenio, en una carta bastante larga, todo lo que había oído de la voz celestial, respecto al Pontífice. Presagiaba un momento difícil, cuyos primeros signos ya se estaban manifestando.

Como se verá, ese momento difícil que ella vislumbraba y cuyos primeros signos ya se manifestaban, fue el comienzo de la Revolución.

Los valles se quejan de las montañas, las montañas caen sobre los valles”. Los valles son la parte baja de la sociedad y las montañas las clases superiores.

Los súbditos ya no temen a Dios. Están un poco impacientes por subir, por así decirlo, a la cima de las montañas para incriminar a los prelados, en lugar de acusar sus propios pecados”. El término “prelado”, en lenguaje medieval, se refiere al primero, no sólo en el orden eclesiástico, sino también en el temporal.

Los valles dicen: ‘Soy más apto que ellos para ser superior’. Denigran, por envidia, todo lo que hacen los superiores”.

Conviene recordar aquí lo que dijimos en Revolución y Contrarrevolución’, respecto del orgullo, que es igualmente aplicable al vicio de la envidia: el orgulloso odia a su superior, y puede llegar al odio a la superioridad como tal. Para él, el bien es la completa igualdad.

Las propias montañas, es decir, los prelados…” Por tanto, los nobles, el clero y, en rigor, también la alta burguesía “... en vez de elevarse continuamente a la comunicación íntima con Dios, para transformarse cada vez más en la luz del mundo, están descuidados y oscurecidos.”

En este pasaje aparece una hermosa noción sobre el papel de la nobleza y del clero: tener comunicación continua con Dios para iluminarse cada vez más con el esplendor divino, para efectos, ya sean espirituales o temporales. De esta manera, serán como la luz puesta en la cima de la montaña, iluminando el mundo entero. Como no siguieron este llamado, sino que se relajaron en el trato con Dios, se oscurecieron. Ya no arrojaban la luz que debían, provocando así la sombra y la perturbación que reinaba en las clases inferiores.

Entonces, sectores de la plebe no estaban bien, pero el punto de partida de este declive fue la actitud de miembros de la nobleza y del clero que se dejaron llevar por la tibieza. En un justo y majestuoso castigo: las partes más bajas de la sociedad, llenas de envidia, se apresuran a derribar a esos superiores.

¡Cuán lógico y grandioso nos parece esta disposición de las cosas, y cómo lo demuestra toda la economía de la Providencia a lo largo de la historia! [3]

al Emperador, al Rey, al Conde

Santa Hildegarda también tuvo contactos epistolares con altos dignatarios de la sociedad temporal.

Al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Conrado III, que le había pedido consejo, le envió una carta que terminaba con estas palabras: “El que todo lo sabe te dice una vez más: Cuando oigas estas cosas, hombre, domina tu voluntad y corrígete, para que llegues purificado a los tiempos de que te hablo, y para que no tengas necesidad de avergonzarte de tus actos”. [4]

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Federico Barbarroja, que sucedió a su tío, el emperador Conrado III, fundador de la dinastía Hohenstaufen, en el gobierno de Alemania, le escribió una carta con preguntas. En su respuesta, ella afirmó: “¡Sé un caballero armado, luchando valientemente contra el diablo!” [5]

Pero, dejándose arrastrar por el príncipe de las tinieblas, Barbarroja apoyó a los antipapas y fue excomulgado. Participando en la III Cruzada, se ahogó en un río en Turquía, en 1190.

Felipe de Alsacia, Conde de Flandes, envió una misiva a la Santa, comenzando con las palabras “Vuestra Santidad”, en la que le preguntaba si debía ir a la Cruzada. Después de recibir la respuesta, partió hacia Jerusalén en 1177.

Era primo hermano del rey de Jerusalén Balduíno IV, que aunque leproso hacía gala de una combatividad heroica. Este último le pidió que comandara una expedición contra Egipto, pero rechazó esta empresa que habría impedido el ascenso del impío Saladino.

Habiendo quedado aislado por esta vergonzosa actitud, el conde de Flandes volvió a Francia y el rey Luis VII le nombró preceptor de su hijo Felipe Augusto. Tiempo después, movido por la gracia divina, regresa a Tierra Santa con motivo de la Tercera Cruzada y, alcanzado por una epidemia, muere en 1191.

Por Paulo Francisco Martos

Lecciones de historia de la Iglesia

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[1] CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. Santa Hildegarda de Bingen, um “milagre contínuo”. In Dr. Plinio. São Paulo Ano VII, n. 78 (setembro 2004), p. 26.

[2] PERNOUD, Régine. Santa Hildegarda de Bingen – mística e Doutora da Igreja. Dois Irmãos (RS) : Minha biblioteca católica. 2020, p. 92-93.

[3] CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. Op. cit., p. 30.

[4] ROHRBACHER, René-François. Vida dos Santos. São Paulo: Editora das Américas. 1959, v. 16, p. 252.

[5] PERNOUD, Régine. Op. cit., p. 85.

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“Le dije que sí a Dios”: el camino de Manuel Capetillo del éxito en las telenovelas al Rosario https://es.gaudiumpress.org/content/le-dije-que-si-a-dios-el-camino-de-manuel-capetillo-del-exito-en-las-telenovelas-al-rosario/ https://es.gaudiumpress.org/content/le-dije-que-si-a-dios-el-camino-de-manuel-capetillo-del-exito-en-las-telenovelas-al-rosario/#respond Wed, 16 Sep 2026 23:00:30 +0000 https://es.gaudiumpress.org/?p=211596 Tenía fama, dinero y éxito, pero la crisis lo llevó a buscar la respuesta que no encontraba en los reflectores. Redacción (16/09/2026 17:21, Gaudium Press) Manuel Capetillo Jr. había conocido el éxito como actor de telenovelas y disfrutaba de una vida que, desde fuera, parecía completa. Sin embargo, detrás de la fama existía un vacío... Ver artículo

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Tenía fama, dinero y éxito, pero la crisis lo llevó a buscar la respuesta que no encontraba en los reflectores.

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Foto: screenshot Instagarm @EWTN

Redacción (16/09/2026 17:21, Gaudium Press) Manuel Capetillo Jr. había conocido el éxito como actor de telenovelas y disfrutaba de una vida que, desde fuera, parecía completa. Sin embargo, detrás de la fama existía un vacío que no conseguía llenar. Una tragedia personal, seguida de un período de dolor y depresión, terminó convirtiéndose en el comienzo de un camino que lo llevaría a encontrarse con Cristo y a descubrir una profunda devoción por la Virgen María y el Santo Rosario.

Conocido por sus participaciones en producciones como Soledad y Seducción, el actor mexicano atravesó una etapa especialmente difícil después del asesinato de un amigo. El dolor lo llevó a cuestionarse muchas cosas y a buscar respuestas en distintos caminos, hasta que comenzó a comprender que aquello que necesitaba no era simplemente una solución pasajera, sino volver su vida hacia Dios.

En una entrevista para el programa Tertulias de Fe, de EWTN, Capetillo recordó aquella etapa de su vida y la frase que terminó marcando el inicio de su conversión “La única manera que me dijeron que podía salir adelante era con Dios”.

Pero acercarse a Dios no significó para él construir una fe a su propia medida. Poco a poco comprendió que necesitaba conocer la fe católica, formarse y descubrir qué significaba realmente vivir una relación con Cristo dentro de la Iglesia.

El paso que cambió su vida

Uno de los momentos decisivos llegó cuando decidió prepararse seriamente para recibir el sacramento de la Reconciliación. Antes de acudir al confesionario, comenzó a estudiar el Catecismo de la Iglesia Católica y leyó La fe explicada. También realizó un profundo examen de conciencia. Durante mucho tiempo había tenido dudas sobre la necesidad de confesar los pecados ante un sacerdote. Pensaba que, si Dios conocía todo, no era necesario acudir a otra persona para pedir perdón. “Yo era de esos que decía: ¿para qué confesarnos con un sacerdote si Dios lo sabe todo?”, recordó.

Sin embargo, aquella primera confesión terminó siendo una experiencia que describió como liberadora. Después de recibir la absolución y escuchar las palabras del sacerdote —“Vete y no vuelvas a pecar”—, experimentó algo que no esperaba. “Sentí cómo se liberaba mi alma del pecado y mi corazón se llenaba de gozo y paz”, relató en una entrevista concedida al semanario Desde la Fe.

A partir de entonces comenzó una nueva etapa. Su relación con Dios dejó de ser una búsqueda distante y empezó a convertirse en una vida de fe concreta, marcada por la oración, los sacramentos y una creciente cercanía con la Virgen María.

Tiempo después, Capetillo escuchó hablar de Medjugorje, entonces parte de Yugoslavia y actualmente ubicada en Bosnia y Herzegovina, donde desde 1981 algunas personas han afirmado experimentar apariciones de la Virgen María. Movido por lo que había escuchado, decidió peregrinar hasta aquel lugar. Una noche, alrededor de las 11 o 12, subió a la montaña junto a un grupo de mexicanos hasta el sitio relacionado con el inicio de los relatos de las apariciones.

Para ese momento, el actor reconoce que todavía estaba dando sus primeros pasos en la vida espiritual. Su fe había comenzado a crecer, pero la oración todavía no ocupaba un lugar constante en su vida. “Iba con mi fe tambaleante, en gracia de Dios, pero con una fe muy no fortalecida en la vida de oración. Me daba flojera el Rosario y agarraba a veces un Ave María ahí”, recordó. “Pero llegué porque ya le había puesto el camino a Dios, ya le había dicho que sí”.

“Huele a rosas”

Mientras el grupo se encontraba en la montaña, uno de los peregrinos comenzó a decir que percibía un intenso aroma a rosas. Poco después, otras personas afirmaron sentir lo mismo. Capetillo, sin embargo, no comprendía qué estaba sucediendo. Fue entonces cuando escuchó a alguien decir, “No, aquí está la Madre de Dios”.

La reacción del actor fue inmediata. En medio de sus dudas y consciente de su propia historia, se dirigió interiormente a la Virgen. “Aquí está la Virgen. Me va a ver, me va a ver. Tengo pena, porque yo he sido un pecador, madre. Soy un pecador, pero si me permites oler lo que ellos huelen, te lo pido con el corazón”. Según su testimonio, poco después también pudo percibir aquel aroma.

Más allá de la experiencia extraordinaria que asegura haber vivido, aquel momento descubrió a María como una madre que lo conducía hacia Cristo. Desde entonces, su devoción mariana fue creciendo y el Rosario, que antes le costaba rezar, comenzó a ocupar un lugar central en su vida.

La transformación de Capetillo no quedó reducida a una experiencia personal. Con el paso del tiempo comenzó a hablar públicamente de la importancia de la oración, de la conversión y de la consagración a la Virgen María. Para el actor, la espiritualidad mariana tiene una especial importancia en un mundo que, según considera, necesita recuperar su relación con Dios. Su llamado no se dirige únicamente a quienes viven una consagración religiosa, sino también a las familias, matrimonios, sacerdotes y laicos. “Hoy la gracia que se necesita en el mundo, en la Iglesia, en los laicos, en las familias, en los matrimonios, en los sacerdotes, en toda la Iglesia, en los consagrados, es esa espiritualidad de consagrarse a María Santísima”, afirmó.

Y explicó que esta consagración tiene como finalidad última llevar a las personas hacia Jesucristo, “A través del Corazón Inmaculado de María Santísima, a la consagración total a Jesucristo por medio de ella”.

Con información de ChurchPop

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