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Seriedad, belleza y gloria del Juicio Final
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31 de Julio de 2019 / 0 Comentarios
 
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Redacción (Miércoles, 31-07-2019, Gaudium Press) El Juicio Final será hecho en el contexto de una gran batalla iniciada en el Cielo, en la cual San Miguel y los Ángeles buenos derrotaron a Lucifer y sus secuaces, batalla continuada en esta Tierra entre los hombres justos y los malvados.

5.jpg

La guerra que hubo en el Cielo prosigue en esta Tierra

El Apocalipsis hace referencia a esa batalla magna (cf. Ap 12, 7-9), después de la cual los ángeles malos, llamados demonios, fueron precipitados al Infierno, creado por Dios para castigarlos. Muchos de ellos, sin embargo, con permiso del Creador, deambulan por la Tierra y por los aires intentando perder a los hombres; en el fin del mundo todos serán arrojados al Infierno.

Los demonios hacen artimañas para llevar a los hombres al Infierno, y los Ángeles los ayudan para salvarlos. Así, la guerra que hubo en el Cielo continúa en esta Tierra entre dos partidos: el del mal, encabezado por satanás, y el del bien, regido por Jesucristo y su Iglesia. Y la Historia es el desarrollo de esa tremenda guerra a lo largo de los siglos.

La lucha magna del Cielo fue una prefigura de la lucha librada en este mundo entre buenos y malos, según afirma el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira:

"El mismo ‘non serviam' - no serviré - orgulloso, que explotara en las filas angelicales, se manifestaba ahora en la Tierra."

El gran luchador es Nuestro Señor Jesucristo

"No debemos imaginar el Juicio como si en él fuesen juzgados apenas individuos, pues los actos que practicamos están dentro de la trama de la Historia.

"Cualquier acción individual, por pequeña que sea, alcanza de algún modo la Historia, repercutiendo en la salvación o en la perdición de muchos hombres. Así, cada acción, tiene, además de lo individual, un alcance mayor, de orden colectivo. Es decir, debe ser considerada como elemento de una gran batalla.

"Nuestra propia lucha individual no es apenas para fijación de nuestro destino, sino un elemento de la batalla entre Nuestro Señor Jesucristo y satanás, para la conquista de las almas. Y, en el plan de Dios, esta conquista no es solamente individual, sino que se trata de llenar -con las almas conquistadas- los tronos dejados vacíos por los ángeles rebeldes. Tengo la impresión de que el juicio debe darse en el contexto de esa batalla".

Conforme afirmó San Pablo, "nos tornamos un espectáculo para el mundo, para los ángeles y la humanidad" (I Cor 4, 9).

"O sea, todos los acontecimientos humanos no se reducen solo a mi vida, pues el Cielo está viendo esa lucha continuamente. [...]

"Nuestro Señor actuó en su vida terrena y continúa actuando en el Cielo, como Cabeza del Cuerpo Místico, y el gran luchador hasta el fin del mundo es fundamentalmente Él.

"Nada hace tanto bien al sentido moral que tener esto delante de los ojos."

Algunos hombres serán jueces

"Esas consideraciones nos ayudan a entender mejor la seriedad, la belleza y la gloria del Juicio. [...]

"Los justos comienzan, uno por uno, a impugnar a todos los que pecaron contra ellos. Entonces veremos, por ejemplo, Santa Juana de Arco resurrecta inculpar al Obispo Cauchon y todos los que pertenecieron al tribunal que la condenó; incriminar la debilidad del rey y de sus propios compañeros de armas, que no intentaron proezas inimaginables para salvarla.

"¡Qué serio es todo! ¡Qué grande es todo! ¡Qué bello es todo!"

Afirmó el Redentor que los Ángeles participarán del Juicio Final (cf. Mt 25,31). Y también ciertos hombres serán co-jueces, conforme escribió San Pablo: ¿"No sabéis que los Santos juzgarán al mundo?" (I Cor 6, 2).

Según el Doctor Angélico, esos co-jueces juzgarán por comparación consigo mismos, porque "en ellos están contenidos los decretos de la justicia divina".

Toda la Creación gime

Afirma San Pablo: "Toda la Creación gime y sufre como en los dolores del parto hasta el presente día" (Rm 8, 22) para ser "liberada del cautiverio de la corrupción" (Rm 8, 21), a través de los beneficios de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

"De hecho, la naturaleza fue marcada por el pecado de Adán y además no tuvo acceso, enteramente, a los efectos de la Redención, porque estos están retenidos a la espera del Juicio Final.

"Los teólogos, en especial Santo Tomás de Aquino, comentan que, en el día del Juicio, después de la resurrección de los cuerpos, las manos de Dios se abrirán y toda la naturaleza se regocijará en los frutos de la Redención. Por ejemplo, la Luna va brillar con más claridad que antes del pecado original, y el Sol adquirirá mayor fulgor, dando a la Tierra una luminosidad especial".

Y el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira declara:

"En el fin del mundo, creo que serán lanzadas en el Infierno todas las suciedades de la Tierra, la cual quedará brillando, repleta de orden".

En Jesús-Hombre están reunidos todos los planes de la Creación

Continúa Monseñor Juan Clá:

"Dado que la criatura humana es un microcosmos, la razón más profunda de esta restauración está en el hecho de encontrarse reunidos en Jesús-Hombre todos los planes de la creación, como verdadera síntesis del universo, en Él elevada a un grado altísimo. Es preciso, pues, que la materia que Él asumió al encarnarse, sea glorificada.

"¿Si la propia naturaleza está gimiendo a la espera de ese día, por qué no debemos gemir también nosotros? Pues, aunque ya gocemos, por medio de los Sacramentos, de una parte, de los efectos de la Redención que es la vida sobrenatural - ‘las primicias del Espíritu' (Rm 8, 23a) de que nos habla el Apóstol -, aguardamos ‘la adopción, la redención de nuestro cuerpo' (Rm 8, 23b). [...]

"Sabemos que, de la misma forma que el alma, nuestro cuerpo fue plasmado por Dios con vistas a durar eternamente, libre de las contingencias - enfermedades, sueño, hambre, limitaciones - que nuestro actual estado comporta."

Roguemos a Nuestra Señora la gracia de esforzarnos fervientemente en esta Tierra por la implantación del Reino de María, para así alcanzar, por la misericordia de Dios, el Reino de los Cielos.

Por Paulo Francisco Martos

(en "Nociones de Historia Sagrada" - 203)
............................................................

Bibliografía

CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. Vigoroso torreão da Cidade de Deus. In revista Dr. Plinio, São Paulo. Ano X, n. 108 (março 2007), p. 12.
CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. Idem. O Juízo Final e a trama da História. In revista Dr. Plinio. Ano XIII, n. 149 (agosto 2010).
CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. Os Anjos no Céu empíreo e durante o Juízo Final. In revista Dr. Plinio. Ano XX, n. 232 (julho 2017), p. 31.
SÃO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. Suplemento, q. 89, a.1.
SÃO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. Suplemento, q. 91, a. 1.
CLÁ DIAS, João Scognamiglio. EP. O inédito sobre os Evangelhos. Vaticano: Libreria Editrice Vaticana; São Paulo: Instituto Lumen Sapientiae, 2013, v. VII.

 

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Seriedad, belleza y gloria del Juicio Final

Redacción (Miércoles, 31-07-2019, Gaudium Press) El Juicio Final será hecho en el contexto de una gran batalla iniciada en el Cielo, en la cual San Miguel y los Ángeles buenos derrotaron a Lucifer y sus secuaces, batalla continuada en esta Tierra entre los hombres justos y los malvados.

5.jpg

La guerra que hubo en el Cielo prosigue en esta Tierra

El Apocalipsis hace referencia a esa batalla magna (cf. Ap 12, 7-9), después de la cual los ángeles malos, llamados demonios, fueron precipitados al Infierno, creado por Dios para castigarlos. Muchos de ellos, sin embargo, con permiso del Creador, deambulan por la Tierra y por los aires intentando perder a los hombres; en el fin del mundo todos serán arrojados al Infierno.

Los demonios hacen artimañas para llevar a los hombres al Infierno, y los Ángeles los ayudan para salvarlos. Así, la guerra que hubo en el Cielo continúa en esta Tierra entre dos partidos: el del mal, encabezado por satanás, y el del bien, regido por Jesucristo y su Iglesia. Y la Historia es el desarrollo de esa tremenda guerra a lo largo de los siglos.

La lucha magna del Cielo fue una prefigura de la lucha librada en este mundo entre buenos y malos, según afirma el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira:

"El mismo ‘non serviam' - no serviré - orgulloso, que explotara en las filas angelicales, se manifestaba ahora en la Tierra."

El gran luchador es Nuestro Señor Jesucristo

"No debemos imaginar el Juicio como si en él fuesen juzgados apenas individuos, pues los actos que practicamos están dentro de la trama de la Historia.

"Cualquier acción individual, por pequeña que sea, alcanza de algún modo la Historia, repercutiendo en la salvación o en la perdición de muchos hombres. Así, cada acción, tiene, además de lo individual, un alcance mayor, de orden colectivo. Es decir, debe ser considerada como elemento de una gran batalla.

"Nuestra propia lucha individual no es apenas para fijación de nuestro destino, sino un elemento de la batalla entre Nuestro Señor Jesucristo y satanás, para la conquista de las almas. Y, en el plan de Dios, esta conquista no es solamente individual, sino que se trata de llenar -con las almas conquistadas- los tronos dejados vacíos por los ángeles rebeldes. Tengo la impresión de que el juicio debe darse en el contexto de esa batalla".

Conforme afirmó San Pablo, "nos tornamos un espectáculo para el mundo, para los ángeles y la humanidad" (I Cor 4, 9).

"O sea, todos los acontecimientos humanos no se reducen solo a mi vida, pues el Cielo está viendo esa lucha continuamente. [...]

"Nuestro Señor actuó en su vida terrena y continúa actuando en el Cielo, como Cabeza del Cuerpo Místico, y el gran luchador hasta el fin del mundo es fundamentalmente Él.

"Nada hace tanto bien al sentido moral que tener esto delante de los ojos."

Algunos hombres serán jueces

"Esas consideraciones nos ayudan a entender mejor la seriedad, la belleza y la gloria del Juicio. [...]

"Los justos comienzan, uno por uno, a impugnar a todos los que pecaron contra ellos. Entonces veremos, por ejemplo, Santa Juana de Arco resurrecta inculpar al Obispo Cauchon y todos los que pertenecieron al tribunal que la condenó; incriminar la debilidad del rey y de sus propios compañeros de armas, que no intentaron proezas inimaginables para salvarla.

"¡Qué serio es todo! ¡Qué grande es todo! ¡Qué bello es todo!"

Afirmó el Redentor que los Ángeles participarán del Juicio Final (cf. Mt 25,31). Y también ciertos hombres serán co-jueces, conforme escribió San Pablo: ¿"No sabéis que los Santos juzgarán al mundo?" (I Cor 6, 2).

Según el Doctor Angélico, esos co-jueces juzgarán por comparación consigo mismos, porque "en ellos están contenidos los decretos de la justicia divina".

Toda la Creación gime

Afirma San Pablo: "Toda la Creación gime y sufre como en los dolores del parto hasta el presente día" (Rm 8, 22) para ser "liberada del cautiverio de la corrupción" (Rm 8, 21), a través de los beneficios de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

"De hecho, la naturaleza fue marcada por el pecado de Adán y además no tuvo acceso, enteramente, a los efectos de la Redención, porque estos están retenidos a la espera del Juicio Final.

"Los teólogos, en especial Santo Tomás de Aquino, comentan que, en el día del Juicio, después de la resurrección de los cuerpos, las manos de Dios se abrirán y toda la naturaleza se regocijará en los frutos de la Redención. Por ejemplo, la Luna va brillar con más claridad que antes del pecado original, y el Sol adquirirá mayor fulgor, dando a la Tierra una luminosidad especial".

Y el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira declara:

"En el fin del mundo, creo que serán lanzadas en el Infierno todas las suciedades de la Tierra, la cual quedará brillando, repleta de orden".

En Jesús-Hombre están reunidos todos los planes de la Creación

Continúa Monseñor Juan Clá:

"Dado que la criatura humana es un microcosmos, la razón más profunda de esta restauración está en el hecho de encontrarse reunidos en Jesús-Hombre todos los planes de la creación, como verdadera síntesis del universo, en Él elevada a un grado altísimo. Es preciso, pues, que la materia que Él asumió al encarnarse, sea glorificada.

"¿Si la propia naturaleza está gimiendo a la espera de ese día, por qué no debemos gemir también nosotros? Pues, aunque ya gocemos, por medio de los Sacramentos, de una parte, de los efectos de la Redención que es la vida sobrenatural - ‘las primicias del Espíritu' (Rm 8, 23a) de que nos habla el Apóstol -, aguardamos ‘la adopción, la redención de nuestro cuerpo' (Rm 8, 23b). [...]

"Sabemos que, de la misma forma que el alma, nuestro cuerpo fue plasmado por Dios con vistas a durar eternamente, libre de las contingencias - enfermedades, sueño, hambre, limitaciones - que nuestro actual estado comporta."

Roguemos a Nuestra Señora la gracia de esforzarnos fervientemente en esta Tierra por la implantación del Reino de María, para así alcanzar, por la misericordia de Dios, el Reino de los Cielos.

Por Paulo Francisco Martos

(en "Nociones de Historia Sagrada" - 203)
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Bibliografía

CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. Vigoroso torreão da Cidade de Deus. In revista Dr. Plinio, São Paulo. Ano X, n. 108 (março 2007), p. 12.
CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. Idem. O Juízo Final e a trama da História. In revista Dr. Plinio. Ano XIII, n. 149 (agosto 2010).
CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. Os Anjos no Céu empíreo e durante o Juízo Final. In revista Dr. Plinio. Ano XX, n. 232 (julho 2017), p. 31.
SÃO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. Suplemento, q. 89, a.1.
SÃO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. Suplemento, q. 91, a. 1.
CLÁ DIAS, João Scognamiglio. EP. O inédito sobre os Evangelhos. Vaticano: Libreria Editrice Vaticana; São Paulo: Instituto Lumen Sapientiae, 2013, v. VII.

 

Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/104349-Seriedad--belleza-y-gloria-del-Juicio-Final. Se autoriza su publicación desde que cite la fuente.



 

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