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Como se combinan la misericordia y la corrección en un padre de familia, según el Cardenal Müller
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10 de Diciembre de 2015 / 0 Comentarios
 
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1.jpgCiudad del Vaticano (Jueves, 10-12-2015, Gaudium Press) En entrevista concedida a Aci Stampa, agencia en italiano del grupo ACI, el prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe, Cardenal Gerhard Müller, respondió a la siguiente pregunta: "¿Puede un padre ser misericordioso y corregir a sus hijos?". La respuesta fue más que afirmativa: "En realidad, si un padre no corrige a sus hijos, y en cambio justifica o minimiza sus errores, no los amaría o los estaría enviando directamente hacia el desastre", expresó el purpurado.

Verdaderamente, "un padre que no ayuda a sus hijos a reconocer sus errores no los estima verdaderamente y no confía en la posibilidad de que cambien".

"Porque la misericordia lleva inscritos en sí, indeleble e inseparablemente, el amor y la verdad. Pertenece a la tradición cristiana, desde las Escrituras hasta el Magisterio de los últimos Papas, que amor y verdad están juntos o juntos caen: no hay amor sin verdad y no hay verdad auténtica sin amor. ¿Y esto acaso no debería valer también para la doctrina?"

La misericordia, "es lo contrario del laissez faire (dejar hacer)... esta no es la actitud de Dios hacia el hombre: basta leer los evangelios y ver cómo se comportaba Jesús que era bueno pero al mismo tiempo no ocultaba la verdad. Y la doctrina tiene el mismo objetivo de ayudarnos a conocer la verdad, nos ayuda a aceptarla en su integridad y a no engañar a la verdad".

"La doctrina, para nosotros los cristianos, no tiene como última referencia las ideas (que tenemos) sobre Dios o sobre la salvación que nos ofrece, sino la vida misma de Dios y su irrupción en la vida del hombre: es una ayuda para comprender quién es Dios y qué cosa está en juego con la salvación que Dios ofrece a la vida concreta del hombre" dijo el Cardenal.

Entretanto, "para comprender todo esto es necesario una razón humilde, que no se erige presuntuosamente como la medida de todas las cosas. Desafortunadamente el pensamiento que surge de la modernidad, que nos ha dejado una heredad también de muchas cosas bellas, nos ha privado de esta humildad".

Con información de ACI

 

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Como se combinan la misericordia y la corrección en un padre de familia, según el Cardenal Müller

1.jpgCiudad del Vaticano (Jueves, 10-12-2015, Gaudium Press) En entrevista concedida a Aci Stampa, agencia en italiano del grupo ACI, el prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe, Cardenal Gerhard Müller, respondió a la siguiente pregunta: "¿Puede un padre ser misericordioso y corregir a sus hijos?". La respuesta fue más que afirmativa: "En realidad, si un padre no corrige a sus hijos, y en cambio justifica o minimiza sus errores, no los amaría o los estaría enviando directamente hacia el desastre", expresó el purpurado.

Verdaderamente, "un padre que no ayuda a sus hijos a reconocer sus errores no los estima verdaderamente y no confía en la posibilidad de que cambien".

"Porque la misericordia lleva inscritos en sí, indeleble e inseparablemente, el amor y la verdad. Pertenece a la tradición cristiana, desde las Escrituras hasta el Magisterio de los últimos Papas, que amor y verdad están juntos o juntos caen: no hay amor sin verdad y no hay verdad auténtica sin amor. ¿Y esto acaso no debería valer también para la doctrina?"

La misericordia, "es lo contrario del laissez faire (dejar hacer)... esta no es la actitud de Dios hacia el hombre: basta leer los evangelios y ver cómo se comportaba Jesús que era bueno pero al mismo tiempo no ocultaba la verdad. Y la doctrina tiene el mismo objetivo de ayudarnos a conocer la verdad, nos ayuda a aceptarla en su integridad y a no engañar a la verdad".

"La doctrina, para nosotros los cristianos, no tiene como última referencia las ideas (que tenemos) sobre Dios o sobre la salvación que nos ofrece, sino la vida misma de Dios y su irrupción en la vida del hombre: es una ayuda para comprender quién es Dios y qué cosa está en juego con la salvación que Dios ofrece a la vida concreta del hombre" dijo el Cardenal.

Entretanto, "para comprender todo esto es necesario una razón humilde, que no se erige presuntuosamente como la medida de todas las cosas. Desafortunadamente el pensamiento que surge de la modernidad, que nos ha dejado una heredad también de muchas cosas bellas, nos ha privado de esta humildad".

Con información de ACI

 


 

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