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"Sin el amor, tanto la vida cuanto la fe permanecen estériles", sustenta el Papa, en el Ángelus
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30 de Octubre de 2017 / 0 Comentarios
 
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Ciudad del Vaticano (Lunes, 30-10-2017, Gaudium Press) El pasado domingo, cuando el calendario litúrgico indicaba el XXX Domingo del Tiempo Común, el Santo Padre, como tradicionalmente hace, se dirigió a los millares de fieles, peregrinos y también turistas que se encontraban en la Plaza San Pedro para la recitación del Ángelus.

Las reflexiones del Papa fueron hechas a partir del Evangelio del día, Mateo, 22, 34-40, que aportaba un importante mensaje: "Sin el amor, ya sea la vida ya sea la fe permanecen estériles".

Pregunta falsa

Un fariseo, doctor de la Ley, pregunta a Jesús, con la intención de insidiosamente colocarlo a prueba: "¿Maestro, en la Ley, cuál es el mayor mandamiento?" (v.36).
La pregunta es falsa porque en la Ley de Moisés son mencionados más de 600 preceptos y entonces, ¿entre tantas reglas cómo distinguir cuál sería el mayor mandamiento?

Francisco afirmó que Jesús "no tuvo ninguna duda en responder: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, toda tu alma, todo tu entendimiento' " y Jesús "además agregó: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo' ".

En los comentarios de este pasaje, el Pontífice deduce que "entre los múltiples preceptos de la ley judaica, los más importantes eran los diez mandamientos, comunicados directamente por Dios a Moisés, sin embargo, Jesús quería que fuese entendido que sin el Amor por Dios y por el prójimo no existe verdadera fidelidad a esta alianza con el Señor: el hombre puede hacer cosas buenas, cumplir todos los preceptos, pero si no está hecho por amor, esto de nada vale".

Respuesta que pone Orden en la Religiosidad

El Santo Padre mostró que "respondiendo a los fariseos que lo habían interrogado, Jesús busca también ayudarlos a poner orden en su religiosidad, a restablecer aquello que realmente es importante y aquello que es menos importante. Dice: "Toda la Ley y los profetas dependen de esos dos mandamientos" (Mt 22,40). Son los más importantes y los otros dependen de estos dos".

Y Jesús vivió exactamente así su vida, comentó Francisco predicando y viviendo el amor. "El amor da impulso y fecundidad a la vida y al camino de fe: sin el amor, ya sea la vida ya sea la fe permanecen estériles".

Las Lecciones del Evangelio y el "Sueño" de Dios

"Lo que Jesús propone en esta página del Evangelio es un ideal estupendo, que corresponde al deseo más auténtico de nuestro corazón. De hecho, nosotros fuimos creados para amar y ser amados. Dios, que es amor, nos creó para tornarnos partícipes de su vida, para ser amados por Él y para amarlo, y para amar como Él a todas las otras personas", dice Francisco que, para concluir afirma:

"Este es el ‘sueño' de Dios para el hombre. Y para realizarlo tenemos necesidad de su gracia, tenemos necesidad de recibir en nosotros la capacidad de amar que proviene del propio Dios. Jesús se ofrece a nosotros en la Eucaristía justamente para esto. En ella, nosotros recibimos su Cuerpo y su sangre, esto es, recibimos a Jesús en la expresión máxima de su amor, cuando Él se ofreció a sí mismo al Padre para nuestra salvación".

"Que la Virgen Santa nos ayude a acoger en nuestra vida ‘el gran mandamiento' del amor de Dios y del prójimo", dijo el Papa para concluir su alocución del Ángelus, el domingo. (JSG)

 

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"Sin el amor, tanto la vida cuanto la fe permanecen estériles", sustenta el Papa, en el Ángelus

Ciudad del Vaticano (Lunes, 30-10-2017, Gaudium Press) El pasado domingo, cuando el calendario litúrgico indicaba el XXX Domingo del Tiempo Común, el Santo Padre, como tradicionalmente hace, se dirigió a los millares de fieles, peregrinos y también turistas que se encontraban en la Plaza San Pedro para la recitación del Ángelus.

Las reflexiones del Papa fueron hechas a partir del Evangelio del día, Mateo, 22, 34-40, que aportaba un importante mensaje: "Sin el amor, ya sea la vida ya sea la fe permanecen estériles".

Pregunta falsa

Un fariseo, doctor de la Ley, pregunta a Jesús, con la intención de insidiosamente colocarlo a prueba: "¿Maestro, en la Ley, cuál es el mayor mandamiento?" (v.36).
La pregunta es falsa porque en la Ley de Moisés son mencionados más de 600 preceptos y entonces, ¿entre tantas reglas cómo distinguir cuál sería el mayor mandamiento?

Francisco afirmó que Jesús "no tuvo ninguna duda en responder: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, toda tu alma, todo tu entendimiento' " y Jesús "además agregó: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo' ".

En los comentarios de este pasaje, el Pontífice deduce que "entre los múltiples preceptos de la ley judaica, los más importantes eran los diez mandamientos, comunicados directamente por Dios a Moisés, sin embargo, Jesús quería que fuese entendido que sin el Amor por Dios y por el prójimo no existe verdadera fidelidad a esta alianza con el Señor: el hombre puede hacer cosas buenas, cumplir todos los preceptos, pero si no está hecho por amor, esto de nada vale".

Respuesta que pone Orden en la Religiosidad

El Santo Padre mostró que "respondiendo a los fariseos que lo habían interrogado, Jesús busca también ayudarlos a poner orden en su religiosidad, a restablecer aquello que realmente es importante y aquello que es menos importante. Dice: "Toda la Ley y los profetas dependen de esos dos mandamientos" (Mt 22,40). Son los más importantes y los otros dependen de estos dos".

Y Jesús vivió exactamente así su vida, comentó Francisco predicando y viviendo el amor. "El amor da impulso y fecundidad a la vida y al camino de fe: sin el amor, ya sea la vida ya sea la fe permanecen estériles".

Las Lecciones del Evangelio y el "Sueño" de Dios

"Lo que Jesús propone en esta página del Evangelio es un ideal estupendo, que corresponde al deseo más auténtico de nuestro corazón. De hecho, nosotros fuimos creados para amar y ser amados. Dios, que es amor, nos creó para tornarnos partícipes de su vida, para ser amados por Él y para amarlo, y para amar como Él a todas las otras personas", dice Francisco que, para concluir afirma:

"Este es el ‘sueño' de Dios para el hombre. Y para realizarlo tenemos necesidad de su gracia, tenemos necesidad de recibir en nosotros la capacidad de amar que proviene del propio Dios. Jesús se ofrece a nosotros en la Eucaristía justamente para esto. En ella, nosotros recibimos su Cuerpo y su sangre, esto es, recibimos a Jesús en la expresión máxima de su amor, cuando Él se ofreció a sí mismo al Padre para nuestra salvación".

"Que la Virgen Santa nos ayude a acoger en nuestra vida ‘el gran mandamiento' del amor de Dios y del prójimo", dijo el Papa para concluir su alocución del Ángelus, el domingo. (JSG)

 


 

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