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Las almas Color de Amatista
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18 de Junio de 2018 / 0 Comentarios
 
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Redacción (Lunes, 18-06-2018, Gaudium Press) Pensando un poco en lo que Dios dio al Brasil nos espantamos: tiene de todo...

Lo que necesita es que paremos un poco para contemplar alguna de estas dádivas de Dios para este país continente.
Parar, ver, pensar y, más que eso, meditar y agradecer...

Veamos lo que nos tiene para decir de lo que vio en su meditación el autor de "Las almas color de amatista". ¿Una piedra puede expresar sentimientos? Miremos:

5.jpg

-De la amatista no se puede decir que sea una piedra ‘malgeniada', abrumadora o llena de acidez. ¡Al contrario! ¡Cuánta bondad, afecto y bienquerencia ella nos transmite!

Al describir la psicología humana usamos en varias ocasiones -para no decir siempre- símbolos, metáforas o figuras que nos ayuden a expresar verdades más elevadas. Dada nuestra necesidad de conocer por medio de los sentidos, afirmamos, por ejemplo, que ciertas miradas son vastas como el mar, o fulgurantes como una estrella; equiparamos las dificultades y pruebas por las cuales pasamos con procelosas tormentas; o comparamos con una ardilla alguien lleno de vivacidad y energía.

En ese mundo de analogías, los colores poseen un papel todo especial. Se dice que el verde representa la esperanza; el rojo, el fuego de la caridad; el blanco, la pureza; el azul, la serenidad y el equilibrio...

Ahora, así como tales imágenes pueden ser usadas para profundizar en la psicología humana, ellas pueden servir también para describir pueblos y naciones.

Recorriendo las inmensidades de ese país-continente que es Brasil, nos encantamos al saborear los diferentes aspectos de cada región: las comidas, los acentos, la vegetación, la cultura. Lancemos una mirada de Norte a Sur del Brasil, de Este a Oeste. ¡Qué encanto! ¡Qué inmensidad! ¡Cuánta abundancia de tesoros depositados por el Creador en esta bien-amada Tierra de Santa Cruz!

Querido lector, propongo que se detenga por un momento y medite si, en su opinión, hay algún símbolo que sintetice y abarque tanta riqueza. O, yendo un poco más lejos, si sería capaz de encontrar un color o algún objeto material que la represente satisfactoriamente.

7.jpg

La respuesta tal vez parezca difícil, pero, en realidad, no se encuentra lejos de nosotros. Dios fue tan dadivoso para con esta tierra que esparció por ella minas y más minas de un sublime mineral: la amatista. Y, en nuestro parecer, ella bien podría ser el símbolo que buscamos.

¿La amatista? - preguntará sorprendido alguien. ¿Cómo un pueblo tan vivo y expresivo se sentiría representado por una discreta gema, a la cual acostumbra atribuirse el poder de traer la paz y calmar el espíritu? Pero no nos dejemos llevar por las primeras impresiones...

De la ametista no se puede decir que sea una piedra de mal genio, abrumadora o llena de acidez. ¡Al contrario! ¡Cuánta bondad, afecto y bienquerencia ella nos transmite! Además, su coloración entre el morado y el lila nos hace recordar el sufrimiento: un sufrimiento suave, exento de recriminaciones, llevado con resignación y alegría. Cabría describirla, entonces, como una piedra bondadosa y sufrida, que esparce amabilidad y mimos, que consuela y protege.

¿Será que Dios esparció por acaso en todo el territorio brasileño esa tan valiosa gema? ¿O habrá querido Él tornarla un símbolo de la faceta de la infinitud divina que el alma brasileña es llamada a reflexionar?

7.jpg

Consideremos tantas almas que aquí nacieron y que alcanzaron el término de su vida cumpliendo el designio de Dios. Sean sacerdotes, religiosas, misioneros o madres de familia, siempre encontraremos en ellas las suaves luces de brillo lila que cintilan discretamente en la amatista.

Podemos decir, entonces, que el Brasil es llamado de modo especial a relucir la bondad del propio Dios, temperada con los méritos del sufrimiento. ¡Quiera Dios que al llegar al Cielo conozcamos muchas de estas "almas color amatista" y, por intercesión de ellas, tengamos nosotros mismos un alma de ese color! (RAE)

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Las almas Color de Amatista

Redacción (Lunes, 18-06-2018, Gaudium Press) Pensando un poco en lo que Dios dio al Brasil nos espantamos: tiene de todo...

Lo que necesita es que paremos un poco para contemplar alguna de estas dádivas de Dios para este país continente.
Parar, ver, pensar y, más que eso, meditar y agradecer...

Veamos lo que nos tiene para decir de lo que vio en su meditación el autor de "Las almas color de amatista". ¿Una piedra puede expresar sentimientos? Miremos:

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-De la amatista no se puede decir que sea una piedra ‘malgeniada', abrumadora o llena de acidez. ¡Al contrario! ¡Cuánta bondad, afecto y bienquerencia ella nos transmite!

Al describir la psicología humana usamos en varias ocasiones -para no decir siempre- símbolos, metáforas o figuras que nos ayuden a expresar verdades más elevadas. Dada nuestra necesidad de conocer por medio de los sentidos, afirmamos, por ejemplo, que ciertas miradas son vastas como el mar, o fulgurantes como una estrella; equiparamos las dificultades y pruebas por las cuales pasamos con procelosas tormentas; o comparamos con una ardilla alguien lleno de vivacidad y energía.

En ese mundo de analogías, los colores poseen un papel todo especial. Se dice que el verde representa la esperanza; el rojo, el fuego de la caridad; el blanco, la pureza; el azul, la serenidad y el equilibrio...

Ahora, así como tales imágenes pueden ser usadas para profundizar en la psicología humana, ellas pueden servir también para describir pueblos y naciones.

Recorriendo las inmensidades de ese país-continente que es Brasil, nos encantamos al saborear los diferentes aspectos de cada región: las comidas, los acentos, la vegetación, la cultura. Lancemos una mirada de Norte a Sur del Brasil, de Este a Oeste. ¡Qué encanto! ¡Qué inmensidad! ¡Cuánta abundancia de tesoros depositados por el Creador en esta bien-amada Tierra de Santa Cruz!

Querido lector, propongo que se detenga por un momento y medite si, en su opinión, hay algún símbolo que sintetice y abarque tanta riqueza. O, yendo un poco más lejos, si sería capaz de encontrar un color o algún objeto material que la represente satisfactoriamente.

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La respuesta tal vez parezca difícil, pero, en realidad, no se encuentra lejos de nosotros. Dios fue tan dadivoso para con esta tierra que esparció por ella minas y más minas de un sublime mineral: la amatista. Y, en nuestro parecer, ella bien podría ser el símbolo que buscamos.

¿La amatista? - preguntará sorprendido alguien. ¿Cómo un pueblo tan vivo y expresivo se sentiría representado por una discreta gema, a la cual acostumbra atribuirse el poder de traer la paz y calmar el espíritu? Pero no nos dejemos llevar por las primeras impresiones...

De la ametista no se puede decir que sea una piedra de mal genio, abrumadora o llena de acidez. ¡Al contrario! ¡Cuánta bondad, afecto y bienquerencia ella nos transmite! Además, su coloración entre el morado y el lila nos hace recordar el sufrimiento: un sufrimiento suave, exento de recriminaciones, llevado con resignación y alegría. Cabría describirla, entonces, como una piedra bondadosa y sufrida, que esparce amabilidad y mimos, que consuela y protege.

¿Será que Dios esparció por acaso en todo el territorio brasileño esa tan valiosa gema? ¿O habrá querido Él tornarla un símbolo de la faceta de la infinitud divina que el alma brasileña es llamada a reflexionar?

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Consideremos tantas almas que aquí nacieron y que alcanzaron el término de su vida cumpliendo el designio de Dios. Sean sacerdotes, religiosas, misioneros o madres de familia, siempre encontraremos en ellas las suaves luces de brillo lila que cintilan discretamente en la amatista.

Podemos decir, entonces, que el Brasil es llamado de modo especial a relucir la bondad del propio Dios, temperada con los méritos del sufrimiento. ¡Quiera Dios que al llegar al Cielo conozcamos muchas de estas "almas color amatista" y, por intercesión de ellas, tengamos nosotros mismos un alma de ese color! (RAE)

Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/96074-Las-almas-Color-de-Amatista. Se autoriza su publicación desde que cite la fuente.



 

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