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"Nosotros cristianos creemos en un solo Dios, no en un Dios solitario", dice Padre Cantalamessa
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17 de Diciembre de 2018 / 0 Comentarios
 
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Ciudad del Vaticano (Lunes, 14-12-2018, Gaudium Press) En la mañana de este viernes 14 pasado, el predicador oficial de la Casa Pontificia, Padre Raniero Cantalamessa, administró su segunda meditación de Adviento delante del Papa y de la Curia Romana, reunidos en la Capilla Redemptoris Mater en el Vaticano.

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Comentando el Salmo: '¡Mi alma tiene sed del Dios vivo!', tema de las predicaciones de este año, el Capuchino resaltó que "los hombres de nuestro tiempo buscan, con insistencia, señales de la existencia de seres vivos e inteligentes en otros planetas, pero pocos se esfuerzan en descubrir señales de la existencia del Ser vivo por excelencia, que creó el universo, que entró a nuestra historia y vive con nosotros".

Por el hecho de que en la Iglesia se está comúnmente atareados, con problemas para resolver y desafíos para superar, "corremos el riesgo de perder de vista nuestra relación personal con Dios".

El Predicador explicó también que el Dios vivo, a quien nosotros cristianos recurrimos, no es simplemente la primera persona divina, 'Dios Padre'. El Padre engendra al Hijo y, con él, exhala el Espíritu, comunicándoles toda su divinidad. Ese es el Dios de la comunión y el amor, en el cual unidad y trinidad proceden de la misma raíz y del mismo acto; uno no existe sin el otro y ninguno es superior al otro.

Cantalamessa destacó que "el Dios vivo de los cristianos es la Trinidad viva: ¡Dios es amor, Dios es trinidad! En esto encontramos la respuesta de la revelación dada por la Iglesia: Dios es amor desde siempre, con el Verbo, el cual amaba con amor infinito en el Espíritu Santo. ¡Nosotros cristianos creemos en un solo Dios, no en un Dios solitario!".

El dogma de la unidad y trinidad de Dios es expresado en la frase: 'Sean uno, como nosotros somos uno'. Según el sacerdote, todos deseamos la unidad desde el fondo del corazón. "La Trinidad nos muestra el verdadero camino para la unidad, según las palabras de Cristo: 'Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí'. ¡El Hijo nos enseña a gritar Abba, Padre! El Espíritu Santo nos enseña a clamar: '¡Jesús es el Señor! Y a invocar': Maranathà, 'Venid, Señor Jesús'".

Según el predicador de la Casa Pontificia, contemplar la Trinidad nos ayuda a vencer la odiosa discordia del mundo. El primer milagro que el Espíritu hizo en Pentecostés fue hacer de los discípulos un solo corazón y una sola alma.

"¡Lo que más nos torna felices, en relación a la Trinidad, es contemplarla, imitarla y entrar en ella! No podemos abrazar el océano, pero podemos entrar en él. De la misma forma, no podemos abrazar el misterio de la Trinidad, pero podemos entrar en él, a través de la Eucaristía. En la comunión se realiza el significado de la palabra de Cristo: "Quien me ve, ve al Padre, quien me recibe, recibe al Padre'", enseñó.

Concluyendo su segunda predicación de Adviento, el Padre Raniero Cantalamessa, enfatizó que "la Trinidad no es apenas un misterio de nuestra Fe, sino una realidad viva y palpitante: ¡el Dios vivo, la Trinidad viva!". (EPC)

 

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"Nosotros cristianos creemos en un solo Dios, no en un Dios solitario", dice Padre Cantalamessa

Ciudad del Vaticano (Lunes, 14-12-2018, Gaudium Press) En la mañana de este viernes 14 pasado, el predicador oficial de la Casa Pontificia, Padre Raniero Cantalamessa, administró su segunda meditación de Adviento delante del Papa y de la Curia Romana, reunidos en la Capilla Redemptoris Mater en el Vaticano.

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Comentando el Salmo: '¡Mi alma tiene sed del Dios vivo!', tema de las predicaciones de este año, el Capuchino resaltó que "los hombres de nuestro tiempo buscan, con insistencia, señales de la existencia de seres vivos e inteligentes en otros planetas, pero pocos se esfuerzan en descubrir señales de la existencia del Ser vivo por excelencia, que creó el universo, que entró a nuestra historia y vive con nosotros".

Por el hecho de que en la Iglesia se está comúnmente atareados, con problemas para resolver y desafíos para superar, "corremos el riesgo de perder de vista nuestra relación personal con Dios".

El Predicador explicó también que el Dios vivo, a quien nosotros cristianos recurrimos, no es simplemente la primera persona divina, 'Dios Padre'. El Padre engendra al Hijo y, con él, exhala el Espíritu, comunicándoles toda su divinidad. Ese es el Dios de la comunión y el amor, en el cual unidad y trinidad proceden de la misma raíz y del mismo acto; uno no existe sin el otro y ninguno es superior al otro.

Cantalamessa destacó que "el Dios vivo de los cristianos es la Trinidad viva: ¡Dios es amor, Dios es trinidad! En esto encontramos la respuesta de la revelación dada por la Iglesia: Dios es amor desde siempre, con el Verbo, el cual amaba con amor infinito en el Espíritu Santo. ¡Nosotros cristianos creemos en un solo Dios, no en un Dios solitario!".

El dogma de la unidad y trinidad de Dios es expresado en la frase: 'Sean uno, como nosotros somos uno'. Según el sacerdote, todos deseamos la unidad desde el fondo del corazón. "La Trinidad nos muestra el verdadero camino para la unidad, según las palabras de Cristo: 'Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí'. ¡El Hijo nos enseña a gritar Abba, Padre! El Espíritu Santo nos enseña a clamar: '¡Jesús es el Señor! Y a invocar': Maranathà, 'Venid, Señor Jesús'".

Según el predicador de la Casa Pontificia, contemplar la Trinidad nos ayuda a vencer la odiosa discordia del mundo. El primer milagro que el Espíritu hizo en Pentecostés fue hacer de los discípulos un solo corazón y una sola alma.

"¡Lo que más nos torna felices, en relación a la Trinidad, es contemplarla, imitarla y entrar en ella! No podemos abrazar el océano, pero podemos entrar en él. De la misma forma, no podemos abrazar el misterio de la Trinidad, pero podemos entrar en él, a través de la Eucaristía. En la comunión se realiza el significado de la palabra de Cristo: "Quien me ve, ve al Padre, quien me recibe, recibe al Padre'", enseñó.

Concluyendo su segunda predicación de Adviento, el Padre Raniero Cantalamessa, enfatizó que "la Trinidad no es apenas un misterio de nuestra Fe, sino una realidad viva y palpitante: ¡el Dios vivo, la Trinidad viva!". (EPC)

 


 

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