lunes, 15 de junio de 2026
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Valentina, la niña de inocencia invidente, que un día le robó el protagonismo al Papa

Muchos hitos, puntos de reflexión, postales, etc., deja para el recuerdo y la meditación, el viaje de León XIV a tierras ibéricas, que ya despierta añoranzas.

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Foto: Screnshot Youtube RTVE

Redacción (14/06/2026 21:07, Gaudium PressMuchos hitos, puntos de reflexión, postales, etc., deja para el recuerdo y la meditación, el viaje de León XIV a tierras ibéricas, que ya despierta añoranzas.

León y la Familia Real subiendo las escalas en el palacio de los reyes en Madrid; León cargando por 600 metros la custodia con el Santísimo, el día del Corpus; Renzo de seis años haciendo preguntas ‘difíciles’ al Pontífice; el Papa León en el Airbus de ‘copiloto’ rumbo a Barcelona; León siendo fuertemente abrazado por Montse en el reclusorio, tras contar su testimonio de fe, en Barcelona; León aplaudiendo el espectáculo de luz y sonido ante la basílica de Gaudí; León y… bueno, casi que todo el viaje fue una sucesión continua de escenas dignas de la mejor fotografía.

Entretanto, momentos bastante emotivos fueron ciertos encuentros con niños, como cuando el Papa tomó en sus brazos a un Mateo de tan solo cuatro meses, que cargaron de Castellón a Madrid sus padres, y que fortuitamente se encontró con León en el papamóvil; o cuando el Pontífice respondió las preguntas de Renzo, niño peruano que vive en el barrio del Raval en Barcelona, y que indagó a León desde si le gustaba el futbol, hasta por qué hay personas que le pasan cosas malas y a otras no.

Pero hubo un momento súper especial, en medio de esta gira triunfal y victoriosa, para la Iglesia, el Pontífice y el pueblo español, en el que podríamos decir que la inteligencia y la inocencia una niña le robó el protagonismo al Papa y a los reyes de España: se trató de Valentina, la niña de 13 años con deficiencia visual por síndrome de Leber, quien explicó a León y a los reyes las características y el simbolismo de la cruz que coronaba la torre que el Papa bendeciría de ahí a poco en la basílica de la Sagrada Familia, el miércoles pasado.

—Buenas tardes Su Santidad, me llamo Valentina, inicia con seguridad y dulzura la niña, con su palito de apoyo para personas invidentes.

El Pontífice la saluda, y le anuncia que está junto al Rey y la Reina.

—¿Los quieres saludar también?, pregunta a la niña, quien entonces recibe el saludo del Rey, y luego escucha a la Reina que le pregunta:

—¿Cómo estás Valentina?

¿Quién es usted?, pregunta sincera la niña, con sonrisa serena.

—Yo soy la Reina, encantada.

—Ahh, encantada su majestad, ji,ji, ji, ji… Encantador es el intercambio.

Ahí inicia Valentina a describir con lujo de detalles la cruz, incluyendo el simbolismo de cada aspecto, en la maqueta, réplica de la cruz que erigida en la torre de Jesucristo, bendeciría el Papa más tarde.

—Como pueden ver, aquí abajo hay unas ventanas en forma triangular, y hay doce alrededor en toda la torre… Así comenzó a contar Valentina, que ya había conquistado con la simpatía embelesada de todos los presentes, y de quienes asistieron al acto por video.

Era su seriedad, su candidez e inocencia y también su compenetración, además de un parlamento perfectamente estructurado, continuo, profundo y claro, sin ninguna duda.

Al terminar la explicación, aplausos fáciles a Valentina, pero aún estaba reservada una sorpresa:

—Su Santidad, este es un dibujo de la torre, que dibujé el primer día que la vi. Así es como yo la entiendo, a través del tacto. Ese dibujo, por supuesto, se lo obsequió al Papa.

Después un saludo en el que transparecía otra vez su inocencia:

—Encantada Valentina, gracias, le dice la Reina.

—Gracias Letizia, es decir, ahí sí reconoció la voz de la Reina. Y luego, como corrigiéndose un tanto le dice: —…Su Majestad…

—Valentina, aquí hay un rosario para ti, le obsequia el Pontífice, pero ella casi no lo deja terminar, cuando ya manifiesta su contento:

—Ay gracias, gracias, lo guardaré para siempre. Muchísimas gracias… en palabras que le salían del fondo del corazón.

Después que ella explica a León la formación de imágenes mentales en personas con deficiencia visual, el Papa le dice con generosidad, que ella ve mejor esa cruz que los presentes, concluyendo el sublime momento.

De hecho, más que Valentina haber secuestrado para sí las simpatías, lo que hubo fue una confluencia, entre la presencia del Primado del mundo, la realeza admirada, y la inocencia de una nación, representada en una niña que vencía sus dificultades y manifestaba al mundo la victoria reverente de un espíritu, católico, que se sobreponía con donaire a los obstáculos de la carne. (SCM)

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