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Historia inconclusa
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7 de Julio de 2016 / 0 Comentarios
 
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Redacción (Jueves, 07-07-2016, Gaudium Press) El colosal trabajo etnográfico que iniciaron varios jesuitas en América durante el siglo XVII, se vino a pique con las guerras de independencia y persecución religiosa, que algunos gobiernos lanzaron contra la religión católica acusándola de retardataria y fanática. De hecho la emancipación ha podido llevarse a cabo pacíficamente como aconteció en Brasil, donde simplemente bastó un acuerdo entre los representantes del gobierno metropolitano y los acalorados partidarios de la autonomía.

Los sacerdotes Alonso Sandoval, Pedro Claver y Antonio Vieira adelantaron estudios invaluables que ojalá no se hayan confundido por ahí entre tantos archivos desparramados y confiscados. Eran apuntes y observaciones sobre las razas que poblaban a América desde la Patagonia hasta Alaska y sus alrededores. De hecho nuestra raza aborigen no tenía las mismas características en todas las latitudes del continente aunque compartieran color de piel cobrizo, pómulos sobresalientes, ojos achinados, boca grande y nariz corta y chata.

Anchieta_Gaudium_Press.jpg

P. Anchieta, Apóstol del Brasil

Museo Nacional de Bellas Artes, Río de Janeiro

Mucho menos su dieta alimenticia, sus trajes, dialectos y costumbres domésticas. Unos más robustos que otros, variaban hasta en estatura y corpulencia como patagones y esquimales. Eran naciones en cierne. También fueron los misioneros los que se pusieron en el maravilloso trabajo de trasladar gráficamente aquellos lenguajes guturales y nasales que se complementaban con señas y gestos frecuentemente ridículos. Poco a poco iban sentando las bases para elaborar toda una lengua con derecho a gramática, ortografía e incluso academia, proceso que fue cortado con una violencia inusitada por guerras civiles, ambiciones, hipotecas a potencias extranjeras y otros cálculos mal hechos como por ejemplo haberse repartido los resguardos y encomiendas entre próceres, que tal vez estaban más pensando en el negocio que en la libertad de los indígenas y el menudo pueblo de Dios.

Pero los estudios de estos hombres providenciales no se quedaron simplemente en los aborígenes del continente. Con un fino sentido de observación, se dedicaron también a estudiar, analizar y clasificar los tipos de la raza africana que los negreros sin dios ni ley traficaban en las barbas de los gobiernos virreinales sin que el Papa ni las comunidades religiosas pudieran detenerlos (1). El trabajo de estos sacerdotes puso las bases para la etnografía, antropología y otras ciencias que las universidades laicas y liberales posteriormente se dieron a la tarea de ampliar abonando apenas un mezquino reconocimiento a estos abnegados misioneros que dejaron las comodidades y el calor de sus hogares abastados y afectuosos para lanzarse a la selva. La gratitud es una de las virtudes más difíciles de practicar, decía el pensador católico Plinio Correa de Oliveira. Y sobre todo si se trata de tener que reconocerle a la Iglesia no solamente su papel civilizador sino sus grandes proyectos y planes para la salvación de las almas. El P. Sandoval por ejemplo ya había reconocido las diferencias entre los negros del litoral y los negros del interior africano. Y también las diferencias internas dentro de estos dos grandes grupos: Su capacidad de aprendizaje, su fuerza laboral, su destreza, su docilidad, su lealtad e ingenio creativo que variaban y aún varían mucho en las subregiones del continente negro. Si este tipo de estudios basados en la caridad fraterna y no en el utilitarismo hubiesen continuado, es muy probable que no tendríamos hoy reclamos ni resentimientos; odios que las doctrinas materialistas del siglo XIX capitalizaron para incentivar la lucha de clases, la envidia y el rencor según el principio marxista de agudizar los conflictos sociales. No hacerle caso a los aportes de la experiencia del apostolado amoroso de hombres y mujeres de la Iglesia, ha sido la tragedia del laicismo occidental, si no, véase lo que pasó con las dos guerras mundiales (2).

Por Antonio Borda

(1)"Introducción a la Cultura Portuguesa", Ed.Planeta, Bogotá,2013, Pag.148 ss.
(2) Llamado de papas y escritores católicos advirtiendo. "Diccionario de los Papas y Concilios", Ed.Ariel,1998, Barcelona,Pag.479 ss.

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Redacción (Jueves, 07-07-2016, Gaudium Press) El colosal trabajo etnográfico que iniciaron varios jesuitas en América durante el siglo XVII, se vino a pique con las guerras de independencia y persecución religiosa, que algunos gobiernos lanzaron contra la religión católica acusándola de retardataria y fanática. De hecho la emancipación ha podido llevarse a cabo pacíficamente como aconteció en Brasil, donde simplemente bastó un acuerdo entre los representantes del gobierno metropolitano y los acalorados partidarios de la autonomía.

Los sacerdotes Alonso Sandoval, Pedro Claver y Antonio Vieira adelantaron estudios invaluables que ojalá no se hayan confundido por ahí entre tantos archivos desparramados y confiscados. Eran apuntes y observaciones sobre las razas que poblaban a América desde la Patagonia hasta Alaska y sus alrededores. De hecho nuestra raza aborigen no tenía las mismas características en todas las latitudes del continente aunque compartieran color de piel cobrizo, pómulos sobresalientes, ojos achinados, boca grande y nariz corta y chata.

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P. Anchieta, Apóstol del Brasil

Museo Nacional de Bellas Artes, Río de Janeiro

Mucho menos su dieta alimenticia, sus trajes, dialectos y costumbres domésticas. Unos más robustos que otros, variaban hasta en estatura y corpulencia como patagones y esquimales. Eran naciones en cierne. También fueron los misioneros los que se pusieron en el maravilloso trabajo de trasladar gráficamente aquellos lenguajes guturales y nasales que se complementaban con señas y gestos frecuentemente ridículos. Poco a poco iban sentando las bases para elaborar toda una lengua con derecho a gramática, ortografía e incluso academia, proceso que fue cortado con una violencia inusitada por guerras civiles, ambiciones, hipotecas a potencias extranjeras y otros cálculos mal hechos como por ejemplo haberse repartido los resguardos y encomiendas entre próceres, que tal vez estaban más pensando en el negocio que en la libertad de los indígenas y el menudo pueblo de Dios.

Pero los estudios de estos hombres providenciales no se quedaron simplemente en los aborígenes del continente. Con un fino sentido de observación, se dedicaron también a estudiar, analizar y clasificar los tipos de la raza africana que los negreros sin dios ni ley traficaban en las barbas de los gobiernos virreinales sin que el Papa ni las comunidades religiosas pudieran detenerlos (1). El trabajo de estos sacerdotes puso las bases para la etnografía, antropología y otras ciencias que las universidades laicas y liberales posteriormente se dieron a la tarea de ampliar abonando apenas un mezquino reconocimiento a estos abnegados misioneros que dejaron las comodidades y el calor de sus hogares abastados y afectuosos para lanzarse a la selva. La gratitud es una de las virtudes más difíciles de practicar, decía el pensador católico Plinio Correa de Oliveira. Y sobre todo si se trata de tener que reconocerle a la Iglesia no solamente su papel civilizador sino sus grandes proyectos y planes para la salvación de las almas. El P. Sandoval por ejemplo ya había reconocido las diferencias entre los negros del litoral y los negros del interior africano. Y también las diferencias internas dentro de estos dos grandes grupos: Su capacidad de aprendizaje, su fuerza laboral, su destreza, su docilidad, su lealtad e ingenio creativo que variaban y aún varían mucho en las subregiones del continente negro. Si este tipo de estudios basados en la caridad fraterna y no en el utilitarismo hubiesen continuado, es muy probable que no tendríamos hoy reclamos ni resentimientos; odios que las doctrinas materialistas del siglo XIX capitalizaron para incentivar la lucha de clases, la envidia y el rencor según el principio marxista de agudizar los conflictos sociales. No hacerle caso a los aportes de la experiencia del apostolado amoroso de hombres y mujeres de la Iglesia, ha sido la tragedia del laicismo occidental, si no, véase lo que pasó con las dos guerras mundiales (2).

Por Antonio Borda

(1)"Introducción a la Cultura Portuguesa", Ed.Planeta, Bogotá,2013, Pag.148 ss.
(2) Llamado de papas y escritores católicos advirtiendo. "Diccionario de los Papas y Concilios", Ed.Ariel,1998, Barcelona,Pag.479 ss.

Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/80444-Historia-inconclusa. Se autoriza su publicación desde que cite la fuente.



 

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