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"Quien sigue a Jesús consigue tener consciencia recta", afirma el Arzobispo de Londrina, Brasil
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29 de Mayo de 2014 / 0 Comentarios
 
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Londrina (Jueves, 29-05-2014, Gaudium Press) "Tres condiciones para amar" es el título del más reciente artículo de Mons. Orlando Brandes, Arzobispo de Londrina, en el Estado de Paraná, Brasil. En su análisis, el Prelado afirma que el apóstol Pablo enseñaba que para amar es preciso de tres condiciones básicas: un corazón puro, la consciencia correcta y una fe sin hipocresía.

Sobre la primera condición, la de tener un corazón puro, el Arzobispo resalta que el corazón puro significa transparencia, honestidad, coherencia. Según él, la pureza de corazón no se refiere solo a la sexualidad y afectividad, sino a la opción por la verdad, el bien y la justicia. Mons. Orlando resalta que ser puro es ser íntegro, correcto y sincero, pues no es posible amar teniendo un corazón lleno de mala intención, libertinaje, rapiña, adulterio, codicia, fraude, envidia y orgullo.

"Jesús pide que limpiemos el interior, que abandonemos el corazón de piedra, pues, nosotros vemos las apariencias, pero Dios ve el corazón. Por tanto, corazón puro es vencer toda duplicidad, fingimiento, apariencia, máscara, inautenticidad. Tiene corazón puro quien sabe perdonar desilusiones y resentimientos, rencor y odio; quien reconoce sus pecados, heridas, límites y por eso es humilde, compasivo, indulgente. El corazón puro sabe que no se debe juzgar, condenar, excluir", destaca.

Con relación a la segunda condición -tener una consciencia recta- el Prelado explica que de la rectitud de consciencia viene el actuar correcto. De acuerdo con él, la recta intención y recto actuar son frutos de la consciencia recta, y rectitud de consciencia es compromiso con la verdad y el bien. Mons. Orlando refuerza que no toda consciencia es recta y bien formada, pues hay consciencia errónea, laxa, rígida, y escrupulosa.

"Por tanto la rectitud de consciencia se consigue por la educación y la fe. Las cuatro virtudes cardinales, o sea, la prudencia, la templanza, la fortaleza y la justicia mucho contribuyen para la rectitud de la consciencia, que significa recta intención, autenticidad personal, certeza interior de hacer el bien, voluntad recta. Por ser voz de Dios, la consciencia nos llama a hacer el bien y evitar el mal. Quien sigue a Jesús consigue tener consciencia recta", completa.

Por último, el Arzobispo reflexiona sobre la tercera condición: tener una fe sin hipocresía. Él recuerda que el Papa Francisco habla frecuentemente de la "mundanidad espiritual", que es exactamente la hipocresía. Para Mons. Orlando, usar la religión para autopromoción, auto exaltación, intereses egoístas, segundas intenciones, es mundanidad espiritual, es mala intención. Él además enfatiza que todo lo que se hace a partir de la fe manifestada en el amor, en las buenas obras, en el testimonio de vida, en el compromiso con la verdad, sin hipocresía, es para gloria de Dios, para la salvación del mundo y para el bien de las personas.

"Siempre que nos buscamos a nosotros mismos en los cargos, en las pastorales, las liturgias, el liderazgo y el trabajo pastoral somos ladrones y salteadores de la gloria de Dios. En verdad, nos comportamos [como] idólatras cuyo ídolo es nuestro propio yo. Pablo Apóstol nos muestra tres condiciones para amar: corazón puro, consciencia recta, fe sin hipocresía, esto es, coherencia, transparencia, rectitud, honestidad", concluye. (FB)

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"Quien sigue a Jesús consigue tener consciencia recta", afirma el Arzobispo de Londrina, Brasil

Londrina (Jueves, 29-05-2014, Gaudium Press) "Tres condiciones para amar" es el título del más reciente artículo de Mons. Orlando Brandes, Arzobispo de Londrina, en el Estado de Paraná, Brasil. En su análisis, el Prelado afirma que el apóstol Pablo enseñaba que para amar es preciso de tres condiciones básicas: un corazón puro, la consciencia correcta y una fe sin hipocresía.

Sobre la primera condición, la de tener un corazón puro, el Arzobispo resalta que el corazón puro significa transparencia, honestidad, coherencia. Según él, la pureza de corazón no se refiere solo a la sexualidad y afectividad, sino a la opción por la verdad, el bien y la justicia. Mons. Orlando resalta que ser puro es ser íntegro, correcto y sincero, pues no es posible amar teniendo un corazón lleno de mala intención, libertinaje, rapiña, adulterio, codicia, fraude, envidia y orgullo.

"Jesús pide que limpiemos el interior, que abandonemos el corazón de piedra, pues, nosotros vemos las apariencias, pero Dios ve el corazón. Por tanto, corazón puro es vencer toda duplicidad, fingimiento, apariencia, máscara, inautenticidad. Tiene corazón puro quien sabe perdonar desilusiones y resentimientos, rencor y odio; quien reconoce sus pecados, heridas, límites y por eso es humilde, compasivo, indulgente. El corazón puro sabe que no se debe juzgar, condenar, excluir", destaca.

Con relación a la segunda condición -tener una consciencia recta- el Prelado explica que de la rectitud de consciencia viene el actuar correcto. De acuerdo con él, la recta intención y recto actuar son frutos de la consciencia recta, y rectitud de consciencia es compromiso con la verdad y el bien. Mons. Orlando refuerza que no toda consciencia es recta y bien formada, pues hay consciencia errónea, laxa, rígida, y escrupulosa.

"Por tanto la rectitud de consciencia se consigue por la educación y la fe. Las cuatro virtudes cardinales, o sea, la prudencia, la templanza, la fortaleza y la justicia mucho contribuyen para la rectitud de la consciencia, que significa recta intención, autenticidad personal, certeza interior de hacer el bien, voluntad recta. Por ser voz de Dios, la consciencia nos llama a hacer el bien y evitar el mal. Quien sigue a Jesús consigue tener consciencia recta", completa.

Por último, el Arzobispo reflexiona sobre la tercera condición: tener una fe sin hipocresía. Él recuerda que el Papa Francisco habla frecuentemente de la "mundanidad espiritual", que es exactamente la hipocresía. Para Mons. Orlando, usar la religión para autopromoción, auto exaltación, intereses egoístas, segundas intenciones, es mundanidad espiritual, es mala intención. Él además enfatiza que todo lo que se hace a partir de la fe manifestada en el amor, en las buenas obras, en el testimonio de vida, en el compromiso con la verdad, sin hipocresía, es para gloria de Dios, para la salvación del mundo y para el bien de las personas.

"Siempre que nos buscamos a nosotros mismos en los cargos, en las pastorales, las liturgias, el liderazgo y el trabajo pastoral somos ladrones y salteadores de la gloria de Dios. En verdad, nos comportamos [como] idólatras cuyo ídolo es nuestro propio yo. Pablo Apóstol nos muestra tres condiciones para amar: corazón puro, consciencia recta, fe sin hipocresía, esto es, coherencia, transparencia, rectitud, honestidad", concluye. (FB)


 

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