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"La gravedad de la culpa puede ser eterna o temporal", dice el obispo de Joinville, Brasil
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10 de Noviembre de 2014 / 0 Comentarios
 
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Joinville (Lunes, 10-11-2014, Gaudium Press) Mons. Irineu Roque Scherer, Obispo de la Diócesis de Joinville, en el estado de Santa Catarina, Brasil, escribió un artículo donde recuerda que el mes de noviembre es dedicado a los difuntos, y, sobre todo a las almas del purgatorio. Él explica que este es uno de los cultos más antiguos y que estuvo siempre presente en casi todas las religiones, siendo ligado a los cultos agrarios y de fertilidad, pues los muertos eran vistos como semillas, y por eso eran enterrados con vistas a la resurrección.

El Prelado recuerda que en el Credo nosotros rezamos: "Creo en la Resurrección de los muertos y en la vida eterna". Según él, creer en la resurrección de los muertos fue desde el inicio un elemento esencial de la fe cristiana. "La confianza de los cristianos es la resurrección de los muertos; creyendo en ella, somos cristianos", dice el Nuevo Catecismo.

Purgatorio_Gaudium_Press.jpg
Detalle de la iglesia Museo del Purgatorio - Roma

Mons. Scherer también cita a San Pablo, que decía: "¿Cómo pueden algunos de entre vosotros decir que no hay resurrección de los muertos? Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y, si Cristo no resucitó, vacía es nuestra predicación y vacía es también vuestra fe. ¡Pero no! Cristo resucitó de los muertos, primicias de los que adormecieron" (1Cor 15,12-14-.20).

Todavía de acuerdo con el Obispo, la resurrección de los muertos fue revelada progresivamente por Dios a su pueblo. Él refuerza que Jesús liga la fe en la resurrección a su propia persona: "Yo soy la resurrección y la vida" (Jn 11,25). El Prelado afirma que es Jesús mismo quien, en el último día, ha de resucitar a los que en él hubieron creído y que se hubieren alimentado de la eucaristía, pues la esperanza cristiana en la resurrección está toda marcada por el encuentro con el Cristo resucitado. "Los que hubieren hecho el bien irán para la resurrección de vida; los que hubieren practicado el mal, para una resurrección de juzgamiento" (Jn 5,29).

Por tanto, Mons. Scherer resalta que esta es nuestra fe que vino siendo traída hasta nosotros desde los tiempos más remotos y, por tanto, celebrar los muertos es celebrar la vida eterna que no va terminar nunca, pues la vida cristiana es vivir en comunión íntima con Dios, ahora y para siempre.

"Es un hecho que nosotros, por caridad y devoción, debemos recordarnos, en nuestras oraciones, de nuestros parientes y amigos fallecidos. Además, la caridad cristiana nos obliga a rezar hasta incluso por las almas de aquellos que no conocemos; muchas están olvidadas, y precisan que alguien rece por ellas. Aprovechemos, por tanto, este mes de noviembre para dedicarnos con más amor a los que nos eran queridos en vida y para rezar por ellos y por todas las almas que necesitan. Al ofrecer nuestras oraciones y sacrificios en sus favores, si sus almas están todavía en el Purgatorio, nosotros aliviaremos sus penas y los ayudaremos a gozar más rápido de la gloria celeste", enfatiza.

El Obispo resalta que para entender esas penas de las almas del purgatorio es preciso saber que todo pecado genera una ofensa, a la cual corresponde una culpa y también un perjuicio, al cual corresponde una pena. Él también recuerda que, conforme el pecado -mortal o venial-, también es la gravedad de la culpa y la pena, que puede ser eterna o temporal. Para Mons. Scherer, el sacramento de la penitencia perdona la culpa y la pena eterna, pero el pecador debe reparar los perjuicios causados por los propios pecados cumpliendo alguna penitencia para descontar las penas debidas.

"Aquí entra en escena también la cuestión de las indulgencias que la Iglesia concede a nosotros, en remisión de nuestras penas. ¿Qué son Indulgencias? Indulgencia es la remisión o perdón de la pena temporal debida por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa. El pecado es una ofensa a Dios la cual genera una culpa y al mismo tiempo un perjuicio, un desorden, que deben ser reparados por una pena. La indulgencia es parcial o plenaria, conforme perdone en parte o toda la pena temporal debida por los pecados", aclara.

El Prelado enseña cómo alguien puede lucrar indulgencias: debe ser bautizado y encontrarse en estado de gracia, por lo menos al final de las obras prescritas, además de visitar una iglesia o un cementerio, hacer oraciones en las intenciones del Papa y confesarse y comulgar. Según él, en el tiempo de finados, se concede una Indulgencia Plenaria solo aplicable a los difuntos: diariamente, del día 1º al día 8 de noviembre, a los que visiten los cementerios.

Por último, él enfatiza que en la Biblia no se encuentra la palabra "purgatorio", pero su existencia se puede concluir a partir del contexto bíblico. Conforme él, si alguien está en el cielo no precisa de oraciones para salvarse, pues ya está salvado, y, si alguien está en el infierno, no existe oración que lo retire de allá.

"Como, sin embargo nada de pecado entra en el cielo (Apoc. 21,27) y no todos los muertos están libres de pequeñas faltas y culpas que no merecen la condenación eterna, se sigue que ellos precisan de alguna purificación. Ahora ser libre de sus pecados, después de la muerte, por el sacrificio expiatorio, indica claramente la posibilidad de purificación", concluye. (FB)

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"La gravedad de la culpa puede ser eterna o temporal", dice el obispo de Joinville, Brasil

Joinville (Lunes, 10-11-2014, Gaudium Press) Mons. Irineu Roque Scherer, Obispo de la Diócesis de Joinville, en el estado de Santa Catarina, Brasil, escribió un artículo donde recuerda que el mes de noviembre es dedicado a los difuntos, y, sobre todo a las almas del purgatorio. Él explica que este es uno de los cultos más antiguos y que estuvo siempre presente en casi todas las religiones, siendo ligado a los cultos agrarios y de fertilidad, pues los muertos eran vistos como semillas, y por eso eran enterrados con vistas a la resurrección.

El Prelado recuerda que en el Credo nosotros rezamos: "Creo en la Resurrección de los muertos y en la vida eterna". Según él, creer en la resurrección de los muertos fue desde el inicio un elemento esencial de la fe cristiana. "La confianza de los cristianos es la resurrección de los muertos; creyendo en ella, somos cristianos", dice el Nuevo Catecismo.

Purgatorio_Gaudium_Press.jpg
Detalle de la iglesia Museo del Purgatorio - Roma

Mons. Scherer también cita a San Pablo, que decía: "¿Cómo pueden algunos de entre vosotros decir que no hay resurrección de los muertos? Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y, si Cristo no resucitó, vacía es nuestra predicación y vacía es también vuestra fe. ¡Pero no! Cristo resucitó de los muertos, primicias de los que adormecieron" (1Cor 15,12-14-.20).

Todavía de acuerdo con el Obispo, la resurrección de los muertos fue revelada progresivamente por Dios a su pueblo. Él refuerza que Jesús liga la fe en la resurrección a su propia persona: "Yo soy la resurrección y la vida" (Jn 11,25). El Prelado afirma que es Jesús mismo quien, en el último día, ha de resucitar a los que en él hubieron creído y que se hubieren alimentado de la eucaristía, pues la esperanza cristiana en la resurrección está toda marcada por el encuentro con el Cristo resucitado. "Los que hubieren hecho el bien irán para la resurrección de vida; los que hubieren practicado el mal, para una resurrección de juzgamiento" (Jn 5,29).

Por tanto, Mons. Scherer resalta que esta es nuestra fe que vino siendo traída hasta nosotros desde los tiempos más remotos y, por tanto, celebrar los muertos es celebrar la vida eterna que no va terminar nunca, pues la vida cristiana es vivir en comunión íntima con Dios, ahora y para siempre.

"Es un hecho que nosotros, por caridad y devoción, debemos recordarnos, en nuestras oraciones, de nuestros parientes y amigos fallecidos. Además, la caridad cristiana nos obliga a rezar hasta incluso por las almas de aquellos que no conocemos; muchas están olvidadas, y precisan que alguien rece por ellas. Aprovechemos, por tanto, este mes de noviembre para dedicarnos con más amor a los que nos eran queridos en vida y para rezar por ellos y por todas las almas que necesitan. Al ofrecer nuestras oraciones y sacrificios en sus favores, si sus almas están todavía en el Purgatorio, nosotros aliviaremos sus penas y los ayudaremos a gozar más rápido de la gloria celeste", enfatiza.

El Obispo resalta que para entender esas penas de las almas del purgatorio es preciso saber que todo pecado genera una ofensa, a la cual corresponde una culpa y también un perjuicio, al cual corresponde una pena. Él también recuerda que, conforme el pecado -mortal o venial-, también es la gravedad de la culpa y la pena, que puede ser eterna o temporal. Para Mons. Scherer, el sacramento de la penitencia perdona la culpa y la pena eterna, pero el pecador debe reparar los perjuicios causados por los propios pecados cumpliendo alguna penitencia para descontar las penas debidas.

"Aquí entra en escena también la cuestión de las indulgencias que la Iglesia concede a nosotros, en remisión de nuestras penas. ¿Qué son Indulgencias? Indulgencia es la remisión o perdón de la pena temporal debida por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa. El pecado es una ofensa a Dios la cual genera una culpa y al mismo tiempo un perjuicio, un desorden, que deben ser reparados por una pena. La indulgencia es parcial o plenaria, conforme perdone en parte o toda la pena temporal debida por los pecados", aclara.

El Prelado enseña cómo alguien puede lucrar indulgencias: debe ser bautizado y encontrarse en estado de gracia, por lo menos al final de las obras prescritas, además de visitar una iglesia o un cementerio, hacer oraciones en las intenciones del Papa y confesarse y comulgar. Según él, en el tiempo de finados, se concede una Indulgencia Plenaria solo aplicable a los difuntos: diariamente, del día 1º al día 8 de noviembre, a los que visiten los cementerios.

Por último, él enfatiza que en la Biblia no se encuentra la palabra "purgatorio", pero su existencia se puede concluir a partir del contexto bíblico. Conforme él, si alguien está en el cielo no precisa de oraciones para salvarse, pues ya está salvado, y, si alguien está en el infierno, no existe oración que lo retire de allá.

"Como, sin embargo nada de pecado entra en el cielo (Apoc. 21,27) y no todos los muertos están libres de pequeñas faltas y culpas que no merecen la condenación eterna, se sigue que ellos precisan de alguna purificación. Ahora ser libre de sus pecados, después de la muerte, por el sacrificio expiatorio, indica claramente la posibilidad de purificación", concluye. (FB)


 

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