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El primer apóstol de los últimos tiempos
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17 de Enero de 2017 / 0 Comentarios
 
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Redacción - (Martes, 17-01-2017, Gaudium Press) Publicamos hoy la primera parte de los comentarios de Hermana Juliane Vasconcelos Almeida Campos, EP, sobre el "Primero de los Apóstoles de los últimos tiempos".

* * * * *

-Corría el año 1716. La misión en Saint-Laurent-sur-Sèvre -¡que sería la última! - había comenzado a principios de abril. Consumido por el trabajo, el dedicado predicador fue acometido por una pleuresía aguda, pero no canceló el sermón prometido para la tarde de la visita del Obispo de La Rochelle, Mons. Étienne de Champflour, el 22 de abril, en la cual habló sobre la dulzura de Jesús. Con todo, tuvo que ser llevado del púlpito casi agonizante...

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Pasados algunos días, presintiendo la muerte que ya previera para aquel año, él pidió que, cuando lo pusiesen en el ataúd, le fuesen mantenidas en el cuello, los brazos y los pies las cadenas que usaba como señal de esclavitud de amor a la Santísima Virgen. El 27 de abril, el enfermo dictó su testamento y legó su obra misionera al padre René Mulot.

La mañana siguiente parecía anunciar el momento último. En la mano derecha atajaba el Crucifijo indulgenciado por el Papa Clemente XI y en la izquierda, una imagencita de María que siempre lo acompañara, los cuales besaba y contemplaba con enorme piedad. Por la tarde, el moribundo parecía trabar su lucha extrema contra un enemigo invisible: "Es en vano que tú me atacas. Yo estoy entre Jesús y María. Deo gratias et Mariæ. Llegué al final de mi carrera: ¡listo, no pecaré más!".1 Al anochecer, entregó su alma a Dios, con apenas 43 años de edad.

Millares de personas vinieron a venerar los restos mortales de su apóstol y Mons. Champflour afirmó haber perdido "el mejor sacerdote de la diócesis". 2 Este era San Luís María Grignion de Montfort, un "padre que viviera con la pureza de un Ángel, trabajara con el celo de un Apóstol y sufriera con el rigor de un penitente".

Muy difundida es su doctrina mariana. Sin embargo, menos conocida es su vida, tan fecunda a pesar de corta, de la cual podremos contemplar algunos breves trazos.

Escogido desde la infancia

Nació el 31 de enero de 1673, en la ciudad bretaña de Montfort-La-Cane - hoy Montfort-sur-Meu -, en el seno de una numerosa familia con 18 hijos. "El pueblo de Bretaña se entrega por completo; es una raza de una sola pieza",4 y Luís heredó este vigor de espíritu. Sus padres, Jean-Baptiste Grignion y Jeanne Robert, lo llevaron a la pila bautismal al día siguiente de haber visto la luz, en la Iglesia parroquial de Saint-Jean.

Cuando todavía muy niño, la familia se instaló en la propiedad de Bois-Marquer, en Iffendic. La vieja iglesia de esta ciudad fue el escenario de sus primeras oraciones y la cuna de su ardorosa devoción al Santísimo Sacramento. Allí hizo la Primera Comunión y pasaba horas en recogimiento.

Su espíritu apostólico se manifestaba desde la infancia, al alentar a la madre en las dificultades domésticas o en la atención a sus hermanos, en especial a la pequeña Luisa, que vino a ser religiosa benedictina del Santísimo Sacramento, con su ayuda.

Conoció el amor a María Santísima en el corazón de su madre, y este amor se tornó la vía montfortiana por excelencia. En verdad, "la Santísima Virgen fue la primera en escogerlo y elegirlo uno de sus mayores favoritos, y grabara en su joven alma la ternura tan singular que él siempre le votara".5

En el colegio de los jesuitas de Rennes

A los 12 años, sus padres lo enviaron a Rennes, para estudiar en el Colegio Santo Tomás Becket, dirigido por los jesuitas, famoso por su curso de humanidades y por formar sus educandos en el auténtico espíritu cristiano. La enseñanza era gratuita y sus más de mil estudiantes no eran internos, por eso Luís María se hospedó con un tío, el Abad Alain Robert de la Vizuele.

Excelente alumno, se dedicaba al estudio con ahínco, comprendiendo su importancia para la vida espiritual y el futuro ministerio que tenía en vista. Su espíritu recogido lo alejaba del bullicio de la multitud ruidosa de los jóvenes y su distracción era visitar las iglesias de la ciudad donde había bellas y atrayentes imágenes de María Santísima. No hay duda de que esta tierna y sincera devoción fue la salvaguarda de su pureza y abrigo seguro contra las solicitudes del mundo.

1.jpg

Allí conoció a Jean-Baptiste Blain y Claude-François Poullart des Places, de los cuales se tornó gran amigo. Más tarde, ellos le serán valiosos apoyos en sus fundaciones. Pertenecía a la Congregación Mariana del colegio y, con Poullart des Places, organizó una asociación en honra a la Santísima Virgen, visando hacer crecer la dedicación a Ella, "alentar a sus colegas al fervor y hacer brillar a los ojos de las almas jóvenes las bellezas del sacerdocio y el apostolado".6 Blain, después de la muerte del Santo, escribió sus recuerdos personales y memorias, tornándose una de las principales fuentes históricas de la vida de él.

Muy caritativo, innúmeras veces se hizo limosnero para ayudar a algún discípulo más pobre que él; actitud que se repitió, con frecuencia, a lo largo de su vida misionera. "Solo hablaba de Dios y de las cosas de Dios; solo respiraba el celo por la salvación de las almas; y, no pudiendo contener su corazón inflamado en el amor de Dios, solo buscaba aliviarlo, a través de testimonios efectivos de caridad en relación al próximo".7

A pesar del intenso trabajo al cual se dedicaba, San Luis encontraba tiempo para desarrollar su parte artística: esculpía con talento, en especial imágenes de María, pintaba, componía melodías y poemas.

En Rennes sintió el llamado definitivo al estado eclesiástico. Cuenta uno de sus compañeros - a quien él confidenciara esta gracia - haber sido a los pies de Nuestra Señora de la Paz, en la iglesia de los carmelitas, que conoció su vocación sacerdotal, "la única que Dios le indicaba, por intermedio de la Virgen María".8

Por la Hna. Juliane Vasconcelos Almeida Campos, EP

(Del Instituto Filosófico Teológico Santa Escolástica - IFTE)
............................................................................

1 LE CROM, Louis. São Luís Maria Grignion de Montfort. Porto: Civilização, 2010, p.411.
2 ABAD, SJ, Camilo María. Introducción general. In: SÃO LUÍS MARIA GRIGNION DE MONTFORT. Obras. Madrid: BAC, 1954, p.66.
3 LE CROM, op. cit., p.405.
4 Idem, p.15.
5 BLAIN, Jean-Baptiste. Lettres de Monsieur, apud LE CROM, op. cit., p.25.
6 LE CROM, op. cit., p.34.
7 BLAIN, op. cit., p.45.
8 LE CROM, op. cit., p.44.

 

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El primer apóstol de los últimos tiempos

Redacción - (Martes, 17-01-2017, Gaudium Press) Publicamos hoy la primera parte de los comentarios de Hermana Juliane Vasconcelos Almeida Campos, EP, sobre el "Primero de los Apóstoles de los últimos tiempos".

* * * * *

-Corría el año 1716. La misión en Saint-Laurent-sur-Sèvre -¡que sería la última! - había comenzado a principios de abril. Consumido por el trabajo, el dedicado predicador fue acometido por una pleuresía aguda, pero no canceló el sermón prometido para la tarde de la visita del Obispo de La Rochelle, Mons. Étienne de Champflour, el 22 de abril, en la cual habló sobre la dulzura de Jesús. Con todo, tuvo que ser llevado del púlpito casi agonizante...

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Pasados algunos días, presintiendo la muerte que ya previera para aquel año, él pidió que, cuando lo pusiesen en el ataúd, le fuesen mantenidas en el cuello, los brazos y los pies las cadenas que usaba como señal de esclavitud de amor a la Santísima Virgen. El 27 de abril, el enfermo dictó su testamento y legó su obra misionera al padre René Mulot.

La mañana siguiente parecía anunciar el momento último. En la mano derecha atajaba el Crucifijo indulgenciado por el Papa Clemente XI y en la izquierda, una imagencita de María que siempre lo acompañara, los cuales besaba y contemplaba con enorme piedad. Por la tarde, el moribundo parecía trabar su lucha extrema contra un enemigo invisible: "Es en vano que tú me atacas. Yo estoy entre Jesús y María. Deo gratias et Mariæ. Llegué al final de mi carrera: ¡listo, no pecaré más!".1 Al anochecer, entregó su alma a Dios, con apenas 43 años de edad.

Millares de personas vinieron a venerar los restos mortales de su apóstol y Mons. Champflour afirmó haber perdido "el mejor sacerdote de la diócesis". 2 Este era San Luís María Grignion de Montfort, un "padre que viviera con la pureza de un Ángel, trabajara con el celo de un Apóstol y sufriera con el rigor de un penitente".

Muy difundida es su doctrina mariana. Sin embargo, menos conocida es su vida, tan fecunda a pesar de corta, de la cual podremos contemplar algunos breves trazos.

Escogido desde la infancia

Nació el 31 de enero de 1673, en la ciudad bretaña de Montfort-La-Cane - hoy Montfort-sur-Meu -, en el seno de una numerosa familia con 18 hijos. "El pueblo de Bretaña se entrega por completo; es una raza de una sola pieza",4 y Luís heredó este vigor de espíritu. Sus padres, Jean-Baptiste Grignion y Jeanne Robert, lo llevaron a la pila bautismal al día siguiente de haber visto la luz, en la Iglesia parroquial de Saint-Jean.

Cuando todavía muy niño, la familia se instaló en la propiedad de Bois-Marquer, en Iffendic. La vieja iglesia de esta ciudad fue el escenario de sus primeras oraciones y la cuna de su ardorosa devoción al Santísimo Sacramento. Allí hizo la Primera Comunión y pasaba horas en recogimiento.

Su espíritu apostólico se manifestaba desde la infancia, al alentar a la madre en las dificultades domésticas o en la atención a sus hermanos, en especial a la pequeña Luisa, que vino a ser religiosa benedictina del Santísimo Sacramento, con su ayuda.

Conoció el amor a María Santísima en el corazón de su madre, y este amor se tornó la vía montfortiana por excelencia. En verdad, "la Santísima Virgen fue la primera en escogerlo y elegirlo uno de sus mayores favoritos, y grabara en su joven alma la ternura tan singular que él siempre le votara".5

En el colegio de los jesuitas de Rennes

A los 12 años, sus padres lo enviaron a Rennes, para estudiar en el Colegio Santo Tomás Becket, dirigido por los jesuitas, famoso por su curso de humanidades y por formar sus educandos en el auténtico espíritu cristiano. La enseñanza era gratuita y sus más de mil estudiantes no eran internos, por eso Luís María se hospedó con un tío, el Abad Alain Robert de la Vizuele.

Excelente alumno, se dedicaba al estudio con ahínco, comprendiendo su importancia para la vida espiritual y el futuro ministerio que tenía en vista. Su espíritu recogido lo alejaba del bullicio de la multitud ruidosa de los jóvenes y su distracción era visitar las iglesias de la ciudad donde había bellas y atrayentes imágenes de María Santísima. No hay duda de que esta tierna y sincera devoción fue la salvaguarda de su pureza y abrigo seguro contra las solicitudes del mundo.

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Allí conoció a Jean-Baptiste Blain y Claude-François Poullart des Places, de los cuales se tornó gran amigo. Más tarde, ellos le serán valiosos apoyos en sus fundaciones. Pertenecía a la Congregación Mariana del colegio y, con Poullart des Places, organizó una asociación en honra a la Santísima Virgen, visando hacer crecer la dedicación a Ella, "alentar a sus colegas al fervor y hacer brillar a los ojos de las almas jóvenes las bellezas del sacerdocio y el apostolado".6 Blain, después de la muerte del Santo, escribió sus recuerdos personales y memorias, tornándose una de las principales fuentes históricas de la vida de él.

Muy caritativo, innúmeras veces se hizo limosnero para ayudar a algún discípulo más pobre que él; actitud que se repitió, con frecuencia, a lo largo de su vida misionera. "Solo hablaba de Dios y de las cosas de Dios; solo respiraba el celo por la salvación de las almas; y, no pudiendo contener su corazón inflamado en el amor de Dios, solo buscaba aliviarlo, a través de testimonios efectivos de caridad en relación al próximo".7

A pesar del intenso trabajo al cual se dedicaba, San Luis encontraba tiempo para desarrollar su parte artística: esculpía con talento, en especial imágenes de María, pintaba, componía melodías y poemas.

En Rennes sintió el llamado definitivo al estado eclesiástico. Cuenta uno de sus compañeros - a quien él confidenciara esta gracia - haber sido a los pies de Nuestra Señora de la Paz, en la iglesia de los carmelitas, que conoció su vocación sacerdotal, "la única que Dios le indicaba, por intermedio de la Virgen María".8

Por la Hna. Juliane Vasconcelos Almeida Campos, EP

(Del Instituto Filosófico Teológico Santa Escolástica - IFTE)
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1 LE CROM, Louis. São Luís Maria Grignion de Montfort. Porto: Civilização, 2010, p.411.
2 ABAD, SJ, Camilo María. Introducción general. In: SÃO LUÍS MARIA GRIGNION DE MONTFORT. Obras. Madrid: BAC, 1954, p.66.
3 LE CROM, op. cit., p.405.
4 Idem, p.15.
5 BLAIN, Jean-Baptiste. Lettres de Monsieur, apud LE CROM, op. cit., p.25.
6 LE CROM, op. cit., p.34.
7 BLAIN, op. cit., p.45.
8 LE CROM, op. cit., p.44.

 

Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/84776-El-primer-apostol-de-los-ultimos-tiempos-. Se autoriza su publicación desde que cite la fuente.



 

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