El P. Bohdan Heleta, preso por los rusos durante un año y medio, da “gracias a Dios por darme la fuerza de unir estas torturas con Cristo, con su sufrimiento”.
Foto: Vatican News
Redacción (26/02/2025 09:10, Gaudium Press) El P. Bohdan Heleta estuvo preso bajo el yugo ruso durante más de un año y medio. Él contó su historia de forma on line a los medios vaticanos, una historia dramática.
“¿Qué me ayudó a resistir? Es simple: Dios”:
El sacerdote de rito greco-católico padre Bohdan Heleta, de la congregación de los Redentoristas, lo dice con sencillez durante un reciente encuentro en línea con los medios de comunicación vaticanos, hablando de su experiencia en el cautiverio ruso.
El padre Heleta, junto con el padre Ivan Levytskyi, fue detenido el 16 de noviembre de 2022 en la ciudad de Berdyansk, en el sur de Ucrania. En aquel momento, la ciudad llevaba nueve meses bajo ocupación rusa. Durante mucho tiempo después de su detención, no se supo nada de su suerte. Después, el 28 de junio de 2024, ambos fueron liberados.
Una prueba de fe
El encuentro en línea con el padre Bohdan, el jueves 20 de febrero de 2025, en el que participó el nuncio apostólico en Ucrania, el arzobispo Visvaldas Kulbokas, se organizó en el contexto del tercer aniversario de la invasión a gran escala de Ucrania por Rusia. Dirigiéndose a los participantes en la reunión, el sacerdote se centró en los aspectos espirituales de la difícil experiencia de más de año y medio de cautiverio.
“La guerra en curso en Ucrania, lo que le está sucediendo a nuestro pueblo, es verdaderamente terrible – dijo – pero sabemos por las Escrituras y sabemos que Cristo dijo que estas pruebas tenían que venir”.
No se teme la muerte sino la tortura
El clérigo subrayó que la motivación que le permitió soportar el dolor fue ofrecerlo para “salvar a los enemigos”. “Y doy gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de estar allí” aunque, admitió “fue muy difícil en un ambiente de brutal desprecio por la persona humana, donde uno tiene la sensación constante de estar en un lugar de muerte. En un entorno así, una persona solo quiere morir. Ninguno de los prisioneros tiene miedo a la muerte, lo que temen es que les torturen el cuerpo, que abusen de ellos. Doy gracias a Dios por darme la fuerza de unir estas torturas con Cristo, con su sufrimiento, con el camino de Cristo. Y esto no es mérito mío, sino del Señor. Es en esta debilidad donde Él da la fuerza. Allí percibí la oración de la Iglesia, la Iglesia en todas sus dimensiones. No puedo explicarlo… En realidad, esta es la respuesta a la pregunta de qué me ayudó a resistir. Es sencillo: Dios. Y me atormenta mucho el hecho de que otros prisioneros que no conocieron a Dios, no pudieron soportarlo todo y hubo casos de suicidio y otras cosas dolorosas. Todo esto permanecerá en mi memoria y nunca podré olvidar aquellos gemidos, aquellas agonías, todo tipo de malos tratos. Pero también lo dedico para la salvación de los demás, para dar testimonio de que solo Dios puede santificarnos si damos un paso de las tinieblas a la luz”.
Prohibición de sentarse
El padre Heleta contó cómo él y el padre Ivan Levytskyi permanecieron en una prisión de guerra. Había unos mil ochocientos prisioneros y los dos sacerdotes eran los únicos civiles. Habían sido acusados de terrorismo bajo la falsa acusación de que se habían encontrado armas en su casa. Compartiendo el destino de los demás prisioneros de guerra ucranianos, el padre Bohdan intentó ayudarles.
“No podía ayudar a todos, solo a aquellos con los que estaba directamente en los barracones, unos 200 prisioneros. Pero pedí al Señor que abrazara a todos con su amor y su misericordia”, dijo el clérigo.
Esta ayuda era limitada porque, según explicó, estaba prohibida, considerada una violación del régimen penitenciario. “Así que se ofrecía en privado, mientras caminábamos por un pequeño patio (de 60 por 40 metros). A las 6 de la mañana nos hacían salir del barracón y hasta las 10 de la noche teníamos prohibido volver a entrar, prohibido sentarnos o tumbarnos: teníamos que estar de pie, andar todo el día. Y así, donde nos encontrábamos, podíamos comunicarnos, yo podía incluso confesar”.
Pudo hacer oración comunitaria en la mañana y en la noche
El padre Bohdan cuenta que pidió permiso a la persona de contacto del barracón (un preso designado por la administración de la colonia) para hacer una breve oración por la mañana y por la noche. “Aceptó –cuenta el sacerdote– a pesar de que corría un riesgo. Así que, durante cinco minutos por la mañana, antes de salir rezábamos una breve oración y leíamos el Evangelio. Y lo mismo por la noche, antes de acostarnos. Todavía hoy me sorprende cómo fue posible, porque era peligroso. Doy gracias a Dios por haber podido hacerlo”.
Durante su conversación con el padre Bohdan Heleta, los reporteros de los medios de comunicación del Vaticano quedaron impresionados por la paz interior que desprendía el sacerdote. A pesar de todo lo que había vivido en el año y medio de encarcelamiento, al relatarlo no utilizó ni una sola palabra de acusación contra sus captores.
“El Señor Dios lo cura todo con su gracia. Una persona que está en gracia – observó – no puede usar palabras de insulto u odio como respuesta. Aunque, lo admito, hubo momentos de desesperación, sin embargo, no fue una desesperación total…. Era una tristeza profunda: un sentimiento de no querer ya nada. Uno solo quiere irse de este mundo. Tristeza de que personas creadas a imagen de Dios sean capaces de hacer cosas así. Y muchos de ellos están convencidos de que hacen el bien. Pero, ¿cómo se puede hacer el bien torturando a alguien?”.
El sentido del sufrimiento
Uno de los participantes en la reunión planteó la cuestión de cómo debe percibir el sufrimiento un creyente, y no solo un sacerdote. “La respuesta – dijo el padre Bohdan – es muy sencilla: Cristo, como hombre, no quería morir. Lloró, pidió que se le perdonara este cáliz, pero dijo a Dios: ‘Quiero hacer tu voluntad’. No queremos sufrir, pero queremos hacer Su voluntad. ¿Y cuál es la voluntad de nuestro Padre celestial? Es el reino de Dios, que todos se salven. Así que no podemos evitar el sufrimiento, porque Dios Hombre, la segunda Persona de Dios, nos ha mostrado el camino. Y creo firmemente en esto, no solo como sacerdote, sino como simple persona. Creo en Cristo, que es mi amigo y mi salvador”.
Con información de Vatican News.
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