miércoles, 07 de enero de 2026
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Feligrés pregunta al Obispo de Charlotte: “¿Qué le incomoda? – ¿Las prácticas tradicionales católicas?”

La tensión en la Iglesia de Charlotte, EE.UU. es manifiesta.

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Mons. Martin – Foto: Diócesis de Charlotte

Redacción (06/01/2026 09:43, Gaudium Press) Es ya evidente que la relación entre el Obispo de Charlotte, su presbiterio y feligresía no está siendo nada fácil, y todo apunta que la tensión se debe principalmente a un tipo de gobierno de Mons. Michael Martin no tan ‘sinodal’, preocupado particularmente en imponer una agenda litúrgica un tanto extrema, algo que parecería ir en contravía con los deseos de León XIV, que muy probablemente serán manifestados en el inminente consistorio.

En días pasados, Gaudium Press publicaba reacciones a la reciente Carta Pastoral, en la que el prelado prohibía el uso de mesas de comunión y reclinatorios ante el altar para comulgar. Las mesas de comunión son las balaustradas que separan el presbiterio de la nave de las iglesias, muy presentes en iglesias antiguas. En la Carta, Mons. Martin determinaba que desde el próximo 16 de enero el uso de mesas de comunión y de reclinatorios fijos o móviles no serán más permitidos en la Diócesis, y cualesquier “accesorios temporales o móviles usados para arrodillarse para recibir la Comunión” deberán ser removidos.

Lo cierto es que un sacerdote de la diócesis, en declaraciones a CNA, habló de la actitud “autoritaria” del prelado, y dijo que “si los padres de la Diócesis respondiesen sobre un voto de desconfianza, la gran mayoría votaría a favor”. “Infelizmente, el estilo de liderazgo del obispo Martin ha sido una fuente de división para la Diócesis desde su llegada y no parece haber ningún cambio de rumbo después de varios pedidos”, afirmó el padre. “Ha sido muy doloroso para muchos en toda la Diócesis”.

Ahora Liturgy guy reproduce una carta de una fiel de la diócesis, madre, que se dirige directamente al obispo tras haber usado “mucho de mi tiempo de oración y reflexión para intentar entender su ministerio”, después de asistir a recientes transmisiones del prelado.

En uno de sus sermones, Mons. Martin invitaba a los fieles a “salir de la zona de confort”. Basado en esto, la feligrés devuelve la invitación y pregunta al Obispo:

“¿Qué le incomoda? ¿Es el latín? ¿Es distribuir la Sagrada Comunión en la barandilla del altar? ¿Es cualquier cosa que se parezca a las prácticas tradicionales de los católicos? ¿Es la vida espiritual de muchos de sus fieles? ¿Es el amor genuino de Cristo que tienen los sacerdotes de la diócesis: predicar el evangelio y llamar al arrepentimiento sin diluir la doctrina? ¿Es la gran cantidad de vocaciones que se han cultivado en la rica tierra fértil de la auténtica tradición católica?”

¿No hay diálogo sinodal?

Las preguntas de esta madre, que asiste a una de las iglesias impactadas por las medidas del Obispo, continúan:

“¿Quién tiene la cáscara endurecida? ¿Quién no se implica en el diálogo? ¿Quién se ha negado a comprender? ¿Quién envió una carta formal en respuesta a las preocupaciones de su feligresía? ¿Quién se ha anclado en su posición?”

En la homilía a la que la madre de familia hace referencia, el obispo proclamó: “Tengo necesidad de conversión. Tengo necesidad de un cambio de corazón”. Pues la madre recoge esas palabras y se las aplica al prelado:

“Simplemente le pido, Excelencia, que se atenga a lo que dice, practicando lo que (literalmente) predica. Lo reto a sentirse fuera de su zona de confort. Lo reto a escuchar a sus sacerdotes bien preparados. Quizás esté en el coro en una misa en latín en la Capilla Little Flower. Lo reto a distribuir la Sagrada Comunión en la barandilla al menos una vez. Encontrará fieles que se arrodillan y reciben en la mano, y de pie y reciben en la lengua. Pero usted no ha aún intentado permitir la distribución en una barandilla mientras ha sido celebrante”.

La señora apunta también a un estilo autoritario:

“Lo reto a que renuncie a la respiración contenida, y a que deje el hacha que ha estado usando para desmantelar todo de una vez —intente persuadir a los fieles a cambiar su forma de culto en lugar de forzarlos”.

En la Carta Pastoral Mons. Martin afirmaba que su intención era “continuar promoviendo la paz y la unidad en nuestras liturgias”. A esto parece responder la feligrés cuando dice:

“Uniformidad no es unidad, y está causando más división que nunca. Está haciendo que los jóvenes cuestionen su llamado al sacerdocio al añadir obstáculos adicionales a su llamado. Está obligando a los sacerdotes a tomar decisiones difíciles que ni siquiera deberían tener que tomar. ¿Deberían obedecerle y negarles a los fieles sus peticiones, violando así sus derechos canónicos, o deberían ignorar estos nuevos mandatos y dejarlos en terreno inestable con relación a usted?”

La carta de la feligrés recuerda al prelado que heredó una diócesis rica en vocaciones, también el principio de que lo que no está dañado no necesita arreglo, y finalmente le asegura las oraciones para este año que inicia.

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