jueves, 15 de enero de 2026
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“La Divina Pastora” es “camino a una reconstrucción de Venezuela”: Arzobispo de Barquisimeto

No “nos podemos resignar ante el mal”, dijo el Arzobispo, en una procesión que según algunos reunió a más de 4 millones de personas.

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Foto: Vatican News

Redacción (15/01/2026 11:49, Gaudium Press) Celebrada cada 14 de enero en Venezuela, la procesión de la imagen de la Divina Pastora es una tradición centenaria que atrae a aproximadamente dos millones de devotos de todo el país, aunque medios afirman que ayer asistieron más de 4 millones de personas.

La devoción a esa advocación mariana, creada por Fray Isidoro de Sevilla, se remonta a 1703 en España.

Ver también: Sevilla corona canónicamente la imagen original de la Divina Pastora

Los peregrinos recorren varios kilómetros desde el santuario de Santa Rosa hasta la catedral, en el corazón de Barquisimeto, deteniéndose en doce estaciones para orar y reflexionar. El ritual, según los lugareños, es más que una demostración de fe: es una afirmación de identidad, perseverancia y esperanza.

Este año, la procesión mariana tuvo un tono más contundente y urgente, tras la captura de Nicolás Maduro por parte del gobierno de Donald Trump.

“Estamos llamados a reconstruir una sociedad donde todos seamos partícipes”, indicó este 14 de enero el arzobispo de Barquisimeto, monseñor Polito Rodríguez, durante la Solemne Eucaristía de salida en el pueblo de Santa Rosa con la que inició la 168.ª visita de la Divina Pastora a la ciudad.

En la celebración también participaron monseñor Lisandro Rivas, obispo de San Cristóbal, junto a su obispo auxiliar, monseñor Juan Alberto Ayala; monseñor Carlos Curiel, obispo de Carora; monseñor José Luis Azuaje, arzobispo de Maracaibo; monseñor Rubén Delgado, obispo de San Felipe; monseñor Enrique Parravano, obispo de Maracay; monseñor Gerardo Salas, obispo de Acarigua-Araure; y monseñor Owaldo Araque, obispo de Guanare.

“Hemos recientemente concluido, con el cierre de la Puerta Santa, un año jubilar, un tiempo de gracia. El año jubilar ha terminado pero la esperanza no; por el contrario, se mantiene viva en nuestros corazones”, recalcó el arzobispo de Barquisimeto, quien exhortó a defender la dignidad humana y los derechos humanos fundamentales.

“Ni como humanos ni como cristianos nos podemos resignar ante el mal, ante todo aquello que atenta contra la dignidad humana y que destruye los derechos humanos fundamentales”, indicó monseñor Rodríguez, quien resaltó que las palabras de la Virgen en el cántico del Magníficat “son proféticas y alentadoras, vislumbran las maravillas que pueden tener lugar si dejamos que el Todopoderoso obre en nosotros como en Ella”, y “nos recuerdan que una transformación es posible, que los valores del Reino de Dios no son una utopía irrealizable sino una promesa que Dios ya está cumpliendo en medio de nosotros”.

“Contemplando a María, Nuestra Madre, la Divina Pastora de las almas, encontramos el camino hacia una reconstrucción auténtica de nuestra sociedad y de nuestro país, donde todos tenemos cabida, donde cada uno pueda aportar y expresarse sin miedo”, recalcó el arzobispo.

El 14 de enero, “un día grande para Venezuela”

Al concluir la Santa Misa de salida en el pueblo de Santa Rosa, la imagen de la Divina Pastora inició el recorrido de 7,5 kilómetros hacia la Catedral Metropolitana de la Arquidiócesis de Barquisimeto, donde tuvo lugar la Solemne Eucaristía presidida por monseñor Lisandro Rivas, obispo de San Cristóbal, quien destacó que el 14 de enero es “un día grande para Venezuela”, no solo en la región sino a nivel nacional.

Tras agradecer el acompañamiento de sacerdotes, consagrados y laicos que representan a la Iglesia como “peregrinos de esperanza”, en su homilía, monseñor Rivas resaltó el rol de María como abogada, recordando el momento histórico en el que a su intercesión se atribuyó el fin de la epidemia del cólera.

“Elevamos una oración por la paz de Venezuela bajo el amparo de nuestra Madre, la Divina Pastora, quien con su amor infinito congrega a todo su rebaño”, invocó, invitando a vencer las “pestes” de hoy en día, como la indiferencia, el miedo y el pesimismo, y a vivir en la esperanza, actuando a ejemplo de María, Pastora de las Almas, como pastores que acompañan con ternura la vida de los hermanos. “Este compromiso nos invita a ser miembros auténticos de la Iglesia, actuando como misioneros de paz para Venezuela y constructores de una nueva sociedad fundamentada en el amor”, recalcó.

Con información de Vatican News.

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