martes, 20 de enero de 2026
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“Por el Bautismo somos liberados del pecado”: 5 razones del porqué debemos ser bautizados

Cuando los padres presentan a su hijo al Bautismo, le están regalando algo que ninguna riqueza puede igualar, la vida nueva en Cristo y la pertenencia a la gran familia de la Iglesia.

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Redacción (20/01/2026 08:50, Gaudium Press) Todos anhelamos ser felices, vivir con plenitud y tener paz en el corazón. Jesús nos promete que, si lo seguimos con amor, recibiremos el ciento por uno y heredaremos la vida eterna (cf. Mateo 19, 29). Y ese camino de gracia comienza con el Bautismo, el primer paso que nos abre las puertas de la vida cristiana.

Sin embargo, muchas veces olvidamos el valor inmenso de este Sacramento. Ser bautizado no significa solo tener un registro en la parroquia o una foto de bebé con un ropón blanco. Significa haber sido marcados por Dios, haber recibido su Espíritu y haber sido llamados a vivir como hijos suyos cada día.

Por eso, bautizar a los niños desde pequeños no es una simple costumbre familiar o una tradición cultural, es un verdadero acto de amor. Aquí te compartimos cinco razones por las que el Bautismo infantil es uno de los mayores regalos que se puede recibir:

  1. El Espíritu Santo empieza a habitar en nosotros

Desde el momento del Bautismo, el Espíritu Santo desciende sobre el alma del niño y comienza a actuar en ella. Aunque el pequeño aún no entienda lo que sucede, su espíritu ya es tocado por la gracia divina. Dios mismo se instala en su corazón y empieza a moldearlo desde dentro.

Esa presencia del Espíritu lo acompañará siempre, inspirándolo a hacer el bien, dándole fortaleza en la vida y ayudándolo a parecerse cada vez más a Jesús. ¡Qué misterio tan grande y tierno! En cada niño bautizado, el Cielo ya comenzó a actuar silenciosamente.

  1. Pasamos a ser parte de una familia inmensa: la Iglesia

El Bautismo no solo nos une a Dios, sino también a todos los que creen en Él. Por este Sacramento, el niño entra a formar parte del Cuerpo de Cristo, es decir, de la Iglesia.

A partir de ese momento, ya no está solo en su camino de fe: pertenece a una comunidad espiritual que abarca la tierra y el cielo. Está unido a los santos, a los ángeles, y a millones de hermanos en todo el mundo que también siguen a Jesús. ¡Qué hermoso saber que desde bebés ya caminamos acompañados por esta gran familia divina!

  1. Somos liberados del pecado original

El Bautismo borra el pecado original con el que todos nacemos y nos llena del amor de Dios. Esa herida que nos separaba de Él queda sanada, y el alma recibe una gracia nueva que la restaura por completo.

Aunque la inclinación al mal permanezca, ya no somos esclavos del pecado. Dios nos concede un corazón purificado, capaz de amar, perdonar y comenzar de nuevo. Por eso el Bautismo es, verdaderamente, un renacer espiritual.

  1. Nos convertimos en hijos adoptivos de Dios

Este es quizás el mayor don del Bautismo: gracias a él, dejamos de ser solo criaturas de Dios para convertirnos en sus hijos adoptivos. Jesús se vuelve nuestro Hermano mayor, y el Padre celestial nos mira con ternura infinita.

El Catecismo lo expresa con estas palabras: “Los bautizados se convierten en una nueva creación; por la gracia del Bautismo, el hombre se hace hijo adoptivo del Padre, miembro de Cristo, coheredero con Él y templo del Espíritu Santo” (CIC, 1265).

En ese instante, el alma recibe una dignidad eterna que ninguna fuerza humana puede quitar.

  1. María se convierte en nuestra Madre del cielo

Si somos hermanos de Jesús, entonces la Virgen María también es nuestra Madre. Desde el Bautismo, Ella nos acoge como hijos y comienza a velar por nosotros con un amor maternal incomparable.

Cuando somos pequeños, su protección se hace aún más especial, Ella intercede, acompaña y guía cada paso, como una madre que no pierde de vista a su hijo. ¡Qué consuelo tan grande saber que en el Bautismo también recibimos una Madre celestial que nunca nos abandona!

Un regalo que vale más que el oro

Si fuiste bautizado de bebé, detente un momento y piensa en lo que eso significa. Tus papás, al presentarte ante Dios, te dieron el mejor regalo que existe, la vida nueva en Cristo. Tal vez no lo recuerdes, pero ese día el Cielo se abrió y una nueva historia comenzó para ti.

Y si eres papá o mamá, no dudes en hacer lo mismo por tus hijos. No esperes a que sean grandes para decidir, la fe es un don que se cultiva desde la cuna. El Bautismo no es una formalidad ni una costumbre social,  es el inicio de una vida de gracia, amistad con Dios y esperanza eterna.

Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios (Catecismo de la Iglesia Católica, 1213).

Un día, cuando miremos al Cielo, comprenderemos que ese pequeño gesto de agua y fe fue el comienzo del milagro más grande de nuestra existencia.

Con información de ChurchPop

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