viernes, 23 de enero de 2026
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“He llegado a hablar con el demonio”: el exorcista oficial de Vigo relata sus experiencias más impactantes

El padre Joaquín Sánchez, asegura que cada año enfrenta varios casos de posible posesión y que, en una ocasión, “la voz era gutural y me amenazó”.

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Redacción (21/01/2026 11:02, Gaudium Press) Desde hace cuatro años, la diócesis de Tui-Vigo en Galicia, España, cuenta con un exorcista oficial, el padre Joaquín Sánchez, sacerdote salmantino y capellán de los Hermanos de San Juan de Dios en el Hogar San Rafael. Su labor, consiste en atender los casos de personas que aseguran estar bajo la influencia del maligno. “El diablo existe y se manifiesta”, afirma el Padre.

lo llevaron a ser confirmado de forma definitiva por el obispo. Desde entonces, atiende varios casos al año en Vigo y sus alrededores, incluyendo uno reciente que involucró a una joven viguesa.

De África a Papúa Nueva Guinea

Antes de llegar a Galicia, el padre Joaquín desarrolló una amplia trayectoria misionera en África, América y Papúa Nueva Guinea, país que describe como uno de los más primitivos del mundo, donde aún pervive la antropofagia ritual. Pero fue en Chile donde comenzó su ministerio como exorcista.

Su primer intento, recuerda, no terminó bien: “El poseído escapó antes de que pudiera completar el ritual romano”. Con el tiempo aprendió a manejar este tipo de situaciones, y aún conserva muy vivo el recuerdo de su primer caso exitoso, que incluso incluyó la celebración de una misa negra previa.

Casos reales y prudencia pastoral

En su trabajo actual en Vigo, Sánchez asegura que la actividad es constante, aunque evita dar cifras exactas. Explica que muchas personas acuden a él buscando alivio espiritual, y que, aunque desearía contar con un equipo psiquiátrico de apoyo, la falta de recursos le obliga a hacer él mismo la valoración inicial.

Aclara que no todos los casos presentan los signos clásicos de posesión —fuerza sobrehumana, hablar idiomas desconocidos o rechazo a lo sagrado—, aunque admite que en ocasiones pueden aparecer. “A veces hay una mezcla entre el trastorno mental y la presencia diabólica”, señala.

“Hablé con el demonio: me dijo que no podría expulsarlo”

Uno de los episodios que más recuerda, ocurrió durante una intervención en casa de una familia preocupada por su hija. La joven ya había sido evaluada por médicos, pero su comportamiento seguía siendo inquietante.

“Cuando comencé a hablar con ella y pedí a la presencia que se marchara, se escondió tras unas cortinas, visiblemente alterada”, relata. En otro caso, el sacerdote asegura haber mantenido un diálogo directo con el demonio. “La voz era profunda y gutural. Me amenazó diciendo que no lograría expulsarlo. Le respondí que sí podría, porque soy servidor de Cristo, y le dije: vade retro”.

Tras una larga confrontación, afirma que la presencia terminó marchándose. Aun así, matiza que nunca ha presenciado a nadie hablar idiomas desconocidos. “El don de lenguas pertenece más bien al ámbito apostólico”, aclara.

Aunque reconoce la influencia del cine y la cultura popular en la percepción de estos fenómenos, el padre Joaquín mantiene un enfoque sobrio. Confiesa que vio El exorcista durante su estancia en Liberia y que la película lo impresionó. “Es exagerada en algunas escenas, pero su impacto fue enorme: tras su estreno, las iglesias se llenaron de fieles”.

Su método combina prudencia, oración y discernimiento. Siempre actúa con autorización del obispo, siguiendo las normas del ritual romano y buscando, ante todo, el bien espiritual y psicológico de la persona.

La herencia de un ministerio antiguo

Su antecesor en el cargo, el sacerdote Ignacio Domínguez, explicaba que existen dos tipos de rituales: el exorcismo propiamente dicho y el rito deprecativo, basado en oraciones que buscan aliviar y fortalecer al afectado. Recordaba también que la palabra exorcismo proviene del latín ex orcos, es decir, “sacar la mano del Diablo del hombre”.

En la Iglesia, la referencia fundamental sigue siendo Cristo, el gran exorcista, que distinguía entre curar enfermedades y expulsar espíritus malignos. Los primeros exorcistas fueron laicos; más tarde, monjes. Durante siglos, la práctica cayó en desuso por los abusos y supersticiones que la rodearon.

No fue hasta el pontificado de Juan Pablo II cuando se restauró oficialmente el ministerio del exorcista en cada diócesis, recuperando una tradición que —según el padre Sánchez— sigue siendo necesaria hoy. “El mal no ha desaparecido; solo cambia de rostro”, advierte.

Con información de Religión en Libertad

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