En muchas parroquias de Nueva York, los feligreses hispanos llenan las iglesias.

Foto: Diócesis de San Diego
Redacción (28/01/2026 11:47, Gaudium Press) Los latinos representan más de un tercio de los católicos de Estados Unidos, impactando y transformando con su presencia la Iglesia de ese país. Numerosas parroquias dispersas a lo largo de la nación cuentan con el Ministerio Hispano, del cual ellos hacen parte, aportando su fe y conservando con fervor las devociones propias de sus países de origen.
En el caso particular de la Arquidiócesis de Nueva York, los fieles hispanos no solo constituyen una parte importante del Pueblo de Dios, sino que también enriquecen la vida espiritual, cultural y pastoral. Su profunda fe, transmitida en muchos casos de generación en generación, sigue siendo fundamental para la evangelización en una de las ciudades más diversas del mundo.
En la actualidad, la comunidad hispana es uno de los pilares de la vida parroquial de la Arquidiócesis de Nueva York. En muchas parroquias, especialmente en el Bronx, Washington Heights y otras zonas, los feligreses hispanos llenan las iglesias, participan activamente en los sacramentos y contribuyen generosamente a la misión de la Iglesia. Su presencia es un signo visible de una Iglesia joven, dinámica y llena de esperanza, que camina unida en la fe bajo la guía del Espíritu Santo.
“La comunidad hispana es un gran regalo de Dios para la Arquidiócesis de Nueva York”, comentó el padre Fredy Patiño, director del Centro Católico Carismático, a Buenas Noticias. “Aunque viene de diferentes países, trae dones y carismas. Los hispanos se destacan por su amor a Dios, la familia y la Iglesia. Se caracterizan por su alegría, ese gozo del Evangelio que describió el papa Francisco. Además, es una comunidad trabajadora, que enriquece a la Iglesia de Nueva York y de todo Estados Unidos”.
Una Iglesia universal hecha familia
Los católicos hispanos proceden de múltiples países de América Latina y el Caribe, como la República Dominicana, Puerto Rico, México, Ecuador, Colombia y El Salvador, entre muchos otros. Cada comunidad aporta una gran riqueza de tradiciones religiosas, devociones populares y expresiones de piedad que reflejan la catolicidad de la Iglesia, es decir, su universalidad. En la Arquidiócesis de Nueva York, todas estas culturas se unen en una sola fe, un solo Bautismo y una misma Eucaristía.
La Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe es una de las celebraciones marianas hispanas más grandes en la Arquidiócesis de Nueva York, que incluye procesiones con fieles y estatuas o imágenes peregrinas, Misas solemnes (entre ellas, la Misa en la Catedral de San Patricio el 12 de diciembre), eventos previos como las Mañanitas en la noche anterior y Misas por la Fiesta de San Juan Diego el 9 de diciembre.
Asimismo, se celebran las festividades en honor a Nuestra Señora de Altagracia, protectora y reina de la República Dominicana (21 de enero); Nuestra Señora de Suyapa, patrona de Honduras (3 de febrero); San Óscar Romero y los Mártires de El Salvador, patrón de El Salvador (24 de marzo); Nuestra Señora de Luján, patrona de Argentina (8 de mayo); Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba (8 de septiembre), Nuestra Señora del Rocío, patrona de Ecuador (8 de septiembre); Nuestra Señora de la Misericordia, patrona de la República Dominicana (24 de septiembre); Hermandad de Nuestro Señor de los Milagros, patrono de Perú (28 de octubre); Nuestra Señora de la Providencia, patrona de Puerto Rico (19 de noviembre); La Purísima, patrona de Nicaragua (8 de diciembre); y Nuestra Señora de Caacupé, patrona de Paraguay (8 de diciembre), entre otras.
Durante el Mes Nacional de la Herencia Hispana (del 15 de septiembre al 15 de octubre), la arquidiócesis celebra Misas marianas especiales en la Catedral de San Patricio en honor a advocaciones tradicionales como Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela (11 de septiembre) y Nuestra Señora del Cisne, patrona de Ecuador (15 de agosto), así como también la Misa anual del Día de la Hispanidad.
La fe católica como pilar de vida y esperanza
Para la comunidad hispana, la fe católica es un pilar fundamental en la vida. Es fuente de consuelo en medio de las dificultades, de fortaleza en los momentos de prueba y de luz para el camino diario. Muchas familias han encontrado en la Iglesia un hogar espiritual que las acoge, las orienta y les recuerda su dignidad como hijos e hijas de Dios. La fe sostiene a los migrantes, fortalece a las familias y anima a los jóvenes a vivir según los valores evangélicos en una sociedad desafiante.
La celebración de la Santa Misa en español es esencial para la vida espiritual de los fieles hispanos. “La comunidad hispana ha emigrado a Estados Unidos desde hace décadas y continúa haciéndolo. Es importante celebrar Misas en español porque quienes crecimos con este idioma hemos aprendido naturalmente a rezar en nuestra lengua materna. Al orar en español, nos comunicamos con Dios de la forma más natural. Aunque podamos hacerlo en inglés, rezar en nuestro idioma natal toca el alma de una manera única y especial”, agregó el padre Patiño.
Sacramentos y formación pastoral en español
La Arquidiócesis de Nueva York ofrece los sacramentos y la formación catequética en español como muestra concreta de su atención pastoral. La preparación para el Bautismo, la Primera Comunión, la Confirmación, el Matrimonio y la formación de adultos se lleva a cabo con un profundo sentido evangelizador. Estas iniciativas ayudan a los fieles a profundizar en su fe, a conocer mejor la doctrina de la Iglesia y a establecer una relación más íntima con Cristo.
Ministerios hispanos al servicio del Pueblo de Dios
Los ministerios hispanos son una muestra viva del compromiso de los laicos con la misión de la Iglesia. Grupos de oración, ministerios de música, catequesis, pastoral juvenil, familiar y para jóvenes adultos responden a las necesidades concretas del Pueblo de Dios. Estos ministerios fomentan la comunión, la solidaridad y el servicio.
“Siempre se han intentado diferentes formas de evangelización. En este tiempo globalizado, con tantos retos, los ministerios hispanos han sido vitales porque se enfocan en las pequeñas comunidades. En un mundo lleno de información y retos como la inteligencia artificial, las personas necesitan sentirse vistas, escuchadas y atendidas personalmente. Los ministerios hispanos, ya sean parroquias, movimientos o pequeños grupos, hacen un trabajo de evangelización profundo, de persona a persona”, agregó el padre Patiño, destacando que en este tiempo, es la forma más efectiva, “porque nos recuerda que cada persona es conocida por Dios y tiene una misión única. No es un movimiento masivo, sino una evangelización personal y transformadora en un mundo desafiante”.
El Centro Católico Carismático del Bronx ocupa un lugar especial en la vida católica hispana. Este centro ha sido un instrumento de renovación espiritual, pues promueve una fe viva y el encuentro personal con Jesucristo.
“Hace casi 50 años, el Centro Católico Carismático nació como respuesta a la comunidad hispana inmigrante que buscaba su lugar en la Iglesia de Nueva York. Desde sus inicios, su misión ha sido volver a las raíces de lo que Nuestro Señor Jesucristo quiso para su Iglesia. El centro se ha enfocado en conducir a la comunidad al amor profundo a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, a los sacramentos, a la Sagrada Escritura y a la Sagrada Tradición”, explicó el padre Patiño, quien es director del centro.
Con el paso del tiempo, el Centro Católico Carismático se ha convertido en un verdadero faro de luz para los hispanos, ofreciendo formación teológica, retiros espirituales y un espacio privilegiado de encuentro con Dios. “Miles de personas, muchas de ellas sin esperanza, han redescubierto allí el sentido y el propósito de su vida. A lo largo de los años, ha inspirado a otras arquidiócesis y diócesis en todo el país y continúa respondiendo a los desafíos actuales, sirviendo a niños, jóvenes y adultos a nivel local, nacional e internacional. Es un lugar sencillo donde suceden cosas poderosas, que nos recuerda que Dios actúa con gran fuerza en lo simple”, concluyó.
La vida católica hispana en la Arquidiócesis de Nueva York es testimonio de una fe viva que sigue creciendo y dando frutos. En su diversidad cultural y unidad espiritual, la comunidad hispana refleja el rostro de una Iglesia que acoge, evangeliza y sirve.
Con información de The Good Newsroom.





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