Un estudio de la Universidad de Navarra recoge la experiencia de 25 sacerdotes y ofrece claves para vivir la confesión como un verdadero encuentro con Dios.
Redacción (28/01/2026 16:23, Gaudium Press) Una nueva publicación titulada Guía práctica para confesores. Claves psicológicas y pastorales para el Sacramento de la Reconciliación, de 36 páginas y de distribución gratuita, se ha convertido en un valioso recurso tanto para sacerdotes como para fieles que buscan redescubrir el valor del perdón. Publicada a finales de 2025, esta guía es fruto de un trabajo conjunto entre la Universidad de Navarra y la Fundación John Templeton, dentro de un amplio proyecto internacional que estudia “la dimensión psicológica de la experiencia del perdón divino”.
La investigación ha entrevistado a 25 sacerdotes de distintos movimientos, edades y países, todos ellos con experiencia pastoral en España, para conocer qué factores facilitan o dificultan la vivencia del perdón en el sacramento de la confesión. El equipo está liderado por los doctores Martiño Rodríguez-González y María Calatrava, quienes dicen que “la manera de acoger, escuchar y acompañar puede abrir o cerrar el corazón del fiel a la experiencia del perdón de Dios”.
Aprender a confesar bien… ¡confesándose uno mismo!
Muchos sacerdotes entrevistados coinciden en que su experiencia como penitentes es fundamental para su labor como confesores. “Mi experiencia como penitente ha sido el fundamento de mi ser confesor”, afirma uno de ellos. Confesarse con regularidad les permite comprender, de manera vivencial, qué actitudes ayudan verdaderamente al penitente a sentirse escuchado, comprendido y perdonado.
Ellos mismos han vivido acogida incondicional, una actitud positiva y animante, un trato que permita presentarse ante Dios sin necesidad de disimular el mal cometido. Por eso, cuando se sientan del otro lado del confesionario, tratan de ofrecer la misma cercanía. “La acción de Dios, y la intimidad del penitente, hacen del confesionario tierra sagrada”, indica el informe.
Privacidad, no siempre anonimato
El estudio señala que para muchos penitentes el anonimato es una ayuda importante. “Cuando la persona se confiesa a través del confesionario, no ayuda que se sienta reconocida. El confesionario garantiza habitualmente el anonimato, y es importante que eso se respete”, explica uno de los sacerdotes.
Sin embargo, otros confesores reconocen que en algunos casos el contacto visual puede favorecer la confianza y la cercanía. “El sacerdote debe discernir”, concluye el documento, recordando que la clave está en proteger la intimidad del penitente.
Disponibilidad, tiempo y serenidad
El estudio pone especial énfasis en la disponibilidad del confesor. “Yo puedo tener mucha prisa, pero me la aguanto. Estoy ahí, y sin que se note, no miro el reloj. El penitente debe sentir: ‘Estoy aquí para ti, te escucho con toda mi atención’”, relata uno de los entrevistados.
Además, muchos sacerdotes comienzan la confesión con una oración que recuerda que quien escucha y acoge es Cristo mismo: “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados” o “Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. Este gesto, aunque sencillo, ayuda a situar el encuentro en la presencia de Dios.
Cuando el penitente relata cosas dolorosas o graves, el confesor debe mantener la serenidad y la confianza en Dios. Invocar al Espíritu Santo antes y durante la confesión ayuda a orientar y acompañar sin perder la calma. “No hay nada que puedas presentar a Dios que Él no pueda perdonar”, aconsejan decir a los penitentes que se sienten angustiados.
El penitente confiesa sus faltas, pero el confesor debe poner el foco en la misericordia de Dios. “El penitente debe sentir que, en ese mismo momento, Dios le perdona y le acoge tal como es”, explica el estudio.
Para favorecer esa experiencia, se recomienda proponer penitencias sencillas, evitando que el penitente se sienta abrumado. La misericordia, recuerdan, “no significa relativizar el pecado, sino acompañar con respeto y empatía hacia la conversión y el crecimiento espiritual”.
Evitar las críticas duras y los reproches
La psicología confirma que en momentos de vulnerabilidad, las críticas duras pueden provocar rechazo o huida. “Si se le dice a alguien ‘usted siempre cae en lo mismo’, suena como un reproche”, advierte uno de los sacerdotes. En cambio, es más útil formular preguntas abiertas y orientadoras, como: “Veo que este pecado le pesa y vuelve a aparecer; ¿qué podría ayudarle a afrontarlo de otro modo?”.
Los consejos del confesor pueden ser útiles, pero deben darse con prudencia. Se recomienda no imponer soluciones cerradas ni convertir la confesión en un sermón. “Lo más efectivo suele ser centrarse en lo esencial: la reconciliación con Dios y la alegría del perdón”, señalan los investigadores.
Aspectos psicológicos que bloquean el sentirse perdonado
La guía identifica varios perfiles de penitentes con dificultades para experimentar el perdón:
- Quienes tienen una mala autoimagen: si desde pequeños han escuchado mensajes como ‘eres malo’, les costará aceptar el perdón. El sacerdote puede ayudarles recordándoles: “No eres solo pecado, eres hijo de Dios. Dios, con lo mucho que te quiere, ¿cómo no te va a perdonar, cuando estás de rodillas diciéndole perdóname?”.
- Quienes ven a Dios como un juez castigador: “La confesión se vuelve liberadora cuando el penitente descubre que Dios no es ante todo un juez, sino un Padre cercano y misericordioso”.
- El penitente perfeccionista, que se exige demasiado y vive cada falta con dureza. Se recomienda “romper la idea de perfección absoluta” y ayudarle a dar pequeños pasos concretos.
- El penitente frívolo, que no mide las consecuencias de sus actos. En estos casos, el confesor puede “invitar a la reflexión sin reproches”, mostrando el impacto real de las acciones.
La confianza y el acompañamiento espiritual
El estudio constata que confesarse con un sacerdote habitual puede tener un efecto terapéutico. “La experiencia de ser perdonado facilita el perdón hacia uno mismo y hacia los demás”, afirma el informe.
La fidelidad y la periodicidad en la confesión consolidan la reconciliación interior, siempre que no se caiga en dependencias emocionales ni paternalismos. En palabras de los investigadores: “El acompañamiento espiritual basado en la confianza y la escucha atenta potencia la aceptación personal, el autoconocimiento y la sanación de heridas”.
Finalmente, los sacerdotes entrevistados recuerdan que el testimonio alegre de los penitentes es contagioso. Las peregrinaciones, los retiros, la Cuaresma o el Adviento son momentos que pueden reavivar el deseo de reconciliación.
Como recordaba San Josemaría Escrivá, citado en la guía: “No dejes de confesarte, aunque te parezca inútil. Cristo te espera con los brazos abiertos”.
Y ese es, en definitiva, el corazón de esta Guía práctica para confesores: redescubrir que la confesión no es un trámite, sino un encuentro transformador con la misericordia de Dios, donde tanto el penitente como el confesor son renovados por el amor que perdona, sana y vuelve a dar vida.
Con información de Religión en Libertad






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