miércoles, 04 de febrero de 2026
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Audiencia General del Papa: la Sagrada Escritura no es un texto solo del pasado

Dando continuidad a la serie de catequesis sobre la constitución dogmática Dei Verbum, el Papa León XIV invitó a los fieles, reunidos en la Sala Pablo VI, a profundizar el estudio de la Sagrada Escritura, a fin de extraer sus implicaciones para los días de hoy.

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Foto: Vatican Media

Redacción (04/02/2026 10:53, Gaudium Press) En la catequesis de la audiencia general de este miércoles, 4 de febrero, el Papa León XIV profundizó la meditación sobre la inspiración divina de la Sagrada Escritura y su interpretación.

De hecho, la Sagrada Escritura, leída en la Tradición viva de la Iglesia, es “un espacio privilegiado de encuentro en el que Dios continúa hablando a los hombres y mujeres de todos los tiempos, para que, al escucharlo, puedan conocerlo y amarlo”. “Los textos bíblicos no fueron escritos en un lenguaje celestial o sobrehumano”, sino que Dios, por gran amor, elige hablar usando lenguas humanas y, por lo tanto, varios autores, inspirados por el Espíritu Santo, escribieron los textos de las Sagradas Escrituras.

Hacernos comprender por los demás es un primer acto de amor

Así como dos personas no pueden dialogar y establecer una relación si no hablan la misma lengua, “las palabras de Dios, expresadas por lenguas humanas, se hicieron semejantes al lenguaje humano, así como el Verbo del eterno Padre, asumiendo la debilidad de nuestra carne, se asemejó a los hombres” (DV, 13). Por lo tanto, observó el Santo Padre, no solo en su contenido, sino también en su lenguaje, la “Escritura revela la condescendencia misericordiosa de Dios para con los hombres y su deseo de acercarse a ellos”.

El Papa resaltó que, a lo largo de la historia de la Iglesia, se ha estudiado la relación entre el Autor divino y los autores humanos de los textos sagrados. Los diversos autores de las Sagradas Escrituras no son instrumentos pasivos, sino inspirados por Dios para comunicar la palabra de Dios, utilizando formas literarias y el genio creativo de su tiempo, incorporando imágenes y ejemplos. Dios jamás despreciaría a los seres humanos y su potencial, ni reduciría a los autores de los textos sagrados a meros copistas. “Por lo tanto, si la Escritura es Palabra de Dios con palabras humanas, cualquier enfoque suyo que descuide o niegue una de estas dos dimensiones es parcial”, afirmó León XIV, añadiendo que “la renuncia al estudio de las palabras humanas de las que Dios se sirvió corre el riesgo de llevar a lecturas fundamentalistas o espiritualistas de la Escritura, que traicionan su significado”.

También observó que este principio se aplica al anuncio de la Palabra de Dios: “si pierde el contacto con la realidad, con las esperanzas y los sufrimientos de los hombres, si utiliza un lenguaje incomprensible, poco comunicativo o anacrónico, será ineficaz”.

Leer e interpretar la Palabra de Dios hoy

Además, destacó que “en todas las épocas, la Iglesia está llamada a proponer nuevamente la Palabra de Dios con un lenguaje capaz de encarnarse en la historia y de alcanzar los corazones”.

Por otro lado, está fuera de lugar una lectura de la Escritura que ignora su origen divino y la trata solo como una enseñanza humana, como un objeto de estudio puramente técnico o como “un texto solo del pasado”. “Por el contrario, la Escritura pretende hablar directamente a los creyentes de hoy, tocar su vida presente con sus problemáticas, iluminar los pasos a dar y las decisiones a tomar. Esto solo es posible cuando el creyente lee e interpreta los textos sagrados bajo la orientación del mismo Espíritu que los inspiró”, completó el Papa.

Esto requiere un testimonio coherente, insiste el Papa León XIV, citando a San Agustín: “Quien piensa haber comprendido las Escrituras divinas […], si mediante esta comprensión no consigue levantar el edificio de la doble caridad, de Dios y del prójimo, aún no las ha entendido”. En efecto, la Escritura sirve para alimentar la vida y la caridad de los fieles.

Reiteró que el origen divino de la Escritura también recuerda que el Evangelio, confiado al testimonio de los bautizados, aunque abarca todas las dimensiones de la vida y de la realidad, las trasciende. El Evangelio, subrayó el Papa León XIV, “no puede ser reducido a un mero mensaje filantrópico o social, sino que es el anuncio jubiloso de la vida plena y eterna que Dios nos concedió en Jesús”.

Por fin, el Papa León XIV concluyó, exhortando a los fieles a “agradecer al Señor porque, en su bondad, no deja faltar a nuestra vida el alimento esencial de su Palabra, y oremos a fin de que nuestras palabras, y aún más nuestra vida, no oculten el amor de Dios narrado en ellas”.

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