“No quiero”, dijo el purpurado. Mejor dicho, gritó.
Cardenal Marx – Foto: Vatican News archivo
Redacción (05/02/2026 15:17, Gaudium Press) Bien, decir que el Cardenal Marx es el artífice de ese ‘Frankestein’, es exagerado. Pero sí es cierto que él ayudó poderosamente a crearlo.
Reporta el editorialista de Il Foglio el grito del Cardenal arzobispo de Múnich, Reinhard Marx, cuando se propuso la supervisión de la implementación de las decisiones “sinodales”, finiquitadas en la última sesión del llamado Camino sinodal alemán, que concluyó el fin de semana pasado en Stuttgart:
“No quiero”, dijo el purpurado. Mejor dicho, gritó, como parece que le es costumbre en algunas situaciones.
“La Conferencia Sinodal no debería ser una autoridad superior que supervise a los obispos y gobierne las diócesis”. Se refería el Cardenal a ese hijo legítimo y tal vez único del Camino sinodal alemán que inició en el 2019, retoño que se ha denominado Conferencia Sinodal o Consejo Sinodal, órgano constituido por 27 obispos y 54 laicos, que como está definido hasta el momento, sí tiene poder deliberativo sobre todos los aspectos de la Iglesia alemana.
Ya no se puede decir que al impetuoso Cardenal Marx no se le hubiesen hecho advertencias: “Hará daño y acabará mal”, no solo le dijo sino que le escribió Benedicto XVI en el 2021, al que fue su sucesor en la diócesis de Múnich, como bien han revelado los medios por estos días. Por lo demás Benedicto le advirtió específicamente sobre la creación de ese “poder paralelo”, donde laicos y prelados en pie de igualdad van decidiendo ‘democráticamente’ sobre lo divino y lo humano, cuando lo divino ya fue definido por el Divino, que hace 2.000 años vino aquí para fundar su Iglesia, que es jerárquica.
Pero el Cardenal hizo oídos sordos a este aviso, y en la sexta y última reunión la asamblea pasó por encima de sus advertencias. Eso sí, el número de obispos que se opusieron, no fue el de los 4 ya clásicos conservadores, sino 10, lo que, como bien apunta el editorialista de Il Foglio, ya muestra una mayor crispación:
“Algunos obispos han intentado limar asperezas, conscientes de que si quieren que la Conferencia Sinodal (27 obispos y 54 laicos) se establezca este año, es mejor no chocar con Roma. Esto se debe también a que hubo momentos de tensión en Stuttgart (…). El hecho de que el punto se aprobara con diez obispos votando en contra indica que no todo salió bien…”.
“Ahora le corresponderá a la Conferencia Episcopal Alemana decidir sobre los estatutos del nuevo organismo, que se votarán en unas semanas”. Pero también es cierto que, como igualmente expresa Il Foglio (a cuyo director el Papa escribió recientemente, congratulándose por los 30 años de labores), ya “la pelota está en la cancha de Roma”. El mundo católico sigue atento al siguiente capítulo de, como también ya ha sido definido, una de las peores ‘novelas’ heredadas del pontificado anterior. (CCM)




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