martes, 10 de febrero de 2026
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La “Conferencia Sinodal alemana” sí se aprobó como mecanismo de control sobre obispos

El Camino Sinodal alemán culminó con un golpe a la estructura apostólica de la Iglesia.

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Redacción (10/02/2026 09:25, Gaudium Press) Cualquiera que siguiese el debate final de la «Conferencia Sinodal» presenció el caos de las propuestas. Incluso el Cardenal Marx enfurecido llegó a decir «¡Yo no quiero esto!» y el poco sospechoso obispo Kohlgraf se manifestó irritado.

La Conferencia Sinodal alemana, entre otras cosas, aprobó la creación de un órgano de supervisión episcopal mediante una polémica votación que ha generado un fuerte rechazo interno y que podría enfrentarse al veto de Roma. El Cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich, expresó abiertamente su oposición al sistema de control, que obligaría a los obispos a rendir cuentas ante un grupo de laicos sobre la implementación de las decisiones del Camino Sinodal alemán.

En la votación se decidió que las diócesis quedarán obligadas a realizar un seguimiento (monitoring) de qué resoluciones sinodales han sido aplicadas y cuáles no. Los resultados deberán ser comunicados a la Conferencia Sinodal, ante la cual cada obispo deberá justificarse. El mecanismo fue aprobado con 21 votos a favor de 47 obispos presentes, una mayoría que suscita serias dudas sobre su legitimidad.

Una aritmética sinodal cuestionable

Peter Winnemöller comentó la situación para kath.net. El proceso de votación reveló las peculiaridades matemáticas del Camino Sinodal alemán. Aunque actualmente hay 59 obispos en Alemania, solo 47 asistieron a la asamblea. Para alcanzar una mayoría de dos tercios se habrían necesitado 32 votos. Sin embargo, únicamente 33 obispos ejercieron su voto, lo que llevaría el umbral a 22 votos afirmativos.

La dirección sinodal aplicó entonces un criterio controvertido: contabilizar las abstenciones como votos no emitidos, lo que permitió alcanzar la mayoría de dos tercios con solo 21 votos a favor, en realidad una minoría del total. Esta manipulación aritmética, según el autor del análisis, evidencia el núcleo del proyecto sinodal alemán: «Engañar, manipular y hacer trampas para imponer su agenda».

El rechazo del Cardenal Marx

La reacción más significativa provino del Cardenal Reinhard Marx, quien exclamó sin ambages: «¡No quiero esto!». El arzobispo de Múnich rechazó categóricamente la creación de una «instancia superior» en Alemania que supervise a los obispos e interfiera en las diócesis. Paradójicamente, precisamente eso es lo que acaba de aprobarse.

El nuevo órgano funcionará con una composición en la que los obispos estarán en minoría permanente, con un máximo de 27 frente a 54 representantes laicos. Esto permitiría adoptar decisiones vinculantes contra los obispos incluso sin mayorías manipuladas, al haber perdido estos su derecho de veto.

Un órgano sin precedentes canónicos

La Conferencia Sinodal se configura como un consejo de supervisión eclesiástico sin precedentes en la estructura de la Iglesia. Entre sus competencias figura el control sobre el presupuesto de la Asociación de Diócesis de Alemania (VDD), que quedaría en manos del Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK), un organismo de laicos sin relevancia en el derecho canónico.

El obispo de Limburgo, Georg Bätzing, presidente saliente de la Conferencia Episcopal Alemana (DBK), argumentó que en su diócesis tampoco elabora ni aprueba personalmente el presupuesto. No obstante, reconoció que ningún presupuesto entra en vigor sin su firma, manteniendo así la responsabilidad última. El problema jurídico radica en cómo transferir la soberanía presupuestaria del VDD a un órgano de funcionarios laicos sin violar los estatutos de la asociación.

La trampa final del Camino Sinodal

Según Winnemöller el punto 4.2 del orden del día funcionó, según la metáfora empleada en el análisis, como el látigo del Balrog en el filme El Señor de los Anillos: cuando los obispos creían haberse salvado en la falta de vinculación de las decisiones sinodales, este último acuerdo se enrolló en sus pies y los arrastró al abismo del control permanente por parte de un órgano de funcionarios.

Las resoluciones del Camino Sinodal carecen de carácter vinculante. Algunas contradicen abiertamente la doctrina de la Iglesia y ningún obispo está obligado a implementarlas. Sin embargo, la pregunta ahora es qué prelado estará dispuesto a soportar la tormenta mediática cuando sea señalado como disidente por un veredicto de la Conferencia Sinodal.

El obstáculo de Roma

Para la Iglesia universal, esta decisión constituye una línea roja infranqueable. O debería. Desactiva la estructura apostólica de la Iglesia al permitir que los obispos sean sometidos a votación en un órgano donde están en minoría. El Vaticano ha establecido con claridad meridiana que los órganos sinodales son exclusivamente consultivos, destinados a asesorar a los obispos con su experiencia, pero nunca órganos de decisión con competencias financieras y mucho menos consejos de supervisión eclesiásticos.

Los estatutos deben ser aprobados ahora por la Conferencia Episcopal Alemana, donde Mons. Bätzing aspira a una mayoría de dos tercios, aunque dejó sin aclarar si esta es necesaria para la validez jurídica del texto y si se tratará de una mayoría real o al estilo del Camino Sinodal. Posteriormente, los estatutos deberán remitirse a Roma, donde existe esperanza de que no sean aprobados en su forma actual.

El concepto de “monitorización” como punto de inflexión

Como señaló Christian Geyer en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, ahora se trata de la «voluntad monitorizada y no ya del deseo sin consecuencias». La monitorización supuso para el Cardenal Marx una especie de revelación conceptual, capaz de provocar en él una anticipación mental de la escena romana cuando un órgano nacional (la Conferencia Sinodal) pretenda actuar como equivalente funcional de una instancia superior mundial (es decir, romana) para supervisar las diócesis alemanas. ¿Qué dirían los romanos, se pregunta acertadamente Geyer, sino «¡No queremos esto!»?

El jurista canónico Norbert Lüdecke calificó el proceso como un «avatar de participación», mientras que Thomas Schüller fue más contundente con su tesis del “nulidad”: «Se juega a hacer sínodo, pero no es un sínodo. Lo que resulta como conclusión de consulta y decisión permanece sin carácter vinculante».

Un futuro incierto

Existe un escenario en el que Roma delimite canónicamente los estatutos existentes, suavice las posibilidades de decisión y control, y luego los apruebe, variante que parece asumir el obispo de Passau cuando prevé que la Conferencia Sinodal se establecerá.

La alternativa, tras un periodo suficientemente largo de reflexión y oración (que bien pueden ser años), sería un auténtico nuevo comienzo en sinodalidad en Alemania, concentrándose exclusivamente en el aspecto de la nueva evangelización, dejando atrás las constantes vueltas en torno a imposibilidades doctrinales.

Con información de Infocatólica

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