El Congreso Eucarístico Nacional se consolida como uno de los movimientos de fe más grandes de Asia. Todo nació con Mary Wu.

Foto: noticias.nat.gov
Redacción (13/02/2026 11:32, Gaudium Press) En una isla donde los católicos apenas representan el 1% de la población, el poder de la adoración eucarística está transformando vidas. Lo que comenzó como un pequeño impulso de fe se ha convertido en un movimiento nacional que reúne a miles de personas en torno a la presencia real de Cristo.
Mary Wu, una de las impulsoras del Congreso Eucarístico Nacional de Taiwán, lo resume con estas palabras: “Todo empieza con algo tan simple como invitar a otro a acercarse”.
Un encuentro que cambió una vida
Wu recuerda el día en que una amiga suya, sumida en el dolor y sin haber escuchado jamás hablar de Jesús, aceptó su invitación.
“Conozco a alguien que sabe exactamente lo que has vivido”, le dijo. La llevó a una capilla durante la adoración eucarística y se sentaron en silencio. “Creo que Jesús está aquí”, le explicó. “Puedes contarlo todo delante de Él”.
Media hora después, la mujer rompió a llorar: “Él lo sabe todo”, dijo entre lágrimas. Ese encuentro fue el inicio de su conversión. Tiempo después, se inscribió en el catecumenado y hoy es católica.
Mientras la tensión política entre Taiwán y China aumenta, la adoración eucarística se ha convertido en un refugio espiritual y un signo de unidad. En los últimos quince años, este movimiento ha crecido de forma notable gracias a la fuerza del Congreso Eucarístico Nacional.
El próximo congreso se celebrará en Penghu, en 2027, justo el año en que, según informes de inteligencia estadounidenses, Xi Jinping habría pedido al Ejército chino estar preparado para una posible invasión de la isla. En ese contexto incierto, los católicos taiwaneses responden no con miedo, sino con adoración.
De Roma a Taipéi
La historia del Congreso comenzó en 2010, cuando Taiwán fue invitado al Vaticano para participar en las reuniones preparatorias del Congreso Eucarístico Internacional de Dublín. Mary Wu formó parte de aquella delegación y regresó con una gran convicción.
Una encuesta realizada entonces reveló que menos del 1% de los católicos taiwaneses acudían a la adoración por iniciativa propia, pero un 13% afirmó que lo haría si su sacerdote se lo pidiera. “La gente estaba dispuesta —recuerda Wu—, solo necesitaba que alguien la invitara”.
Así nació la Sección de Promoción de la Adoración Eucarística, creada en colaboración con la Conferencia Episcopal de Taiwán. El equipo recorrió diócesis, organizó vigilias de 24 horas y rezó incluso cuando parecía que nadie acudiría. “Pero la gente llegó. Y siguió llegando”, dice Wu con una sonrisa.
Cuando la adoración toca el corazón
El primer Congreso Eucarístico Nacional se celebró en 2011, en Taipéi, con más de 4.000 asistentes. Wu recuerda especialmente a una amiga que había abandonado la Iglesia para acercarse al budismo.
Durante el rezo del Padrenuestro, aquella mujer comenzó a llorar desconsoladamente. Más tarde confesó que sintió que Dios la llamaba de vuelta. Bautizó a su hijo, lo inscribió en catequesis y animó a su madre y a su hermana a regresar también. “Su hermana terminó bautizando a sus propios hijos”, cuenta emocionada.
Para Wu, el secreto está en vivir la adoración como familia: “No vengas solo. Ven con tus hijos, con tu esposo, con todos. La Eucaristía une lo que la vida cotidiana dispersa”.
Tras el éxito del primer congreso, el equipo propuso celebrarlo cada dos o tres años. La Conferencia Episcopal aprobó la idea, y desde entonces se han realizado cuatro congresos nacionales entre 2014 y 2024, cada uno en una diócesis distinta.
Cada congreso, hay más personas
El segundo reunió a casi 10.000 personas; el más reciente, celebrado en octubre de 2024, superó las 14.000. El Papa Francisco envió como representante al cardenal John Tong Hon, gesto que llenó de esperanza a la comunidad local.
A estos encuentros acuden sacerdotes, religiosos, seminaristas y laicos de toda la isla, además de delegaciones de Hong Kong y del Sudeste Asiático. Incluso participan sacerdotes y religiosos procedentes de China continental que estudian teología en Taiwán.
“Cuando nos reunimos por Jesús, aparece una belleza que no se puede explicar”, afirma Wu. Y al mirar atrás, resume el camino recorrido con humildad: “Si uno actúa solo, no logra nada. Con Dios, todo es posible”.
Para Mary Wu, el Congreso es una experiencia de fe que ha encendido corazones y transformado comunidades. “Jesús es el centro. Nos reunimos porque Él está en medio de nosotros”, repite.
Con información de Religión en Libertad






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