El padre James C. Turro lleva 78 años de ministerio, 900 bautizos y 400 bodas… y aún celebra misa con la misma pasión de siempre.

Foto: OSV News
Redacción (17/02/2026 11:11, Gaudium Press) A sus 104 años, el padre James C. Turro se ha convertido en una verdadera institución dentro de la Arquidiócesis de Newark —y, muy probablemente, en el sacerdote más anciano de todo Estados Unidos—. Con 78 años de ministerio sacerdotal, una vida dedicada a la enseñanza y un corazón aún encendido por el amor a Dios, este incansable pastor sigue siendo un ejemplo de fidelidad, serenidad y alegría.
El padre Turro, quien también es el exalumno vivo más antiguo de la Universidad de Seton Hall, ha dejado una huella imborrable en generaciones de sacerdotes, seminaristas y fieles. Durante más de seis décadas sirvió como profesor en el Seminario de la Inmaculada Concepción, donde formó a promociones enteras de futuros sacerdotes y escribió varios libros sobre espiritualidad y Sagrada Escritura. La biblioteca del seminario lleva hoy su nombre, en reconocimiento a su legado académico y pastoral.
Una vida al servicio de Dios y de las almas
Desde su ordenación en 1948, el padre Turro ha servido con entrega en distintas comunidades, pero su corazón ha permanecido unido durante más de medio siglo a la Parroquia de Nuestra Señora de la Misericordia, en Park Ridge, donde actualmente reside y continúa celebrando la Eucaristía los fines de semana.
Allí, entre los bancos de madera y el cálido ambiente parroquial, los fieles lo consideran un verdadero padre espiritual. A lo largo de su ministerio, se calcula que ha celebrado alrededor de 900 bautizos y 400 matrimonios, acompañando a innumerables familias en los momentos más importantes de sus vidas.
“Sabía que me iba a gustar ser sacerdote, pero no sabía cuánto lo disfrutaría”, comenta sonriendo, al recordar sus casi ocho décadas de ministerio. “Nunca he llegado al punto en el que pensar: ‘¿estaré haciendo lo correcto?’ Solo sentía que Dios quería que fuera sacerdote, así que seguí adelante”, añade con la serenidad de quien ha vivido plenamente su vocación.
Fe que no envejece
El pasado 26 de enero, el padre Turro celebró su 104 cumpleaños rodeado de familiares, amigos y feligreses. La comunidad organizó una semana completa de festejos, con visitas diarias, regalos y su postre favorito: el pastel de chocolate. El cierre fue el 1 de febrero con un alegre encuentro titulado Muffins con Monseñor, después de la misa.
“El momento cumbre del día es cuando celebro la misa”, confiesa. “Uno se para a pensar: ‘¿Qué hago aquí?’. ¡Esto es insuperable! ¡Es lo máximo!… Y no es una vez al mes ni nada parecido; voy a misa todos los días y la celebro muy, muy a menudo.”
A pesar de su avanzada edad, se mantiene sorprendentemente activo, celebra misa, confiesa, conversa con los fieles y ofrece dirección espiritual a quienes lo buscan. Muchos feligreses viajan desde distintos puntos de Estados Unidos solo para asistir a una de sus misas o recibir su bendición.
Los cimientos de una vocación
La historia de fe del padre Turro comenzó en Jersey City, donde creció en una familia católica. Estudió en la Escuela Primaria San Pablo de la Cruz, y gracias al testimonio de dos tías —ambas Hermanas de la Caridad— descubrió la llamada al sacerdocio.
Tras su ordenación, en 1950 viajó a Washington D.C. para estudiar en la Universidad Católica de América, donde obtuvo la licenciatura en Sagrada Teología. Posteriormente continuó su formación en Roma, en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, especializándose en Sagrada Escritura.
De regreso a Estados Unidos, se incorporó como docente al seminario y allí dedicó su vida entera a formar sacerdotes. Fue conocido por sus homilías breves, nunca sobrepasaban una página, pero dejaban una impresión duradera.
Cómo ha mantenido su entusiasmo
Cuando se le pregunta cómo ha mantenido su entusiasmo a lo largo de tantos años, responde con humildad: “En toda profesión hay momentos de rutina. Pero eso nunca me ha desanimado. Seguro que hay sacerdotes que se levantan y dicen: ‘Oh, es otro día más, otra misa más…’. Sin embargo, debo decir que, gracias a Dios, para mí nunca ha sido una cruz hacer estas cosas.”
Su vida entera es testimonio de esa alegría que brota de la fidelidad. Cada misa, cada bautizo, cada consejo ofrecido desde el confesionario o desde el aula han sido, para él, un modo concreto de amar a Dios y servir a los demás.
Hoy, con 104 años, el padre James C. Turro sigue siendo un reflejo de la promesa del Evangelio: que quien entrega su vida por Cristo, la gana en plenitud.
Con información de Religión en Libertad




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