El Pontífice afirmó que al inicio de cada tiempo litúrgico redescubrimos con alegría siempre renovada la gracia de ser Iglesia.
Redacción (19/02/2026 09:58, Gaudium Press) El Papa León XIV presidió ayer, 18 de febrero, la tradicional procesión del Miércoles de Ceniza, que comenzó en la Iglesia de Santo Anselmo, en el barrio romano del Aventino, y concluyó en la Basílica de Santa Sabina, donde el Santo Padre celebró una Santa Misa con la imposición de las cenizas.
La Cuaresma es un fuerte tiempo de comunidad
En su homilía, el Pontífice afirmó que al inicio de cada tiempo litúrgico redescubrimos con alegría siempre renovada la gracia de ser Iglesia. La Cuaresma es un fuerte tiempo de comunidad. “Sabemos lo cada vez más difícil que es reunir a las personas y sentirse pueblo, no de forma nacionalista y agresiva, sino en una comunión en la que cada uno encuentra su lugar.”
El Papa explicó que en la Iglesia toma forma un pueblo que reconoce sus propios pecados, reconociendo que el mal no viene de supuestos enemigos, sino que está dentro de la propia vida y de los propios corazones. Exhortó a afrontar esos pecados asumiendo responsabilidades, aunque sea una actitud contracorriente.
Es raro encontrar adultos que se arrepientan y admitan haber errado
Destacó que, aunque el pecado siempre es personal, toma forma en los ambientes reales y virtuales que frecuentamos, muchas veces dentro de auténticas “estructuras de pecado” de orden económico, cultural, político e incluso religioso. “¡Qué raro es encontrar adultos que se arrepientan, personas, empresas e instituciones que hayan admitido haber errado!”, lamentó.
León XIV explicó que la Cuaresma trata precisamente de esta posibilidad y, por eso, atrae especialmente a los jóvenes. Son los jóvenes quienes perciben con claridad que es posible un modo de vida más justo y que existen responsabilidades por todo lo que no funciona en la Iglesia y en el mundo.
La Cuaresma nos impulsa a cambios específicos que hacen más creíble nuestro anuncio
Exhortó también a la necesidad de abrirse a las personas que buscan caminos de renovación de vida. “La Cuaresma, en efecto, nos impulsa a los cambios de dirección —específicos— que hacen más creíble nuestro anuncio. Es necesario, por tanto, comenzar por donde se puede y con quienes están presentes”, señaló.
Hablando sobre el Rito de las Cenizas, el Papa comentó que podemos reflexionar y sentir en las cenizas que nos son impuestas “el peso de un mundo en llamas, de ciudades enteras destruidas por la guerra: las cenizas del derecho internacional y de la justicia entre los pueblos, las cenizas de ecosistemas enteros y de la concordia entre las personas, las cenizas del pensamiento crítico y de antiguas sabidurías locales, las cenizas del sentido de lo sagrado que habita en cada criatura.”
La Cuaresma es una oportunidad para restablecer la profunda sintonía con el Dios de la vida
Por último, el Santo Padre subrayó la necesidad de dar testimonio de Cristo Resucitado. Según él, reconocer nuestros pecados para convertirnos ya es un presagio y un testimonio de la resurrección. “Significa, eficazmente, no detenernos en las cenizas, sino levantarnos y reconstruir. Entonces, el Triduo Pascual, que celebraremos al culminar el camino cuaresmal, desplegará toda su belleza y significado.”
El Pontífice concluyó su homilía evocando a los mártires antiguos y contemporáneos, que eligieron el camino de las Bienaventuranzas y llevaron hasta el final sus consecuencias, como inspiración para este recorrido hacia la Pascua. La Cuaresma es una oportunidad para restablecer una profunda sintonía con el Dios de la vida.
“Dirijamos hacia Él, con sobriedad y alegría, todo nuestro ser, todo nuestro corazón”, concluyó.




Deje su Comentario