La ceremonia de toma de posesión de Dame Sarah Mullally como la 106ª Arzobispa de Canterbury marca un nuevo capítulo en la historia del Anglicanismo.

Foto: Archbishop of Canterbury/ Facebook
Redacción (27/03/2026 10:43, Gaudium Press) En una ceremonia repleta de tradición eclesial y que intentaba transmitir la imagen de una continuidad histórica, Dame Sarah Mullally fue instalada como la 106ª Arzobispa de Canterbury, la primera mujer en liderar a los cerca de 85 millones de anglicanos en todo el mundo.
El evento, realizado en la Catedral de Canterbury el 25 de marzo de 2026, reunió a aproximadamente 2,000 invitados, incluyendo al Príncipe y la Princesa de Gales, el primer ministro británico Keir Starmer y la líder de la oposición, Kemi Badenoch. La importancia del momento era palpable: la Iglesia de Inglaterra, nacida del rompimiento de Enrique VIII con el Papa, es testigo de un hito que resonó mucho más allá de sus antiguos muros de piedra. Este anglicanismo contemporáneo, en su forma más liberal, tiende a sustituir la verdad revelada por una lógica de constante adaptación a las normas mundanas. Ahora bien, una Iglesia que se conforma al mundo termina por perder su razón de ser.
Una ceremonia histórica en el Día de la Anunciación
La instalación ocurrió en el Día de la Anunciación, una fecha cargada de significado religioso. La lectura del Evangelio, extraída del primer capítulo de San Lucas, fue realizada en español por la obispa anglicana de México, Alba Sally Sue. Por su parte, el coro africano de Norfolk entonó aclamaciones en suajili, destacando el carácter global de la Comunión Anglicana.
Siguiendo el tradicional ritual del “golpe en la puerta” de Canterbury, Sarah Mullally esperó fuera del portal oeste de la catedral hasta que el deán David Monteith leyera una carta autorizando su recepción. Una vez admitida, el archidiácono de Canterbury, William Adam, la instaló formalmente en la cátedra episcopal. Acto seguido, ocupó la antigua Silla de San Agustín, símbolo de su papel como primus inter pares (“primera entre iguales”) entre los obispos anglicanos.
La música ocupó un lugar central en la liturgia, con la pieza “All Shall Be Well”, compuesta por Joanna Marsh con texto de las Revelaciones del Amor Divino de Juliana de Norwich —un homenaje a otra mujer renombrada de la fe anglicana.
Sin embargo, la elección de destacar “las voces de las mujeres a lo largo de la celebración”, los detalles personales introducidos en la liturgia —como la hebilla de plata de su antiguo cinturón de enfermera— o incluso ciertas expresiones inéditas en este contexto, demuestran una voluntad de redefinir el sentido mismo del ministerio.
“Si queremos llegar más lejos, debemos ir juntos”
El folleto del servicio hizo una referencia sutil a las divisiones internas de la Comunión Anglicana, citando una frase de la propia Mullally: “Si queremos ir rápido, vamos solos; pero si queremos llegar más lejos, debemos ir juntos”.
Entre los invitados ecuménicos e interreligiosos se encontraban el Cardenal Vincent Gerard Nichols (presidente de la Conferencia Episcopal Católica de Inglaterra), el Cardenal Timothy Radcliffe, el Cardenal Kurt Koch (Prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos), el Arzobispo John Wilson de Southwark, el imán Qari Asim y Phil Rosenberg, presidente del Consejo de Diputados de los Judíos Británicos.
La presencia de representantes de otras confesiones cristianas y de delegados de diversas partes del mundo buscaba simbolizar la unidad de la Iglesia. No obstante, esta unidad se revela como algo meramente formal. Diversas provincias de la Comunión Anglicana ya se han distanciado, entendiendo que las orientaciones actuales de la Iglesia de Inglaterra representan una ruptura con la fe y la tradición anglicanas.
En el altar, Mullally prestó juramento de fidelidad a las leyes de la Iglesia de Inglaterra y al rey Carlos III, además de firmar un compromiso ecuménico por la unidad entre las iglesias cristianas del Reino Unido.
Formada como enfermera y exjefa de enfermería en el Departamento de Salud británico, Mullally entró al ministerio ordenado a principios del siglo XXI. Fue ordenada diaconisa en 2001, presbítera en 2006 y obispa en 2015. Antes de ser nombrada para Canterbury, actuó como Obispa de Londres. Como gesto simbólico de fe, caminó 140 kilómetros desde Londres hasta su nueva sede.
Desafíos en una comunión dividida
Mullally asume el cargo en un periodo turbulento. Grupos conservadores, como la Global South Fellowship of Anglicans, han cuestionado abiertamente las estructuras tradicionales de liderazgo. Recientemente, el grupo eligió al arzobispo Laurent Mbanda, de Ruanda —opositor a la ordenación de mujeres obispos— como su nuevo presidente, alegando representar a la mayoría de los anglicanos practicantes en el mundo.
Aunque el Arzobispo de Canterbury no tiene autoridad directa sobre las iglesias autónomas de la Comunión, el cargo sigue siendo un símbolo vital de unidad y liderazgo moral. La instalación de Mullally refleja una tensión en la identidad anglicana moderna.
La dimensión real y el legado histórico
La presencia del Príncipe William, representando a la familia real, reforzó los lazos históricos entre la Corona y la Iglesia de Inglaterra. En los últimos años ha crecido el interés público por la fe de William quien, según asesores, “cree en ella, quiere apoyarla y la ve como parte importante de su papel actual y futuro”.
Fundada durante la Reforma con el rompimiento de Enrique VIII con Roma, la Iglesia de Inglaterra es al mismo tiempo una institución espiritual y nacional. Con la toma de posesión de Sarah Mullally, se consolidan profundas diferencias doctrinales con la Iglesia Católica, que se han acentuado en temas como la ordenación de mujeres al episcopado y ciertas interpretaciones morales, temas que también han provocado una fragmentación cada vez mayor en el interior del anglicanismo.
(Con información de Catholic Herald y KNA)





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