viernes, 17 de abril de 2026
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“No tengo nada contra el Papa”: el del mayor ejército de la Historia recula un tanto ante el que carece de divisiones

No tengo nada contra el Papa… no me estoy peleando con él”, declaró Trump ante periodistas.

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Redacción (17/04/2026 11:58, Gaudium Press) “No tengo nada contra el Papa… no me estoy peleando con él”: Indiscutiblemente el presidente Trump ha bajado la intensidad del ‘fuego’ contra León XIV, si se consideran estas declaraciones emitidas ayer ante periodistas en la Casa Blanca.

Claro que la versión completa es la siguiente: “Es muy simple, no tengo nada en contra del Papa”, dijo. “No estoy peleando con él. El Papa hizo una declaración, dice que Irán puede tener un arma nuclear. Yo digo que Irán no puede tener un arma nuclear”. Otra inexactitud, pues el Papa Prevost nunca ha afirmado eso. Pero indiscutiblemente el presidente americano quiere bajar la temperatura al enfrentamiento, ciertamente no por gusto, después de haber afirmado que León XIV era débil ante el crimen, terrible en política internacional, y un etc.

Un periodista le pregunta a Trump ayer qué opina sobre la obligación del Papa de predicar el Evangelio, a lo que responde: “Quiero que predique el Evangelio”.

“Estoy todo con el Evangelio”, afirma. “Pero también sé que no se puede dejar que Irán tenga un arma nuclear. Si lo hicieran, la usarían, y creo que la usarían rápidamente, y matarían a muchos millones de personas”.

“Como presidente de los Estados Unidos de América, no puedo permitir que Irán tenga un arma nuclear”, dice. “Y aquí está la historia: Ellos no la tienen. Ya han acordado no tenerla. Esa es una buena noticia. Y creo que el Papa estará muy feliz”. Interesante, constatar como el presidente americano ya piensa en la felicidad del Papa.

El periodista le pregunta si se reuniría con el Papa “para zanjar sus diferencias”, a lo que Trump retruca diciendo: “No creo que sea necesario”.

Puyas al Papa, sí; pero definitivamente no el mismo tono agresivo de hace unos días, contra el ‘hombre sin divisiones’.

“¿Cuántas divisiones (de ejército) tiene el Papa?”, habría preguntado Stalin de forma irónica, en la Conferencia de Teherán de 1943, en presencia de Churchill y Roosevelt. Sí, en la misma Teherán que hoy es campo devastado tras los bombardeos americanos e israelíes.

Pues lo que se constata es que este hombre sin divisiones, pero jefe de más de 1.400 millones de almas, y el referente espiritual más importante del planeta, ha hecho que el presidente que dirige el ejército más poderoso de la tierra, el ejército más fuerte de toda la Historia, modere su lenguaje, acepte que tiene todo el derecho a predicar el Evangelio e incluso hasta le desee la felicidad.

También es cierto que el Papa León, que solo tiene su cátedra y poco más de 100 guardias suizos (estamos exagerando un tanto), no es que haya moderado bastante su posición ni sus expresiones.

Después de decir que no temía a la administración Trump (13 de abril, en el vuelo que lo llevó a Argelia), León XIV —sin mencionar un destinatario particular, que todo el mundo da por hecho— afirmó que “el corazón de Dios no está con los malvados, ni con los prepotentes, ni con los soberbios” (homilía en Argelia el 14 de abril). Ya en Camerún el Pontífice romano expresó que “la paz no se logra mediante amenazas, sino tendiendo puentes y fomentando el diálogo” (llegada a Yaundé, 15 de abril) y remata diciendo, junto a los obispos de Camerún, que “la Iglesia tiene la obligación moral de ir contra la guerra… no somos políticos de partido ni estamos aquí para validar las ambiciones de ningún imperio”. La diferencia, sólo una de ellas, de las expresiones del Papa con las de Trump, es que no da nombres propios a los ‘soberbios’, a los ‘prepotentes’, ‘malvados’ e ‘imperialistas’. No dice que Trump sea eso; pero es claro que le advierte para que no lo sea.

Ese es hasta el momento el status quaestionis del enfrentramiento entre Trump y el Papa, a la espera de la nueva ronda de negociaciones entre el gobierno americano e Irán en Islamabad, tras las fracasadas anteriores con el católico vicepresidente J.D. Vance, el pasado fin de semana.

Pero en la batalla diplomática, entre el águila americana y el león del Vaticano —un águila con 13.000 aeronaves, 11 portaviones, más de 800 bases en el extranjero, armas hipersónicas y más de 5.000 ojivas nucleares, y un león con poco más de 100 guardias suizos— el águila por ahora ha preferido dar unos sobrevuelos. (CCM)

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