La hermana Eva Fidela Maamo, religiosa y cirujana filipina, dedicó su vida a atender gratuitamente a los más pobres, incluso en condiciones extremas.

Foto: Radio Veritas Asia
Redacción (17/04/2026 16:54, Gaudium Press) La Iglesia y el pueblo filipino lloran la muerte de la hermana Eva Fidela Maamo, religiosa y cirujana galardonada en 1997 con el Premio Ramon Magsaysay, conocido como el Nobel asiático. Falleció el pasado 14 de abril a los 85 años, dejando tras de sí una vida entregada a los más pobres y marginados.
Misionera incansable, comprometida con el sufrimiento humano, la hermana Eva era una figura muy querida en Filipinas, no solo dentro de la Iglesia, sino también en toda la sociedad. Recordando su labor, los responsables del Premio Ramon Magsaysay destacaron que la nación llora su fallecimiento, reconociendo su vida dedicada al servicio de los pobres.
Según la fundación que concede este prestigioso galardón, la religiosa fue un ejemplo extraordinario a la hora de llevar asistencia humanitaria y atención médica a los filipinos más pobres. Su trabajo se caracterizó por la creatividad, la valentía y la entrega total, incluso en las circunstancias más difíciles.
Una de las facetas más impresionantes de su labor fue su capacidad de improvisación en zonas rurales sin recursos médicos. En varias ocasiones, la hermana Eva realizó intervenciones quirúrgicas operando a la luz de una linterna y sustituyendo la dextrosa por agua de coco, un gesto que se convirtió en símbolo de su compromiso con los más necesitados.
Miembro de la Congregación de las Hermanas de San Pablo de Chartres, la religiosa se ofreció voluntaria en 1974 para fundar una misión médica a orillas del lago Sebu, en Mindanao, al sur de Filipinas. Allí atendió a comunidades indígenas como los t’boli, los manobo y otros pueblos de montaña que carecían de acceso a servicios sanitarios básicos.
En 1986, la hermana Eva fundó la Misión de Nuestra Señora de la Paz, desde la cual impulsó una amplia red de dispensarios médicos gratuitos. Según el comunicado de la Fundación Ramon Magsaysay, estableció clínicas de salud gratuitas en diez comunidades, alimentó a niños desnutridos, dio refugio a jóvenes de la calle y a mujeres maltratadas, y puso en marcha programas de sustento que devolvieron la dignidad a los más vulnerables.
Un liderazgo que transformó vidas más allá de la medicina
Además de la atención médica, la religiosa promovió programas de microcrédito y subsistencia para ayudar a familias sin recursos, creó refugios para mujeres maltratadas y niños de la calle, y desarrolló programas de becas que permitieron a cientos de jóvenes acceder a la educación.
Quienes trabajaron con ella recuerdan su carácter firme, pero suu liderazgo se basaba más en el ejemplo que en las palabras, y muchos voluntarios confesaron que eran capaces de realizar intervenciones quirúrgicas agotadoras porque la hermana Eva seguía adelante.
La fundación también destacó que su vida demostró que la compasión, hecha concreta y valiente, es en sí misma una forma de construcción de la nación.
Nacida el 17 de septiembre de 1940 en Liloan, en la provincia de Leyte del Sur, estudió medicina en la Facultad Vélez de Cebú y ejerció inicialmente en la clínica familiar. Sin embargo, su vocación misionera la llevó a atender emergencias y desastres naturales en todo el país.
Durante terremotos e inundaciones en los años 90, dirigió equipos médicos en zonas devastadas. Tras la erupción del monte Pinatubo en 1991, impulsó un proyecto de reasentamiento integral para cientos de desplazados, ayudándoles a reconstruir sus vidas.
Además, organizaba cuatro veces al año misiones médicas en zonas remotas del archipiélago. Gracias a estas iniciativas, alrededor de 40.000 pacientes sin recursos recibieron atención médica gratuita. En estas jornadas, ella y su equipo extirparon tumores, repararon paladares hendidos, operaron cataratas y trataron numerosas enfermedades, trabajando desde el amanecer hasta el anochecer en quirófanos improvisados.
Su vida, entregada al servicio, dejo un hermoso recuerdo en Filipinas. La hermana Eva Fidela Maamo demostró que la fe, unida a la acción concreta, puede transformar la vida de miles de personas y llevar la fe en lugares olvidados.
Con información de Religión en Libertad





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