miércoles, 13 de mayo de 2026
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Obispo de Trondheim habla de la vida cristiana en la era digital: “las cosas grandes llevan tiempo”

Mons. Varden dice que no alberga “ninguna esperanza” en la inteligencia artificial como instrumento de renovación espiritual.

ErikVarden24

Mons. Vardem – Foto: Wikipedia

Redacción (13/05/2026 10:23, Gaudium Press) El Obispo Erik Varden, monje trapense y titular de la diócesis de Trondheim (Noruega), ha afirmado que no alberga «absolutamente ninguna esperanza» en la inteligencia artificial como instrumento de renovación espiritual. «Cualquier renovación espiritual digna de ese nombre es aquella que traspasa el corazón humano, y eso es algo que un algoritmo no puede hacer», ha declarado en una entrevista concedida a OSV News durante su visita al seminario de St. Mary’s en Baltimore el pasado 7 de mayo.

Mons. Varden, que dirigió los Ejercicios Espirituales de Cuaresma en el Vaticano para el Papa León XIV y otros miembros de la Curia, abordó durante la conversación temas que van desde la identidad cultural nórdica hasta los peligros de instrumentalizar la fe cristiana, pasando por la centralidad de la paciencia, la herida como experiencia humana universal y las condiciones para que una comunidad parroquial sea auténtica. (…)

La herida como norma humana

Reflexionando sobre la esperanza, Mons. Varden aborda una tendencia que observa en la cultura contemporánea: la de aferrarse a las propias heridas o, en el extremo opuesto, ocultarlas a toda costa. Para el obispo, ambas reacciones nacen de la misma raíz: «Absolutizamos nuestra propia experiencia».

«Estamos inclinados a pensar: ‘Llevo encima esta carga, y esta es mi gran tragedia, y este es el drama de mi existencia’. O bien: ‘Asegurémonos de que nadie sospeche de esta herida que cargo’», explicó. «Hacemos eso en lugar de mirar a nuestro alrededor y decir: ‘En realidad, estar herido es la norma humana. Y mi herida puede no ser tan distinta de la herida de mi prójimo’».

Según Mons. Varden, aprender a vivir con la propia herida, creer que puede ser sanada y buscar los remedios adecuados permite incluso superarla, de modo que «lo que permanecerá es un recuerdo de curación». El prelado advirtió de que «hay tanto a nuestro alrededor que nos anima a vivir encerrados en nosotros mismos, como si cada uno de nosotros fuera el único sujeto significativo del planeta Tierra», una actitud que bloquea «el motor de la compasión que hace posible la comunidad e incluso la comunión».

Una comunidad que nace de la oración compartida

Invitado a concretar cómo le gustaría ver crecer la vida comunitaria en sus parroquias, el obispo trapense se declaró «un poco escéptico con los grandes planes» y reconoció no ser «suficientemente emprendedor». En su lugar, relató una experiencia vivida en la parroquia de la catedral de Trondheim: una jornada de estudio a la que acudió «un grupo muy heterogéneo» de personas que no se conocían entre sí.

Tras una mañana de conferencias, Misa, Oficio Divino y oración silenciosa, la cena que cerró el día se convirtió en un encuentro espontáneo y desbordante. «La sala estaba absolutamente llena de conversaciones. Me quedé en un rincón y podía ver todos esos pequeños grupos de personas que se habían conocido ese día, disfrutando de la compañía mutua, compartiendo comida y bebida, escuchándose, aprendiendo unos de otros, y sin siquiera pensar en mirar sus teléfonos móviles», describió.

Para Mons. Varden, la clave residió en que la jornada combinó todos los ingredientes necesarios: «espiritual, intelectual, social y convivial». Cuando esos cuatro elementos están presentes, aseguró, la comunidad resultante tiene un atractivo que se proyecta más allá de sí misma y atrae a otros.

«Un algoritmo no puede traspasar el corazón»

Al ser preguntado directamente por las posibilidades de la inteligencia artificial para fomentar la espiritualidad, Mons. Varden fue categórico: «Me temo que, en términos de espiritualidad, no tengo absolutamente ninguna esperanza en la IA».

Reconoció que la tecnología digital puede ser útil como herramienta práctica, capaz de «ahorrar tiempo e incluso hacerme descubrir cosas útiles», pero trazó una línea clara entre utilidad funcional y capacidad transformadora: «Tengo poca fe en ella como agente de conversión». La renovación espiritual auténtica, insistió, requiere algo que ningún sistema artificial puede ofrecer: la capacidad de «traspasar el corazón humano».

Cristocentrismo frente a la instrumentalización de la fe

Varden abordó también los riesgos de utilizar el cristianismo como instrumento político o ideológico, una tendencia que dijo observar «por todas partes», incluido su propio país. «El Evangelio de Jesucristo es un fin en sí mismo», afirmó. «Cualquier intento de instrumentalizar el Evangelio para un propósito subsidiario, sea cultural, ideológico o político, es sospechoso».

El obispo fue especialmente incisivo al señalar que «debemos desconfiar de cualquier intento de blandir un cristianismo vaciado del mensaje y la presencia del Herido y Resucitado». «Cualquier presentación del cristianismo que abstraiga el escándalo de la Cruz, o que perversamente use la Cruz como un arma con la que golpear a otros, se está acercando a la herejía o incluso a la blasfemia», advirtió.

Frente a esas derivas, Mons. Varden apeló a la fidelidad al núcleo de la fe: «Debemos permanecer resueltamente cristocéntricos y resueltamente comprometidos a seguir a Cristo y a aplicar sus mandamientos, así como sus promesas, primero que nada a nosotros mismos». Y recordó que el cristianismo transformó el mundo antiguo no tanto por la predicación como por el testimonio: «Lo que dejó a la gente atónita y cambió las sociedades fue ver una nueva forma de ser humano, una nueva forma de crear y fomentar comunidad, la posibilidad de la reconciliación y el perdón».

«Hablar la verdad en el amor»

Para evitar la tentación de instrumentalizar la fe, Mons. Varden recurrió a San Pablo: «Entrenarnos para hablar la verdad en el amor». «Amar a quienes cometen errores no es fingir que los errores no existen, sino abordarlos de forma constructiva, en lugar de ceder a una exacerbación de los conflictos», explicó.

El obispo instó a los cristianos a estudiar la fe con mayor profundidad: «Lo mejor que todos podemos hacer es estudiar la fe más a fondo, leer las Escrituras, hacernos versados en las Escrituras, comprender y vivir profundamente la gracia sacramental de la Iglesia, para hablar desde dentro de ella». Cuando eso ocurre, aseguró, «el esplendor de la Iglesia como comunidad de los redimidos, que vive por la gracia e iluminada por el amor de Cristo» tiene una belleza que «hace que cualquier otro señuelo de lealtad palidezca hasta la insignificancia».

La paciencia, virtud contracultural

En la parte final de la entrevista, Varden subrayó la importancia de la paciencia como respuesta a la ilusión contemporánea de satisfacción inmediata: «Vivimos ahora con la ilusión de que, si tengo una necesidad o un deseo, debe ser satisfecho de inmediato. Tiene que haber algo que pueda descargar, o un número al que pueda llamar, o algún repartidor que venga a la puerta con cosas en su mochila que me den lo que ansío, o lo que anhelo, o lo que siento que no puedo vivir sin ello».

«Pero ese delirio es una ilusión», sentenció. Incluso cuando funciona en el plano material, mantener a las personas alimentadas, vestidas y hasta cierto punto entretenidas, no alcanza lo esencial: «Una vida humana es un asunto prolongado. Y las cosas llevan tiempo. Las cosas grandes llevan tiempo», concluyó, evocando un principio caro a San John Henry Newman.

Con información de OSV/InfoCatólica

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