Con 103 años y más de ocho décadas de sacerdocio, el padre Gioele Schiavella sigue celebrando misa en el Vaticano con la misma alegría de siempre, convirtiéndose en uno de los religiosos más admirados de Roma.

Foto: X: Catholic News
Redacción (28/05/2026 17:26, Gaudium Press) Quien entra a la pequeña iglesia de Santa Ana, dentro del Vaticano, difícilmente imagina que el fraile sonriente que canta durante la misa supera ya el siglo de vida. Sin embargo, el padre Gioele Schiavella aparte de que tiene 103 años, también es uno de los sacerdotes más antiguos del mundo en ejercicio activo y uno de los pocos que han superado los 80 años de ministerio sacerdotal.
Su historia se ha convertido en un testimonio de fidelidad y alegría sacerdotal. Mientras muchos se sorprenden por su edad, quienes lo conocen aseguran que lo más impactante no es su longevidad, sino la paz con la que vive cada día.
Ordenado sacerdote el 15 de julio de 1945, cuando apenas tenía 22 años, Gioele inició su ministerio en una Italia devastada por la Segunda Guerra Mundial. En medio de un país que intentaba levantarse de las ruinas materiales y espirituales, el joven agustino comenzaba un camino que hoy supera ya las ocho décadas de servicio ininterrumpido a la Iglesia.
Lejos de buscar reconocimiento, el sacerdote resume así toda su existencia: “Soy muy feliz con esta vida. Nunca me ha faltado nada”, afirma. Su propio nombre parece reflejarlo todo, Gioele significa “Dios es mi alegría”.
En el año 2025 coincidieron el Jubileo de la Iglesia, su jubileo sacerdotal y la elección de un Papa perteneciente a la Orden de San Agustín, el Papa León XIV, con quien mantiene una relación cercana dentro de la familia agustiniana. Durante una visita pastoral a Santa Ana, el Pontífice quiso dedicarle unas palabras llenas de afecto frente a todos los fieles. “Quiero saludar al padre Gioele Schiavella, que recientemente alcanzó la venerable edad de 103 años”, expresó León XIV al inicio de su homilía, provocando un espontáneo aplauso dentro del templo.
Nacido el 9 de septiembre de 1922 en Genazzano, Italia, Gioele ingresó a la comunidad agustina del Santuario de Nuestra Señora del Buen Consejo con apenas 16 años. Si llega al año 2028, alcanzará un hecho extraordinario: 90 años de vida religiosa.
Doctor, profesor de Teología moral
Tras formarse en Roma durante la década de 1940, rápidamente asumió responsabilidades importantes dentro de la Orden de San Agustín. Fue secretario provincial en 1948 y posteriormente obtuvo un doctorado en la Universidad Gregoriana con una tesis dedicada a la moral en Gregorio de Rímini.
Además de sacerdote, fue profesor y formador durante muchos años. Enseñó latín y teología moral, e incluso dictó cursos de ética a oficiales del ejército italiano mediante el Ministerio de Defensa. Quienes fueron sus alumnos recuerdan especialmente su generosidad, acostumbraba entregar sus propios apuntes para ayudarles a preparar exámenes.
En las décadas de 1970 y 1980 ejerció como vicario del prior general y asistente para Italia y Malta. Más adelante fue superior provincial de Roma y, entre 1991 y 2006, párroco de Santa Ana, una iglesia profundamente vinculada al Vaticano.
Durante esos años recibió a grandes figuras de la Iglesia, entre ellas san Juan Pablo II y Benedicto XVI. Precisamente, en 2015 celebró sus 70 años de sacerdocio en presencia del Papa emérito, quien era cinco años menor que él.
El actual párroco de Santa Ana asegura que el padre Gioele continúa participando activamente en la vida comunitaria con una independencia admirable. Hasta después de cumplir los 100 años celebraba misa diariamente por sí mismo y predicaba con la misma claridad de siempre.
Aunque hoy lleva un ritmo más tranquilo, sigue asistiendo cada domingo a la celebración litúrgica. Allí, firme y sonriente, transmite la serenidad de una vida entregada completamente a Dios.
Quienes lo observan caminar lentamente por los pasillos de Santa Ana descubren que el verdadero secreto de su juventud no parece estar en la fuerza física, sino en una fidelidad mantenida durante más de un siglo. Su sola presencia recuerda que hay vidas capaces de envejecer sin perder la alegría, la fraternidad y la esperanza.
Con información de Religión en Libertad





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