lunes, 01 de junio de 2026
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Estamos asistiendo a un eclipse del significado de lo que significa ser humano

La inteligencia artificial exige ahora ser ‘desarmada’, liberada de las lógicas que la transforman en un instrumento de dominación, exclusión o muerte”. (León XIV)

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Foto: Unplash /BoliviaInteligente

(01/06/2026 11:05, Gaudium Press) Hace 135 años, el recordado Papa León XIII abría camino a la llamada Doctrina Social de la Iglesia, a través de su histórica encíclica Rerum Novarum, como repuesta a la Revolución Industrial que se avecinaba atropelladamente sobre la sociedad del momento. Enfrentaba con este valioso documento los excesos de la industrialización en pro del establecimiento de un orden social justo: los derechos laborales, la propiedad privada, el rol del Estado, el rechazo de la lucha de clases.

De manera singularmente semejante, el Papa León XIV, con el lanzamiento de su Encíclica Magnifica Humanitas, este último 25 de mayo, se levanta para enfrentar la que podríamos llamar de Revolución Digital, en defensa de la dignidad espiritual del hombre contemporáneo.

Días antes, precisamente el 22 de mayo, en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico, el Santo Padre recibió en audiencia a un grupo de participantes en un congreso sobre Inteligencia Artificial, organizado y promovido por dos Dicasterios de la Curia Romana: el de la Comunicación y el de Cultura-Educación. Ante académicos y expertos en inteligencia artificial, resaltaba para ellos, que la Iglesia fue fundada por Cristo Señor, impulsada a difundir el mensaje evangélico, para que “todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tm 2, 4).

Lamentaba “la promoción e implementación desenfrenadas de la tecnología, en detrimento de la dignidad humana, el daño causado cuando los ‘chatbots’ y otras tecnologías explotan nuestra necesidad de relaciones humanas” y agregaba que: “estamos experimentando verdaderamente un eclipse del significado de lo que significa ser humano».

Llamando la atención a que “la comunicación auténtica nace de la escucha”, que está siendo reducida a una manipulación digital, en que lo emocional acaba en primordial y todo es reducido al consumo”. Se vive en los días de hoy un desafío, que “no es tecnológico, sino antropológico”.

No hay quien deje de estar preocupado por las posibles consecuencias del uso de la tecnología digital y de la inteligencia artificial, no solo en el desarrollo físico e intelectual de niños y jóvenes, sino también en su bienestar espiritual; y en que, especialmente los jóvenes, lleguen a ejercitar “un uso moderado y disciplinado” de estas tecnologías, sostenidos por la guía de padres y educadores.

Las plataformas digitales tienen un impacto en el comportamiento emocional, la forma de hablar, de vestir, de consumo, y más aún, en la afectividad de las relaciones humanas. El progreso tecnológico, tiene que ser guiado por la ética y por los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

No es una tarea siempre fácil. ¿Cómo llevarlo adelante, especialmente ante un tema tan extendido en la sociedad?

Eran los prolegómenos del lanzamiento de su primera Carta Encíclica Magnifica Humanitas, con el objetivo de proteger, ante el uso deshumanizador de la inteligencia artificial: “Como el anterior “León”, me siento llamado a contemplar otra gran transformación con ojos de fe, con la lucidez de la razón” – expresó el Papa este 25 de mayo en la presentación del documento -, era la respuesta de la Iglesia a los desafíos éticos y sociales que plantea la IA, poniendo el progreso tecnológico al servicio de la dignidad humana, la solidaridad y el bien común.

“La inteligencia artificial ya está presente en muchos ámbitos de nuestras vidas e influye en las decisiones que dan forma a la convivencia humana”, afirmó, especificando que la encíclica surgió de un amplio proceso de escuchar a científicos e ingenieros, líderes políticos y funcionarios públicos y de escuchar a “padres y maestros profundamente preocupados por el futuro de las nuevas generaciones”.

De este diálogo surgió la convicción central de la encíclica: la inteligencia artificial debe ser desarmada: “la palabra es fuerte, pero fue elegida deliberadamente porque este momento necesita palabras capaces de llamar la atención, despertar conciencias e indicar el camino a seguir para la humanidad”, continuaba León XIV; “necesita ahora ser ‘desarmada’, liberada de las lógicas que la transforman en un instrumento de dominación, exclusión o muerte”, enfatizando que: “El desarme, sin embargo, no basta. Necesitamos construir”.

León XIV parece comprender que la IA podría crear una cultura en la que el ser humano pierde gradualmente la experiencia de la interioridad. Todo se vuelve instantáneo, automatizado y calculable. La contemplación y el silencio desaparecen. Además, existe un punto crucial en cuanto a la formación integral. Ante la voracidad de la IA, la Iglesia propone una educación que cultive la virtud y la prudencia. Reafirma que el corazón humano sigue siendo el santuario donde la tecnología debe someterse al amor, y nunca al revés. La IA es incapaz de experimentar fe, esperanza o caridad; por lo tanto, confiarle decisiones que atañen a la esencia de la dignidad humana es un error metafísico.

Ser cristiano hoy exige una vigilancia atenta: no se trata de rechazar las herramientas del mundo moderno, sino de respetar la primacía del espíritu. Creados a imagen y semejanza de Dios Creador, es preciso ser dueños de nosotros mismos y no esclavos de la tecnología. Corresponde al ser humano ser siempre el dueño consciente de la tecnología, nunca su esclavo. Las máquinas deben ser extensiones de nuestra capacidad de servicio, y jamás un sustituto de nuestra responsabilidad moral. La tecnología no es el fin de la historia, sino un nuevo capítulo que exige que seamos, más que nunca, profundamente humanos.

Que la sabiduría del Papa León XIV nos guíe en la construcción de un futuro donde las máquinas sirvan a la humanidad, pero donde la voz humana siga siendo el instrumento primordial de la voluntad de Dios para transformar el mundo.

Además, a la luz de la misión de la Iglesia y de las actuales convicciones erróneas respecto a Dios y a la persona humana, afirmaba León XIV en discurso anterior al lanzamiento de Magnifica Humanitas: “el corazón humano nunca comprenderá las profundidades de sus propios recovecos ni entenderá su propio valor separado del corazón de Cristo”.

Bellamente terminan sus palabras en la Carta Encíclica: “Con la misma fe de María, convirtámonos en tejedores de esperanza en nuestro mundo, compartiendo lo que somos y lo que tenemos, para que la presencia de Jesús crezca entre nosotros y su Reino tome forma”.

(Publicado originalmente en La Prensa Gráfica de El Salvador, 31 de mayo de 2026)

Por el P. Fernando Gioia, EP

www.reflexionando.org

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