Durante una homilía en Miami, el obispo auxiliar de Managua, Silvio Mon. Báez, aseguró que el mandato de Cristo de expulsar demonios también implica denunciar los regímenes que atentan contra la dignidad humana y siembran el miedo entre los pueblos.
Foto: Vatican News
Redacción (16/06/2026 16:48, Gaudium Press) El obispo auxiliar de Managua, Silvio Mon. Báez, expulsado de Nicaragua en 2019 por el régimen de Daniel Ortega, ofreció una reflexión sobre el significado actual de las palabras de Jesucristo al enviar a sus discípulos a expulsar demonios. Según explicó, esta expresión evangélica no se limita únicamente a las fuerzas espirituales del mal, sino que también puede entenderse como una llamada a combatir las estructuras de opresión que esclavizan a las personas y destruyen su dignidad.
Durante una misa celebrada el 14 de junio en la parroquia Santa Agatha de Miami, Estados Unidos, el prelado afirmó que “expulsar a los demonios es comprometernos con procesos de liberación, personales y sociales, y ayudar a recuperar su libertad a quienes están atrapados por los ídolos, el miedo o la desesperanza”.
En una homilía recogida por ACI Prensa, Mon. Mon. Báez explicó que el Evangelio invita a los cristianos a reconocer y enfrentar aquellas realidades que generan sufrimiento y sometimiento. En este contexto, señaló que la misión de expulsar demonios también implica denunciar las injusticias que afectan a los pueblos. “Es también denunciar la irracionalidad y la crueldad de los regímenes que atentan contra la dignidad humana y multiplican la miseria de la gente, no pocas veces incluso invocando el nombre de Dios”, dijo.
Las palabras del obispo adquieren un significado especial considerando su propia experiencia. Desde 2018, la Iglesia Católica en Nicaragua ha denunciado diversas formas de persecución y hostigamiento por parte del gobierno de Daniel Ortega. Mon. Báez fue obligado a abandonar el país en 2019 por motivos de seguridad y desde entonces continúa su ministerio pastoral entre las comunidades de exiliados nicaragüenses.
La parroquia Santa Agatha, donde pronunció esta homilía, reúne a numerosos fieles provenientes de Nicaragua. Muchos de ellos abandonaron su país a causa de la crisis política y la represión que se ha intensificado en los últimos años.
Comentando el pasaje evangélico en el que Jesús contempla a la multitud cansada y abatida, como ovejas sin pastor, el obispo trazó un paralelismo con la realidad actual de millones de personas alrededor del mundo.
“Hoy también hay mucha gente que vive como ovejas sin pastor. Personas tristes, solas, desorientadas, desilusionadas por ídolos engañosos; familias desgarradas por la pobreza, la migración forzada o la violencia; pueblos enteros privados de libertad y de futuro por la guerra o dominados por regímenes dictatoriales que se imponen con el miedo y la represión”, expresó.
Frente a estas situaciones, el obispo destacó la importancia de la oración como punto de partida para toda acción transformadora. “La oración es la primera y más urgente respuesta”, afirmó, aclarando que no sustituye el compromiso concreto, sino que “es su raíz y fundamento, haciéndola fecunda y fuerte”.
También reflexionó sobre el poder que Cristo confió a sus apóstoles, diferenciándolo claramente de las formas de poder que predominan en el mundo. “El poder que Jesús otorga es un poder al servicio de la vida y de la dignidad humana. Es exactamente lo contrario del poder que seduce al mundo, el poder que aplasta, controla, atemoriza y somete”, señaló.
Según explicó, esta misión continúa vigente en la Iglesia actual y se expresa en acciones concretas inspiradas por el Evangelio. Entre ellas mencionó el llamado a curar a los enfermos, resucitar a los muertos y limpiar a los leprosos, expresiones que interpretó en un sentido espiritual y social. Sobre la misión de resucitar a los muertos, el prelado afirmó que significa devolver la esperanza a quienes han caído en la desesperación.
“Es devolver la esperanza a quienes ya no esperan nada, ayudándoles a descubrir destellos de la luz de Dios en medio de las noches de la vida. Es anunciar sin cansarnos al Dios de la vida”, manifestó.
Asimismo, relacionó esta tarea con la defensa de los pueblos que sufren bajo sistemas opresivos. “Es también oponernos a los poderes opresores que someten a los pueblos, con la convicción de que Dios acompaña y bendice los esfuerzos realizados en favor de la libertad y la dignidad de las personas”, añadió.
Finalmente, explicó que limpiar a los leprosos implica trabajar para restituir la dignidad de quienes son excluidos o marginados, promoviendo una cultura de inclusión, solidaridad y diálogo respetuoso. A través de estas reflexiones, Silvio Mon. Báez presentó una lectura del Evangelio profundamente conectada con los desafíos contemporáneos, recordando que la fe cristiana no puede permanecer indiferente ante las situaciones de injusticia, opresión y sufrimiento que afectan a millones de personas en el mundo.
Con información de Religión en Libertad





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